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duelo

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(Henry y Charles se citaron para celebrar un duelo) ______________ii______________ (Empezaron a alejarse mientras contaban: "uno, dos...") ____________i____i____________ ("Tres, cuatro...") _________i__________i_________ ("Cinco, seis..." Y Charles sacó su revólver) ______i________________¬i____ (Sin esperar a llegar a diez, Charles disparó contra Henry) ______i_______________·_¬i___ (Henry, al oír el disparo, se giró y desenfundó su arma. Desgraciadamente, había ido con prisas esa mañana y, en lugar de un revólver, había cogido un boomerang) ______i›____________·____¬i___ (Henry, consciente de que la bala se acercaba, lanzó el boomerang con toda su alma contra Charles) ______i__›_______·_______¬i___ (Por desgracia, Henry no tenía mucha fuerza y el boomerang empezó a volver antes de lo que hubiera deseado) ______i____‹__·__________¬i___ (Henry intentó huir del boomerang y de la bala de Charles, aunque como no hay tres dimensiones en estos dibujos, lo hizo ...

12 grados

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Si mis intentos de escritura buscan que otros sientan lo que yo. Si las sensaciones sobre las que camino pudieran ser pasos certeros en los ojos de otros... ¿Cómo puedo transmitir con palabras que mi cuerpo tembló por primera vez para que otros tiemblen al leerme? Si yo tipeo y vos lees “En la escala de Richter un 7 fue el terremoto de Puerto Príncipe en Haití” ¿Con qué metáfora podrías sentir el 12 de esa escala que viví? Si mi cuerpo chocó en capas y fui movimiento natural e involuntario ¿Qué alegoría podría dar fe de mis vaivenes? Si yo de éste lado aglomero mis palabras y te escribo “me evaporé, mi cuerpo fue pluma y al mismo tiempo agua y electricidad” ¿lograrías evaporarte, sentir mi liviandad, ser gota y la luz que yo fui? ¿Qué letras podrían al leerse condensar el momento en que un cuerpo humano fue un puñado de aire en otra mano? ¿Qué metáfora podría hablar con exactitud del universo que vi en una mirada? ¿Qué sílaba, hablaría de un ahora durando 12 horas y 23 siglos? Segurame...

LA TESIS

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Un conejo estaba sentado delante de una cueva escribiendo, cuando aparece un zorro. - Hola, conejo, que haces ? - Estoy escribiendo una tesis doctoral sobre como los conejos comen zorros. - Ja, ja, pero que dices ? - No te lo crees ? Anda, ven conmigo dentro de la cueva... Total, que los dos entran y al cabo de un ratito sale el conejo con la calavera del zorro y se pone a escribir. Al cabo de un rato llega un lobo. - Hola, conejo, que haces ? - Estoy escribiendo mi tesis doctoral sobre como los conejos comen zorros y lobos. - Ja, ja, que bueno, que chiste mas divertido ! - Que no te lo crees ? Anda, ven dentro de la cueva, que te voy a enseñar algo ! Al cabo de un rato sale el conejo con una calavera de lobo, y empieza otra vez a escribir. Despues llega un oso. - Hola, conejo, que haces ? - Estoy acabando de escribir mi tesis doctoral sobre como los conejos comen zorros, lobos y osos. - No te lo crees ni tu. - Bueno, a que no te metes en la cueva conmigo ? De nuevo se meten los dos en...

Cambio de planes

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Laguna de Regla.Imagen cedida por mi amigo Tony. Isidro observaba desde la portada de la finca de Algarín el saco que llevaba Lucas. Esperó a tenerlo cerca para decirle que se veía a todas luces que transportaba una red, por mucho que lo quisiera disimular. -Te la van a quitar los civiles antes de que la abras. Lucas detuvo la marcha para facilitar el reagrupamiento. -No me la quitan. -Yo no estaría tan seguro. Están al líquin.-dijo bajándose uno de los párpados con el dedo índice. Manolo llegó a la altura de Isidro y le devolvió el mismo gesto, a modo de saludo, sin detener su paso vivo. -Nosotros también, Isidro. El Algarín sonrió abiertamente ante el desparpajo del mayor de los pastorinitos. Escrutó a la cuadrilla y preguntó sorprendido. -¿Y los reclamos? -Quillo, Lucas, arranca que vamos tarde.-dijo Manolo. Luego, contestó a Isidro, señalando hacia La Laguna de Regla entre carcajadas. -Nos están esperando en el tollo. Isidro se contagió de la carcajada del jefe de cacería. -Reclamo...

Ante la ley

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Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar. -Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora. La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice: - Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera. El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negr...

La Cita

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Carmen sabía que él llegaría. Se habían citado a ciegas. Ella se preocupaba por sus kilos de más, mientras comenzaba a temer que él la hubiera visto y ahora no quisiera acercarse. Miguel miró su reloj: ella llevaba media hora de retraso. Sospechando que lo había dejado plantado, se levantó para irse. En ese momento a Carmen se le cayó la hebilla con la que llevaba recogido el cabello. Miguel, amablemente, la cogió del suelo y se la alcanzó. A ninguno de los dos les importó que sus citas hubieran fracasado. Allí mismo armaron una nueva cita. Mientras, él pensaba cuánto le gustaban las rellenitas y ella se asombraba de lo bien que le quedaban a él los anteojos. Publicado por Lucrecia Borgia http://elmundodelucrecia.blogspot.com/

Le gustaba así, frío y muy amargo

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El comisario Perfecto Puvis dejó enfriar el café. Le gustaba así, frío y muy amargo. Por ello, deambuló con el vaso de plástico por las dependencias de la comisaría a la espera de que se convirtiese en cualquier maldita cosa comestible. Comestible, que no saludable. Aunque ya inmunizado y con un estómago a prueba de bombas, Perfecto había tenido la desgracia de comprobar por si mismo como ambos conceptos –frío y amargo-, eran totalmente antagónicos para aquella jodida maquina expendedora. Además de las terribles quemaduras de primer grado en boca, garganta y esófago que producía su inmediato consumo, el exceso de dulzor del azúcar añadido dejaba fuera de combate por k.o. diarreico rotundo a todo aquel incauto que lo hubiese tomado por completo, cumpliendo a rajatabla la promesa del eslogan que refulgía en su parte frontal: “Una vez pruebe nuestros cafés nunca volverá ser el mismo.” Y como achicharrar paladares o enviar a media docena de agentes a urgencias con graves síntomas de deshid...