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LUZ EN EL MAR

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  LUZ EN EL MAR Todo el mundo me preguntaba por qué quería ser marinero, por qué no escogía otra profesión. Mi abuela me decía por qué no me hacía maestro que era lo que tenía que ser y sin tener que estar lejos de casa tanto tiempo, así son las abuelas no quieren que nos pase nada lejos de su protección. Mi madre por su lado que por qué no me hacía contable, abogado, escritor, artesano, dependiente, panadero… cada vez que encontraba una profesión nueva venia corriendo para intentar tentarme de que cambiara en mi empeño en hacerme a la mar, si las abuelas no quieren que nos marchemos de su lado que os voy a contar de lo que es para una madre dejar a un hijo marchar cara a lo que para ella es lo desconocido y peligroso. Pero para qué os voy a engañar, yo salí a mi padre testarudo, aventurero, amable y poco modesto. Así que fue imposible arrebatarme el sueño de ser marinero, y sobre todo el sueño de algún día ser capitán. Cuando tuve la oportunidad empecé a formarme para ser oficial ...

Sin mástil, camino de las Azores...

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 El proyecto de cruzar el Atlántico (ida y vuelta) lo maduró a lo largo de los años mi compañero Juan Felipe y yo me apunté a la aventura tan pronto mis circunstancias personales lo hicieron posible. Su velero, un Puma 37 con el nombre de JAFAM III, a pesar de su robustez y diseño, no era un BWCY y datado del 83, requería una especial atención para emprender con ciertas garantías el rumbo a los océanos. La preparación fue una tarea paciente y constante de mantenimiento y mejora durante varios  años en la que se prestó especial atención a la estructura (colocándole una varenga  sobre la que se apoyaba un nuevo puntal y se reforzó  el conjunto de cuadernas) y al aparejo en el que se  le incluyó una trinqueta enrollable a tope de palo con posibilidad de poderse atangonar y formar junto a la génova un aparejo en yanqee para vientos portantes; a la vez la trinqueta podía soportar vientos fuertes en ceñida sin que el abatimiento fuese importante. El viaje estaba previ...
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Navegar a vela en un crucero de 19 pies…   Nos han llamado descerebrados, valientes, inconscientes… -¡Estos de la vela están locos! ¡Vienen con cualquier cosa! – dijeron refiriéndose a nosotros.  Quizá seamos todas esas cosas a la vez…aunque yo lo resumiría en una sola palabra…Aventureros. Nuestro barco, el Amazona, es un barco pequeño y con pocas comodidades. El Amazona es un Hunter Europa 6.16. Un barco cuya eslora máxima son 19 pies y…todos sabemos que lo aprovechable es mucho menos… Teníamos dos opciones. Una consistía en navegar sin llegar a ir a ninguna parte. En navegar en círculos por la bahía. Nada emocionante. La otra, en tirarnos a la mar. Salir y no volver a dormir a casa. Salir y no volver hasta que se acabe el verano. Esperar a tener un barco mejor, o por lo menos más grande, no era una buena idea ¿Cuándo sería eso? ¿Llegaría algún día? Además… ¡Ya tenemos uno! ¿Para qué necesitamos otro? Lo que queremos, en realidad, es navegar. Y…para consuelo la Minitransat. Y...

El Velero y Camelot

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Maite, una «granaína» de cuarenta y pocos conoció a Miguel en uno de esos típicos viajes fin de carrera en Palma de Mallorca. Miguel, un recién licenciado en químicas del centro peninsular de España rápidamente se quedó «prendado» de la belleza y simpatía de Maite. En tan solo un año, y después de algunas extensas y acaloradas misivas, alguna escapada a Granada y mucho dinero gastado en llamadas telefónicas, decidieron casarse y vivir en Chelmsford, una agradable y recoleta ciudad de unos 100.000 habitantes al este de Inglaterra. Rápidamente llegaron Enelis que ahora tiene 8 años y Luís de 7. Ah! sin olvidar a «Perla», una simpática perrita maltés que ya ocupa un lugar destacado en el seno familiar. El año pasado Miguel decidió que ya no podía demorar más su decisión: ¡iba a obtener su titulación náutica! Siempre le había gustado el mar, y recuerda con nostalgia los cálidos y tórridos veranos en Cabo de Gata con sus padres y hermanos disfrutando de unas clases de windsurf y vela ligera...

La unidad

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‘La Unidad’ es un thriller policial potente  que va ‘in crescendo’ La serie de Movistar+ nos introduce en una trama adictiva, pero no pierde de vista a unos personajes complejos Si hay una palabra que define a La Unidad es espectacularidad. Viendo sus episodios uno sabe que Movistar+ no ha escatimado en el presupuesto y que no querían hacer precisamente una serie pequeña. La premisa lo requería: retratar una unidad antiterrorista de la policía necesita una producción con recursos y apostar por el realismo. Y eso es lo que, a lo largo de sus seis episodios, ofrece al espectador. Sin embargo, no se queda ahí. El riesgo con los directores propensos a la menciona espectacularidad, como es el caso de De la Torre, es que se pierdan en escenas visualmente muy llamativas y olviden la emotividad y la empatía hacia los personajes, o que el relato sea un caos en servicio de esos puntos fuertes. No es el caso. El guion nos hace seguir un caso yihadista que va ganando...

Valeria

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Historias de mujeres para el mundo Hay cierta tendencia a pensar que las series (o libros) escritos por mujeres con problemáticas que envuelven su universo femenino son exclusivamente para mujeres, pero es un error. Con Valeria, adaptación en serie creada por María López Castaño, adentra al espectador al universo originario de las novelas de Elísabet Benavent. Lejos de convertirse en un cliché, se desmarca para dar una visión realista de los problemas que azotan a sus protagonistas y permite que el público empatice con ellas fácilmente. Además, pese a poder estar pensado para un público femenino, se abre en canal para hacer entender esas preguntas existenciales a todo tipo de géneros, condición social… Por lo cual, es una serie que se gesta desde una narrativa audiovisual de forma universal y regala a la audiencia un retrato fresco y muy inteligente. La manera en la que marca las líneas narrativas despierta un interés vivo en todo momento y sin elementos rimbom...

Hollywood

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Hollywood: lo que pudo ser y NO ES "Si Quentin puede, yo también". Algo así debió de pensar Ryan Murphy tras ver Malditos Bastardos . Cuando Tarantino, en su reciente Érase una vez en Hollywood, repitió la jugada, Murphy ya estaba terminando su propia Hollywood alternativa. La serie, segunda de su carísima alianza con Netflix (300 millones de dólares le soltó la plataforma al productor a cambio de asegurarse sus servicios en exclusiva) tras la magnífica The Politician , se titula precisamente así: Hollywood . En ella Ryan Murphy, junto con Ian Brennan, propone un Hollywood alternativo e ideal. Uno que en los años 40 se arriesgó de verdad y consiguió cambiar el mundo más y a mejor. Es un mensaje bonito: que el cine puede cambiar las cosas. Uno bastante más bonito que real (ver: naïf) y que Ryan Murphy ya aplicó en Pose , otra de sus últimas series. En ella veíamos la oscuridad y sobre todo la luz de una subcultura, la de la escena ballroom tr...