martes, 20 de septiembre de 2016

Michael Clayton




              Excelente película sobre el género de intriga-suspense. Centrada en la mierda tan espantosa que anida en una gran firma de abogados, de esas que por ganar mucho dinero defienden a las grandes corporaciones de canallas y desalmados, sabiendo que lo son y sin la más mínima conciencia. El dinero lo compra todo y estas cloacas o bufetes de la abogacía, son templos donde al único que se adora es al dios Mammón.


              Michael Clayton" es un film a ratos intrigante y a ratos cansino, nuevo ejercicio de George Clooney por reivindicarse como actor serio (o de films de temática seria). En cambio, el célebre actor todavía no puede evitar que su careto ocupe todo el cartel de la película buscando la comercialidad. Lo que aquí se cocina es un nuevo film sobre la integridad, la responsabilidad de hacer lo correcto frente a la corrupción en el complejo mundo de la abogacía y la empresa moderna. Es decir, no es una película para ver con los niños en el cine. El director, Tony Gilroy, tiene todo mi respeto ganado como guionista en base sobre todo a la trilogía de Bourne pero en su salto a la realización se le nota un tanto desequilibrado, le falta rematar la intriga, dar esas pinceladas de sabiduría que hicieron grandes a otros films de esos "serios" recientes como "El buen pastor". Clooney trata de adaptarse a su papel de pseudofracasado (ni es abogado ni policía) pero tiene el lastre eterno de quitarse la pose de Don Juan y hacer creible sus papeles. Trabajo doble que Clooney en contadas ocasiones ha salvado (no es algo del todo malo, también le pasaba a Cary Grant). Hay que afinar bien los oídos y en general todos los sentidos porque "Michael Clayton" más allá de que su mensaje final sea más o menos original, más o menos impactante, sí que exige al espectador concentración. Nada de apagar las neuronas.


La película apela por enésima vez al conflicto que provoca la integridad cuando se despereza en determinados corazoncitos. Por el camino nos presenta una interesante trama de ambición y crimen, nos dibuja las miserias de la trastienda de la justicia, la crisis de identidad de un abogado (Wilkinson), y los sucesivos problemas personales de un Clooney involucrado hasta las trancas en esa trama de bufetes, minutas multimillonarias y arrepentimientos.

Y la narración es eficaz, por mucho que se diga lo contrario. Requiere cierta atención por parte del espectador pero ahí se acaba el problema. Quizás sea algo exigente al presentar situaciones y personajes que se van definiendo a medida que avanza el metraje y no de forma inmediata; pero ya digo, poco más.


Los bufetes, claro está, se valen de profesionales trabajadores, personas que por un sueldo que les permita sobrevivir y pagar sus deudas, han de hacerles todo tipo de trabajos sucios. Evidentemente este análisis está muy bien grabado: el bien vestir, la finura, la preparación para convencer y engañar, la corbatas, los peinados de categoría, etc, todo para dar el pego lo más posible y camuflar la verdadera podredumbre que guardan debajo.


Lo mejor del guión, filmado con mucha maestría, es el papel de la fémina, de la alta ejecutiva de gran Empresa o Corporación, interpretación genial que hace Tilda Swinton, donde nos expone con toda lucidez como las mujeres cuando ocupan altos puestos sociales, ya en Corporaciones, ya en la Política, en la Religión, en las Fuerzas Armadas, en la Banca o donde sea, tienen tan mala leche, son tan machistas y tan perras de colmillos retorcidos como lo puedan ser los machos. Por más que se vistan con tacones de andares delicados, con sus look de pelos coloreados, con sus modelitos sensuales o aparentando debilidad, cuando tienen que joder y mandar asesinar lo hacen igual que los machos. ¡¡¡Es la llamada paridad social!!!


Con tal de mantenerse en el poder, en la perrera y con su ración de huesos caros, arrojan el alma y la conciencia por el primer retrete donde sienten sus posaderas. Eso sí, a cambio, ganarán mucho dinero, sudarán muchas camisas y bragas, sufrirán mucho estrés y como a todo cochino o guarra, también le llegará su "San Martín". Dicha filosofía está dura y friamente desarrollada en la película, y Tilda Swinton es una espléndida actriz que sabe como pocas encarnar estos papeles de mujeres traslúcidamente machistas en cuanto se les da la oportunidad ejecutiva de ponerlo de manifiesto (recuérdese el papel similar, que hizo a la perfección, interpretando a la lider desalmada, jodona y cabrona, con más mala leche que el peor de aquellos hippys playeros y drogatas del filme "La playa", de Danny Boyle, USA 2000).


No dejen de verla con detenimiento sobre lo dicho. Es importante.

Fej Delvahe

viernes, 9 de septiembre de 2016

Café Society


Woody Allen sigue siendo un genio por pura inercia.
Desde la magnífica Match Point (2005), el neoyorquino nos ha regalado una irregular colección de películas que, aun estando por encima de la imaginativa del Hollywood actual, no alcanza en ningún caso la excelencia, convirtiéndose, cada una de las obras que la componen, en “la nueva película de Woody Allen” y perdiendo, de algún modo, su valor intrínseco más allá de la autoría del que las concibe.

Por momentos, Café Society cae en el tedio parsimonioso de la narrativa del Woody Allen más relajado y ligero, ese que parece dejarse llevar por la autoimpuesta necesidad de hacer una película cada año (desde finales de los 60 no concibe faltar a su cita con el cine).
Y lo hace a pesar de contar con una ambientación sensacional de los años 30, gracias al eminente trabajo de Santo Loquasto, su fiel diseñador de producción; y a la bellísima fotografía de Vittorio Storaro, que encaja a la perfección con el tono que imprime Allen en la dirección, a ratos cálida, a ratos fría, siempre cautivante y preciosista.


Posteriormente, en su segunda mitad, una melancolía agridulce comienza a invadir el film, a sus protagonistas e, inevitablemente, a los espectadores. Aparece en escena una terrible aflicción, esa que implacable, se dedica a atraparnos mediante embustes y recuerdos emborronados por el tiempo, volviéndonos incapaces de vivir sin dejar de aferrarnos a la sospecha de que nuestras vidas, por algún u otro motivo, podrían ser diferentes, ser mejores. No es la primera vez que Woody Allen ironiza con la errónea creencia de que todo tiempo pasado fue mejor (véase el discurso entre líneas de la anteriormente mencionada Midnight in París), pero sí la vez que le imprime mayor realismo.


Todo en la película va ganando enteros, aunque tardíamente: las completas interpretaciones de Jesse Eisenberg y Kristen Stewart, que van adquiriendo matices conforme sus personajes evolucionan en el tiempo; el ritmo, aderezado con gratas elipsis y simpáticas subtramas de gánsteres; y el interés de la historia, sencilla pero gratamente clásica, hasta desembocar en un fascinante final, de los más tristes que recuerdo en la filmografía de su director (que ya es decir).


Una película que destaca por su inusitada belleza, que sutiliza su mordacidad, tenue e inteligente, para hablar sobre los efectos imperceptibles e inesperados que produce el tiempo, las secuelas de pertenencia a uno u otro estamento social, y el desgaste de los sueños de la juventud.


Temas que, por otro lado, suelen ser recurrentes en la filmografía del director, asentado en la comodidad del que explora tierras más que conocidas. En definitiva, y espero que esto se entienda más como cumplido que como crítica, creo que Woody Allen ha realizado una película que podría haberse proyectado en blanco y negro en algún cine de Hollywood en los años 30 y haber cumplido su mágico cometido sin desentonar en absoluto con la cartelera de la época.
Jesus G.

domingo, 14 de agosto de 2016

Braquo



Estamos ante un thriller policiaco producido por Canal + Francia que tiene un ritmo trepidante y que nos muestra la cara más sucia de la Policía. Hay una atmósfera lúgubre que envuelve a los personajes, los cuales afortunadamente carecen del barniz de héroes típico de las series yanquis. Cada uno de ellos habita más en el fracaso que en el éxito.


Cambio de tercio, serie policiaca a la vista.
Queréis realismo? Queréis ver que diferencia a un poli de un criminal? (básicamente la placa) Queréis ver lo que significa la política y la burrocracia en la policía? Queréis ver personajes de verdad con defectos (casi todos) y virtudes (solo una)?
Si habéis contestado que sí a dos o más de las preguntas anteriores entonces Braquo es vuestra serie. Una serie de VERDAD, con lo más crudo, jodido, perro y angustioso de la palabra. Con personajes con existencias tirando a jodidas que se van hundiendo poco a poco en su fango personal, y del que sólo se sostienen gracias a que se apoyan unos a otros (bueno, no siempre, pero ASI es la vida).


Inspirada, si no está hecha por los mismo que la hicieron, en una película franchute muy buena: Asuntos Pendientes (el original es 36, quai des orfebres), la serie nos narra la vida, obra y milagros de un grupo de maderos de lo que aquí sería la secreta, que viven y trabajan al margen de la ley (por decirlo de una manera muuuuuuuuuuy suave), con sus propias reglas y leyes, a los que un día empieza a lloverles mierda y no amaina ni al acabar el primer año, de hecho el segundo año la mitad van a la trena (puro cine Disney).


Corrupción, trapicheos, sobornos, chantajes, por supuesto violencia sucia y perrera, traiciones varias y una galería de personajes en la que curiosamente NADIE es malo, pero lo mejor, es que NADIE es bueno.


Narrada con una producción hiperrealista no dan ni una sola concesión al espectador: así es la vida, así te la cuento, si te duele, te tomas un valium, y si lloras, pues te secas los mocos, pero la vida en la calle es perro come perro, así de sencillo. La producción es también bastante buena, coches, armas, vestuario, localizaciones (supuestamente es Paris pero no se ve la torre Eiffel nunca), todo emana realidad. Los actores son otro pequeño gran acierto, rostros con carisma, la mayoría feos pero con gancho, una costumbre muy franchute (ver jean paul belmondo) transmiten mejor a la serie la humanidad de cada uno (policías = cocainómanos, lupópatas, adúlteros, etc)


En resumen: otra serie MUY RECOMENDABLE (llevamos unas cuantas!!!) para los amantes del cine negro, policíaco, de acción, y en general la gente que no cree que en la vida sólo hay buenos y malos (aunque esos también lo tendrían que ver para que se les abriesen un poco los ojos),.van por la tercera temporada y cada una solo tiene ocho episodios, lo que evita que se convierta en un culebrón interminable.
El hecho de que sea francesa no es una anécdota, porque gracias a que nos es yankee la historia huye de maniqueísmos y moralinas fáciles y estúpidas (además fuman pero de verdad, echando humo, sin sujetar el pitillo a lo julai), y se ve desde un punto de vista más adulto.


Y sabéis lo que es una pena de la serie? Pues que en España se podría hacer una serie así sin problemas (ya se intentó, no olvidemos la gran Gritada Central), porque por actores, historias y situaciones hay materia prima más que de sobra, eso sí, aquí seguiremos viendo Ana y los siete, y subproductos como el príncipe en la que los moros melillenses tienen acento de Moratalá, spain es asín.


La serie envuelve al espectador hasta convertirse en adictiva. La recomiendo.

Publicado por Robert Lecki 

miércoles, 10 de agosto de 2016

Julieta


Mi cita en el cine con Pedro ya llegó. Es algo que busco ansiosamente tras haber visto su última película hace ya dos años, "Los amantes pasajeros”, comedia alocada aborrecida por casi todos, que me pilló en un momento extraño que ahora veo muy lejano. “Julieta” me pilla en pleno apogeo de alegrías y emociones. En el mejor momento posible como en su momento me pasó con “Hable con ella” o incluso con “Volver”.


Cine de una fuerza dramática casi imperceptible por lo austero y desnudo que lo presenta Pedro. Un torrente de emociones todas juntas arremolinadas sobre unos personajes magnéticos, vivos por dentro y por fuera que cierran un círculo de contención (en las palabras, en los gestos, en esos escenarios) apabullante. Qué acertado ese título original de silencio porque es precisamente ese concepto (lo básico, lo que no hace ruido, lo que fluye por dentro dejándote inmovilizado, sufriendo y disfrutando con la historia) lo que eleva a Julieta a la categoría de verdadera obra maestra y sí, probablemente, a la consideración de la mejor película de Almódovar no en mucho tiempo, sino de toda su carrera.


Es la culminación absoluta de un estilo depurado al máximo que no por ello se olvida de lo realmente importante: Pedro, una vez más, rasca las heridas, las cura e intenta cicatrizarlas a través de personajes, de diálogos, de monólogos y de muchas más cosas que son la esencia de todo su cine.


Muchos la han calificado como la menos almodovariana de sus películas, pero yo no estoy de acuerdo: Julieta huele a dolor, a perdón, a desamor, a alegría contenida, a tantas y tantas cosas que el universo del manchego ha sabido retratar con acierto a lo largo de los años. Ello sin embargo no es óbice para reconocer que Julieta se mira en Hable con ella y en Volver fundamentalmente lo que, en todo caso, me parece algo natural en Pedro. Es evidente además que aunque en Julieta el dominio del guion y de la dirección es absolutamente perfecto (pero que difícil lo tendrán ahora sus detractores habituales), su espíritu, sus colores, sus detalles artísticos (guiños constantes y homenajes a los mitos de Pedro), sus cameos reconocidos y no tan reconocidos y por supuesto la elección de las actrices (portentosas todas ellas, al nivel del elenco de Volver) te llevan inmediatamente a Pedro.


Julieta es la película que yo quería ver. Es la película que necesitaba ver y que me llena de felicidad y emoción en un momento vital de alegría. Es la película que Pedro me ha regalado y por lo cual le estoy inmensamente agradecido. Gracias, Pedro.



Pablo

domingo, 7 de agosto de 2016

MARCELLA



La primera derivación internacional del subgénero bautizado como nordic noir tuvo su estreno el  mes pasado en la televisión británica de la mano de una detective muy particular, rozando lo disfuncional, que se desenvuelve en un entorno urbano áspero y gris a la caza de un asesino en serie.
Marcella, la protagonista que da nombre a la nueva serie de ITV, no pretende ser una réplica de Saga Norén a la inglesa, aunque ambas hayan salido de la pluma del sueco Hans Rosenfeldt, creador de la serie de culto The Bridge (Bron/Broen). Pero las comparaciones resultan inevitables. La primera entrega de los ocho capítulos de Marcella nos traslada a un universo tan oscuro como el que Rosenfeldt ideara para la afamada coproducción sueco-danesa, con dosis de violencia gráfica y gore inusuales en la pequeña pantalla del Reino Unido.
Marcella Backland es una policía británica retirada en pro de la vida familiar que debe confrontar un antiguo caso no resuelto (lo que los anglosajones denominan cold case), al tiempo que su vida personal se hace trizas.

Nicholas Pinnock 


El plantón del marido a esta exdetective en el arranque de la trama, y también sus consecuencias, marcan la tónica de un personaje que arrastra consigo un secreto inconfesable y a quien el guionista nórdico quiso dibujar expresamente como la antítesis de Saga.
 La policía sueca de The Bridge “no está conectada con sus emociones y cualquier decisión que tome se basará siempre en la lógica, mientras que Marcella es extraordinariamente emocional y el espectador nunca puede intuir cuál va a ser su siguiente paso”, ha subrayado Rosenfeldt sobre su nuevo personaje, concebido para conquistar al público anglosajón alérgico a los subtítulos (en las islas británicas nunca se doblan ni las películas ni los programas de televisión).


Jamie Bamber
Charlie Covell
La serie inglesa incluye, sin embargo, más de un guiño a los exitosos productos del nordic noir, incluidas cuestiones de vestuario, que rápidamente ha detectado la crítica británica. Porque la parka que luce en varias secuencias la protagonista encarnada por la actriz Anna Friel —especialmente conocida en el mercado americano por la serie Pushing Daisies—, es muy parecida a la que en su día arropara a la detective Sarah Lund a lo largo de sus pesquisas relatadas en The Killing, el título danés que abrió camino internacional al talento nórdico del ámbito televisivo.
El ‘nordic noir’ viaja fuera de Escandinavia con ‘Marcella’ Aquella serie tuvo incluso una réplica en Estados Unidos, que en sus primeros capítulos arrancó como una copia calcada del original para luego derivar en un argumento diferente.

Anna Friel

Anna Friel

Pero nunca hasta ahora uno de los propios artífices del nordic noir había trasplantado ese género a otras latitudes, en el caso de Marcella a un Londres oscuro por el que pulula una colección de personajes intrigantes. Como el de Maddy Stevenson, una ambiciosa estudiante de criminología que alienta la relación con uno de los principales sospechosos de asesinato múltiple, a cargo de la actriz

 Laura Carmichael (lady Edith en Downton Abbey)



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Ian Puleeston-Davies es Peter. 













Sinead Cusack (Jekyll and Hyde) 











Harry Lloyd (Juego de tronos) 









integran también el reparto de esta serie que se perfila como uno de los platos fuertes de la temporada, y cuyos derechos compró Netflix para emitirla fuera del territorio del Reino Unido e Irlanda a partir de julio.
 PATRICIA TUBELLA

sábado, 30 de julio de 2016

El velero


Es lo mejor que me podía ocurrir, la ilusión de mi vida, comprar un velero.
Esta mañana se ha hecho realidad y me dispongo a cruzar esta semana una vez llegado a Denia, hasta Ibiza y Formentera.
Tuvimos que esperar unas horas a que amainase el fuerte viento de N y así no encontrar tanta mar de proa que haría incómodo y lento el viaje. Partimos cerca de las 18:00, esperando encontrar abrigo a lo largo de la costa de Granada y Almería durante las primeras horas de la travesía. Iremos cuatro.
Al oscurecer no teníamos casi viento, motor a 2600 RPM y encendemos las luces de navegación. Yo me acuesto pronto, tengo sueño así que haré una guardia más tarde. Me despierto sobre las 03:00, está entrando algo de viento y rolando a E. Por la radio escuchamos barcos que, unas millas más adelante anuncian rachas de 20 kts. Rizamos la mayor en previsión, siempre es más cómodo hacerlo antes de que entre la castaña, y más de noche. Paco va al palo con el arnés y yo ayudo desde la bañera. En 5 minutos queda listo, y 5 minutos más tarde nos encontramos el viento anunciado.
Me paso varias horas al timón, identificando constelaciones, algunas de memoria y otras en una aplicación del iPhone de Alberto que con sólo apuntar al cielo te dice cuál es cuál. Acojonante eh!
Por estribor se ve la contaminación lumínica de Almerimar, un poco mas adelante Roquetas , reflejada en la capa de inversión, que se aleja dejando sólo la luz intermitente del faro de Garrucha, 4 destellos, 20 segundos y vuelta a empezar.


Una luna enorme, que aparece poco antes del amanecer nos deja sin estrellas. Hace frío y la humedad va calando poco a poco. Me cubro bien y espero al mejor momento de la travesía: el amanecer en el mar. Cuando llega estoy tan tieso que ya no estoy tan seguro de que sea el mejor momento de la travesía, pero agradezco que salga el sol para ir desentumeciendo todo el cuerpo.
El sol trae más viento, del través. Seguimos con un rizo y con solo la vela mayor conseguimos medias de 7 nudos. Ahorramos combustible que queda poco. Los delfines vuelven a visitarnos  y el día transcurre tranquilo hasta el atardecer. Ya frente a Denia izamos “la metralleta asesina”, el asimétrico para ventolinas que nos salvó en Tagomago, y que aquí nos ayuda a mantener un poco la media… aunque por un rato y a un rumbo que ya no nos conviene. Acabaremos encendiendo el motor y enfilando directamente a la bocana del Port de Denia.


Con cierta parsimonia anudé un cabo a la argolla del ancla y con el otro extremo del cabo me rodeé la cintura con fuerza. Había hecho esos nudos miles de veces y esta vez tampoco me equivocaría. Cogí el ancla entre mis brazos y la apreté contra mí. Estaba fría. Estaba muy fría. Un escalofrío me recorrió la espalda. El frío me heló el alma. Barco chico alma clara… Y fría , muy fría. Saqué los pies por fuera de la borda y me senté. Cerré los ojos. Por un momento los tibios rayos del sol me devolvieron algo de calor. Me dejé caer resbalando lentamente hasta que me hundí bruscamente en el agua. Frío. Aún más frío todavía . Apreté con más fuerza aún el ancla y miré una última vez hacia arriba atisbando algo de claridad. Después todo se hizo oscuro… y frío. Un dolor intenso en mi pecho que me quemaba me volvía loco de dolor. Luego el frío infinito.
Al abrir los ojos no vi el barco, ni la superficie de agua marina, ni una sola ola. Vi la estantería, la ventana entreabierta, el pequeño escritorio, mi Ipad cargándose…
(c) Angel 2016

viernes, 8 de julio de 2016

Dream


                                                                           (Foto: Ferdinando Scianna)

Aquella mañana, al levantarse, notó que iba a ser un día diferente, una invisible brisa la sacudió de arriba abajo. Eran las siete menos diez, se acercó a la ventana y comprobó que estaba diluviando.
Se dirigió al cuarto de baño y como siempre, se miró distraídamente en el espejo. La impactó la desconocida imagen que éste le devolvió. Se palpó el rostro con incredulidad. Por un segundo creyó estar en un sueño. Pero no era así, cuando uno está soñando, las órdenes que envía y recibe el cerebro no se ejecutan al instante, tienen vida propia y no son atendidas hasta que finaliza su acción al despertar. En cambio ahora sabía que estaba despierta ya que podía decidir y ser dueña de sus actos, desnudarse, abrir un grifo, o desplazarse por cualquier estancia de la casa.
No cabía la menor duda de que esa persona desconocida era ella. Aunque el color del pelo y su cuerpo hubieran cambiado. Era más alta y esbelta y había rejuvenecido veinte años.
Inexplicablemente asumió con naturalidad la nueva situación. Por fin, parecía que su vida estaba a punto de iniciar un nuevo ciclo. Se le estaba dando una nueva oportunidad  para forjar el futuro que tantas veces había deseado.
Se alegró de su manía de no desprenderse de la ropa en desuso, rebuscó entre las bolsas, cajas y maletas que guardaba en el armario. Al final, encontró el vestido negro, el que había estrenado en su veinte aniversario. Aquel día mientras cenaban, Mario le regaló la sortija de compromiso, le propuso matrimonio y le prometió amor eterno.
Eva entonces no sabía que amor eterno es un concepto filosófico imposible de medir y muy difícil de cumplir. Entre ellos, la eternidad prometida duró siete años, al cabo de los cuales él renovó su promesa amorosa con Celia, una escultural cubana de dieciocho años que había conocido en una de sus múltiples “cenas de trabajo”. En fin, eso pertenecía al pasado.
Acabó de arreglarse y se miró de nuevo al espejo, necesitaba volver a comprobar que la imagen reflejada seguía siendo la misma que la de la mañana. Y sí lo era, el  viejo vestido le quedaba como un guante y potenciaba su espléndida nueva figura.
Se puso el perfume que aún no había estrenado. Recordó que fueron varias cosas las que influyeron en su compra, el original y bello diseño del frasco, el nombre y el eslogan con el que lo  promocionaban,  “DREAM… el  mágico aroma para mujeres que aman el riesgo”.
Se puso unas gotas en la muñeca y aspiró el aroma, realmente no se parecía a ninguna esencia conocida, era envolvente, delicioso, con un toque dulce y a la vez seco, una amalgama de fragancias difícil de disgregar. Olía a todo lo bueno que merece ser olido, además su nombre era toda una premonición aunque entonces ella no lo supiera.
Cogió el paraguas y se puso el impermeable rojo, volvió a mirarse, esta vez en el espejo del recibidor y salió de casa.
La puerta al cerrarse sonó como el pistoletazo de salida de una carrera... (-CONTINÚA-)
LOLA ENCINAS