miércoles, 22 de febrero de 2017

EL GUARDIÁN INVISIBLE


En los márgenes del río Baztán, en el valle de Navarra, aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en una circunstancia que lo relaciona con un asesinato ocurrido un mes atrás... La inspectora Amaia Salazar dirige la investigación que la llevará de vuelta al pueblo de Elizondo, donde ella creció y del que ha tratado de huir toda su vida. Enfrentada con las complicadas derivaciones del caso y sus propios fantasmas, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar con un implacable asesino, en una tierra fértil en supersticiones y brujería.


La novela de Dolores Redondo siempre tuvo un atractivo especial para su adaptación al cine. Antes incluso de ser publicada por Ediciones Destino, Peter Nadermann, a través de la productora alemana Nadcon, especializada en adaptaciones de novelas noir en toda Europa, opcionó los derechos de la novela cuando sólo era un manuscrito. Vio el potencial que tenía la historia de Amaia Salazar y pensó que era un personaje ideal para una estrella de Hollywood, por lo que su intención era hacer directamente un largometraje internacional de habla inglesa. Al poco de publicarse la novela en España, Nostromo Pictures y Atresmedia Cine cerraron un acuerdo de coproducción con Nadcom para poder realizar la película y se decidió que precisamente para preservar la verosimilitud y autenticidad, lo mejor era apostar por hacerla en español pero con un gran nivel de producción que permitiera que la película pudiera estrenarse en todo el mundo.


Así nació la adaptación de EL GUARDIÁN INVISIBLE, respetando rigurosamente el aspecto local que tan especial hacía la novela, con un Valle del Baztán, lleno de paisajes únicos, rodeados de una atmósfera opresiva donde la lluvia y la humedad rodean todo y se desarrollan costumbres profundamente arraigadas donde el folklore y las tradiciones rigen la vida de muchos de sus habitantes.


Fernando González Molina leyó la novela entusiasmado y enseguida llamó a los productores de la película que estaba rodando, Palmeras en la Nieve, para hablarles de la novela, descubriendo que casualmente estos habían adquirido recientemente el proyecto y se disponían a desarrollarlo. Los productores enseguida dieron las riendas del proyecto a Fernando y contrataron a Luiso Berdejo (guionista de la exitosa trilogía REC). Fernando, aportó una visión muy clara de cómo trasladar las palabras de Dolores Redondo a la gran pantalla y Luiso trabajó en el guión junto con Fernando en su residencia en Los Ángeles. Asimismo, también se empezaron a buscar las localizaciones en el Valle del Baztán, para poder incorporarlos al guión y dar así mayor riqueza visual a la película.


En paralelo a las revisiones finales del guión, se comenzó la búsqueda de Amaia Salazar y sus hermanas. Eva Leira y Yolanda Serrano se encargaron del casting y junto a Fernando y tras unas pruebas iniciales, tuvieron muy claro que no había nadie mejor para interpretar a Amaia que Marta Etura, que era capaz de transmitir perfectamente las dos caras de Amaia, su dureza y, al mismo tiempo, la inseguridad y miedo que anidan en su interior.


La primera opción para interpretar a Flora fue siempre Elvira Mínguez y tras verla en una prueba junto a Marta Etura, quedó claro que estaban destinadas a ser hermanas para siempre en la trilogía del Baztán. Para la búsqueda del resto de personajes se realizaron audiciones en Bilbao, el valle del Baztán, San Sebastián, Pamplona y Madrid.


De esta manera se pudo configurar un reparto principal dónde se mezclaban actores de gran prestigio como Francesc Orella, Pedro Casablanc, Ramón Barea, Paco Tous, Manolo Solo o Susi Sánchez, con actores no profesionales. Para varios nombres del reparto supone incluso su primer trabajo en la gran pantalla, como es el caso de Carlos Librado "Nene", Patricia López o la joven Idurre Puertas, entre otros.

sábado, 18 de febrero de 2017

Goliath


Claro que podría haber sido mejor.
Pero en este caso es tan flagrante que no he encontrado mejores palabras para empezar.
Billy Bob Thornton con la serie a cuestas.




Lo destaco en el comienzo de la crítica, porque es por ver su actuación que se llega hasta el final. La verdad es que arranca tibia, un capítulo piloto decepcionante, confuso, atropellado, que presenta demasiados personajes de golpe y en el que apenas logras sentir simpatía por ninguno.


Me dejó tan indiferente, que tardé más de diez días en retomar la serie.


Afortunadamente la cosa mejora con el final del segundo capítulo, que termina con un suceso trágico que hace que de repente las cosas se pongan interesantes, y te lleva a pensar que hay un guión sólido detrás de la serie
.
Por desgracia no sólo se vuelve culebronesca, con demasiadas traiciones amorosas entre los personajes, algo que se podría perdonar gracias al buen trabajo de los actores y a lo adictiva que es, sino que el final que han dado a esta primera temporada es inconsistente y muy difícil de creer.


David contra Goliath. David es Billy McBride (Billy Bon Thornton) un abogado alcoholizado, en trámites de divorcio, en la ruina, y con una única obsesión: Vengarse del antiguo socio que lo echó del bufete que fundaron juntos. Ellos dos y la ex mujer de Billy.


Su antiguo socio es Donald Cooperman (William Hurt) un abogado despiadado, con el rostro desfigurado y que manipula a todos sus empleados, dirigiendo el bufete desde su despacho, a oscuras, con las cortinas echadas.

Un tipo siniestro, con algunos desequilibrios mentales que irán saliendo a la luz con el paso de los capítulos. Diseñado su personaje para odiarlo desde el principio.


Billy encuentra la posibilidad de vengarse, cuando le contratan para investigar el extraño suicidio de un ingeniero de una multinacional del sector armamentístico, y principal cliente del bufete de Cooperman.


A partir de ahí no sólo tendrá tendrá que luchar contra unos abogados podridos de millones y con muchos recursos, sino también contra una multinacional dispuesta a jugar sucio para frenar la investigación de Billy McBridge.


Junto al buen trabajo y el carisma de Thornton, y William Hurt, destaco a un puñado de secundarios. Callie, abogada y socia del bufete, interpretada por Molly Parker, a la que puede que pongas cara por "Deadwood" y más recientemente por "House of cards" y a una becaria del mismo bufete. Lucy, a la que da vida Olivia Thirlby. A ambas las manipula a su antojo desde las sombras, Cooperman, enfrentando a la una con la otra.
Uno podría esperar un buen caso con giros de guión. Un tipo sin recursos que lucha conrta su excompañero y exempresa que ahora tiene tanto poder que parece que lo controla todo. Pero no. Y como pasa con la serie Ray Donovan me parece que se centran demasiado en la vida de sus protagonistas y poco en su trabajo. Me gustaría saber mucho más del caso y mucho menos de sus amoríos. Resquicios legales, trampas en los pleitos, picardía en los juzgados... eso es lo que buscaba. Hay algo, pero se queda muy corto.
Además de acontecimientos totalmente estrambóticos y un desenlace irreal de serie/peli pequeña.

                                                                                              Rufus T Firefly 


miércoles, 15 de febrero de 2017

¿Qué fue de Boabdil después de rendir Granada?


Rendición de Granada

Conocida de todos es la leyenda aquella de que, cuando Boabdil, abandonó Granada, su madre le dijo "llora como mujer lo que no supiste defender como hombre"... y se fue. Partiendo de la base de que es una mera leyenda inventada casi 40 años después, a parte de esta amarga despedida -inventada o no- la verdad es que el personaje, simplemente desaparece del imaginario popular y muy poca gente sabe qué fue lo que le pasó después al pobre Boabdil. Evidentemente, el hombre no se esfumó como una burbuja, sino que aún se estuvo un tiempo por su antiguo reino. Si tiene un poco de curiosidad "marujil", siga leyéndome, que sucintamente le explicaré su periplo.


Boabdil el Chico

Abû ʿAbd Al•lâh Mohammed ben Abî al-Hasan ʿAlî, Boabdil el Chico para los amigos castellanoparlantes, fue el último Emir (rey) de Granada. Después de haberse batido el cobre con los ejércitos de los Reyes Católicos y con el saco de gatos rabiosos que era su corte, al final, viendo que era imposible hacer frente a las huestes castellanas y a tanto traidor y corrupto "amigo" suyo, el día 2 de enero de 1492 decidió plegar velas y darle las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos... y que se apañaran ellos. La decisión, le dolió, pero como legalmente no era una conquista, sino que era una venta, los 30.000 castellanos de oro (unos 138 kilos de oro, vaya) que le dieron en compensación, sin duda ayudarían a pasar un poco la pena.


La Alhambra de Granada

Una vez entregadas las llaves, Boabdil, apodado "El Chico" no por el tamaño sino por su juventud, en vez de irse, se encerró en su alcázar y esperó a que las nuevas autoridades cristianas le dieran permiso para salir. El permiso le llegó a finales de febrero del 1492 y le dejaron llevarse lo que quisiera a su feudo de las Alpujarras, a la Alcazaba de Laujar (hoy, Laujar de Andarax, a unos 120 km de Granada), con la condición de que el séquito saliera de noche, para evitar tumultos. Boabdil así lo hizo y en llegando a un cerro -hoy día llamado poéticamente Cerro de las Lágrimas- se desvió del caminó y echó un último vistazo de su Gharnata (Granada) natal. Las crónicas no dicen nada del rapapolvo de su madre, hasta 1526 en que el Obispo de Guadix, le cuenta esta historia a Isabel de Portugal, que estaba de visita. Y es que siempre queda bien un poco de poesía para agradar a las visitas.

Laujar de Andarax (Almería)

Los Reyes Católicos le permitieron quedarse en sus posesiones de las Alpujarras todo el tiempo que quisiera, gracias al Papa Inocencio VIII, que les hizo asegurar que lo tratarían correctamente. El Papa conocía el sultán turco Bayaceto II y para seguir manteniendo las amistades -y lo que le pagaba por retener al "queridísimo" hermano del sultán- le hizo asegurar a Fernando el Católico este buen trato. Sin embargo, el hecho de mantener en su territorio al líder, por muy bien que se portara, era como dejar una cerilla encendida al lado del bidón de gasolina que podía significar una posible revuelta de los moriscos. Con buenas formas, pero chinchando lo que no estaba escrito y comprando bajo mano sus posesiones a su fiel (ejem) alcaide Aben Comixa -¿y alguien se extraña de lo de los ERE's de hoy día?-, los Reyes Católicos consiguen convencer a Boabdil de la necesidad de que parta para Berbería, es decir, Marruecos.


El puerto de Adra 

En octubre de 1493, y tras la muerte de su mujer Moraima al haberse quedado sin buenos médicos -todos judíos- porque los Reyes Católicos habían expulsado a los judíos para ahorrarse devolverles los créditos (llámalos tontos), se encaminó hacia el puerto de Adra, a unos 40 km de Laujar. Una vez allí, una flota compuesta por tres barcos grandes (una nao, una carraca y una carabela) al mando de Íñigo de Arrieta , transportó un séquito de 1120 personas a la otra orilla del Mediterráneo. Otra leyenda cuenta que, una vez embarcado, Boabdil lanzó su espada al mar y prometió volverla a buscar algún día, cual promesa electoral imposible de cumplir.


El puerto cenagado de Cazaza

Todo el cargamento de gentes y cachivaches desembarcó en el puerto de Cazaza, población a poniente del cabo Tres Forcas, a unos 15 km de Melilla y a 165 kms de la costa andaluza, del cual poca cosa se encuentra hoy en día, ya que el pueblo fue destruido por los españoles en 1532 y el puerto fue cenagado por un río cercano. Desde aquí Boabdil se dirigió a Fez (330 km hacia el interior) y allí fijó su residencia, apartado de la vida política aunque haciendo de consejero del sultán de Fez, y muriendo a la edad de 70 años en 1533.


Posible tumba de Boabdil

Se supone que Boabdil fue enterrado en una musalla (ermita, templete) que se encuentra a las afueras de Fez, pero aunque se sabe que hay dos cuerpos en ella, aún está por ver si las investigaciones dan su fruto. Aunque más que a la ciencia, según parece, la clave la tienen los burócratas marroquíes que nadie sabe quién tiene que dar los permisos para excavar.



Sea como sea, Muhammad XII de Granada (Boabdil el Chiquito), ha quedado inmortalizado para la posteridad como el último rey de Al-Andalus y el punto final a la Reconquista. Poco importa que fuera alto, rubio y ojos claros, que no hubiera sido vencido nunca, que no hubiese llorado al abandonar Granada, ni que su madre nunca lo reprimiera de la forma más poética posible. Eso es lo de menos. Lo realmente importante es que, posiblemente, nunca lleguemos a saber que lo que más le doliera seria que unos extranjeros cristianos le obligasen a tener que dejar su tierra, una tierra, la andaluza, en la que su gente vivía desde hacía más de 700 años.
Al fin y al cabo... ¿dónde vivía su familia allí por el año 1300?
Ireneu Castillo

sábado, 11 de febrero de 2017

Broadchurch (1ª temporada)


Antes que HBO estaba la BBC. Antes que los Sopranos, estaba Eastenders, antes que Galáctica estaba Doctor Who.
Antes que nadie estaban los ingleses, y nunca han dejado de pisar el acelerador, nunca dejaron de crear, de crecer, y aun con el piloto automático producen obras maestras en cualquier género. Con menos de la mitad de presupuesto, la TV inglesa sigue marcando el camino, como por ejemplo la cada vez más generalizada reducción del número de capítulos en las series americanas, marca de la casa de la ficción británica, donde la calidad siempre impera sobre la cantidad.


En el caso que nos ocupa, el thriller costumbrista o como se llame al género donde un crimen altera los cimientos de una reducida comunidad de vecinos de un pueblo costero, Broadchurch es un ejemplo de maestría absoluta en el que actores, fotografía, música y guion, sobretodo guion, están elevados a su máxima potencia.


Para enfrentarse a Broadchurch hay que estar preparado. Porque no siempre tiene uno la oportunidad de bucear así en la desolación y el miedo. Lejos de las fórmulas efectistas, de los misterios enrevesados en mil trampas o de los fuegos de artificio esta serie ofrece sequedad y golpes. Partiendo de la base de un crimen se compone un fresco de personajes tan normales como cualquiera puede serlo. Y es justamente esa perspectiva, la de la normalidad, la que hace el conjunto demoledor.


Describir las andanzas de los detectives es casi imposible. Hay que ver esta serie para comprenderlo. Lo que consiguen David Tennant y Olivia Colman es asombroso. El espectador se ve sometido de inmediato a la acción porque sabe que eso que está viendo pasa. Ocurre a diario. Ese es el horror y el triunfo de esta serie. Esa es la clave: El dolor es uno enemigo que aprovecha la cercanía.
Con una muy notable descripción de personajes, vamos conociendo tipo/as de toda calaña y condición: Ex-alcohólicos, presuntos pedófilos, cornudos/as, inadaptados/as... Nadie se libra de sospecha, a pesar de ser un pueblo en el que todos se conocen, y en el que nunca pasa nada fuera de lo normal. La pareja de detectives que lleva el caso son la antítesis: él, borde y antisociaL, con pasado profesional algo turbio; ella, simpática, bonachona, pero falta de experiencia en casos de asesinatos.


Sumad a todo ello un paisaje impactante, una música que traspasa y un plantel de secundarios que quita el hipo. Ese es el torbellino emocional que nos propone Broadchurch. Sencilla, directa y devastadora. Así es la serie británica que cuenta con 8 episodios que consiguen lo que muchas series no saben conseguir en tres temporadas, aunque esta las tenga.


Las pruebas, los testimonios, la interferencia de los medios de comunicación (siempre en busca de la exclusiva, sin importar las consecuencias), de los sospechosos que quieren dejar de serlo, de sus historias personales, todos estos hilos estos irán entrelazándose, formando una maraña que habrá que deshacer camino del final; un final, a mi juicio, acelerado. Ese es mi único "pero" a esta notable primera temporada de la serie.


Lo mejor: Olivia Colman. El argumento. La música. Su devastadora visión de la realidad.
Lo peor: Que duele hasta cortar la respiración.



Tirant & Inspector Sacha & Pete Salinger

domingo, 29 de enero de 2017

Cuatro estaciones en La Habana


El detective Mario Conde se define a sí mismo como un "nostálgico de mierda". "Un perdedor con una vida caótica", describe el actor Jorge Perugorría a este icono de la literatura cubana creado por el escritor Leonardo Padura. El intérprete cubano cuenta que llevaban 15 años tratando de llevar al cine a Mario Conde. Al final, lo han logrado con un proyecto que aúna cine y televisión, Cuatro estaciones en La Habana, que en estos días estrena Movistar Series Xtra. En forma de miniserie de ocho capítulos, todos disponibles, traslada a la pantalla las cuatro primeras novelas protagonizadas por Conde, Vientos de Cuaresma, Pasado perfecto, Máscaras y Paisaje de otoño, a razón de dos capítulos por libro. Aunque las tres últimas se grabaron pensando en el formato seriado, la primera se estrenó en cines con el título de Vientos de La Habana, con puesta de largo en el pasado Festival de San Sebastián.



El reto motivó al director Félix Viscarret. "Era un proyecto muy marciano, y como tal, se me antojaba irresistible. Hacer en La Habana una historia de investigaciones policiales pero con todo ese humor, la decadencia de la ciudad... Es un material muy rico y una ciudad con mucho potencial", cuenta el realizador, que en 2008 ganó el Goya por el guion adaptado de Bajo las estrellas, por la que también optó al premio como director novel. De esta forma, Viscarret dio con lo que califica como un género nuevo, el "noir caribeño". "Igual que se ha hecho exótico y atractivo sumergirnos en la atmósfera nórdica y en las peculiaridades de su vida, aquí damos un giro para ofrecer un clima y un tipo de personaje radicalmente opuesto.


Hay unas investigaciones policiales pero, muy de acuerdo con las novelas de Padura, hay mucho de retrato generacional, de descripción de la vida en una ciudad tan peculiar, que tiene un día a día tan diferente al resto del mundo", explica Viscarret, quien también trabajó en los guiones de la serie junto al propìo Leonardo Padura y su mujer, la guionista Lucía López Coll. "Se estableció un triunvirato muy divertido. Los diálogos entre el autor de la novela original y el director casi pueden dar para otra serie.

El proceso de guion fue un enfrentamiento de grandes cabezotas", rememora el realizador. Precisamente ese retrato generacional es el que conecta con el actor cubano Jorge Perugorría, para el que también fue un gran reto (y un sueño cumplido) dar vida a Conde. "Todos los lectores de Padura tienen su Mario Conde en la cabeza", explica en conversación telefónica desde La Habana.


Perugorría define al escritor Leonardo Padura como un "cronista de la realidad cubana de los últimos treinta años", y en Conde encuentra muchas cosas de sí mismo. "Sobre todo, vivencias y experiencias. Mario Conde y su círculo de amigos representan una generación de cubanos a la que pertenezco, compartimos un pasado común", cuenta el actor, que en febrero estrenará en Madrid la película Fátima o el Parque de la Fraternidad, de la que es director, y que se encuentra trabajando en la organización del Festival de Cine Pobre de Gibara que se celebra en abril

  

 Perugorría ve en la condición de "perdedor" de Conde su lado más humano, con esa constante lucha contra sus propios fantasmas. "No es un superhéroe, al contrario, es un hombre con muchos problemas, pero también con unos valores éticos muy fuertes, la amistad, la pasión por la literatura, es un enamorado... Y mantiene una batalla ética contra la corrupción, la doble moral y el oportunismo. Es la lucha del bien contra el mal desde un punto de vista humano", le describe
Perugorría.


Si bien el personaje del teniente Conde está profundamente trabajado, parece que ha sido en detrimento de la trama principal. Aunque la cinta empieza sólida y capta nuestra atención, pronto se va deshilachando en diferentes subtramas paralelas, pero el momento en el que vuelve a confluir, como sería de esperar, no llega nunca y Viscarret no sabe rematar quedando un final que soso, anticlimático.



 El caso de asesinato no es más complejo o atractivo que cualquier episodio olvidable de “CSI:Las Vegas” (Jerry Bruckheimer, 2000-15) y el ritmo de la investigación es muy irregular. Durante la primera mitad del metraje el tono de suspense se mantiene correctamente, pero desaparece durante suficiente tiempo como para minar todo interés generado para retomarse al final de manera precipitada donde el efecto sorpresa brilla por su ausencia.


A parte de su mala gestión, el caso deja un amargo sabor al ver que el profundo trabajo del personaje de Lissette y la genial interpretación de Mariam Hernández son desaprovechados. 


La misma sensación que deja el personaje de Juana Acosta, cuya belleza es retratada con mucha sensualidad pero, sabiendo que es una actriz con mucho carácter y fuerza, queda como un talento desperdiciado.


El otro gran protagonista de la película es La Habana. El director de fotografía Pedro J. Márquez que ya nos deslumbró con su pericia en los interminables planos secuencia perfectamente coreografiados e iluminados en “Secuestrados” (Miguel Ángel Vivas, 2010), saca lo mejor de la capital cubana y nos deja imágenes de una belleza visual increíble. En pocas ocasiones un director es capaz de plasmar un país ajeno como Viscarret lo hace en “Vientos de La Habana”, no solo gracias a la fotografía de Márquez, sino también plasmando las costumbres y la vida cotidiana cubana sin caer en los tópicos o exageraciones, demostrando respeto y amor por el país caribeño.




NATALIA MARCOS

jueves, 26 de enero de 2017

Peckimpah, Los Coen, Eastwood, Scorsese, Tarantino, Welles, Arévalo un supremo coctelero...



De tanto en tanto no sé bien porqué estrenan una película española que sin ver demasiada promoción, tan sólo por el argumento y buenas críticas llama la atención para al menos ir al cine a ver si lo que cuentan por ahí es cierto o vuelve a ser un poco más de lo mismo. Fue también el caso de "La isla mínima", y la verdad que en las dos ocasiones las películas han merecido mucho la pena.


Raul Arévalo le da una vuelta de tuerca y como buen actor y buen consumidor de cine ha sabido escoger un poquito de aquí, un poquito de allí, y en esta su primera película parece un experimentado director que se ha estrenado con su opera prima y ha sabido salirse con la suya, convenciendo a crítica y público.


Desde el inicio, ya empezamos a intuir que sabe cual es el negocio, no va a explicar nada nuevo pero por contra, te lo va a ir dosificando acertadamente y con maestría, desvelándote tramas de la película en su momento justo. Todo esto hace que la película se haga corta y no decaiga en ningún momento.


Esa cámara al inicio, inquieta y demasiado intimidante hasta el punto de estar detrás de Curro, Jose y Ana, tiene su sentido, meterte de lleno en la película y en la vida de esas personas y empezar a comprender sus motivaciones y entender sus reacciones.

El reparto es espléndido, bien interpretado, totalmente creíble, hasta se entiende el cambio de registro de Curro (como no me había fijado en él hasta ahora, me ha sorprendido también en Kiki y Palmeras en la Nieve). Yo creo que como Jose ha sido una víctima del pasado y en este caso corresponde a la mirada del espectador y con el que se puede identificar el público a partir de cierto momento.
Es curioso que la escena más violenta de la película sea una escena en plano fijo dentro de una habitación de hotel, pero ahí está la grandeza del cine.
No sé porqué no han puesto western en los géneros de la ficha, tal vez sea porque no salen caballos, pero se trata de un producto que cumple 100% los registros de un western cocinado "a fuego lento".
Un film que no te puedes perder si eres un buen cinéfilo y has llegado a esta crítica por el título.

Lo siguiente contiene Spoiler, se siente.


Empezando por Welles, Raul Arévalo seguro que se ha visto más de una vez la escena inicial de “Sed de Mal”, un excelso plano secuencia al que le ha querido rendir homenaje en el inicio, en el primer caso acaba con una explosión y en este con un accidente. De hecho la película podía haberse titulado “Sed de venganza”, pero hubiera sonado demasiado presuntuoso.


Un buen comienzo que también recuerda y mucho a la película “Victoria” de Sebastian Schipper, también rodada en plano secuencia y del que igual ha tomado prestada la escena del atraco y la huida.

Scorsese, se nota que le gusta, y esa venganza particular es lo más parecido a “Taxi Driver”. Por el contrario Arévalo se ha mostrado contenido al igual que Robert de Niro, pocas palabras, las necesarias. El personaje de Curro es duro como Joe Pesci, pero además de visceral tiene su corazoncito. Esta pareja funciona y hasta las imágenes de gente en el maletero, o el gimnasio de boxeo me recuerdan a Marty.


Los Coen, que sería esta película si no existieran los Coen del inicio, “No es país para viejos” podía ser el referente, habitaciones de hotel, ambientes áridos, y la pizca de humor que da el personaje de Manuel Soto (increíble, vaya cambio de ser el juez del caso Bárcenas a este papel). Ese humor es marca de los Coen de hace años, ahora creo que lo han perdido.

Tarantino, excepto en una escena, la sangre aparece poco en la película, pero el que ellos luego salgan con un chándal que recuerda a Vincent y Jules en “Pulp Fiction”. Otra idea prestada de las películas de Tarantino, han sido los títulos introductorios “El bar” “Curro” “La ira” etc.

Peckipmpack, entramos en el territorio western, “Perros de Paja” sin ser un western es el mayor referente, como un hombre normal se vuelve superviolento, el fusil creo que se lo ha prestado Dustin Hoffmann a Antonio de la Torre. Faltan los caballos pero no los planos ralentizados.

Y llegamos a Eastwood, quien sería capaz de rodar algo como esto con personajes cercanos, con boxeo de por medio, con ganas de realizar un ajuste de cuentas, un western en definitiva, sin caballos. Con violencia moderada, excepto una de las escenas pero necesaria. Raúl Arévalo es bastante hábil para no abusar de ella y como he dicho antes la muestra es la escena de la conversación en la habitación de hotel, entre Jose y Curro, se te revuelve todo el estómago con sólo diálogo. Si alguien tiene que hacer un remake en América, que sea Eastwood.

Enhorabuena Raul. Tarantino también copia de aquí y allí y de vez en cuando le salen películas tan redondas como esta.

Auguro que la película va a ser la película española del año, y se va a llevar unos cuantos Goya, y eso es mérito tuyo. De interpretaciones hasta 4 (De la Torre, Callejo, Ruth Diaz y Manuel Soto) y de los importantes más de uno (película, director, guión).

                                                                                                                 CCBaxter el Mestre