domingo, 14 de agosto de 2016

Braquo



Estamos ante un thriller policiaco producido por Canal + Francia que tiene un ritmo trepidante y que nos muestra la cara más sucia de la Policía. Hay una atmósfera lúgubre que envuelve a los personajes, los cuales afortunadamente carecen del barniz de héroes típico de las series yanquis. Cada uno de ellos habita más en el fracaso que en el éxito.


Cambio de tercio, serie policiaca a la vista.
Queréis realismo? Queréis ver que diferencia a un poli de un criminal? (básicamente la placa) Queréis ver lo que significa la política y la burrocracia en la policía? Queréis ver personajes de verdad con defectos (casi todos) y virtudes (solo una)?
Si habéis contestado que sí a dos o más de las preguntas anteriores entonces Braquo es vuestra serie. Una serie de VERDAD, con lo más crudo, jodido, perro y angustioso de la palabra. Con personajes con existencias tirando a jodidas que se van hundiendo poco a poco en su fango personal, y del que sólo se sostienen gracias a que se apoyan unos a otros (bueno, no siempre, pero ASI es la vida).


Inspirada, si no está hecha por los mismo que la hicieron, en una película franchute muy buena: Asuntos Pendientes (el original es 36, quai des orfebres), la serie nos narra la vida, obra y milagros de un grupo de maderos de lo que aquí sería la secreta, que viven y trabajan al margen de la ley (por decirlo de una manera muuuuuuuuuuy suave), con sus propias reglas y leyes, a los que un día empieza a lloverles mierda y no amaina ni al acabar el primer año, de hecho el segundo año la mitad van a la trena (puro cine Disney).


Corrupción, trapicheos, sobornos, chantajes, por supuesto violencia sucia y perrera, traiciones varias y una galería de personajes en la que curiosamente NADIE es malo, pero lo mejor, es que NADIE es bueno.


Narrada con una producción hiperrealista no dan ni una sola concesión al espectador: así es la vida, así te la cuento, si te duele, te tomas un valium, y si lloras, pues te secas los mocos, pero la vida en la calle es perro come perro, así de sencillo. La producción es también bastante buena, coches, armas, vestuario, localizaciones (supuestamente es Paris pero no se ve la torre Eiffel nunca), todo emana realidad. Los actores son otro pequeño gran acierto, rostros con carisma, la mayoría feos pero con gancho, una costumbre muy franchute (ver jean paul belmondo) transmiten mejor a la serie la humanidad de cada uno (policías = cocainómanos, lupópatas, adúlteros, etc)


En resumen: otra serie MUY RECOMENDABLE (llevamos unas cuantas!!!) para los amantes del cine negro, policíaco, de acción, y en general la gente que no cree que en la vida sólo hay buenos y malos (aunque esos también lo tendrían que ver para que se les abriesen un poco los ojos),.van por la tercera temporada y cada una solo tiene ocho episodios, lo que evita que se convierta en un culebrón interminable.
El hecho de que sea francesa no es una anécdota, porque gracias a que nos es yankee la historia huye de maniqueísmos y moralinas fáciles y estúpidas (además fuman pero de verdad, echando humo, sin sujetar el pitillo a lo julai), y se ve desde un punto de vista más adulto.


Y sabéis lo que es una pena de la serie? Pues que en España se podría hacer una serie así sin problemas (ya se intentó, no olvidemos la gran Gritada Central), porque por actores, historias y situaciones hay materia prima más que de sobra, eso sí, aquí seguiremos viendo Ana y los siete, y subproductos como el príncipe en la que los moros melillenses tienen acento de Moratalá, spain es asín.


La serie envuelve al espectador hasta convertirse en adictiva. La recomiendo.

Publicado por Robert Lecki 

miércoles, 10 de agosto de 2016

Julieta


Mi cita en el cine con Pedro ya llegó. Es algo que busco ansiosamente tras haber visto su última película hace ya dos años, "Los amantes pasajeros”, comedia alocada aborrecida por casi todos, que me pilló en un momento extraño que ahora veo muy lejano. “Julieta” me pilla en pleno apogeo de alegrías y emociones. En el mejor momento posible como en su momento me pasó con “Hable con ella” o incluso con “Volver”.


Cine de una fuerza dramática casi imperceptible por lo austero y desnudo que lo presenta Pedro. Un torrente de emociones todas juntas arremolinadas sobre unos personajes magnéticos, vivos por dentro y por fuera que cierran un círculo de contención (en las palabras, en los gestos, en esos escenarios) apabullante. Qué acertado ese título original de silencio porque es precisamente ese concepto (lo básico, lo que no hace ruido, lo que fluye por dentro dejándote inmovilizado, sufriendo y disfrutando con la historia) lo que eleva a Julieta a la categoría de verdadera obra maestra y sí, probablemente, a la consideración de la mejor película de Almódovar no en mucho tiempo, sino de toda su carrera.


Es la culminación absoluta de un estilo depurado al máximo que no por ello se olvida de lo realmente importante: Pedro, una vez más, rasca las heridas, las cura e intenta cicatrizarlas a través de personajes, de diálogos, de monólogos y de muchas más cosas que son la esencia de todo su cine.


Muchos la han calificado como la menos almodovariana de sus películas, pero yo no estoy de acuerdo: Julieta huele a dolor, a perdón, a desamor, a alegría contenida, a tantas y tantas cosas que el universo del manchego ha sabido retratar con acierto a lo largo de los años. Ello sin embargo no es óbice para reconocer que Julieta se mira en Hable con ella y en Volver fundamentalmente lo que, en todo caso, me parece algo natural en Pedro. Es evidente además que aunque en Julieta el dominio del guion y de la dirección es absolutamente perfecto (pero que difícil lo tendrán ahora sus detractores habituales), su espíritu, sus colores, sus detalles artísticos (guiños constantes y homenajes a los mitos de Pedro), sus cameos reconocidos y no tan reconocidos y por supuesto la elección de las actrices (portentosas todas ellas, al nivel del elenco de Volver) te llevan inmediatamente a Pedro.


Julieta es la película que yo quería ver. Es la película que necesitaba ver y que me llena de felicidad y emoción en un momento vital de alegría. Es la película que Pedro me ha regalado y por lo cual le estoy inmensamente agradecido. Gracias, Pedro.



Pablo

domingo, 7 de agosto de 2016

MARCELLA



La primera derivación internacional del subgénero bautizado como nordic noir tuvo su estreno el  mes pasado en la televisión británica de la mano de una detective muy particular, rozando lo disfuncional, que se desenvuelve en un entorno urbano áspero y gris a la caza de un asesino en serie.
Marcella, la protagonista que da nombre a la nueva serie de ITV, no pretende ser una réplica de Saga Norén a la inglesa, aunque ambas hayan salido de la pluma del sueco Hans Rosenfeldt, creador de la serie de culto The Bridge (Bron/Broen). Pero las comparaciones resultan inevitables. La primera entrega de los ocho capítulos de Marcella nos traslada a un universo tan oscuro como el que Rosenfeldt ideara para la afamada coproducción sueco-danesa, con dosis de violencia gráfica y gore inusuales en la pequeña pantalla del Reino Unido.
Marcella Backland es una policía británica retirada en pro de la vida familiar que debe confrontar un antiguo caso no resuelto (lo que los anglosajones denominan cold case), al tiempo que su vida personal se hace trizas.

Nicholas Pinnock 


El plantón del marido a esta exdetective en el arranque de la trama, y también sus consecuencias, marcan la tónica de un personaje que arrastra consigo un secreto inconfesable y a quien el guionista nórdico quiso dibujar expresamente como la antítesis de Saga.
 La policía sueca de The Bridge “no está conectada con sus emociones y cualquier decisión que tome se basará siempre en la lógica, mientras que Marcella es extraordinariamente emocional y el espectador nunca puede intuir cuál va a ser su siguiente paso”, ha subrayado Rosenfeldt sobre su nuevo personaje, concebido para conquistar al público anglosajón alérgico a los subtítulos (en las islas británicas nunca se doblan ni las películas ni los programas de televisión).


Jamie Bamber
Charlie Covell
La serie inglesa incluye, sin embargo, más de un guiño a los exitosos productos del nordic noir, incluidas cuestiones de vestuario, que rápidamente ha detectado la crítica británica. Porque la parka que luce en varias secuencias la protagonista encarnada por la actriz Anna Friel —especialmente conocida en el mercado americano por la serie Pushing Daisies—, es muy parecida a la que en su día arropara a la detective Sarah Lund a lo largo de sus pesquisas relatadas en The Killing, el título danés que abrió camino internacional al talento nórdico del ámbito televisivo.
El ‘nordic noir’ viaja fuera de Escandinavia con ‘Marcella’ Aquella serie tuvo incluso una réplica en Estados Unidos, que en sus primeros capítulos arrancó como una copia calcada del original para luego derivar en un argumento diferente.

Anna Friel

Anna Friel

Pero nunca hasta ahora uno de los propios artífices del nordic noir había trasplantado ese género a otras latitudes, en el caso de Marcella a un Londres oscuro por el que pulula una colección de personajes intrigantes. Como el de Maddy Stevenson, una ambiciosa estudiante de criminología que alienta la relación con uno de los principales sospechosos de asesinato múltiple, a cargo de la actriz

 Laura Carmichael (lady Edith en Downton Abbey)



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Ian Puleeston-Davies es Peter. 













Sinead Cusack (Jekyll and Hyde) 











Harry Lloyd (Juego de tronos) 









integran también el reparto de esta serie que se perfila como uno de los platos fuertes de la temporada, y cuyos derechos compró Netflix para emitirla fuera del territorio del Reino Unido e Irlanda a partir de julio.
 PATRICIA TUBELLA

sábado, 30 de julio de 2016

El velero


Es lo mejor que me podía ocurrir, la ilusión de mi vida, comprar un velero.
Esta mañana se ha hecho realidad y me dispongo a cruzar esta semana una vez llegado a Denia, hasta Ibiza y Formentera.
Tuvimos que esperar unas horas a que amainase el fuerte viento de N y así no encontrar tanta mar de proa que haría incómodo y lento el viaje. Partimos cerca de las 18:00, esperando encontrar abrigo a lo largo de la costa de Granada y Almería durante las primeras horas de la travesía. Iremos cuatro.
Al oscurecer no teníamos casi viento, motor a 2600 RPM y encendemos las luces de navegación. Yo me acuesto pronto, tengo sueño así que haré una guardia más tarde. Me despierto sobre las 03:00, está entrando algo de viento y rolando a E. Por la radio escuchamos barcos que, unas millas más adelante anuncian rachas de 20 kts. Rizamos la mayor en previsión, siempre es más cómodo hacerlo antes de que entre la castaña, y más de noche. Paco va al palo con el arnés y yo ayudo desde la bañera. En 5 minutos queda listo, y 5 minutos más tarde nos encontramos el viento anunciado.
Me paso varias horas al timón, identificando constelaciones, algunas de memoria y otras en una aplicación del iPhone de Alberto que con sólo apuntar al cielo te dice cuál es cuál. Acojonante eh!
Por estribor se ve la contaminación lumínica de Almerimar, un poco mas adelante Roquetas , reflejada en la capa de inversión, que se aleja dejando sólo la luz intermitente del faro de Garrucha, 4 destellos, 20 segundos y vuelta a empezar.


Una luna enorme, que aparece poco antes del amanecer nos deja sin estrellas. Hace frío y la humedad va calando poco a poco. Me cubro bien y espero al mejor momento de la travesía: el amanecer en el mar. Cuando llega estoy tan tieso que ya no estoy tan seguro de que sea el mejor momento de la travesía, pero agradezco que salga el sol para ir desentumeciendo todo el cuerpo.
El sol trae más viento, del través. Seguimos con un rizo y con solo la vela mayor conseguimos medias de 7 nudos. Ahorramos combustible que queda poco. Los delfines vuelven a visitarnos  y el día transcurre tranquilo hasta el atardecer. Ya frente a Denia izamos “la metralleta asesina”, el asimétrico para ventolinas que nos salvó en Tagomago, y que aquí nos ayuda a mantener un poco la media… aunque por un rato y a un rumbo que ya no nos conviene. Acabaremos encendiendo el motor y enfilando directamente a la bocana del Port de Denia.


Con cierta parsimonia anudé un cabo a la argolla del ancla y con el otro extremo del cabo me rodeé la cintura con fuerza. Había hecho esos nudos miles de veces y esta vez tampoco me equivocaría. Cogí el ancla entre mis brazos y la apreté contra mí. Estaba fría. Estaba muy fría. Un escalofrío me recorrió la espalda. El frío me heló el alma. Barco chico alma clara… Y fría , muy fría. Saqué los pies por fuera de la borda y me senté. Cerré los ojos. Por un momento los tibios rayos del sol me devolvieron algo de calor. Me dejé caer resbalando lentamente hasta que me hundí bruscamente en el agua. Frío. Aún más frío todavía . Apreté con más fuerza aún el ancla y miré una última vez hacia arriba atisbando algo de claridad. Después todo se hizo oscuro… y frío. Un dolor intenso en mi pecho que me quemaba me volvía loco de dolor. Luego el frío infinito.
Al abrir los ojos no vi el barco, ni la superficie de agua marina, ni una sola ola. Vi la estantería, la ventana entreabierta, el pequeño escritorio, mi Ipad cargándose…
(c) Angel 2016

viernes, 8 de julio de 2016

Dream


                                                                           (Foto: Ferdinando Scianna)

Aquella mañana, al levantarse, notó que iba a ser un día diferente, una invisible brisa la sacudió de arriba abajo. Eran las siete menos diez, se acercó a la ventana y comprobó que estaba diluviando.
Se dirigió al cuarto de baño y como siempre, se miró distraídamente en el espejo. La impactó la desconocida imagen que éste le devolvió. Se palpó el rostro con incredulidad. Por un segundo creyó estar en un sueño. Pero no era así, cuando uno está soñando, las órdenes que envía y recibe el cerebro no se ejecutan al instante, tienen vida propia y no son atendidas hasta que finaliza su acción al despertar. En cambio ahora sabía que estaba despierta ya que podía decidir y ser dueña de sus actos, desnudarse, abrir un grifo, o desplazarse por cualquier estancia de la casa.
No cabía la menor duda de que esa persona desconocida era ella. Aunque el color del pelo y su cuerpo hubieran cambiado. Era más alta y esbelta y había rejuvenecido veinte años.
Inexplicablemente asumió con naturalidad la nueva situación. Por fin, parecía que su vida estaba a punto de iniciar un nuevo ciclo. Se le estaba dando una nueva oportunidad  para forjar el futuro que tantas veces había deseado.
Se alegró de su manía de no desprenderse de la ropa en desuso, rebuscó entre las bolsas, cajas y maletas que guardaba en el armario. Al final, encontró el vestido negro, el que había estrenado en su veinte aniversario. Aquel día mientras cenaban, Mario le regaló la sortija de compromiso, le propuso matrimonio y le prometió amor eterno.
Eva entonces no sabía que amor eterno es un concepto filosófico imposible de medir y muy difícil de cumplir. Entre ellos, la eternidad prometida duró siete años, al cabo de los cuales él renovó su promesa amorosa con Celia, una escultural cubana de dieciocho años que había conocido en una de sus múltiples “cenas de trabajo”. En fin, eso pertenecía al pasado.
Acabó de arreglarse y se miró de nuevo al espejo, necesitaba volver a comprobar que la imagen reflejada seguía siendo la misma que la de la mañana. Y sí lo era, el  viejo vestido le quedaba como un guante y potenciaba su espléndida nueva figura.
Se puso el perfume que aún no había estrenado. Recordó que fueron varias cosas las que influyeron en su compra, el original y bello diseño del frasco, el nombre y el eslogan con el que lo  promocionaban,  “DREAM… el  mágico aroma para mujeres que aman el riesgo”.
Se puso unas gotas en la muñeca y aspiró el aroma, realmente no se parecía a ninguna esencia conocida, era envolvente, delicioso, con un toque dulce y a la vez seco, una amalgama de fragancias difícil de disgregar. Olía a todo lo bueno que merece ser olido, además su nombre era toda una premonición aunque entonces ella no lo supiera.
Cogió el paraguas y se puso el impermeable rojo, volvió a mirarse, esta vez en el espejo del recibidor y salió de casa.
La puerta al cerrarse sonó como el pistoletazo de salida de una carrera... (-CONTINÚA-)
LOLA ENCINAS

miércoles, 6 de julio de 2016

Billions


La primera escena de la serie Billions no es apta para todas las edades. Paul Giamatti está atado de pies y manos en el suelo y con una mordaza en la boca. Solamente lleva ropa interior y una camisa azul desabrochada. Se escuchan pasos y aparecen unas botas de látex. “¿Necesitas que te castiguen, verdad?”, dice una voz femenina que aguanta un cigarro con la mano derecha. “Quizá te dejaré marcas”, avisa antes de apagarle el cigarrillo en el pecho. Y, a continuación, orina sobre la herida para curarle la herida.


Habían anunciado que Billions sería un drama sobre un multimillonario, habían publicitado un duelo de altura formado por Paul Giamatti y Damian Lewis (ganador de un Emmy por Homeland) y era uno de los proyectos de la temporada. Y, así de sopetón, se marcan una escena de introducción con dominación y vejación incluida para dejar claro que sí, esto es una serie de Showtime.


La llamativa escena de 'Billions'.
Esto es como cuando Carrie Mathison se lavó la entrepierna con un pañuelo en una de las primeras escenas de Homeland. ¿Era necesario? Probablemente no. Pero este canal conocido entre los seriéfilos por haber lanzado Dexter, Californication, Weeds, Nurse Jackie y compañía prefiere las presentaciones fuertes. Al fin y al cabo es de pago como HBO y esto significa que se puede permitir las licencias que quiera. Por si acaso esto no quedase claro, se percibe un desnudo frontal borroso de Lewis tirándose a la piscina (la cámara le enfoca desde debajo del agua). Y, otra vez por si acaso, sueltan unos cuantos “fucking” muy bien señalados, prácticamente con primerísimos primeros planos de los labios diciendo la palabra censurada en la televisión en abierto.


Esto no quiere decir que Billions sea mala, ni mucho menos. Rápidamente despierta la curiosidad con el personaje de Bobby Axelrod (Lewis), un multimillonario que fue el único superviviente de un fondo de inversión durante el 11 de septiembre, un supuesto ciudadano ejemplar que el fiscal del distrito Chuck Rhoades (Giamatti) sospecha que apesta a corrupción. Es una serie perfecta para los tiempos que corren: mientras las diferencias económicas se ensanchan y unos pocos dominan la economía mundial, nosotros nos conformamos con imaginarnos que les dan caza (mientras se compran casitas en la playa de ochenta millones).


Además, las tendencias masoquistas del protagonista le dan cierta complejidad al personaje de Giamatti, que se dedica a mostrar fortaleza en su vida pública y luego desea que le humillen tras cerrar la puerta. Es otra capa más del juego de poder entre Rhoades y Axe, y sus mujeres interpretadas por Maggie Siff (Sons of anarchy) y Malin Akerman (Watchmen). Pero esta necesidad de crear un impacto es el defecto recurrente de Showtime: no da tanto la impresión de aprovechar el medio para explicar las historias como quiere sino de buscar el punto retorcido y la escena polémica para llamar la atención y justificar estar en la televisión de pago.



Maggie Siff necesita más escenas.
Salvo contadas excepciones (Penny dreadful, que juega en otra liga) suele prevalecer la forma que el contenido cuando ya tienen un argumento suficientemente atractivo y esto tiene sus consecuencias en un Giamatti totalmente sobreactuado, excesivo como su escena de presentación (que podría haber aparecido en mitad del episodio y hubiera encajado mucho mejor). No es buena señal que como espectador rece para que Lewis y Siff y Lewis y Akerman tengan más escenas juntos en detrimento de Giamatti (la escena del matrimonio Axelrod educando a sus hijos no tiene desperdicio), pero por lo menos significa que hay potencial.

Y, de paso, los guionistas Brian Koppelman, David Levien y Andrew Ross Sorkin podrían aprovechar para darle algo más de dirección. Sí, resulta francamente entretenida de ver pero se echa en falta más agallas en su puesta en escena. Podría ser prácticamente un thriller económico y generar más tensión en todos y cada uno de los encuentros, pero parece quedarse en la superficie de aquello que tiene que ser una serie de Showtime (que es parecerse a una serie de HBO).
PERE SOLÀ GIMFERRER, 

jueves, 30 de junio de 2016

Cinco razones para ver 'Orphan Black'



Creada por Graeme Manson y John Fawcett, aquellos diez primeros capítulos seguían a Sarah Manning, una joven con una vida bastante complicada, que una noche ve cómo otra mujer se tira al tren. Lo peculiar es que esa mujer era físicamente idéntica a ella, así que Sarah decide suplantar su identidad para intentar dar un vuelco a su vida. Por supuesto, lo único que consigue así es involucrarse en una extraña trama que la supera por completo, y que la lleva a preguntarse quién es ella realmente.


¿Qué tiene 'Orphan Black' para haber ido covenciendo poco a poco a los críticos, algunos de los cuales terminaron incluyéndola en sus listas de lo mejor de 2013/4/5/6? ¿Por qué ha reunido a su alrededor a un grupo muy fiel de fans muy activo en las redes sociales, sobre todo en Tumblr? De cara a ese estreno de la quinta temporada, os voy  a ofrecer algunas de las razones que, a mi juicio, convierten a la serie en una de las más entretenidas e interesantes que se emiten actualmente en Estados Unidos.


1. Tatiana Maslany


Realmente, la principal razón para echar un vistazo a 'Orphan Black' es el trabajo de su protagonista, la joven actriz canadiense Tatiana Maslany, que era una completa desconocida hasta el momento. Maslany da vida a todos los clones de Sarah que vamos conociendo en la serie, y lo hace otorgándole a cada uno una identidad propia y definida. El modo de sentarse de Sarah es diferente del de Alison, y los gestos de Cosima cuando explica algo también son únicos de ella. Cada una de esas mujeres está tan bien definida, que lo más habitual es que nos olvidemos por completo que todas están interpretadas por la misma actriz, y no sólo por los distintos estilismos que lleva cada una.


El nivel del trabajo de Maslany queda demostrado cada vez que vemos una escena en la que varios clones interactúan entre sí (las conversaciones entre Alison, Sarah y Cosima son impagables). En esas escenas se aprecian claramente las diferentes cualidades que las convierten en personas distintas e independientes, y viéndolas queda claro también porque la actriz (que aparece en más del 90% de las escenas) se llevó el año pasado el premio a mejor actriz dramática en los Critics' Choice y estuvo igualmente nominada al Globo de Oro. Su omisión en los últimos Emmy fue de las cosas más comentadas del verano televisivo en Estados Unidos.

2. Ritmo sin descanso

'Orphan Black' es la principal representante de lo que algunos críticos norteamericanos han denominado "televisión de serie B"; series menos ambiciosas temáticamente que los títulos más prestigiosos del cable, pero que tienen la capacidad de desarrollar una trama que engancha con un gran ritmo, y de tener unos personajes bien dibujados impulsando buena parte de esa trama. En 'Orphan Black', Sarah se ve en el centro de varios misterios que se van desenredando (o complicando más) a lo largo de los episodios, y la trama avanza sin descanso. Por supuesto, hay giros que buscan sorprendernos, pero que no vienen de la nada. Casi siempre están motivados por las acciones de los personajes de estamos siguiendo y, sobre todo, de Sarah.

3. Secundarios interesantes



Aunque entramos en el mundo de estos clones desde el punto de vista de Sarah, hay otros personajes a su alrededor que contribuyen a ampliarlo y a enriquecerlo. El secundario más destacado bien puede ser Felix, el hermano adoptivo de Sarah y la persona a la que ella siempre recurre cuando está en problemas.
Felix (interpretado con mucha gracia por Jordan Gavaris) ha terminado siendo una mina de frases ingeniosas y ha ido más allá del arquetipo del chico de la calle homosexual. Su relación no sólo con Sarah, sino también con Alison y Cosima deja algunos de los momentos más divertidos de la temporada. Junto a él, destacan también los conflictos emocionales que vemos en Delphine y Paul y el misterio alrededor de la señora S.








El aspecto de la serie que está menos logrado es el lado policial, en el que el detective Art Bell no acaba de salir de los clichés. El final de la primera temporada ofrece algo de optimismo de que esa subtrama va a mejorar un poco, a verse más integrada con la historia principal y a ser más interesante, en definitiva, pero es verdad que es el aspecto más flojo de los diez primeros episodios.





4. Temática original

Aunque 'Orphan Black' no lo explota a fondo, tener a un grupo de clones como protagonistas presenta esa clásica discusión filosófica sobre si en el comportamiento de un ser humano es más importante su naturaleza o la influencia que en él ejerce la sociedad. La dicotomía entre lo innato y lo aprendido está al fondo, aportando subtexto a muchas de las escenas en las que se discute el origen de Sarah, Cosima, Alison y las demás, pero nunca se convierte en una lección de filosofía, aunque es inevitable que tengamos las explicaciones repletas de jerga científica. Estio también hace que los villanos no sean exactamente como estamos acostumbrados a verlos en estas series, aunque sí mantienen cierto aspecto de gente que se cree por encima del Bien y del Mal.



También se tocan, por encima en los capítulos inaugurales, algunas de las consideraciones éticas que surgen alrededor de la clonación y, en concreto, de la posible clonación humana, y da la sensación de que éste va a ser uno de los aspectos que gane algo más de importancia en la segunda temporada. No obstante, aunque estas cuestiones formen parte integral del ADN de la serie, nunca superan el drama personal que Manson y Fawcett están más interesados en contar. Eso sí, sí da para que los villanos tengan algunas "peculiaridades" originales y divertidas.

5. Historia de personajes


De todos modos, detrás de la trama trepidante, de los misterios y las sorpresas, 'Orphan Black' engancha porque nunca pierde de vista que lo importante son sus personajes y, sobre todo, sus clones. La serie se preocupa por mostrarnos cómo son realmente, qué cosas les preocupan, les apasionan, les motivan. Como decimos, casi todos los giros de la trama vienen a partir de ellos, y resulta difícil al final no preocuparse por la paranoia de Alison, o no querer que la relación entre Delphine y Cosima funcione, o no apoyar a Sarah en su búsqueda mejor. Al final, lo que mueve 'Orphan Black' es el esfuerzo de sus protagonistas por saber quiénes son y, en concreto, la voluntad de Sarah de llevar una vida mejor para su hija pequeña.