jueves, 21 de septiembre de 2017

Supermax (versión argentina)




 Quién es quién en Supermax, la ficción dirigida por Daniel Burman


 La historia que cuenta Supermax , la serie que dirigió Daniel Burman y que emitirá en España HBO, es la de un reality show que se graba en lo que fue una cárcel de máxima seguridad enclavada en medio de un desierto de sal.


En ese lugar, unos años atrás, se produjo un motín que terminó con varios muertos y fue el motivo del cierre del penal.


Los participantes del concurso televisivo compiten por un premio millonario en dólares, pero entre los que se juntan en esa suerte de tumba de seres vivientes en medio de la nada hay algunos que buscan apoderarse de un misterioso tesoro mucho más valioso que lo que ofrece ese premio, y que motorizan una trama que se aleja de las vicisitudes del reality.


Para ir siguiendo esa trama que se va poniendo más compleja con el correr de los episodios ayuda conocer quiénes son los personajes que la pondrán en funcionamiento.


Orlando (Santiago Segura)
Es el extravagante conductor del reality. Diez años atrás, Orlando tuvo que irse de la televisión porque se descubrió una situación de corrupción en otro reality, de la que él era partícipe. Ahora le dan la oportunidad de volver y él acepta porque supuestamente el azar lo llevó a conectarse con uno de los participantes, que tiene un plan para conseguir el tesoro que hay en la cárcel.


                                                          Pamela (Cecilia Roth)
Es una mujer cuyo hijo murió a causa de, afirma, una intoxicación alimentaria. El joven era obeso y ella no soporta esa condición física en nadie. Actualmente ella alucina con la imagen de su hijo y se comporta en privado y en público como si estuviera vivo.


Sandro (Antonio Birabent)
Es el ex líder de una banda de delincuentes profesionales. Fue el cerebro que planeo el motín que produjo el cierre de la cárcel. Ahora consiguió pasar las pruebas para ingresar como concursante al programa, sin que sepan su pasado. Es el único que conoce el lugar por dentro, pero no conoce el plan que tienen Orlando y sus cómplices.


Muriel (Juan Pablo Geretto)
Es un participante enigmático. A pesar del desafío que representa para él encerrarse en una cárcel lo hace para salir en televisión y poner contenta a una tía. Terminará mezclado con uno de los grupos que operan para apoderarse de lo que hay en el penal .


Lorna (Laura Novoa)
Fue la novia de Sandro y lo salvó cuando éste fue herido en el motín. Luego volvió al lugar y la atraparon. A partir de allí vivió una existencia terrorífica en poder de un guardiacárcel y ahora se mueve en las sombras del lugar

Rex (Guillermo Pfening)
Es uno de los participantes e hijo del dueño del canal por el que se emite el reality. Es un niño bien acostumbrado a tener todo lo que quiere. Entra al juego para demostrarle a su padre que no es un inútil.

lunes, 18 de septiembre de 2017

El jugador de ajedrez


Voy al cine para sentir. En esta película, la ambientación, los escenarios, el vestuario, la cadencia del relato, la interpretación, el guión y la música parecen hechos para mí. Desde el principio estoy dentro no de la sala, sino de la pantalla. Mi tiempo en 98 minutos va al compás que marcan los hechos que se narran.
Cuando se termina me quedo con ganas de más, porque esas vidas eran mi vida. Todo mi interés estaba allí.
El cine se debió inventar para esto: para confundirnos. Que una película española me hiciera salir tan "confuso" cuando la ví y hoy siga revoloteando por mi cabeza me hace mantener la esperanza en el cine español. Es diverso e irregular, pero a veces salen joyas como esta. Me quedo esperando a la próxima. El trato poco amable que la crítica le ha dado espero que se vea compensado por el éxito en taquilla.

Es una cota del cine español de tema histórico.
El valor del silencio. El sonido directo de unas piezas sobre el tablero…, la melodía persistente de un violonchelo que es sobrevolado por una nube de violines… el silencio aterrador de un “jaque pastor”… un “piccicato”… al comienzo un clarinete festivo…
El Jugador de Ajedrez es una obra que vivió primero encerrada en las palabras de una novela de Julio Castedo que, convertida en guion por su autor, nos sorprende en sus imágenes, su música, sus planos y sus silencios.
La historia de una indefensión humana que cruza los escenarios: la guerra española y la europea, hilo dramático, para ir directamente al fondo de las pasiones humanas: el deseo de robar y poseer a toda costa aquello que es imposible: El Amor.
El jugador de ajedrez, su personaje, alcanzará esa capacidad tan literaria del antihéroe, por pacífico, víctima de su propia bondad.
La película compone una historia en la que las transiciones de las secuencias temporales utilizan el fundido, el silencio de una gramática que impone su tempo. De montaje preciso y virtuoso. El dominio del color, los rojos y cálidos del principio.
 La aureola a contraluz en el perfil de algunas escenas que desembocan en la magistral del protagonista desnudo y arrodillado en la mazmorra. O en la otra escena del fusilamiento falso con esa magia de la fotografía y efectos de ensueño y ternura.
En la película se paladea esa maquinaria medieval de los constructores de catedrales, ese halo humano del escritor-guion (Julio Castedo), fotografía (Juan Carlos Gómez), montaje (Teresa Font), compositor- música (Alejandro Vivas) y director (Luis Oliveros), con un manejo espectacular de los actores: la niña su mirada su intensidad: los dos protagonistas Marc Clotet y Melisa Matthews) encarnando la verdad quebradiza de las relaciones personales: el general nazi magistral en su interpretación… la película como esa catedral, sólida, trabajada con ahínco por sus proyectadores desde la producción: Gerardo Herrero, Juan Antonio Casado y Julio Castedo.

Obra sublime con un final muy especial que sobrecoge al espectador y lo lanza por las calles de su pensamiento, hacia esa interrogación, la solución de ese misterio: esa jugada de ajedrez, inconclusa, que es nuestra propia vida.
Enhorabuena a Juan Antonio Casado Casado y al resto del equipo humano que ha hecho posible la película.


 Luis E. Vallejo Delgado.

Aber Bergen



El apasionante derecho procesal noruego


SundanceTV (Movistar +) estrenó en exclusiva la serie nórdica ‘Aber Bergen’ el 6 de septiembre.
 La producción de 10 episodios que ya ha renovado por una segunda temporada que se estrenará próximamente en el canal, sigue la vida de dos abogados defensores que, tras poner fin a su relación sentimental, han de seguir siendo socios profesionales al liderar un importante bufete de abogados.


Odd-Magnus Williamson se mete en la piel de Erik Aber, uno de los abogados defensores más brillantes de Bergen, y de toda Noruega. Elea Bergen Wessel, papel interpretado por Ellen Dorrit Petersen, destaca tanto como él.


Con el tiempo, han conseguido crear una máquina de hacer dinero junto a un grupo poco ortodoxo de abogados, lo que no les ha impedido tener un hijo y formar una familia feliz hasta su separación matrimonial. Aber Bergen muestra el difícil equilibrio entre la vida personal y profesional de dos socios que están condenados a entenderse… o no.


Las series de abogados son un atractivo clásico en todas las televisiones, donde se unen las características locales de sus diferentes sistemas jurídicos con los casos y delitos universales, sobre todo si suceden en un bufete de lujo y con líos de faldas entre socios para animar el cotarro, como sucede en esta serie ambientada en la bonita ciudad de Bergen.


Erik Aber y Elea Bergen son los dos socios principales del bufete más importante de Bergen que lleva su nombre Aber Bergen. Tras estar casados varios años, su reciente separación ha creado importantes tensiones en su firma, que afectan a todos los departamentos, al verse obligados a posicionarse más a favor de alguno de los dos socios.


Serie de abogados tradicional con los obligatorios conflictos personales y profesionales dentro y fuera del bufete, centralizados en la figura de los dos socios principales por un lado Erik, el típico abogado que es tan bueno dentro de un juzgado como desastre en su vida personal, con el alcohol y las drogas como fuente habitual de escape.


Su exmujer Elea, por el contrario, es una persona meticulosa y responsable que le mandó a tomar viento en lo personal, mientras que por el bien del bufete, lo sigue manteniendo por su gran capacidad para obtener resultados favorables para sus clientes en las circunstancias más complicadas.


La serie se plantea como un procedimental con un caso semanal, con los asuntos íntimos de los abogados protagonistas como hilo narrativo durante toda la temporada. A pesar de no ser muy original, los casos son muy interesantes y si os gustan las series de abogados con un toque exótico, le podéis dar una oportunidad y de paso aprendéis cosas del sistema legal noruego.
Lorenzo Mejino

sábado, 16 de septiembre de 2017

Liar




Liar es un thriller que explora la deshonestidad, los secretos y mentiras en el círculo de la relaciones de pareja, amigos y familia. Concretamente narra la historia de Laura Newell y Andrew Ellis y por qué una noche cambió sus vidas. Laura es una profesora que acaba de salir de una relación, por lo que no se encuentra preparada para dar un nuevo paso. Andrew es un cirujano importante y padre de un niño, que es alumno de la clase de Laura. Ambos se sienten así atraídos y tiene, incluso, su primera cita, pero la finalidad de comenzar una relación se trunca cuando la violación se convierte en protagonista.


Liar explora la diferente percepción que dos personas pueden tener de un mismo evento, e intenta sembrar constantemente en el espectador la duda de cuál de los dos puede tener la razón. Cuál es un mentiroso, y cuál una víctima.


Los protagonistas son Laura (Joanne Froggatt, que ya colgó hace tiempo los trajes del servicio de Downton Abbey) y Andrew (un Ioan Gruffudd que regresa a la televisión británica), una profesora de instituto y un cirujano a los que la hermana de ella convence de que tienen que quedar a cenar. Laura acaba de separarse de su novio de toda la vida; Andrew es padre viudo desde hace bastante tiempo. Los dos están desentrenados en el campo de las citas, pero se llevan bien y creen que sería buena idea quedar.Todo se tuerce cuando, a la mañana siguiente, Laura está convencida de que Andrew la ha violado, y él cree que lo que ocurrió entre los dos fue de mutuo acuerdo.


El primer episodio lo deja todo preparado para que se vayan explorando las personalidades y los secretos que guardan ambos personajes. Laura tiene miedo de que su pasado se vuelva en su contra, mientras Andrew se presenta como un cirujano de éxito y un padre modélico. Liar no se apoya tanto en la duda de qué ocurrió de verdad entre ellos como en quién de los dos dice la verdad y, si miente, qué motivación puede tener para ello.


La presentación de todos los personajes es económica y efectiva, y nos introduce enseguida en una atmósfera de cotidianeidad que tiene que ayudar a anclar toda la historia. Posiblemente habrá giros sorpresa (ya se dejan caer un par de detalles sobre los pasados de Laura y Andrew que apuntan en esa dirección), pero todo el interés de Liar va a estar en el retrato de sus protagonistas. La sombra de la violación recaerá sobre ellos. Este drama parece que tirará por derroteros psicológicos y formas narrativas como el «Efecto Rashomon», ya desarrollados en otras ficciones como «The Affair».


El thriller está creado por los nominados y reconocidos hermanos Harry y Jack Williams y está protagonizado De la producción se encargan All3media, ITV y Sundance TV.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Nieve negra






Cuando caen las primeras nieves en Laponia, los habitantes de esta remota región lo celebran con especial énfasis, porque saben que el de la nieve será el único brillo que verán durante mucho meses.


Al otro lado del globo, en una latitud también bastante alta, sólo que en el Hemisferio Sur, concretamente en la Patagonia, la nieve se oscurece por acción de la brutalidad de los hombres en Nieve negra (2017), de Martín Hodara, que formó parte de la sección oficial de largometrajes del Festival de Málaga, cuyo eje dialéctico son los secretos de familia.


Y es que, digámoslo claramente, la familia ha sido un constante quebradero de cabeza para todas las personas que tienen una, es decir, más del 90% de todos los seres humanos que han sido, son y serán, al menos desde que Sófocles escribió Edipo rey hace unos dos mil quinientos años, ignorante en aquel momento de que estaba alumbrando uno de los grandes complejos del mundo actual.


Muchas son las películas de la historia del cine que han tratado de la familia desde muy diferentes puntos de vista. Tan sólo en las últimas décadas, podemos enumerar unos apresurados botones de muestra: La familia (1987), de Ettore Scola, Secretos y mentiras (1996), de Mike Leigh, Celebración (1998), de Thomas Vintenberg, o American Beauty (1999), de Sam Mendes, entre las más conocidas. Y, por supuesto, La culpa del cordero (2012), del realizador uruguayo Gabriel Drak.


Hay, sin embargo, un detalle esencial que separa el filme de Hodara del de Drak, perteneciendo ambos, como pertenecen, al Cono Sur americano, y es que en La culpa del cordero se realiza un análisis completo genérico de la familia, mientras que en la propuesta del director argentino el foco se dirige a una situación en concreto: una acción del pasado, un terrible secreto que marcará las vidas de los miembros de esa familia durante décadas.


Perfectamente construida la historia, y mira que siento debilidad por encontrar fisuras en los argumentos, bajo guion del propio Martín Hodara y Leonel D’Agostino, no voy a entrar en su desarrollo, que esa función corresponde al público, desde luego que Eros y Tánatos se regocijan con sus travesuras características, y en esta reseña todo parece que apunta a Freud, pero sí quiero señalar cómo la nieve pervierte su blancura original bajo el prisma de estos cineastas, para convertirse en el contexto adecuado de la ignonimia. Es una situación parecida a la de los putti en la iconografía milenaria de la melancolía, donde lo mejor que nos puede pasar es que estos niños se alejen lo más posible de nosotros, puesto que personifican la muerte. Véase así en Lucas Cranagh el Viejo.



Y ésa es la idea básica de la película de Hodara: la subversión de un elemento que puede evocar la pureza, como es la nieve, al menos su blancor así parece apuntarlo, para teñirse de las sombras más oscuras en un marco donde la naturaleza no consigue atemperar las pasiones humanas: ni los niños son inocentes en la obra de Lucas Cranagh el Viejo, ni la nieve es sinónimo de limpieza espiritual en la película de Hodara. Al fin y al cabo, como todos sabemos, tan sólo basta el roce con algún elemento ajeno, una pisada humana con barro, por ejemplo, o el devenir diario en las ciudades para que la nieve deje de ser blanca.


Hay otra cuestión en la que también quiero detenerme y es la de la tendencia actual de anteponer la construcción de personaje sobre la elaboración de un guion complejo. Podemos apreciarlo así en largometrajes recientísimos: Fúsi (2015), del director islandés Dagur Kári, Paterson (2016), de Jim Jarmusch, Frantz (2016), de François Ozon, Sólo el fin del mundo (2016), de Xabier Dolan, e incluso Toni Erdmann (2016), de Maren Aden, películas todas ellas donde la sinopsis puede reducirse a dos líneas, y eso si la estiramos bien, puesto que lo que verdaderamente importa es la definición de la persona. No en vano, el título de muchas de estas películas es precisamente el nombre de uno de los intervinientes en la historia.


Pues bien, quizá la principal aportación del largometraje de Hodara que estamos comentando, es que ambas cosas, guion y personajes, están indisolublemente unidas como las dos caras de una moneda diríamos si no fuera ésta una imagen muy desgastada. Con otras palabras: el argumento se construye en la misma medida que el espectador profundiza en el conocimiento de cada uno de los personajes, de tal modo que con esos perfiles humanos tan sólo puede suceder lo que sucede.


Quizá por ello, eligió como actores a tres nombres esenciales del cine argentino: Federico Lupi, Ricardo Darín y Leonardo Sbaraglia, entre quienes mantiene muy bien el tipo la jovencísima actriz española Laia Costa.


El aislamiento es necesario para evitar la corrupción de las condiciones de vida de una determinada comunidad arcádica. Véanse a ese respecto los importantísimos estudios de Fernando Aínsa sobre la utopía. Eso mismo sucede, aunque con matices, en el relato “El perjurio de la nieve”, de Adolfo Bioy Casares. Pero el planteamiento de Hodara es completamente subversivo a ese respecto: para este director argentino, retirarse del mundanal ruido equivale a un enfrentarse el hombre a sí mismo, una especie de regreso a la mera esencia de la persona sin que nada ni nadie lo adultere.

 

 Es sólo que de ese intenso regreso a la naturaleza de lo que cada uno es no puede esperarse nada bueno.
¿Vidas condenadas al sufrimiento, por lo tanto, hasta que la nieve sea también su sepultura? Probablemente sí, o probablemente la mentira les redima.

Fco Javier Rodríguez Barranco

domingo, 3 de septiembre de 2017

La niebla y la doncella


El paisaje como una imagen que no refleja el exterior, sino el interior que se revela en el exterior. En 'La niebla y la doncella', el paisaje exuberante y escarpado de La Gomera sirve, precisamente, de eco de los recovecos de una sociedad que, en su aislamiento, se sostiene en frágil estabilidad sobre un 'statu quo' al margen de todo lo demás, invisibles e incomprensibles frente a la mirada del que llega de fuera. Eso que tiene la insularidad —sin limitarse a la acepción puramente geográfica— de trampantojo, de que parezca que se mira hacia fuera cuando en realidad, aunque sea de reojo, uno siempre mira hacia dentro.



Lo mismo que la aparición de una persona asesinada no es solo la inercia de un cuerpo humano, sino también el reflejo de las estructuras sociales que en su momento lo rodearon. En su primer largometraje como director, Andrés Koppel —guionista de 'Zona hostil' (2016) e 'Intacto' (2001), entre otros títulos— adapta la tercera entrega de la saga editorial protagonizada por Bevilacqua y Chamorro, la pareja de guardias civiles que han convertido a Lorenzo Silva en un 'bestseller' editorial y uno de los referentes de la novela negra española. Y Koppel utiliza ese cadáver que aparece abandonado en el arcén de la carretera como puerta de entrada a una red criminal que corrompe las entrañas del paisaje con el aparente beneplácito de muchos de sus habitantes.


Y el paisaje lo es casi todo. En la primera secuencia —que promete, y mucho—, una pareja de la Guardia Civil persigue, de noche y bajo una espesa niebla, un coche por la carretera serpenteante. La imagen, lo suficientemente nítida para intuir, lo suficientemente turbia para intrigar.



Un comienzo entre fantasmagórico y efervescente —aunque 'a priori' parezcan contrarios, la mezcla funciona— que provoca la llegada a La Gomera de los dos protagonistas principales, el sargento Bevilacqua (Quim Gutiérrez) y la cabo Chamorro (Aura Garrido), con la misión de ayudar a las fuerzas de seguridad locales a resolver el homicidio. A partir de ahí, el hilo del que irán tirando junto a la agente Anglada (Verónica Echegui) destapará una red de corrupción de menores, chantaje, tráfico de drogas y sabe Dios qué más, cuyas raíces de adentran en la propia idiosincrasia de los habitantes de una pequeña población.


Y sabe Dios qué más, porque el principal problema del que adolece 'La niebla y la doncella' es que, a medida que avanza la investigación, más farragosa e imposible resulta la narración, sin que el director consiga componer un mapa de situación ordenado y obligando a los personajes a recurrir a una explicación final para que el espectador comprenda hacia dónde le han llevado los 104 minutos de película. Un monólogo final que, además, plantea de nuevo más interrogantes que respuestas y que acaba hundido en las farragosas aguas de la urgencia y la inverosimilitud, una falta grave en un 'thriller' del tipo 'whodunit': la gracia, al fin y al cabo, es jugar a pillar al asesino.


También sorprende, quizá por este desorden narrativo, la 'salida' de alguno de los personajes que acaba resultando 'anticlimática' y caprichosa, como una necesidad argumental artificial y poco orgánica.

No es tampoco muy comprensible por qué, en un momento determinado, y a pesar de que el filme intente justificarlo —'excusatio non petita accusatio manifesta', que se dice—, el desarrollo de la trama separa momentáneamente a la pareja de investigadores, ni por qué los agentes son incapaces de descubrir fácilmente, en una localidad pequeña en la que todos se conocen, quién es la mujer de la moto, entre otros agujeros de guion llamativos.


Koppel dibuja, además, unos Bevilacqua y Chamorro cuya relación es también ambigua. Entre el cuarteto protagonista —si a los anteriores les añadimos el teniente Nava de Roberto Álamo—, el director quiere remarcar una tensión entre sexual y paternalista que si en uno de los casos ayuda a la trama, en otro resulta contraproducente. También es interesante cómo se subvierten los roles prototípicos de la novela negra con un protagonista masculino más sensible y temeroso que su compañera mujer, a la que Garrido dota de un carácter pragmático y dominante, sin llegar a masculinizarla.

Sin embargo, entre ellos hay algo que no fluye. Probablemente, la química. Garrido, Gutiérrez y Echegui no llegan a conectar, y la falta de calor en la relación entre sus personajes conduce a la sensación de que estos actúan de forma errática, sin saber muy bien lo que quieren unos de otros.
Pero, de nuevo, es en el paisaje —los planos del mar, de la vegetación, de las carreteras—, en la elección de los personajes secundarios, en el retrato de las pequeñas rutinas locales, en la capacidad de captar la esencia de la singularidad del lugar, donde el realizador se mueve con más tiento.



El organigrama de la isla, representado por la autoridad 'extranjera' —son 'godos', foráneos—, los locales y la turista alemana que, a su manera, ha conseguido integrarse sabiendo detectar y adoptando las particularidades del lugar. También ha sabido llevar una historia nacida en tiempos previos al 'boom' de internet —la novela se publicó en 2002— a la hiperconectividad contemporánea, un recurso que juega como contraste de esa idea de insularidad. Una pena que de una idea de partida interesante, la sensación que persista es la de una buena historia mal contada, una posible buena película frustrada.


MARTA MEDINA