viernes, 27 de junio de 2014

De un gallinero no sale un ave fénix


Ahora la noche es diferente para el rey.
Ahora la noche esconde y revela.
La noche encubre más y,  al mismo tiempo, se vuelve más peligrosa. Ahora la noche es una noche diferente. Y no sólo ha cambiado la noche, sino que también el balcón se ha trasformado en otro extraño. La noche es diferente para el rey porque las apuestas de la noche se han elevado repentinamente. Y ahora el balcón puede ser más protector, o más frustrante, o más tonto, quizás más importante y más trascendente… ahora el rey no sabe si tocarlo o rechazarlo; cómo inclinarse en él, o tal vez  sentarse y esconderse.(1)

En los ensayos del teatro se suele recordar un viejo adagio teatral, el cual dice que no puedes interpretar al rey: es la corte la que debe hacer ver que eres el rey. Si el rey no cree que la corte le ve como rey, entonces el actor tendrá que andar “haciendo” de rey.  Y si el actor no cree que la corte le ve como rey, entonces no será lo bastante libre para interpretar su papel. (2)

¿Y el papel de la reina consorte? Ahora hay mucho más en juego para la reina. Hay que saber si se ruboriza o no, si siente el viento frío en las mejillas, si el aire es más difícil de respirar. Ahora todo cambia para ella. Hasta en la intimidad de sus aposentos… quizás el rey quiera seguir viendo a una mujercita enfadada… o quizás a la chica inteligente de siempre, o, tal vez, a una reina de pasarela.

Si lo hacen bien ya no les permitirán jugar con los cambios. Ahora se verán moldeados por su espacio, igual que la costa es esculpida por el viento y por el mar. El acantilado no decide su forma, son los golpes del cincel del mar y del viento… naturaleza que va a su ritmo y te puede dejar tirado en la resaca…
marián
********

(1) En este pequeño fragmento de texto hay ocho noches… no es una oferta de hoteles, tampoco una cacofonía; es un ocho que si lo tumbamos representa a lo infinito. Porque también hay monarquías que parecen infinitas. Así que mejor no tumbar al ocho.

(2) Aquí aparece seis veces la palabra rey, que se puede traducir como “seis  Felipes” o… Felipe VI.


miércoles, 25 de junio de 2014

Mundial de Brasil 2014


El pasado 18 de Junio eliminaron
a la Selección Española de Fútbol
del Mundial de Brasil 2014
y Justiniano se alegra mucho
por los jugadores
por la directiva  de la RFEF
y su presidente
por los fanáticos periodistas
y por los aficionados
de esta selección invencible
porque ahora tendrán más tiempo
para estar con sus familias
y dedicarse a otras cosas
como pasear y leer
y sobre todo para meditar
pero aunque Justiniano está alegre
por lo felices y risueñas
que estarán hoy esas personas
también está muy dolido
porque desde que acabó el partido
y la Selección Española quedó eliminada
se le ha desencajado la mandíbula
al no poder parar de reír.

P.D.
Por su interés reproduzco esta entrada de Toro Salvaje,
me he permitido la licencia de cambiar la competición;
el me perdona, seguro.
http://torosalvaje.blogspot.com/

domingo, 22 de junio de 2014

La piel enamorada

A. Mora

Un hombre puede conseguir ser un náufrago durante cien años y que la barba no le llegue hasta los pies. 
Pero conquistar a una sirena requiere el valor de un marinero audaz, sordo y ciego, la mirada de un seductor, la caricia sibilina de las algas silenciosas, el aroma de las azucenas de mar y un fondo musical de arpas submarinas. 
Yo no poseía nada de eso, y sin embargo, cuando deshilachaba las nubes del atardecer en la playa para tejer mis poemas, una sirena se acercaba a la orilla para escucharme. 
Las olas se aliaban con ella y lanzaban su espuma sobre mi cuerpo para apoderarse de mis versos. 
Cuando una ola más potente me arrastró hasta ella y rocé su espalda desnuda, encontré el tacto de mis poemas grabado sobre su piel.
P. Menaya 


miércoles, 11 de junio de 2014

Incomunicados


Y si supiera, al menos,  dónde ha estado, pero él nunca habla.
Calla siempre, a todas horas.
Veinticuatro horas callado.
Sólo me basta mirarle para saber que oculta algo.
Pero no hay manera de sacarle una sola palabra.
Cuántas veces he soñado con cientos de diálogos como dos personas civilizadas que conviven desde el principio de los tiempos.

- Y de dónde dices que vienes.
- De devorarme por dentro. Vengo del mismísimo infierno. He intentado purgar todas mis culpas y ha sido imposible.
- Y qué tal  la carretera a la vuelta.
- Como siempre repleta de locos, delincuentes, cómplices, y ovejas descarriadas que van camino del matadero sin saberlo.
- Interesante cariño. Te pondré la cena que debes estar agotado.
- Sí. Gracias.

El vecino del 4º

sábado, 7 de junio de 2014

Tus tetas hablarán por tí cuando hayas muerto.


                                                          "Deidad femenina", de Omar Ortiz

Tuve un novio que creía que las tetas
tenían que ser esos globos
que vemos en las pantallas
me di cuenta de que en el barrio era
normal
operarse los pechos y a mí,
que me moteaba cariñosamente
mandarinas
me pareció que se inauguraba
un rasgo sociológico

mujeres (que compran sujetadores con) cazuela
versus mujeres (cuyas tetas son un) globo
hombres (que miran el torso desnudo de las mujeres
cazuela con incredulidad y que les regalan un bono para)
corporación dermoestética en su próximo cumple
versus hombres (que acarician las tetas de una mujer
cazuela mientras la miran a los ojos con) disfrute

las mujeres globo se hacen la manicura
francesa, la depilación
brasileña, se ponen bótox y lucen un tatoo
en la riñonada que las condena
a un parto largo y doloroso sin epidural
las mujeres cazuela son coquetas si es el caso
pero disfrutan pasando de lo convencional
no es que las globo no lean y eso
pero les queda menos tiempo
los hombres corporación dermoestética
son muy graciosos, tienen unas ocurrencias...
los hombres disfrute suelen traerme problemas

imagino esos cadáveres arrugados
de tetas alpinas
no deja de ser
un rastro curioso para los paleontólogos
del siglo treinta y uno:

"las momias de tetas alpinas y labios plátano
pertenecían a clases sociales diversas
pero estudios neuronales confirman
que casi todas están nuevas -las neuronas
el resto de mujeres momia se caracteriza
por tener el cerebro muy usado
y la piel desgastada

algunas presentan el corazón roto".


maribel mir

jueves, 5 de junio de 2014

Mendicidad


Desde mi sofá contemplo la lenta agonía del estío. Las tormentas de los últimos días de agosto ahogan muchas intenciones, por un lado, y limpian atmósferas emocionales por todos los costados. Ahora estoy en paz, con el único sonido de su voz en mi cabeza. Visito la pantalla del móvil de vez en cuando para ver si rompe su silencio en forma de mensaje de texto. La tele permanece apagada. La radio, cosa extraña, no sintoniza emisoras ni escupe ninguna de esas canciones de desamor, de celo primaveral, de luchas sin cuartel del quiero contra el puedo, de hazañas bélicas de corazones intrépidos, de lastimeras decisiones de almas oxidadas, de otoños infinitos y ocres ni de vientos que mecen árboles y pueblan las aceras de nostalgia.

Mis rodillas sostienen una novela abierta de par en par que habla de gente como yo. O de gente como nosotros. Me gustaría leerte cosas que he subrayado. Como antes, que reseñaba, o memorizaba y te leía o recitaba de memoria. Posabas alegre cuando te hacía partícipe de mis descubrimientos literarios, y mecías tu pelo, acariciabas tus labios, y entornabas la sonrisa escondiendo un suspiro o sosteniendo un abecedario exclamativo.

Quiero levantarme y llegar hasta el portátil. Debo intentar escribir un relato. Necesito denunciar una situación. Voy a olvidarme, por un rato, del resto de mi vida, de esa guerra abierta y declarada que mantienen mi cabeza y mi corazón. Porque, en definitiva, siempre salgo perdedor.

Un ruido conocido se cuela desde la terraza. Me levanto y apoyo los brazos en la baranda fría. Son las diez de la noche y mi personaje sin techo ni comida busca algo que llevarse a la boca en el contenedor verde que hay enfrente. Me siento mal en ese momento. Un sentimiento de culpabilidad que me ha sacudido otras veces cuando no he dejado una moneda en esa mano suplicante, o cuando no he colaborado en alguna de esas campañas que combaten esta o aquella enfermedad. Me fijo en él. Es un hombre de color, de largos brazos y corpulento. Con el cuerpo sostiene la esperanza y con la mano izquierda sujeta la tapa. A su lado ha ido dejando materiales que ha rescatado de la basura y que supongo venderá a algún chatarrero, o los reciclará convirtiéndolos en utensilios para su hogar, en caso de tener un techo y una familia.

Estoy a punto de volver a ti, que has quedado enquistada en algún punto de mi memoria. Quiero bailar un tango con las palabras en la pantalla de mi ordenador, de darle contenido a estos folios apantallados que fluctúan tu nombre mientras mis dedos rezan tu recuerdo. Estoy a punto de regresar a ti, digo, cuando escucho gritos que llegan de la calle. El camión de la basura está aparcado junto a los contenedores. Las luces de posición destellan en la oscuridad. El empleado municipal ha requisado la mercancía de mi negro. Ahora; un hombre negro y otro oscuro se enfrentan a voces con la dignidad como testigo. La sirena del camión alumbra unos brazos enormes y tatuados, un cuello de Goliat y una cabeza rapada que no augura nada bueno. En ese momento pienso que tampoco bajaré a interceder, que la lírica heroica no pasa por su mejor momento. Claro que nada pasa por su mejor momento. Además, nunca me ciñó la capa de súper héroe, huí de los valientes que dan la cara para que se la partan y me atavié el diálogo para evitar el suicidio colectivo de más de una razón, todo con dispares resultados. Seguro que mi negro encuentra otro sitio y otras basuras. Tengo la certeza de que otro día la suerte besará sus mejillas. Si la sangre no llega al río, y decido mantener la mía en cuarentena, no intercederé en una batalla estúpida. Uno no entrará en razón y el otro no abandonará las razones que le han llevado a buscarse la vida entre residuos.

Entro. En la chaqueta que cuelga de la silla encuentro cuatro euros con los que sobornar mi conciencia. Buenos son para mitigar su dolor. Vuelvo a mi atalaya y veo al hombre derrotado sentado en la acera, cogiéndose con la punta de los dedos la zapatilla y el codo derecho apoyado en la rodilla. Parece meditar, parece que le cueste irse, quizá esté consultando la hoja de ruta, quizá dé las gracias a su Dios por permitirle mantener la vieja bicicleta. Cuando estoy a punto de llamar su atención y pedirle que espere, que bajo a darle algo de ayuda, el camión vuelve a enfilar la calle y se detiene a su lado. El gigante calvo desciende del vehículo. Me temo lo peor. Cuando hago acopio de los arrestos que otras veces me han faltado, cuando la capa cubre mis espaldas, me asomo a ver cómo pinta el panorama y gritarle al villano que deponga su vil actitud. Pero lo que contemplo es a ese malo de película buena, en cuclillas frente al otro. Le dice que de esto ni una palabra a nadie, menos a sus jefes. Le pregunta qué tiene para transportar las cosas y le contesta, entre susurros, mostrándole la destartalada bici con dos contenedores a cada lado y otro encima, en lo que debería ser el asiento de un invitado a pasear.

Sube en la caja del camión y empieza a volcar todo lo requisado más alguna cosa extra que suena metálica cuando golpea contra el suelo.

Cuando cada uno ha recuperado lo suyo: la bondad por un lado y saciada la necesidad del otro; vuelve al volante. Estoy a punto de abandonar la escena, sano y salvo y feliz, de escribirte, de escucharte o sentirnos en alguna canción cuando escucho la voz del camionero. Baja el cristal de la ventana y asoma la cabeza. Extiende el brazo y le dice:

      - Y de esto procura que no se entere mi mujer: Toma, espero que te guste el atún con tomate. Y le alarga su bocadillo.

El uno vuelve a circular. El otro vuelve a sonreír de nuevo. Y yo regreso a mi noche sin contemplaciones.

Enciendo la pantalla del ordenador cuando un tren de mercancías atraviesa la ciudad...
Publicado por Mario