lunes, 31 de mayo de 2010

UN GENTLEMAN INGLÉS, O LA VENGANZA DE LA LANGOSTA THERMIDOR


Se me aparece en el recuerdo como una especie de mezcla entre Chesterton y Charles Laughton, pero en más guapo. Corpulento, vestido con ropa de marca muy veraniega, el vello cano en los brazos morenos y fuertes, impecablemente afeitado, oliendo a loción cara, de tres cifras, rolex de titanio en la muñeca, casi siempre acompañado de su mujer, de la que no recuerdo el nombre, pero sí que más que alcohólica era directamente cirrótica, por eso que irónicamente puede llamarse justicia poética, o exacto contrapunto huxleyano: una especie de espantapájaros caquéxico al que el aliento le apestaba a alcohol incluso desde antes de levantarse, y que picaba entre bebidas, como quien dice. Podía permitírselo: su marido, este gentleman inglés, era uno de los reyes de la comida congelada en su país. No menos de siete Visas Platino, American Express, Mastercards Oro, etc, adornaban coloridamente su billetera, siempre reventona de billetes. Se llamaba Dennis. Un conocido mío tenía la vaga idea de que aquel paquidermo canoso y dicharachero –todo lo dicharachero que puede ser un inglés de los Midlands- estaba interesado en invertir en negocios en España; concretamente, montándole a él un restaurante para que se lo llevara, y así poder mandar a la mierda al jefe para el que trabajaba, en un puerto muy conocido de Baleares, y en cuyo restaurante conoció por casualidad a nuestro gentleman. Este humilde cronista fue invitado a su mesa por sus conocimientos de inglés, que sorprendieron mucho a aquel lector contumaz de su paisano Shakespeare, a quien no conocía ni de oídas en la escuela. Su expresión era de una como ironía hierática; era sardónico, certero, directo. Contra un fondo de yates fondeados más allá de las mesas, del paseo marítimo y de las brigadas de borregos de bermudas y gorrita preceptivas en cualquier puerto mediterráneo, era de ver a aquel probo ciudadano británico comiendo dorada a la sal a dos carrillos mientras su pobre mujer daba buena cuenta de las reservas de vino blanco de la casa, que mi conocido iba extrayendo concienzudamente de varios tetrabriks y enfriando, ya embotellado, en las cámaras frigoríficas de la cocina. “This is an excellent wine”, decía la desgraciada, a quien no era difícil adivinarle el porqué de su alcoholismo inveterado.Por contemporizar, por echar una mano a mi conocido, me tragué varios exabruptos, es decir, opiniones sinceras sobre aquel sujeto. Ahí quedó casi todo. Uno de tantos, ininteresante, que no paraba de alabar las virtudes del trabajo duro –sus manos desmentían taxativamente tal aserto, dado su buen estado-, de la constancia, el ahorro, la diligencia, la sagacidad y la honradez. Pero lo mejor vino varios días después, cuando me lo crucé en el puerto de Es Castell; paseaba solo y se lo veía un punto sombrío. Educadamente le pregunté por su mujer; educadamente me contestó que no se encontraba muy bien; educadamente me invitó a “unas tapas”, y educadamente acepté, entre otras cosas porque tenía hambre y poco dinero, aunque no me apetecía en absoluto la trivialidad revestida de falsa seriedad que su conversación prometía. Atardecía sobre la cala cuando nos sentamos en un restaurante y las tapas acabaron por convertirse en una suculenta cena a base de langosta, jamón y blanco de Rueda. Y casi llegó a caerme simpático cuando le pregunté, como quien no quiere la cosa, cuál era su ideología política. Le atizó un trago a su whisky –estábamos ya en los postres-, y dijo, casi sonrojándose: -Yo soy del partido que me dé de comer.Y me acordé entonces de los idealistas de la política, que ya casi no abundan en España, de la frase de que en todas partes cuecen beans, y de la puta madre de la langosta, una de cuyas pinzas casi me parte un diente al intentar romperla, dejándome una esquirla dolorosamente clavada en un rincón inaccesible de mis encías. “Esto te pasa por sentarte a comer con un pragmático”, creo que pensé.
Publicado por MIGUEL ANGEL SOSA

domingo, 30 de mayo de 2010

Diferentes



Cuando caigas enfermo por un virus contagioso y estés en cama tiritando por la fiebre, viendo sombras atravesar la habitación y susurrarte amenazas al oído, no esperes que vaya a la cocina a buscarte agua, no creas que me sentaré a tus pies y te cogeré la mano para darte consuelo, no pienses que pasaré la noche en vela a tu lado, espantando los espectros, mirándote dormir y oyéndote respirar por qué no estés solo.
Asomaré más bien con cuidado a la puerta de tu habitación de enfermo, mal ventilada y repleta de miasmas y te miraré con preocupación sincera, pero procurando respirar sólo superficialmente. Me asomaré y frunciendo el ceño te anunciaré la llegada del médico, iré a la farmacia si no tengo que trabajar, te leeré en voz alta los efectos secundarios de lo que te prescriba, por si a causa de tus ojos llorosos y el aturdimiento no eres capaz de hacerlo solo.
Esa vida que a ti parece que te regalaron, es lo más valioso que tengo yo, lo único me atrevería a decir, que algo vale de cuanto tengo. Y no la arriesgaré por entrar en ese dormitorio infesto a consolarte, a ti, que tu propia existencia te es menos valiosa que un amigo, que la empeñaste tantas veces en tantas estupideces, por deslumbrar a una mujer, o por demostrar que sí podías saltar aquélla tapia…
Ni lo sueñes.
Sinuit
http://unaislaperdida.blogspot.com/2010/05/diferentes.html

sábado, 29 de mayo de 2010

¿Un tono diferente?


No me puedo callar: mi mejor amigo ha roto con su mujer y, aunque se veía venir, no por ello deja de ser menos traumático.
Una pareja rota y ahora a escoger, o con ella o con él. Porque se trata de esto en las rupturas, tener que decantarte antes o después por una de las partes.
No hay color, con él hasta la muerte. ¿Cómo voy a olvidar las muchísimas tardes que hemos pasado hablando de lo divino y lo humano, por ese camino que ahora el Ayuntamiento ha adecentado y el personal denomina “Ruta del Colesterol”?
Eso de caminar es muy sano, para el cuerpo y para el espíritu; los consultorios de los psicólogos deberían tener una cinta automática que tienen los gimnasios y que te hace andar a una determinada velocidad ya de antes programada. El psicólogo desde su sillón podría mantener la conversación con el paciente en movimiento, lo que seguro liberaría su alma y le haría más permeable a exponer sus intimidades.
Qué profesión más fascinante, y fácil de desarrollar: escuchar lo que otros hacen, dicen o piensan ante determinadas situaciones, analizarlas y tú únicamente debes repetir lo último que te haya comentado el paciente, eso sí, con interrogación:
-Pertenezco a una generación, a una de las últimas generaciones que han sido más o menos asesinadas por la historia de la filosofía. La historia de la filosofía ejerce, en el seno de la filosofía, una evidente función represiva, es el Edipo propiamente filosófico: “No osarás hablar en tu propio nombre hasta que no hayas leído esto y aquello, y esto sobre aquello y aquello sobre esto.
-¿De esto sobre aquello y aquello sobre esto?
-De mi generación, algunos no consiguieron liberarse, otros sí: inventaron sus propios métodos y reglas nuevas, un tono diferente.
-¿Un tono diferente?

© Angel 27/05/2010

viernes, 28 de mayo de 2010

El buen amigo

Era a primera hora de la mañana cuando dos individuos, ataviados con gafas oscuras y sendos trajes discretos, irrumpieron en la peluquería Fabietti.
Andrea, el propietario, con hambre de sueño, se inquietó un poco ante la presencia de la pareja tan peculiar.
—Buenos días —saludó el que parecía mayor y enseñó una placa. Andrea no llegó a leer el nombre pero reconoció el escudo de la policía.
—Buenos días —respondió el estilista, embutido en su impoluto uniforme de trabajo.
—Verá... ¿conoce usted a José Luís Antúnez? —preguntó, mientras se metía las manos en los bolsillos, el había mostrado la placa.
—Puede ser —respondió con sequedad Andrea, un poco contrariado.
—¿Cómo que puede ser? —Saltó el segundo—, O lo conoce o no lo conoce.
—Puedo conocerlo a medias —Andrea, con este argumento le hizo callar.
—Ya entiendo —intervino el jefe—, es usted su amigo mientras no se meta en líos ¿verdad?
—Mire. Soy amigo de mis amigos. Pero no quiere decir que comparta todo lo digan o hagan. Yo no he cometido ningún delito.
—Si hubiésemos venido a detenerle ya estaría usted entre rejas. Hemos venido a buscar cierta información, si quiere colaborar con la justicia.
—Son ustedes la policía. Ya hace tiempo que la policía no es juez, no interpreta la ley, la ejecuta.
—Bueno. ¿Quiere ayudar a su amigo o no? —dijo el aprendiz de policía, mientras reducía las distancias.
—Morales, déjame a mí —sentenció el jefe.
—Verá, señor Fabietti, ¿es usted italiano? —dijo el jefe volviendo a divagar.
—¿Realmente mi origen les interesa?
—Puede ser.
—Pues no. Mi abuelo lo fue. ¿Decía usted?
—Verá, señor Fabietti, si usted no colabora con nosotros, podría ser considerado sospechoso. Podríamos interpretar sus negativas a colaborar con las fuerzas de seguridad, como encubrimiento, como negación del auxilio o incluso obstrucción a la ley —la expresión de Andrea cambió al escuchar esto—. No le estoy acusando de nada. Simplemente le pregunto si al menos conoce a José Luís Antúnez. Ni siquiera si es o ha sido su amigo.
—Sí, le conozco.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace más de veinte años.
—¿Qué concepto tiene de él?
—Pues es un contratista de obras que se gana la vida en su negocio, tiene una familia con hijos mayores que están ya a punto de saltar del nido.
—¡Y sabe todo eso y niega que sea su amigo! —dijo el jefe dirigiéndose a Morales.
—Escuche, mis clientes me cuentan su vida con frecuencia. Es lo más normal.
—Mire. Señor Fabietti. Venimos de casa de José Luís Antúnez, hay fotos suyas allí. Se les ve juntos en mil y una fiestas. Hay fotos hechas en países como Cuba o Tailandia. Hay un cuadro, firmado por usted, Andrea Fabietti, dedicado “a mi amigo José Luís”. ¿Quiere más?
Andrea empezó tener algunas dudas respecto a su amigo José Luís.
—Vera usted Sr. ¿?
—Canales, José Luís Canales. Inspector de Policía.
—Verá usted, Sr. Canales. Conozco a José Luís desde que empezó a venir a mi negocio. Hicimos amistad y como usted ha comprobado, visito con asiduidad su casa de campo donde pasamos los fines de semana. Nuestros hijos han crecido juntos. No le creo capaz de haber hecho nada malo.
—No he acusado a nadie todavía. Pero cuénteme más de él. De verdad, quizá sirva para ayudarnos.
—¿En qué se ha metido?
—Por favor, siga con su declaración. No hemos acusado a nadie y no queremos condicionarla. Es pura rutina.
—¿De verdad?
—Sí
—Pues es una persona hecha a sí misma. Empezó desde abajo, según me explicó y consiguió una empresa constructora modesta pero saneada. El éxito le hizo sentirse sólo, sobre todo cuando los hijos empezaban a salir con sus parejas. Entonces empezamos a reunirnos en su casa como le he dicho, a organizar viajes y otras salidas. Si tengo algo que criticarle es su excesivo paternalismo.
—¿Paternalismo?
—Sí, verá. Un año nos pagó a cinco parejas un viaje a Cuba. Todo de su bolsillo. Avión, hotel y la mayor parte de las comidas. Aunque insistíamos en pagarle las copas. Ni el café dejaba que le pagásemos. Podrá pensar que para nosotros era un chollo pero era un poco humillante.
—Sí, supongo que no se sentirían muy cómodos.
—Pues como decía. Además de pagar, quería llevar la razón en prácticamente todos los temas de conversación, desde deportes hasta el arte.
—¿Discuten?
—Sí, mucho. Pero nunca llegamos a las manos y ni siquiera a tener enfados que duren más de unos minutos.
—¿Cuénteme de su esposa? —preguntó el inspector.
—¿De la mía?
—¡No! De la esposa de él —replicó Canales.
—¿Qué quiere saber?
—¿Cómo se llevan entre ellos? Por lo que ha podido ver.
—Pues ella a veces es un poco mandona y a su vez, él con ella tiene un trato un poco déspota que, si no los conoces y los ves discutir, puedes pensar que pasa algo malo. Pero luego él se muestra como un perro faldero y a ella parece que no le afecta. En general es como toda pareja que llevan ya años casados y aquel fuego que empezó el día de la boda se ha apagado un poco —explicó Andrea, como andando con pies de plomo.
—¿Nunca los ha visto discutir?
—¡Claro que los he visto! Pero como le repito nunca he visto una discusión acalorada o que dure más de tres minutos. Al rato están abrazándose y dándose besos. Son así, inspector, nunca se han peleado.
—¿Tiene usted la sensación o ha sentido alguna vez que usted fuese utilizado?
—No le entiendo, señor Canales.
—Que de tantas veces que usted ha sido invitado, agasajado, etc. etc. No ha tenido usted la sensación que el señor Antúnez le tratase a usted, o quizá a los otros amigos como si fuesen unos objetos de su propiedad, como si estuviesen allí comprados.
—No sé dónde quiere ir a parar.
—Mire, Sr. Fabietti, yo, amigos como los que tuve cuando tenía diez años, y de esto hace ya muchos por desgracia, nunca he más he vuelto a tener. Lo demás es un puro interés o negocio. Muy pocos tienen amigos que les inviten a pensión completa. ¡Eso no lo hace ni el dueño de Zara! Le creo, pero dígame, ¿no es extraño? —soltó el inspector esta perorata como mejor supo.
Se hizo un silencio. Andrea estaba plenamente despierto y con la mosca en la oreja.
—Tiene razón, suena raro. Yo lo comento a la clientela más que nada para darles envidia. Allí en su chalet se sienten muy solos y quizá, tenga un poco de razón, que en cierta manera nos compren la compañía. Pero, digo yo, ¿quién no tiene un precio? ¿Quién puede vivir sin trabajar? Las mayores fortunas se han hecho del esfuerzo y el ahorro
—No se me vaya por las ramas —interrumpió el inspector. ¿Es extraño o no?
—Pues digamos que sí. Pero nos ha tratado exquisitamente. Nunca ha faltado en la mesa un buen jamón, cinco pollos asados y litros de cerveza y cava. Es un buen amigo y no le creo capaz de hacer daño a nadie. Padecía cierta hipocondría por causa del negocio y de algunos de sus empleados. Pero ¿quién no tiene achaques?
—¿Sabe algún detalle de sus empleados?
—Directamente no. Sólo a través de él.
El inspector sacó una libreta y anotó este detalle mientras Andrea no perdía de vista el trayecto del bolígrafo sobre el cuaderno.
—Siga, siga, por favor —dijo el inspector Canales.
—Pues lo considero buena persona, buen padre y un buen marido, a pesar de lo que le he explicado de sus diferencias con la pareja. Nunca he visto nada que fuese mala conducta.
Tras un breve silencio, el inspector José Luís Canales, lanzó una pregunta obvia que Andrea temía más que esperaba.
—¿Estuvo usted con ellos este fin de semana?
—No, no estuve. Puedo probarlo
—No le iba a acusar. Le vuelvo a repetir que usted nos puede servir de ayuda. Estoy hasta los mismísimos de tanta serie de policía. Ya le he dicho que si tuviésemos que detenerlo estaría usted ya declarando ante el juez.
—Pues no, no he estado con ellos este fin de semana. No vamos todos los fines de semana. Si fuera él, estaríamos allí siempre.
—¿No?
—¿Qué ha pasado? ¿Qué ha hecho? Yo ya le he explicado lo que me ha pedido.
—Pues verá, Sr. Fabietti, que según sus palabras, reconoce que es usted amigo de José Luís Antúnez —aquí el tono del inspector se hacía más serio y el semblante de Andrea reflejaba la inquietud ante una inminente acusación formal por un delito que aún ignoraba—, que frecuenta asiduamente su segunda residencia, que ha ido de vacaciones pagadas por su amigo en al menos, dos ocasiones, y que ha visto discutir a la pareja como lo hacen la totalidad de las parejas y, que también ustedes como amigos también han discutido. A pesar de eso, nunca han dejado de acudir a las citas que organiza. ¿Confirma usted esto?
—Confirmo, pero ¿qué ha hecho, de qué se me acusa? —pensando que su amigo igual estaba traficando con droga.
—También nos dice que usted NO estuvo en su residencia este último fin de semana. ¿Sabe si los otros amigos estuvieron? —preguntó el inspector.
—Que yo sepa no. O íbamos todos o no iba ninguno.
—Gracias, señor Fabietti. Por favor, ¿Nos puede acompañar —Andrea dejó caer el peine que sujetaba con dos dedos de su mano derecha—, al depósito de cadáveres a reconocer a la mujer y los tres hijos de su amigo José Luís Antúnez?
—Pero...
—No sabemos todavía lo que ha pasado. Pero alguien, probablemente su amigo, ha reproducido la película “El Resplandor” —intentó explicar Morales, el medio policía.
—Morales, no tenemos una acusación formal. Tan sólo tenemos unos indicios que apuntan a José Luis Antúnez, como principal sospechoso. Hemos encontrado los cuerpos decapitados y desangrados. También tenemos las armas utilizadas en el crimen, y, claro, estamos buscando a su amigo. Según nos ha dicho, es su amigo, ¿verdad?
Andrea no respondió y el policía le cogió por el brazo para que no se derrumbara.
—Espero que los forenses hayan juntado bien todos los trozos.
—Morales, sólo le enseñarán las cabezas limpias ya de sangre y deberá decir si los reconoce o no. Nada más. Vamos, vamos —dirigiéndose a Andrea—, ya sé, los amigos unas veces resultan no ser tan buenos, y otras, hasta nos sorprenden.

© Manel Aljama, marzo de 2007 (modificado mayo 2010)

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jueves, 27 de mayo de 2010

saca las cartas

Benidorm, playa
Hola, ¿cómo estáis? ¿Yo? Mejor que nunca. Qué guapa, Laura, te veo muy bien. Mucho colorete, pero los estilos son los estilos, yo no me meto. En cambio Sofía, siempre tan blancucha, ¿Para que está ahí mismito la playa, Sofi, hija? Hay que broncearse, nenas, que el sol no se gasta. ¿Cuándo empezamos? Anda, Mercedes, saca las cartas, que estoy con un mono. Qué bien se está aquí, oye, con este cielo. Qué azul, qué derroche. Cómo me alegro de veros. ¿Y vosotras qué, lleváis muchos días? Yo llegué ayer mismo, con unas ganas. No os preocupeis, ya voy yo con Mercedes. Vas a ver como les damos a estas dos para el pelo, Merche, que son un par de sobradas. Pues sí, menudo año. Qué de cosas, estoy agotada. Y contenta, que conste, sobre todo contenta. ¿Que se me ve bien? Pues ¿no te lo estoy diciendo? Laurita, tú cortas. Espadas. Reparte Sofía. Qué arte tiene ella para quedarse siempre con las cartas. Oye, qué sosas que estáis, ¿no me explicáis nada? Que un año es un año. Te has lucido, guapa, menudas cartitas. Ni un triunfo me ha dado, la mosquita muerta. Y no pongas esa cara, que ya me tendríais que conocer. Qué alegría tengo, las cuatro juntas, qué lujo, no sabéis lo largo que se me hace tanto tiempo sin veros. No fastidies, Merche, ¿tú tampoco tienes triunfos? Pues sí que vamos listas. En fin, dejadme que os cuente. ¿Por dónde empiezo? No os lo vais a creer. Por el principio, Sofía, por el principio, hay que ver qué gracia tiene la jodida. El caso es que estas navidades, aquí donde me veis, me fui a ver a una adivina. Ni una risa más alta que otra quiero, que ya lo sé, que yo soy anti, pero es que, nenas, la culpa, de mi vecina. No te rías, Laura, que pierdo el hilo. Además, que estaba yo un poco mustia. Una tiene sus momentos. La menopausia, pensaba yo. Ja. Que yo te lo pago, Mari, me decía la Rosa, la primera vez yo te la pago, Mari, que si no pruebas, qué vas tú a poder criticar. Mari por aquí, Mari por allá, y una, sin comerlo ni beberlo, en casa de la astróloga. Manda narices. Qué tremenda, la Rosa, y qué maja. Con esa no puedo ni yo. Hombre, veinte en oros. Menos da una piedra. Nosotras mucho cantar, Mercedes, pero los triunfos siempre los tienen ellas. Parece que no pasen los años. Pues como os iba contando. Astróloga Paqui. Una de mi barrio. Con ese nombre, qué vas a esperar. Eso me creía yo. Mira, ahí viene Tomás. Hay que ver qué feo está, el pobre, por dios santo, y qué barriga, si parece que se le va a reventar la camisa. ¿Qué vais a tomar? Tomás, majo, tráete, para estas dos, unos zumos. Para mí una clarita y para la Laura, un descafeinado, con poca leche, ah, y con sacarina, no se te vaya a olvidar, que ha de lucir tipito. Hace bien, ella que puede. No me das envidia, nena, quiero que lo sepas. Yo ni he ido a la playa, aún, pero de mañana no pasa, que me he comprado un bañador que ni con veinte años. Naranja, con flores, monísimo. A tomar por saco los complejos. Pues como iba diciendo, que va la astróloga y saca una baraja, pero de las otras. Si la hubierais visto, la cara que puso cuando giró la primera carta. No me preguntes cuál, que de eso no entiendo, ni ganas. Nenas, si en el avión me pone esa cara una azafata, me pongo a rezar. Mal te veo, me dijo, hace tiempo que no veía a nadie así. Nos ha jodido. Y yo que pensaba que siempre te decían cosas bonitas, las adivinas. Si no, dónde está el negocio. Pues ni por esas. Anda, Laura, deja de contar. Reparte, Sofi, que la primera es vuestra, ¿que no lo ves? Gracias, Tomás, qué majo eres. A lo que iba. Ahora viene lo mejor. Sigue tirando cartas y en un momento dado, me suelta: Tu vida está en un momento crítico. Lo que tú necesitas, Mari, es un cambio radical. Cambio radical, con esas palabras, como en la tele. Y luego se pone toda seria y con los ojos así medio cruzados, que hasta me dio miedo, va y me dice: Te voy a ser sincera sincera: yo aquí lo que veo es una aventura. Una aventura. Chicas, chicas, ¿habéis visto lo que yo? Virgen del amor hermoso, qué hombre, qué sofoco. Aquel de allí, Laura, ¿lo ves? ¿lo ves?, el que pasa por donde la tienda de deportes, ¿lo ves?, el del bañador amarillo con palmeras, ¿no lo ves? Ay, dios mío, esto no puede ser bueno. Y tú, Sofi, ¿es que no te has dado cuenta? Vaya miradita. A ver si estamos a lo que estamos. En fin, lo que os decía, una aventura. Eso me dijo la astróloga. Claro, Merche, un plan, sí, un plan, no me mires así, qué va a ser, si no, ¿un safari? Y yo, muerta de la risa. ¿Tengo yo cara de tener una aventura?, le dije. Si llevo con mi Manolo treinta años, uno tras otro, sin un desliz. Arrastro. Mira que es cansino esto de hablar y jugar a cartas a la vez, no hay quien se concentre. Vuelvo a arrastar. Arrastro y estas, también mías. Hala, no cuentes, Laura, empate. Uno a uno, y reparto. El tiempo que hacía que no cogía una baraja. ¿Por dónde iba? Ah, sí, el plan, que dice Mercedes, mira que eres antigua, hija. Pues yo me reía, ya os podéis imaginar. Hacedme caso de este consejo que os doy: nunca os toméis a guasa a una adivina. Palabra de Mari. Corta, Sofi, que tenéis menos futuro que un submarino descapotable. ¿Es bueno, verdad? Me lo contó mi Dani, el pequeño, que ya ves tú si es pequeño con treinta y dos años y más de metro noventa. En fin, yo ya os he avisado. ¿Que cómo se llama? Hay que ver qué curiosa eres, Laura, qué impaciente. Álvaro. Se llama Álvaro. Quién va a ser, Merche, que no te enteras. Mi novio. Y haz el favor de hablar un poco mas flojo, que no hace falta que se entere medio mundo el primer día. Anda que yo también, menudas cartas me he dado. Me podía haber comido la mano un cerdo. Toma, mira, las cuarenta, qué casualidad. Las he robado seguidas, primero el rey y luego la sota, como si se echaran de menos, pobres. Vale, Sofía, ya lo sé, tampoco hace falta que te lo tomes así. Muy bien, calladita estoy más guapa, pero es que las demás cartas no valían ni para pipas. ¿Qué dices, Laura? Ay, nena, cómo me gusta que me hagas esa pregunta, qué perspicacia la tuya. Obvio: hasta el verano pasado yo tenía un marido. Mi Manolo, pobre. Ole, Merche, eso es una compañera como dios manda para jugar a las cartas y lo demás, aprendizas. Dos a uno. Venga, que hoy a estas nos las ventilamos de corrido. No sé vosotras, chicas, con todos mi respetos, que a fin de cuentas yo he formado parte del club toda mi santa vida, pero a mí esto del matrimonio, hoy por hoy, me parece un atraso. Ni más ni menos. Cariño, compañía, vivencias, lo que tú quieras, pero llega un día en que o dices basta o se te acaba el billete. Lo que yo te diga. Venga, y para mí, las diez de últimas. Esta vez vamos de vueltas, ¿no? ¿Mis hijos, y a quién le importa? ¿Te piden ellos permiso? Pues sí, Laurita, ahora tengo novio, y a mucha honra. Y Manolo, el pobre, ya se apañará, que ya es mayorcito, ¿no? Anda que no he aguantado yo mecha. Mato. Cuarenta, cuarenta y cuatro y cincuenta y tantas. Nos vamos. Hala, tres a uno y me quedo la baraja. No es que yo quiera dar lecciones, pero es que lo veo todo transparente. Son momentos de la vida. Qué seria me estoy poniendo, no me conozco. ¿La adivina? Qué quieres que te diga, Sofi, son muchos años de ponerlas a parir, pero cuando conozcais a Álvaro me vais a dar la razón enseguida. Será un timo, no digo que no, pero tirado de precio. Y la menopausia, una falsa alarma. Falta de alegría. Fíjate, fíjate qué hermosura de cartas, ¿será posible que tenga yo todos los bastos? Venga, que son todas mías. ¿Son cuatro, no? Pues coto. Al zurrón. Tendríamos que habernos jugado los euros, Mercedes, que ya las tendríamos desplumadas. Y cacareando. Os veo en baja forma, no nos habéis durado ni medio asalto. No te piques, Sofi, que es broma, parece mentira. En fin, me sabe mal pero me tengo que ir, que hace rato que me esperan. Qué alegría me ha dado veros, y encima esta paliza. La guinda. ¿Que cuándo os lo presento? Mírala ella, la Mercedes. Pues va a ser que no, cariño, no sabes cómo lo siento. No ves que él las vacaciones no las tiene en agosto. Pues tengo prisa porque tengo prisa. Desde luego, qué barbaridad, anda que no sois curiosas. Está bien, por qué no, pero me guardáis el secreto. Esta mañana mismo lo he conocido, en el ascensor. Nenas, qué elegancia, qué anchura, qué ojos, qué todo... Si hasta me voy a poner colorada, seré tonta. Un bombón. Me he tirado a la piscina a la primera, por estas. ¿No está una de vacaciones? Pues eso. Y no me ha hecho falta ni la astróloga, que ahora soy una mujer independiente. En fin, mañana, entonces ¿a la misma hora? Después de la playa. Estupendo: así echamos otra y entramos en detalles, que aún no sabéis de la misa la media. Eso sí, Merche, diles que entrenen un poco, que hoy han sido pan comido. Os dejo aquí lo mío y me voy, que llego tarde. Sed buenas, que para mala ya valgo yo. Mua, mua y mua.
Vicente Aparicio

miércoles, 26 de mayo de 2010

Ciego y Mudo


El vértigo del eros - Matta
He codiciado acercarme hasta ti, por más que te presintiera intacta y lejana como un lucero. Más allá del misterio que envuelve esta noche, he intentado rescatar tu imagen de diosa griega, colmada de sensuales y vaporosas armonías. Te he querido respirar, como se inhala la esencia espirituosa de una copa de malvasía. Tal como la tierra seca y cuarteada implora una nube cargada de promisorios augurios, yo febrilmente te he deseado en silencio. He ansiado allegarme a tu lado, a pesar de las tinieblas, para sentir que existes, para saberte viva, acuciado por la necesidad de retener el frágil bramante que me une a ti, mi amor, mi más bello sueño...
Pero he vuelto sobre mis pasos, sin atreverme siquiera a mirarte... porque tus ojos me dejan ciego, me dejan mudo tus labios.
Dédalus

martes, 25 de mayo de 2010

Obsesión


Edvard Munch " El grito"

Cada mañana, al llegar al trabajo, a la hora de la comida y antes de marchar a casa, la tenía que observar.

No quería vigilar sus pasos, se odiaba a si mismo por ello, se repetía una y mil veces que no volvería nunca más a mirar a esa mujer, no era merecedora de ello.

Ella era la culpable, ella era la que le incitaba, la que le perseguia y no le dejaba en paz, le miraba, le sonreía e incluso le hablaba de vez en cuando.
Se sintió una vez más atacado al oir su voz, estaba seguro que hablaba sólo para provocarle, por el puro placer de irritarle en lo más profundo de su ser.

Una, dos, tres..., cada día la espiaba a las mismas horas, siguiendo el mismo ritual del que quería y no podía escapar.

Su Trastorno Obsesivo Compulsivo no le dejaba ser feliz.


Froiliuba

http://froiliuba.blogspot.com/

lunes, 24 de mayo de 2010

domingo, 23 de mayo de 2010

La siesta


Era el sitio más adecuado de Alicante para pedir un buen arroz, nos lo habían recomendado unos buenos amigos que son de aquí.
Hay que decir que no se habla prácticamente nada el valenciano en esta parte de la Comunidad, a orillas de Mediterráneo sólo se les nota el acento, nada más.
Al entrar en el “ Nou Manolín “parecíamos penetrar en otro mundo, nos miraban todos como si fuésemos de otra especie y sólo habíamos preguntado si habría que esperar mucho para comer arroz al horno, que era su especialidad. Ya sabíamos el dicho de que el comensal espera al arroz y no el arroz al comensal, pero tampoco era un pecado preguntar el tiempo que iba a tomarnos la espera, digo yo.
Pedí que nos pusiesen en la zona de fumadores, todavía no ha entrado en vigor la prohibición y de aquí a entonces, espero haberme fumado la plantación entera de donde saquen las hojas para mis Malboros, que son como la prolongación de mis dedos. Ya había dado cuenta de un par de ellos cuando nos trajeron el aperitivo y, la verdad, espectacular: le dicen “El paseíllo” y consiste en un desfile de tapas, de las que puedes elegir las que te apetezca, aunque siempre haya que pensar en dejar sitio para el arroz.
A mí, que no me gusta mucho la conversación, me pareció un lugar encantador, muy acogedor y que invitaba a mantener una comunicación con tu pareja, a lo que ayudó bastante el que nos pusieron en un rincón íntimo.
La conversación fluyó como nunca, no me reconocía a mí mismo y estuve hasta simpático y ocurrente y eso que llevaba más de veinte minutos esperando el arroz. Otra vez la misma palabra. Contaba incluso chistes, de esos que nos mandan por e-mail y que, de conocidos que son, podrían figurar en el nuevo programa de Antena Tres, que yo nunca veré, aunque me han dicho quienes lo ven que a veces lo hacen bien, sobre todo un señor que se parece mucho a mí, dicen, con el pelo blanco y unos cincuenta y pocos. Llegó el arroz, había merecido la pena ir, esperar,¡ qué diferencia con lo que nos ofrecen en otros afamados sitios! Me gustó sobre todo al mezclarlo con el socarrat, que lo hacen especialmente sabroso.
Me guardé un poco para el postre, esas torrijas de turrón en sopa de chufa… Qué queréis que os diga, raudo y veloz al hotel: el cuerpo me pedía fiesta.
¿Quién puso la efe al lado de la ese en mi teclado?

©Angel 21/05/2010




sábado, 22 de mayo de 2010

Sin Pudor


Nu de Dos I - ( Alain Dumas )

Estoy en ti, subyugada, confundida, purificada,
desvanecida, almendrada, torneada y enlazada en ti.
Yo no tengo vergüenza, ni turbación en tu amado cuerpo,
yo no tengo rubor, ni timidez, para desnudarme frente a ti.
Olvidé en el resabio del tiempo los añejos pudores
los complejos medievales, las atávicas vestiduras.


Estoy en ti amor, habitada, ocupada y poblada por ti,
ebria de arrebatos, trepando por tus ojos para beberlos.
Con los pezones como pedernales para encender tu flama,
mientras mi garganta graba, tus frenéticos laberínticos besos.
En tu bello pecho, juego ajedrez para que devores mis piezas,
húmeda guarida, que oculta tu atrevido, descarado erotismo.


Estoy en ti, en hoja de Eva, esculpida en carnes para ti,
mientras el vértigo me lame la piel y los pensamientos.
Debajo de las fecundas, desbocadas estrellas de tus ojos,
un sofisticado paisaje descubro, invisible, intrépido deseo.
Mis muslos al descubierto se enredan en tus piernas
que me atrapan, sellan, adormecen, me encarcelan.


Estoy en ti, subterránea, marinera, expuesta, albergada,
cobijada, asilada, eclipsada, hechizada, bendecida por ti.
Mis carnes son hermosas si posas tus ojos en mi desnudez,
mi piel es arena suave, si tus manos dejas desvanecer.
¡ Recuerda amor ! yo no tengo dejos de pudor, ni decoro
en ti, soy libre, desenfadada, atrevida, irreverente y procaz.

Publicado por Taty Cascada

viernes, 21 de mayo de 2010

Desubicad@s, por Thomas



Imagen - Tomás Beldad



Entre tantos (otros)sonidos que laten
crecen las flores suicidas.
Las desheredas de fugas
sin lugar para cambiar de lado.
Anónimas abatidas en las vías del tren.


Oyen el rumor de un bosque lejano
lleno de fugas y libertad.
Colgadas boca abajo
arriba toda la noche.


© Ina 2010

http://zoe-otramaneradecontar.blogspot.com/

Gracias Thomas por embellecer de esta manera este poema...

jueves, 20 de mayo de 2010

Justiniano 68



A pesar de que se disputaba
la última jornada de liga
Justiniano es una persona de principios
y en vez de ver el partido por televisión
esta tarde ha ido al tanatorio
a mostrar sus condolencias a la panadera
por el fallecimiento de su madre
y justo en el momento en que ella
le daba las gracias por haber venido
y le mostraba a su madre en el ataúd
Justiniano ha recibido un mensaje telefónico
en el que le comunicaban que el Barcelona
había ganado el campeonato
lo que ha originado un pequeño problema
debido a la espontaneidad de Justiniano
que no ha podido evitar saltar de alegría cantando:
CAMPEONES!!!, CAMPEONES!!!
OÉ, OÉ, OEEEEEEEEEEEEEEEEEEEÉ
con tan mala suerte al caer
que sin querer ha derribado el ataúd
propulsando a la difunta
contra una pared de la sala del velatorio
donde se ha estrellado
como un mosquito en el parabrisas
causando inexplicablemente
un exagerado disgusto a la panadera
que debido a esa insignificante tontería
no para de chillarle y amenazarle
como si estuviera loca de atar
y más aún después de que Justiniano
con oportuna y exquisita delicadeza
antes de despedirse de ella
le ha propuesto guiñándole un ojo
tener cualquier día de estos
una apasionada y romántica cita amorosa.

creado por TORO SALVAJE

imagen:calendario erótico de Serradilla del Arroyo ( Ana lópez)

miércoles, 19 de mayo de 2010

Oasis


Imagino un atardecer en el desierto
Donde el sol sofoque mi aliento
Buscando desesperada un oasis
Donde satisfacer mi
necesidad de tu cuerpo


Sigo mi camino, sigo adelante
Casi sin fuerzas mi alma anhelante
Y ahí estas como fuente de agua
Brindándome el frescor de tu boca distante

Gota a gota satisfago mi sed
Gota a gota me embriago de tus besos
Gota a gota hasta ahogarme en el río
Mágico, imaginario de dulces embelesos

Y como rosa inexistente en el desierto
No encontré la razón de mis sueños
Desembocando el río en el mar
Perdiendose la lírica de mis versos


Por Mery Larrinua
http://merylarrinua.blogspot.com/2010/05/oasis-imagino-un-atardecer-en-el.html

martes, 18 de mayo de 2010

El Reencuentro



Salí de la sesión de quimioterapia con un suspiro de alivio.
Me sentía feliz.
El tratamiento estaba funcionando.
No tendría que volver hasta dentro de seis meses.
En la última revisión los análisis habían mejorado y aunque el oncólogo me había recomendado mucha prudencia y paciencia, yo me sentía curada.
Había ganado la batalla a la enfermedad.
Ahora, necesitaba con urgencia ganar peso y esperar a que el cabello brotara de nuevo.
En una palabra, recuperar mi anterior y saludable aspecto.
No dudé en elegir la masía familiar como lugar ideal para la nueva transformación.
Allí había vivido los mejores años de mi infancia.
Después de la muerte de papá y del abuelo, seguí acudiendo, incluso con más frecuencia, pues quería evitar con mi presencia que la abuela se sintiera tan sola.
Pero desgraciadamente no tardó mucho tiempo en seguirles, y yo no volví a pisar la casa.
De eso hacía más de quince años.
Era una sólida construcción centenaria, hecha con materiales resistentes a los embates del clima, del tiempo y del abandono de sus herederos.
Anochecía cuando llegué, aparqué el coche a un metro de la entrada con los faros enfocados hacia la puerta, introduje la enorme llave de hierro en la cerradura y el portón cedió sin resistencia.
La casa estaba oscura y olía a moho.
Volví al coche y descargué el equipaje.
Estaba emocionada, todo permanecía como lo recordaba.
Había mucho que hacer y que limpiar, pero el cansancio y el sueño me vencían, por lo que me fui a dormir y pensé: «Mañana será otro día...».
La luz que entraba por las contraventanas abiertas de par en par me despertó.
A pesar de lucir el sol, hacía mucho frío en la estancia.
Los cristales estaban empañados por el vaho.
Los froté con la manga y me sorprendió ver al abuelo en el corral dando de comer a las gallinas. Miró hacia la ventana y me saludó con la mano.
Me vestí y bajé corriendo la escalera.
No me lo podía creer, parecía otra casa, todo estaba limpio e iluminado.
El olor a humedad se había evaporado.
Sólo olía a pan, café y rosquillas.
Entré en la cocina y allí estaba mi querida abuela, con su rostro afable y su inmaculado delantal. Extendió sus brazos y nos fundimos en un largo abrazo mientras me decía: «Qué alegría me das, hija.
Hace tanto tiempo que tu abuelo y yo te esperábamos.
Pero no importa, por fin has llegado».
Retrocedió un paso y me miró embelesada, de pies a cabeza.
«Estás guapísima, tienes buen color para ser de ciudad, tal vez estás un poco delgada, pero eso ya me encargaré yo de arreglarlo…
Y que preciosidad de melena…, tienes el mismo color de pelo y de ojos que tu padre.
Él también tenía las pestañas tan largas y rizadas como las tuyas.
Lo que yo digo les a todos, a mi nieta no hay quien le haga sombra.
Y que conste que no es pasión de abuela».
La besé tiernamente y me sonrió agradecida.
Dio unos pequeños golpes en la ventana y le hizo una seña al abuelo para que entrara.
Y como en los viejos tiempos, hambrientos y felices, nos pusimos a desayunar.
Lola Encinas

lunes, 17 de mayo de 2010

Sensación

Autor imagen: Gabriele Rigon

La sensación de no querer ser.
Indescriptible el estado de la nada.
Hoy quedan en mi vida cenizas esparcidas,
y el soplo de mis entrañas las aleja
Llevan al viento como única compañía.
En mi altar queda un vacío misterioso y fiel.
Un bosque es mi camino,
y las sorpresas vienen de la sombra de los árboles.
El sonido del río no se pierde,
en mis sueños suena con alegre armonía.
Como agua es mi sentimiento de esperanza.
Mis labios apagan su sed en la corriente,
y mi reflejo me devuelve a la nada.
Doy la mano a aquellos momentos lejanos
para que fluyan en esta soledad.
La calidez me envuelve arropándome.
En palabras me pierdo y muero,en ellas vivo.
Beso uno a uno los dedos del vacío, para poder llenarme.
Sakakrah

domingo, 16 de mayo de 2010

Dime

Dime si lo que lees
Cuando te adentras en mis pensamientos,
Son tan sólo palabras
Sin sentido, ni concierto.
¿Crees que miento cuando escribo?
¿Sabes si lo que plasmo es cierto?
Solo tú puedes saberlo,
Cuando cruzas el umbral de mis sentimientos
Es mi alma la que habla,
La que guía, la que sabe
Que las letras que aquí grabo
Me nacen desde muy dentro.
No sigo unas reglas básicas,
Ni métricas, ni conceptos,
Soy tan solo una persona
Que me expreso como siento.
Por ello has de saber
Que mi estilo no es concreto
Puedo escribir sobre el alma,
El amor y el sufrimiento.
Necesito abrir mi pecho
Para que salga el rio de mis sentimientos,
Desbordando con él tu alma
Y me entiendas por completo.
Le cantaré a la Luna,
Al Sol, al Universo,
A la belleza del alma,
A mis amigos, a mi cielo.
Si me miras a los ojos
Y observas con detenimiento,
Sabrás que no escondo nada
Me muestro a ti sin recelo.
¿Crees que miento cuando escribo?
¿Sabes si lo que plasmo es cierto?
Piensa durante un instante
Y dímelo desde dentro.

Morgana

http://ellaberintodemialma.blogspot.com/

sábado, 15 de mayo de 2010

Svokdos de la gárgola


Fotografías, texto y montaje: Decenizas

Saborea satisfecha la fiera
la sangre y el silencio
que derramó

viernes, 14 de mayo de 2010

El cajero



Andrés se acercó al cajero para proveerse de efectivo, tenía que pagar al contado la operación que iba a cerrar y le faltaban 2.000.-euros.
Eran las 16.30 y los bancos ya estaban cerrados.
Pero el cajero sólo le pudo servir 600.-€, por su seguridad, le decían en la pantallita, pero por su seguridad le estaban fastidiando.
-Vamos a tener que volver a los tiempos del calcetín bajo la cama de la bisabuela.
-Los bancos nos dictan la forma de pagar, la forma de consumir, la forma de vivir, en suma.
-Mucho criticar al sistema, pero el sistema nos lleva en volandas a Ananda y en dicha situación nunca he oído las quejas.
Andrés se tenía que plantear otra forma de pago o recurrir a alguien que le prestara los mil cuatrocientos euros que le faltaban hasta mañana y pensó en su amigo Juan.
-Si, Juan no me va a fallar, Juan debe tener siempre efectivo en su casa porque se dedica a la compraventa de ganado y en esa profesión se mueven muchos billetes.
Mientras iba a casa de Juan, le asaltaron las dudas, mira tú que si no se fía de que mañana a primera hora se los repongo y me da cualquier excusa para negármelos.
-No, ¿cómo Juan no se va a fiar de mí.?
Andrés iba por la calle con estos pensamientos y entretanto se fijaba en la gente con la que se cruzaba.
-Qué pinta lleva aquella, con los pantalones como Cantinflas, y su novio tan contento.
-Claro que aunque se fíe, le voy a trastocar su rutina, pues es posible que en esta noche tenga preparada alguna operación y con mi petición se la fastidie.
-Pero, hombre, soy su mejor amigo y por eso mismo, aunque se la fastidie, me los va a dar.
-Mira tú aquel con los pelos que parecen estropajo, seguro que es cantante y hace el rap albaicinero.
-Igual está alguno de sus hijos con él en la casa y como les tiene dicho por activa y por pasiva que el dinero no se presta ni a la familia, en su presencia me lo va a negar, por dar ejemplo.
-¿Pero…a su mejor amigo le va a negar el favor?
-Vamos, que no me lo puedo creer.
-De todas formas es capaz, vaya si es capaz, es mas terco que una mula.
-Me lo va a negar, fijo.
En esto que llega a la puerta de la casa de su amigo, que le abre la puerta y le saluda.
-Hola, Andrés, ¡¡¡cuánto bueno por aquí!!!
-¿Sabes qué te digo?, Juan, ¡¡¡¡que te metas los euros en los mismísimos!!!!

jueves, 13 de mayo de 2010

Caso perdido


Debería levantarme mañana
y sin despedirme de nadie
olvidarme de toda esta farsa
y subir al primer tren
bajarme cuando estuviera harto
y dedicarme a pelear por los bares
hasta que me dieran una buena paliza
y una vez en el hospital
sería el peor de los enfermos
ya saben a que me refiero
rollo correas y sedantes fuertes
un horrible fracaso del sistema
sería un caso perdido
y me criticarían por la espalda
haciendo que no con la cabeza
como hipócritas samaritanos
mientras toman café de máquina
y fuman a escondidas del director
nadie podría ayudarme
ni los asistente sociales
ni los religiosos
ni los voluntarios aburridos
y cuando hablaran de encerrarme
sería el momento de escapar
con el dinero de los enfermos
y el del personal sanitario
y gastarmelo todo en bebida y en putas
para volver a subir al primer tren
cuando me quedara sin dinero
y dedicarme a pelear por los bares.


Escrito por TORO SALVAJE

miércoles, 12 de mayo de 2010

Explora(me)

Fotografía: Josep Maria Cañellas


Explora, indaga, averigua la respuesta de mis arcanos...
no tengo ya secretos para ti,
expuesta, entregada.
Seca mi fuente que desborda y luego llénala de ti.
Quiero que tus olas me asolen,
que no quede un espacio sin tu esencia y tu presencia,
que no pueda ni un milímetro de mi piel
escapar de tu sabor, de tu aroma...
que me sacie tu emblema y me preñe tu poesía.
Que domine tu deseo mi entregada geografía.
Y con esa promesa cumplida en mi seno
te entrego mi río, mi risa y mi delirio.

Publicado por Alís

martes, 11 de mayo de 2010

Se van los montañeros, se van, se van.

En los días previos a las grandes travesías, se iban reuniendo poco a poco los asistentes en la fonda de ese pueblo, serrano y pintoresco, en el que termina la carretera más alta de la península y se elabora el jamón con denominación de origen que da fama a su nombre; antes de acometer la aventura de atravesar la cordillera coronando los “Tresmiles”, que es como llaman a los picos de más de tres mil metros de altura, y para hacer acopio de fuerzas y empezar con energía, se juntaban los montañeros para cenar y hablar del plan a seguir en la excursión. Se sentaban en el comedor donde el posadero les servía bocadillos de jamón de un tamaño que no voy a explicar para no caer en exageraciones, el que haya cenado o desayunado allí alguna vez sabrá de lo que hablo, sin olvidar las buenas jarras de vino de los cortijos del valle con que los acompañaba. Para fomentar las tertulias les servía de postre grandes tazones de chocolate caliente, invitándoles previamente a sentarse en el salón frente a la chimenea, tenía la costumbre de dejar como única fuente de luz la de las llamas, con lo que conseguía crear el ambiente apropiado para la velada.
Eran tertulias mágicas, como corresponde a semejante escenario, en las que participaban todos hasta la hora de dormir, incluida la familia del posadero. Se sucedían las aventuras de montaña, las leyendas de reyes moros enterrados en los ventisqueros debajo de las nieves perpetuas, las historias de acequias y horas de riego por costumbres mantenidas desde hacía más de cinco siglos, y también, ¡cómo no!, se hablaba de aparecidos y de ánimas vagabundas que erraban por los campos en espera de que alguien se acordara de rezar por ellas para ser liberadas de su castigo y descansar eternamente. Siempre había algún aficionado a asustar que inventaba cuentos de cortijos abandonados y malditos o casas del camino por las que había que tener mucho cuidado al pasar porque estaban ocupadas por perros rabiosos.
Tras la buena cena y la entretenida velada, unos dormían con miedo y otros sin él, pero en general dormían bien gracias al jamón, al vino y al chocolate, y llegaban antes de amanecer al bar para partir a sus aventuras después de un gran desayuno con aguardiente incluido.
La hija de los posaderos, con apenas doce años, solía levantarse un par de horas antes, se reía mientras se desayunaba un vaso de orujo procurando que no la viera nadie y todavía de noche salía con sigilo en dirección a la casa vieja del camino, donde conseguía meter a todos los perros y gatos que podía atraer con restos de comida, los encerraba en el cuarto de abajo y al acercarse los excursionistas tiraba cuatro petardos y, cuando más alterados estaban los animales, les abría la puerta y salían como la yesca ladrando, maullando y tropezando con todo el que encontraban en su huida, asustando a base de bien a los montañeros que iniciaban su excursión. Así tenían algo que contar en la tertulia siguiente.
Otras veces se subía al piso alto de la casa abandonada, encendía velas y se ponía un abrigo en la cabeza, cruzaba por las mangas el palo de la fregona, semejando un hombre sin cabeza con los brazos abiertos, y daba grandes alaridos mientras pasaban los excursionistas: terror matutino para empezar la aventura.
Como pasaba el día ensimismada preparando sus próximas gamberradas, se había creado fama de niña ejemplar que nunca daba un ruido. Pero a su madre no la engañaba: la había pillado muchas veces, aunque comprendía que en aquel pueblo se aburría la chiquilla y, salvo por algunas advertencias sobre los posibles peligros de sus travesuras, había hecho la vista gorda. Al fin y al cabo las tertulias de las noches de verano en la posada se estaban haciendo famosas y el negocio cada día iba mejor.

lunes, 10 de mayo de 2010

Paseando mi sombra


Iba paseando por el borde del mar, por la orilla, en el rebalaje de la Playa de Poniente.
De repente observé que el Sol estaba dibujando mi sombra en el agua-arena, con la que empecé a conversar, ¿conversar?
-Hace mil años que no hablamos, que no nos hablamos sinceramente, me dijo.
-Yo nunca te he ocultado nada, siempre has sido cómplice de mis actos, siempre hemos ido unidas, al unísono, sin fisuras, no sé francamente de qué te quejas.
-En lo más recóndito de tu corazón has guardado sentimientos que no has compartido, acciones que has emprendido sin siquiera consultarme, que has decidido tú solita y así te ha ido. Ahora estáa sola, más sola que la una, que se dice por aquí.
He de confesar que estas últimas palabras me hicieron reflexionar sobre la levedad del ser, sobre lo frágil que es la voluntad humana, sobre el difícil equilibrio de las relaciones entre seres que se aman; y lo difícil que es establecer un vínculo y lo sencillo que es romperlo.
Él ya no está conmigo, se fue con mi mejor amigo, quién me lo iba a decir, un rival en distinta acera y tan cercano que nunca lo pude catalogar como tal. La sorpresa del dolor, del asombro ante un quejido nuevo y para siempre.
-Ya te lo dije varias veces, pero no quisiste escucharme, “ten cuidado con Jaime, que no es de fiar, que aunque te haya jurado amor eterno, tiene de eterno lo que yo de chinesca…” ¿Recuerdas?
La voz se apagó, dejé de escucharla.
Así, sin casi darme cuenta, me encontré sin interlocutora pues las leyes de la física dicen, creo, que la sombra se desvanece al desaparecer el foco que la produce, y el sol se había puesto ya por Salobreña.

©Angel 7/5/2010
imagen: Michael Busselle .Sunset on the seashore

domingo, 9 de mayo de 2010

Ahggg

Cercanías.Renfe
...con lo bien que estaba y ahora te plantas delante te podías haber sentado en otro sitio sonrío y me quito el abrigo encojo las piernas por supuesto capullo calvo y capullo si ocupas más de un asiento te sobran los brazos así no molestarías a nadie hala a mirar por la ventana a mí que me gusta dirigir la vista hacia el frente y contemplar las cocorotas de los que me preceden y los ojos eso sí de aquellos que están a una distancia prudencial y no tú berzas que tienes los ojos hundidos todo frente eso es que te la veo reflejada en la ventana ahora sí ahora no sí no sí no sí qué estación viene ahora tú pesado te subiste creo que en el prat y no hemos parado en ninguna toca sants pero no recuerdo si el tren es directo o no y si no lo es dónde para ni idea qué miérda si para en alguna llegaré tarde a la cita se me arrugará más la blusa y la falda y mi perfume se perderá mezclado entre los de fritos y rancios efluvios de toda esta gente moros guiris currantes marujas basura y más basura jodida huelga de taxis tenía que haber alquilado un coche total luego el dinero solo sirve para eso y tú barrigudo de enfrente que asco si llevas un fideo en la comisura de los labios y sonríes idiota se te enganchó en la barba pero a quién le sonríes imbécil si te vieras con mis ojos no me sonreirías cierras los ojos y te duermes increíble sueltas el lastre un bufido y estiras una pierna me has tocado joder que nadie se da cuenta me has tocado hijodeputa ah ah ahggg si mis amigas del club cultural figueroa salcedo me viesen qué vergüenza dios mío estás roncando no me lo puedo creer si huyo se me arrugará más la falda no queda un puto sitio adonde huir que alguien se levante ya o haré alguna cometeré un acto irreparable mi psiquiatra no tendrá suficientes másters para arreglarlo mierda mierda mierda que la tonta del bolso barato se va a levantar esa es una buena plaza no se comparte con nadie ni a los lados ni enfrente joder puta más que puta se ha vuelto a sentar es imbécil no sabe adónde va o qué se podría haber quedado en su casa no es justo que nos obliguen a viajar en el mismo vagón de tren a gentes tan diferentes no es justo bien que pago mis impuestos estafar estafo eso sí pero también pago ah has doblado la pierna y estiras la otra hostia subnormal anormal ignorante en tu casa en la obra debías estar rebuznando no paras de dar coces santa margarita líbrame de los malos pensamientos que siempre me turban y aprisionan tú asno por fin ahí te quedas que yo me bajo en la próxima...
Marc Ballester

sábado, 8 de mayo de 2010

No hay reto

No hay reto. Creo que eso es lo que más añoro.
No existe ya aquel instinto de perseguirnos en una huída salvaje... ni el compromiso, asfáltico y prohibido, de un ascenso en espiral.
No hay reto, ni de amor para el corazón, ni de sudor para la piel.
No hay un enmarcar de días en el calendario de la maravilla, ni volteretas de ansia, ni hambre en los colmillos.
No me tienta la tentación del acróbata ni siento el rumor en las encías, no me estalla el cerebro en ningún malabarismo por agradarte Inés, se me escapa, poco a poco, el anhelo vivo de la fiera muerta.
Hoy me miré al espejo, siguen rondándome las pecas en lo alto de la nariz, como un signo indiscutible de qué, a pesar del vacío, sigo albergando un gramo infinito de mí misma.
Qué se yo, Inés.
http://nidelviento.blogspot.com/

viernes, 7 de mayo de 2010

Ausencia de Amor

Cómo será pregunto.
Cómo será tocarte a mi costado.
Ando de loco por el aire
que ando que no ando
Cómo será acostarme
en tu país de pechos tan lejano.
Ando de pobre cristo a tu recuerdo
clavado, reclavado.
Será ya como sea.
Tal vez me estalle el cuerpo todo lo que he esperado.
Me comerás entonces dulcemente
pedazo por pedazo
Seré lo que debiera.
Tu pie. Tu mano.

Juan Gelman
Pintura: In repose Andrew Atroshenko
Publicado por auroraines

jueves, 6 de mayo de 2010

Espera


Expectación, miradas desconocidas, búsquedas incesantes, desconcierto, pulsos pausados de una vida que parece en estado latente.
Es mi sentimiento ahora, en este momento de la primavera que nunca puedo identificar como mío.
Paseo, aun de prestado, por los brotes de todos los árboles o arbustos, las preciosas y coloridas flores de temporada que llenan mis calles y plazas y, sin embargo, no soy yo la que camino. Los colores de la mar me parecen ajenos.
No consigo que esta maravilla de la naturaleza, este despertar a la vida de dormidos y valientes renuevos, forme parte de mí en este círculo constante.
Siento como si en este momento, algo debiera surgir, que me abofeteara y me impulsara a la risa o al llanto, a participar de esta explosión de alguna forma.
Pero no pasa nada y me vence la apatía. La maldita y recreada indolencia.
Es como si mi ser, se negara a participar de una riqueza regalada y ofrecida con absoluta y casi suntuosa generosidad.
Casi nunca encuentro el impulso preciso, antes bien, los acontecimientos, una vez más, son los habituales de una vida en un tramo que se aproxima al desolado y frío invierno. Y ello, cuando todavía no hemos salido de las inclemencias que nos ha deparado tal estación.
Y, a pesar de todo sé que mi mirada, mi sensible tacto, este oído siempre pendiente de nuevas melodías, un olfato que, como un animal en celo espera nuevos aroma que se traduzcan en sensaciones para mis papilas vitales, todo en fin, inspira latidos y pálpitos de espera.
Una vez más, todas estas viejas y queridas, por reconocidas como propias, sensaciones.
Es posible que, a la postre, sí suceda algo. Como en cada nuevo giro, espero.
Fonsilleda
http://fondevila.blogspot.com/
Imagen: "Complexidade do pequeno", de Elia Fuentes, Seixo, Xalundes

martes, 4 de mayo de 2010

El vendedor de seguros


Miguel estaba sentado frente al ventanal, la luz instalada plenamente en el escritorio de su flamante despacho de director regional de la multinacional de Seguros Axa, en el edificio más alto de Sevilla, el piso más alto. Era como si tocara el cielo, su cielo, con las manos: había llegado a lo más alto, pensaba. Además, su ropa le otorgaba ese estatus, según las modas del momento: camisa con doble puño, gemelos con bolas de golf anudadas con un fino hilo, corbata de Loewe, sin tirantes eso sí, porque a eso se había negado con rotundidad; el pantalón como recién planchado, de Boss, y la chaqueta, no recordaba la marca, colgada en su ropero pero con un dibujo a juego con la corbata,
¿ o era al revés : la corbata escogida a juego con la chaqueta?
Ya ni se acordaba de los comienzos, de ese ir vendiendo seguros por esos pueblos de Dios.

Mirando el ventanal, le vino la imagen, como un flash, y hacía más de 40 años que había sucedido.

Recordó aquellos viejos tiempos en los que solía viajar a muchos de los pueblos.
Pero hubo un extraño suceso en uno de ellos, Pitres , se llamaba aquel pequeño lugar despoblado y frío...
"Llegando allí sentí una sensación muy extraña, como si alguien estuviera presionando mi torso, fue algo inexplicable, me faltan palabras para describirla.
Encontré una pensión en la que alquilé un pequeño cuarto.
Eran apenas las ocho de la tarde pero ya estaba oscureciendo, la noche se acercaba.
Entonces me retiré de la casa, y salí a tomar aire y a fumar un cigarrillo.
Había muy poca gente, calles solitarias, cuatro o cinco casas viejas, desmoronadas por las lluvias y los fuertes vientos.
Una llamó mi atención, la más grande y vieja.
Me fijé en la ventana que había en el segundo piso en la que una niña miraba profundamente al cielo, con sus negros cabellos lisos, y su plomiza cara pálida.
Me quedé observándola pero un mendigo vino a molestarme, le di unas monedas y regresé a mi hospedaje.
Me puse la ropa de dormir y me eché a descansar un rato,
hasta que llamaron a mi puerta.
“Señor, aún no ha cenado y aquí tenemos un buen comedor”.
Me vestí nuevamente y bajé a cenar.
La dueña me empezó a hablar del pueblo.
La curiosidad me llevó a preguntarle que quién vivía en esa casa tan antigua que había visto. “Nadie-me respondió-, en esa casa desaparecieron todos, nunca se supo más de ellos, algunos creen que se mudaron a la ciudad, otros dicen que una bruja les echaron una maldición...
Tontas historias.
La Guardia Civil vino a inspeccionar la casa pero no se encontró ni rastro de ellos.
Lo raro fue que todas sus pertenencias seguían allí.
Ese lugar está abandonado, nadie del pueblo entra allí, por miedo a que les caiga una maldición.”
“Entonces, no necesito ningún permiso para entrar allí”, le dije.
“Si, usted desea puede entrar, pero asegúrese de que nadie lo vea porque lo echarán del pueblo, por sus tontas historias e ideas”, me advirtió ella.
Después de la cena me dirigí hacia esa casa, pensando en quién era esa extraña niña, o qué hacía allí.
¿Por qué extraña?
Llegué a la puerta, me aseguré de que no hubiera nadie a mi alrededor, y me decidí a entrar. Todo estaba oscuro y lleno de telarañas pero por suerte había traído mi linterna.
Mi obsesión era ver, ver y saber.
Lo que encontraron mis ojos era muy tétrico y tenebroso.
Sobre una pequeña mesa había un pequeño álbum y me puse a revisarlo: había un montón de fotografías en blanco y negro, algunas de ellas eran de una familia, otras eran de paisajes, y de una boda.
Escuché el cerrar de una puerta arriba y quise subir, impidiéndomelo un escalofrío que me paralizó.
“¿Qué vendría después?”, pensé, y entonces salí de allí, y me fui a dormir o a intentarlo.
Al llegar me di un baño y me acosté pensando en la casa de la que había regresado con frío, un frío nuevo para mí.
¿Qué podía haber ocurrido allí?
¿Qué misterio ocultaba?
Me acordé de que me había traído el álbum, de que las fotografías estaban ahora en mi cuarto, conmigo.
Lo busqué y me puse a ver cada una de las fotos.
En una de ellas encontré a la niña que había visto asomada a la ventana, y empezó latirme el corazón otra vez.
Y me pregunté cómo podía vivir en mi presente y con la misma edad de niña antigua.
Fue en ese instante cuando oí el llanto, oí un llanto.
Convencido de que todo esto eran alucinaciones mías, me eché en la cama.
Me quedé dormido hasta que tuve una pesadilla que me despertó: había soñado que la niña se cortaba la parte superior de los dedos, mientras una persona, que también había visto en las fotos, la miraba, riéndose con tintes de locura.
En mi sueño encontré el terror.
Cuando me desperté, el corazón agitado y el sudor en mi cuerpo decidí volver a la ciudad al día siguiente.
Mientras alistaba mis cosas, las ventanas se abrieron, dando paso al fuerte viento, y, con él, entró por mi ventana una carta escrita con sangre, con letra redonda, infantil, decía: “¡Ayúdame!"
© Ángel, 30/04/2010

lunes, 3 de mayo de 2010

Luna en cáncer



La luna en ti

luna en la lejania

luna en el alma

luna en el pasado

la luna, en mi




(c) Angel 4/4/2010

domingo, 2 de mayo de 2010

la Secta

Fotografía: "Balance is everything", de Guenter Eh


El tiempo para entrar a la secta se le estaba terminando.
Pronto llegaría el día y la hora convenidos
y debía lograr ser admitido antes.
Desde que un día leyó una alusión al grupo en Internet,
su sueño es formar parte de él.
En aquel momento, y por primera vez,
se sintió acompañado en su locura;
por primera vez encontró entre quienes sentirse cuerdo.
Un cuerdo más.
La idea del suicidio no tenía para él relación alguna con la soledad.
Y en esa secta podría cumplir su meta de cambiar de dimensión en compañía.
Pero el gurú no podía aceptarlo,
y se lo dijo una y otra vez, porque haría fracasar su misión.
No cumplía el requisito fundamental, el imprescindible:
ser mortal.

Alís

sábado, 1 de mayo de 2010

Por la acera


Ayer lo vi, a unos veinte metros delante de mí, por la acera.
El corazón se me iba a salir: ¡hacía cuarenta años que no lo veía!
Era, fue, el amor de mi vida.
Cuando lo dejamos el corazón me dejó de latir normalmente, incluso necesité medicamentos para superarlo pues pensaba que la vida se me escapaba a trozos, sentía que así era morirse, pero, mira tú por dónde, estoy viva y él también, aunque deteriorado.
Los años no pasan en balde en el viaje, aunque algunos pagan un peaje en cada caseta de arbitrios, y cuando recapitulas y al hacer balance notas, vaya si lo notas, que has dado buena cuenta del efectivo que tenías en la cartera después ya tienes que pagar a crédito; entonces, ¡ay!, vienen las dificultades.
Tiene el mismo porte, algo encorvado, es que ya está en la etapa de pagar a crédito.
¡La edad!
Pero gran porte, señorial, va mirando a todo el mundo desde arriba.
Cuando paseábamos juntos, cogidos de la mano, siempre íbamos así, me contagiaba esa forma de mirar a los demás, al mundo, parecías estar en una atalaya, daba la sensación de que la vida alzaba la vista para cruzarla con la nuestra.
Le voy a seguir, a ver a dónde me lleva este paseo.
Siento gran curiosidad a mis años y después de tanto tiempo.
¿Por qué será?
Se ha metido en una agencia de viajes.
¿Qué hago? ¿Espero?
Me va a pillar y no sé qué le voy a decir en estas circunstancias, no se me ocurre nada, me voy a quedar muda, todas las palabras encerradas en un nudo en la garganta.
Ya sale.
Sólo ha ido a dejar unos papeles, me parece.
¡Dios mío, se acerca!
Se va a cruzar conmigo, lo tengo a mi altura, bueno, a su altura, me mira, yo no levanto los ojos, el suelo es mi paisaje.
Ya ha pasado: no me ha reconocido.
¿Ya ha pasado?
©Angel 29/04/2010
Foto: iban aguinaga