lunes, 28 de febrero de 2011

duelo

(Henry y Charles se citaron para celebrar un duelo)

______________ii______________

(Empezaron a alejarse mientras contaban: "uno, dos...")

____________i____i____________

("Tres, cuatro...")

_________i__________i_________

("Cinco, seis..." Y Charles sacó su revólver)

______i________________¬i____

(Sin esperar a llegar a diez, Charles disparó contra Henry)

______i_______________·_¬i___

(Henry, al oír el disparo, se giró y desenfundó su arma. Desgraciadamente, había ido con prisas esa mañana y, en lugar de un revólver, había cogido un boomerang)

______i›____________·____¬i___

(Henry, consciente de que la bala se acercaba, lanzó el boomerang con toda su alma contra Charles)

______i__›_______·_______¬i___

(Por desgracia, Henry no tenía mucha fuerza y el boomerang empezó a volver antes de lo que hubiera deseado)

______i____‹__·__________¬i___

(Henry intentó huir del boomerang y de la bala de Charles, aunque como no hay tres dimensiones en estos dibujos, lo hizo en la dirección a la que iban tanto el boomerang como la bala)

___i__‹_·________________¬i___

(Henry corrió con todas sus fuerzas, pero no fue suficiente, el boomerang primero y la bala después impactaron contra su cuerpo)

__i⋖____________________¬i___

(Henry cayó al suelo)

._ _____________________¬i____

(Charles se acercó lentamente a Henry)

._ ____________¬i____________

(Cuando estuvieron cara a cara, Henry dijo: "¡Puto boomerang! Mira que equivocarme, desde luego llevo unos días que no doy pie con bola. Y a ti ya te vale dispararme cuando solo íbamos por el seis")

._ ¬i________________________

(Charles respondió: "Ostras, es verdad que era a la de diez. ¿Sabes qué pasa? Mi familia tiene gallinas y, como contamos los huevos por docenas, he pensado que contaríamos seis o doce. Y doce, me ha parecido mucho, ¿sabes?)

._ ¬i________________________

(Henry no dijo nada y finalmente murió)

.- ¬i________________________

(Charles, apenado por su error numérico, se apuntó con su revólver y disparó)

.- i¬________________________

(Fin)

.- .- ________________________

Moraleja: Por favor, contemos los huevos por decenas, comos los demás productos. Si no lo hacemos, mucha gente podría morir.

jueves, 24 de febrero de 2011

12 grados




Si mis intentos de escritura buscan que otros sientan lo que yo. Si las sensaciones sobre las que camino pudieran ser pasos certeros en los ojos de otros... ¿Cómo puedo transmitir con palabras que mi cuerpo tembló por primera vez para que otros tiemblen al leerme?

Si yo tipeo y vos lees “En la escala de Richter un 7 fue el terremoto de Puerto Príncipe en Haití” ¿Con qué metáfora podrías sentir el 12 de esa escala que viví? Si mi cuerpo chocó en capas y fui movimiento natural e involuntario ¿Qué alegoría podría dar fe de mis vaivenes?

Si yo de éste lado aglomero mis palabras y te escribo “me evaporé, mi cuerpo fue pluma y al mismo tiempo agua y electricidad” ¿lograrías evaporarte, sentir mi liviandad, ser gota y la luz que yo fui?

¿Qué letras podrían al leerse condensar el momento en que un cuerpo humano fue un puñado de aire en otra mano?
¿Qué metáfora podría hablar con exactitud del universo que vi en una mirada? ¿Qué sílaba, hablaría de un ahora durando 12 horas y 23 siglos?

Seguramente éste no poder, da cuenta de que todavía no aprendo a usar las palabras correctamente.

¿Qué puedo expresar en mi idioma de letras, para que vos me expliques a mí, porque huí cuando me encontré?

lunes, 21 de febrero de 2011

LA TESIS


Un conejo estaba sentado delante de una cueva escribiendo, cuando aparece un zorro.
- Hola, conejo, que haces ?
- Estoy escribiendo una tesis doctoral sobre como los conejos comen zorros.
- Ja, ja, pero que dices ?
- No te lo crees ? Anda, ven conmigo dentro de la cueva...
Total, que los dos entran y al cabo de un ratito sale el conejo con la calavera del zorro y se pone a escribir. Al cabo de un rato llega un lobo.
- Hola, conejo, que haces ?
- Estoy escribiendo mi tesis doctoral sobre como los conejos comen zorros y lobos.
- Ja, ja, que bueno, que chiste mas divertido !
- Que no te lo crees ? Anda, ven dentro de la cueva, que te voy a enseñar algo !
Al cabo de un rato sale el conejo con una calavera de lobo, y empieza otra vez a escribir. Despues llega un oso.
- Hola, conejo, que haces ?
- Estoy acabando de escribir mi tesis doctoral sobre como los conejos comen zorros, lobos y osos.
- No te lo crees ni tu.
- Bueno, a que no te metes en la cueva conmigo ?
De nuevo se meten los dos en la cueva, y como era de esperar, un leon enorme se tira encima del oso y se lo come.
El conejo recoge la calavera del oso, sale fuera y acaba su tesis.

Moraleja: Lo importante no es el contenido de tu tesis, sino tu asesor.

jueves, 17 de febrero de 2011

Cambio de planes

Laguna de Regla.Imagen cedida por mi amigo Tony.

Isidro observaba desde la portada de la finca de Algarín el saco que llevaba Lucas. Esperó a tenerlo cerca para decirle que se veía a todas luces que transportaba una red, por mucho que lo quisiera disimular.
-Te la van a quitar los civiles antes de que la abras.
Lucas detuvo la marcha para facilitar el reagrupamiento.
-No me la quitan.
-Yo no estaría tan seguro. Están al líquin.-dijo bajándose uno de los párpados con el dedo índice.
Manolo llegó a la altura de Isidro y le devolvió el mismo gesto, a modo de saludo, sin detener su paso vivo.
-Nosotros también, Isidro.
El Algarín sonrió abiertamente ante el desparpajo del mayor de los pastorinitos. Escrutó a la cuadrilla y preguntó sorprendido.
-¿Y los reclamos?
-Quillo, Lucas, arranca que vamos tarde.-dijo Manolo.
Luego, contestó a Isidro, señalando hacia La Laguna de Regla entre carcajadas.
-Nos están esperando en el tollo.
Isidro se contagió de la carcajada del jefe de cacería.
-Reclamos no sé si encontarás; pero lo que es agua en el "tollo", te vas a hartar.
La Laguna tenía casi medio millón de metros cuadrados, de los que aproximadamente un tercio se encontraban inundados en aquella ocasión. Carmelo ya la conocía. La había pateado la primavera anterior, bordeándola por el cinturón de dunas de la costa para salir por detrás de Mariño. Luego, entre los juncos había evitado la orilla pantanosa hasta ganar trabajosamente el emboque de la arenosa Hijuela de los Carneros. Recordaba perfectamente lo agotador del paseo realizado de la mano de su padre. También grabó en su retina y en su corazón la imagen de los flamencos reflejados en el agua; las abundantes y variadas aves acuáticas; las vacas de los argarines y de los vardeles pastando dentro y fuera del agua; los jilgueros, chamarices, jamaces, gorriones, gorriones, gorriones, milanos, moscas, mosquitos, mosquitos, perdices...
Pronto terminó el camino que desembocaba en La Laguna. Varias bandadas de patos volaron en busca de aguas más profundas, con menos peligro para su integridad. Las aves menudas silenciaron sus charlas de sobremesa y tensaron los tendones por si había que poner distancia entre los varales y su plumaje.
A Carmelo no le impresionó tanto como la primera vez que la vio. No había flamencos rosados donde mismo los descubrió con su padre sino unos pájaros negros muy grandes.
-Mira, Lucas, flamencos negros.
-Son alcaravanes, Pelma. Flamencos no hay hoy.Y flamencos negros no los hay nunca.
-Ni los habrá.-añadió el mayor.
Manolo aviseró la mano para mirar hacia las dunas aunque tenía el sol a la espalda.
-Allí está el Peorro con los reclamos.
Se puso muy serio y añadió algo sobresaltado.
-¡Los civiles! ¡Están allí también!

Laguna de Regla. Foto cedida por mi amigo Toni
Improvisó un nuevo plan en un santiamén.
-Lucas, llévate la red y me esperas en el campo de Meca. La escondes entre las cañas y nos esperas allí. Yo me voy con el Peorro y ya llegaremos.
-¿Y el Pelma?
-El Pelma que se vaya contigo, que la va a cagar con los civiles. Vete ya y no corras.
Manolo bordeó la orilla de La Laguna por la derecha y Lucas se llevó a Carmelo por la izquierda.
Los gorriones levantaban el vuelo a medida que los niños avanzaban para posarse varios metros por delante. Lucas caminaba mirando más hacia Mariño que hacia Meca.
Carmelo sonreía cada vez que su hermano metía un pie en algún charquito de los que forman las pezuñas de las vacas viejas.
-Como te rías otra vez te vas a enterar.
-Yo no me he reído.

martes, 15 de febrero de 2011

Ante la ley

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.
-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.
La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:
-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.
El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.
Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar.
El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:
-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.
Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.
-¿Qué quieres saber ahora?-pregunta el guardián-. Eres insaciable.
-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?

El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:
-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

Franz Kafka

viernes, 11 de febrero de 2011

La Cita



Carmen sabía que él llegaría. Se habían citado a ciegas.
Ella se preocupaba por sus kilos de más, mientras comenzaba a temer que él la hubiera visto y ahora no quisiera acercarse.
Miguel miró su reloj: ella llevaba media hora de retraso. Sospechando que lo había dejado plantado, se levantó para irse.
En ese momento a Carmen se le cayó la hebilla con la que llevaba recogido el cabello.
Miguel, amablemente, la cogió del suelo y se la alcanzó.
A ninguno de los dos les importó que sus citas hubieran fracasado.
Allí mismo armaron una nueva cita.
Mientras, él pensaba cuánto le gustaban las rellenitas y ella se asombraba de lo bien que le quedaban a él los anteojos.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Le gustaba así, frío y muy amargo


El comisario Perfecto Puvis dejó enfriar el café.
Le gustaba así, frío y muy amargo.
Por ello, deambuló con el vaso de plástico por las dependencias de la comisaría a la espera de que se convirtiese en cualquier maldita cosa comestible.
Comestible, que no saludable.
Aunque ya inmunizado y con un estómago a prueba de bombas, Perfecto había tenido la desgracia de comprobar por si mismo como ambos conceptos –frío y amargo-, eran totalmente antagónicos para aquella jodida maquina expendedora.
Además de las terribles quemaduras de primer grado en boca, garganta y esófago que producía su inmediato consumo, el exceso de dulzor del azúcar añadido dejaba fuera de combate por k.o. diarreico rotundo a todo aquel incauto que lo hubiese tomado por completo, cumpliendo a rajatabla la promesa del eslogan que refulgía en su parte frontal:
“Una vez pruebe nuestros cafés nunca volverá ser el mismo.”
Y como achicharrar paladares o enviar a media docena de agentes a urgencias con graves síntomas de deshidratación le supiese a poco, la máquina decidió –literalmente, bajo la certeza absoluta de que había cobrado vida propia-, acabar con el resto del cuerpo funcional a base de descargas eléctricas cuando alguna moneda quedaba atrapada en su interior y se pulsaba el botón metálico para su reembolso.

martes, 8 de febrero de 2011

Frases celebres, frases para pensar, la crisis, la culpa, la crisis, la democracia


La crisis en que nos encontramos, no es solo una crisis por falta de verdadera definición de los valores humanos en todas partes. Jaime Torres Bodet

La crítica debe hacerse a tiempo; no hay que dejarse llevar por la mala costumbre de criticar solo después de consumados los hechos. Mao Tse Tung

La crueldad es uno de los placeres más antiguos de la humanidad. Nietzche

La culpa la tiene el tiempo. Todos los hombres se tornan buenos pero tan despacio!. Cornelio

La culpa no está en el sentimiento, sino en el consentimiento. San Bernardo

La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral. José Vasconcelos

La cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad. Diogenes Laercio

La cultura es un saber del que no tiene uno que acordarse... fluye espontáneamente. Diogenes Laercio

La curiosidad intelectual es la negación de todos los dogmas y la fuerza motriz del libre examen. José Ingenieros

La democracia como el amor, puede sobrevivir a cualquier ataque, menos al abandono y a la indiferencia. Anónimo

La democracia es la necesidad de inclinarse de cuando en cuando ante la opinión de los demás. Winston Churchill

La democracia es una forma superior de gobierno, porque se basa en el respeto del hombre como ser racional. John F. Kennedy

La democracia lleva el más bello nombre que existe ¨igualdad¨ Heródoto

La democracia no es entretenimiento; es compromiso. John Herbers

http://frasesinteresantes.blogspot.com/

lunes, 7 de febrero de 2011

el hacha


Un hombre perdió su hacha; y sospechó del hijo de su vecino.
Espió la manera de caminar del muchacho, exactamente como un ladrón.
Observó la expresión del joven, como la de un ladrón.
Tuvo en cuenta su forma de hablar, igual a la de un ladrón.
En fin, todos sus gestos y acciones lo denunciaban culpable de hurto.

Pero más tarde, encontró su hacha en un valle.
Y después, cuando volvió a ver al hijo de su vecino,
todos los gestos y acciones del muchacho parecían muy diferentes de los de un ladrón.

Lie Dsi

sábado, 5 de febrero de 2011

Vivir con miedo

Hay un vecino nuevo en el tercero. Y, la verdad es que no sé cómo decirlo, pero... me da miedo. Hasta ahora me había cruzado un par de veces con él en la escalera y... nada, un tipo normal y corriente. Tiene la particularidad de que nunca saluda a los demás, sospecho que es un tipo encerrado en si mismo (quizás porque no domine el idioma). Pero eso no me molesta en absoluto, me da igual.

Sin embargo el otro día me lo encontré de sopetón: bajaba en el ascensor y, cuando la puerta se abrió, allí estaba él. Me dió un susto de muerte y no alcanzo a comprender muy bien el motivo. Quizás influyó algo su atuendo: llevaba ropas de trabajo y estaban un poco sucias. Es una reacción absurda, lo sé, solo es un tipo corriente que vuelve a casa de trabajar.

Pero desde entonces vivo aterrado, temiendo que vuelva a encontrarlo en la escalera. Tanto que llevo varios días sin salir a la calle, sin pisar el rellano siquiera.

Hasta esta tarde.

Esta tarde me armé de valor y decidí salir a su encuentro. Tenía el convencimiento de que me lo encontraría, porque era la hora habitual en que él regresa a casa. Y así ha pasado, me lo he econtrado en la escalera, vestido con su ropa de trabajo... Hoy algo fue distinto: al verme abrió la boca (pensé que con intención de saludarme, aunque no llegó a articular palabra).

Todo formaba parte de un plan: mi idea era forzar un encuentro "casual" y, con disimulo, hacerle una fotografía. Esa fotografía servirá para pedir vuestra opinión sobre él. Quiero que la observéis atentamente y me digáis si, verdaderamente, hay algo en mi vecino que consideréis inquietante. Dadme, por favor, vuestra opinón sincera.

Podéis ver la foto de mi vecino pulsando sobre este enlace.

Espero vuestras opiniones. Muchas gracias por vuestra ayuda y vuestra cooperación.

jueves, 3 de febrero de 2011

¿Cómo comenzar ...


... después de este tiempo inactiva?

Gracias por estar cerca de mi aunque estemos separados por kilómetros o por una pantalla.

Mi rincón ha dejado de ser pequeño y poco a poco ha ido creciendo con mi grupo de amigos y amigas, algunos y algunas se han ido, han abandonado sus blogs y los echo de menos, otros siguen por aquí compartiendo sus letras, otros comienzan su andadura por este mundo.

Esta temporada, algo ausente, he llegado a plantearme dejar el blog, borrarlo y con él a Meiguiña. ¿Por qué no lo he hecho? Sencillamente porque aquí, entre tantas y tantas letras que he ido uniendo para formar palabras y a su vez textos, he dejado mucho de mí, he encontrado a amigos y amigas a los cuales no conozco pero por los que siento un gran aprecio, en ocasiones casi me he desnudado a vuestros ojos siendo completamente yo, escondida tras el seudónimo de Meiguiña, permitiéndome dar rienda a suelta a aquello que siento, pienso, vivo, deseo y ,a veces, imagino o sueño.

No es fácil después de esta ausencia retomar el hábito de escribir, es más, no tengo ni idea de que escribir solo dejo que aquello que pienso vaya tomando forma en esta pantalla, la cual me une a vosotros y vosotras.

¿Dónde y que he hecho esta temporada? He trabajado muchísimo (no me quejo y más en los tiempos que ahora corren), he disfrutado de mis tesoros, de la lectura, del cine, de la música (mi fiel compañera en tantos y tantos días), de vuestros blogs en silencio, sin dejar comentarios, de largas caminatas por el Paseo Marítimo de mi ciudad, dejando que la brisa del mar se llevase los malos pensamientos e intentando encontrar paz y tal vez mi camino, mi destino, también de disfrutado de mis amigos y amigas

¿Qué sucederá ahora con Meiguiña? ¿Crecerá y se hará llamar Meiga? No pienso crecer, he nacido como Meiguiña y así seguiré llamándome aunque me encanta que much@s me llaméis Meiga o Mei. Si que cambiaré un poco el contenido de mi rincón, no abandono los sentimientos, eso nunca, pero si daré cabida a otros temas con los cuales espero sorprenderos.

Gracias por vuestro apoyo tanto con los comentarios que dejáis, como con los emails que me enviasteis, como con vuestras muestras de afecto a través del Facebook.

Por y para siempre,

martes, 1 de febrero de 2011

DE SAN PEDRO A SAN JOSÉ


Cuando menos nos demos cuenta estaremos en cuaresma, y en un soplo, será lunes santo. Pero éste se diferenciará del pasado, en que no tendrá a Enrique Morente cantando en el patio de Las Comendadoras de Santiago, una versión personal y sublime de la marcha “Amarguras” de Font de Anta, acompañado de toda su familia y amigos. El viejo convento de Las Comendadoras, abierto en vértice a la calle de Santiago, no podrá gozar de la creación libre y espontánea de un genio del flamenco de todos los tiempos, que metió como nadie los ayes jondos, entre las cinco líneas de los pentagramas más clásicos e ilustrados. Jamás volveremos a vivir- los que hemos tenido el privilegio de hacerlo- esas íntimas llamadas de los capataces a sus costaleros, en el kilómetro cero del granadino camino de Santiago, comprobando como llevan el compás de la saeta “morentiana”, el olivo trasplantado a la cañonera, desde la finca de Los Mora, o los borlos de las caídas del palio azul amargura. Los Morente Carbonell, cofrades de lujo de un barrio del Realejo, que los mima con cariño, son siempre generosos con las buenas gentes del Huerto de Los olivos, acogedoras y cariñosas, que desde el primer momento han sabido valorar en toda su magnitud, la entrega del inolvidable cantaor, su mujer e hijos, a ésta advocación a la que, no sólo han hecho donaciones importantes desde el más estricto anonimato, sino que en los últimos años, han entregado lo mejor de su creación artística, haciendo de los regresos al templo por la calle del apóstol mata moros, instantes irrepetibles, que sólo los elegidos han podido gozar en plenitud de los sentidos. Penitentes, costaleros y camareras de La Amargura, forman junto a Los Morente, una piña cofrade en abrazo de Hermandad, fuera de oportunismos, novelerías, o fotos para el papel couché. Lo suyo es una militancia cofrade sincera, nacida del corazón y siempre vivida fuera de los focos, dando una imagen ejemplarizante, de seres humanos sencillos, que viven su fe y amistad, en el círculo de sus afines, sin pretender trascendencia pública, de lo que es su inviolable intimidad humana.

La primera noche que escuché a Morente cantar una saeta, era muy avanzada la madrugada del Viernes Santo, y junto a unos amigos, nos habíamos apostado en el paredón que continúa a Los grifos de san José, frente a la Iglesia del campanario mudéjar, en el espacio que los albaycineros siempre hemos llamado, la Placeta de Doña Pura, porque allí estaba el colegio donde muchos de nosotros aprendimos las primeras letras en El Catón. Allí, como un ser cerúleo del otro mundo, en la penumbra de las estrellas apagadas, los lirios encendidos y los cuatro hachones humeantes de amarillenta y mortecina luz, unos aguerridos artilleros, de impecable uniforme caqui y acharoladas botas, horadaban la cuesta aproximándose con el Cristo del Silencio muerto hasta la puerta. En ese instante sobrecogedor, el golpe seco del martillo, paró el paso marcial de los portadores, y en su lugar firmes, el Cristo de La Misericordia y nosotros, escuchamos la saeta más hiriente de la historia, de la que no es ajeno Federico, en las cuerdas vocales de un Morente barbilampiño, que partió en dos el velo de la noche albaycinera, de san Pedro a san José, porque los saeteros están ciegos. Jamás ni vivos ni muertos podrá olvidar esos minutos de gloria, en los que todos soñamos en silencio, que estábamos en el paraíso, donde ahora junto a Él mora eternamente. Mi esperanza en que desde allí, le dicte a alguien cercano- tal vez a ¿una Estrella?- lo que de su arte tenía el maestro pensado ofrecer a La Virgen de su Amargura, el día mismo de su coronación canónica, y que un día desayunando solos en el hotel del Puerto de Cartagena, a la espera de su actuación estelar en La Unión por la tarde, me contó como proyecto de incalculable trascendencia, bajo secreto de amistad, pues en ese momento, como en tantos otros, no hablaban un maestro del cante con un periodista aficionado al arte andaluz, sino dos niños de La Calderería, que tantas cosas han compartido en la Cuesta de San Gregorio.

Hay sitios a los que desde que él no está, no he podido volver. Al Bar Provincias, mi antiguo piso de La Calle Concepción, al salón de Caballeros 24, donde inauguramos las actividades de la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Granada, que nos encargó Juan José Ruiz Rico, a El Sota, Los Altramuces y La Esquinita. Todavía no he tenido el valor de enfrentarme a su tumba, y eso que está a dos pasos de mi otro admirado “Frasquito Yerbagüena”, tendré que cogerme del brazo de otro de sus amigos, mi hermano Falo, y en su compañía pasar el mal trago, del dolor intenso de su ausencia. Sé que mientras no vaya a su sepultura, puedo albergar la esperanza de que suene mí teléfono, o de vernos por el barrio a tomar un vino, aunque pasen meses y meses, o en La Alameda de Hércules sevillana, en aquella terraza de tantas madrugadas, riéndonos de las críticas de Manolo Martín, o diciéndole a Jesús Antonio Púlpón, en el Pub América del Loco de La Colina, que no volvería a representarlo. De eso ya están hablando los dos, en El Tablao de La Gloria, que un día monto otro albaycinero... Benítez Carrasco
publicado por tito ortiz