jueves, 29 de septiembre de 2011

Incidente en el desierto




Una mañana, en el desierto del Sáhara, iban un hombre, el hijo y un perro en una camioneta.
De pronto la camioneta reduce su marcha y se detiene.
Descienden los tres y el hombre se pone a revisar el motor.
De improviso se les acercan dos camellos y uno de ellos le dice:
"Me parece que la bomba de agua está perdiendo...le tienes que poner pasta de juntas o mejor cambiar la bomba..." ¿Nos puedes llevar hasta Argel?...
Al ver que el camello hablaba, aterrados los tres, el hombre, el hijo y el perro, salieron corriendo raudamente.
Cuando ya habían recorrido casi un kilómetro por las arenas, se detienen y casi sin aliento, el perro le dice al hombre:
"Puta madre, ese camello hijo de puta sí que nos asustó..."

viernes, 23 de septiembre de 2011

Otoñal...




Cada día que pasa me acerca más a él…
Aire fresco, aroma peculiar desprendido sin avaricia… colores inundando mi cuerpo… sensaciones regaladas a modo particular …
Cada día que pasa, percibo mas su presencia… como una conexión que me empuja a dejarme llevar...
En tibios momentos que alejan mi asfixia… sonidos crujientes bajo mis pies… en paseos infinitos de mente absorta… alargando el tiempo en atardeceres breves…
Cada día que pasa inunda y se fusiona a mi ser…
No encuentro el límite cuando cambia la estación… no veo la línea que materialice la división… pero siento sus pasos al acerarse… y el vacio helado bajo mis descalzos pies…
Su abrazo tibio, equilibrando mi cuerpo de todo el calor… escalofrío regular… intuitivo movimiento a su compás...
Lluvia que absorbe mi yo material...susurro de brisa, abanico emocional…
Como un sensual regalo de la vida…Un regalo sensorial.
Por Gala

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Una china en la alacena


En la alacena dormitaban dos pequeñas tazas que antaño habían sido las más hermosas.
De capa blanca como la nieve, su base, otrora tersa como la tez de una bella joven, aparecía ante las miradas de los curiosos descascarillada y vacía, haciendo juego con la vida de su dueña.
Tras el cristal, adornaban la repisa con la altanería de quien ha llegado a ser la primera del aparador y se ha quedado para cubrir huecos.
El orgullo jamás vence, pero sacando dignidad del baúl de los recuerdos, las dos tazas mostraban a los visitantes que el tiempo arrasa y que no hay que perderlo en banalidades porque al final, apareces ante los ojos de esos extraños y te miran y te escrutan y descubren que tu capa, era solamente polvo.
Publicado por Arantza

lunes, 19 de septiembre de 2011

La fórmula de la cordialidad



Me encuentro a menudo con mi vecino, que ahora ya no lo es, pero como pasa con los amores, ha quedado entre nosotros ese vínculo de cordialidad sin fruto, sin interés alguno ni recompensa, más que la de mantener las formas, que hace que cada vez que nos vemos, nos paremos a hablar, y siempre terminemos con la frase:
-Bueno, a ver si quedamos, y te enseñamos el piso.
-Si eso, nos llamamos. Así veo donde vivís ahora.
Con esa fórmula afable hemos estado pasando todo el invierno, y nos ha ido de fábula. Es como un código de buenas maneras que sin previo aviso hemos acordado y usado tantas veces como nos hemos encontrado.
-Nos llamamos, ¡eh!
-Sí, sí, nos llamamos, a ver qué día quedamos.
Han ido pasando los meses y, a cada uno, nos ha sido cómodo, ingeniarnos excusas para no poder quedar. Cuando el que ha hecho de emisor, por aquello de la cortesía, ha propuesto quedar un día, rápidamente el receptor de la invitación ha debido responder con una explicación corta y lógica para deshacer la oferta.
-¡Oye, de este fin de semana no pasa! Quedamos este sábado.
-¡Uy!! Este fin de semana no estoy. Quedamos el otro.
-Pues el otro yo tampoco.
-Bueno, pues nos llamamos, ¡eh! A ver qué día nos va bien.
-Eso, eso, nos llamamos.

Siempre que me he encontrado con mi vecino, que ahora ya no lo es, ha ido solo y con un poco de prisa, pero este miércoles me he topado en la acera con los tres. Él con su esposa, que empujaba el carrito del bebé.
Cuando he visto al bebé no he preguntado por su nombre, me ha parecido estúpido preguntar:
- Y.. ¿cómo se llama?
Y si me suelta un nombre como Aniceta, o Arsenio, qué cara puedo poner ante una respuesta así. He preferído ser circunspecta y limitarme a la cordialidad.
La cara de ella es un poema de amargura, me la imagino cenando en su casa a la luz de una vela y sin sonrisa ninguna. Él ha intentado ser chistoso sin demasiada fortuna y convertir el encuentro en una conversación agradable, como si con sus gracias, pudiera hacerla quedar más amigable a ella. Como si eso se pegara como un vulgar virus gastrointestinal.
No hace falta que ella sea una persona cercana, ni tan siquiera una burda imitación de la exagerada amabilidad de su esposo, solo con que fuese un poco menos misántropa, sin dejar de serlo, sería suficiente.
Mientras cuento los segundos durante esa conversación arrolladora, e incómoda, pienso en que seguramente cualquier desconocido, un transeúnte encontrado en el metro, me mostraría una cara más amable que la que me ofrece la que había sido mi vecina, y que ahora no lo es, y que junto a su marido me está invitando, otra vez, a cenar para que pueda ver su nuevo piso.
A favor de ellos, tengo que reconocer que buenos vecinos si han sido, de hecho son los vecinos ideales para compartir paredes.
En los tres años que han vivido en mi bloque, me ha dado la impresión de que levitaban, porque no se les oía andar, ni hablar, ni abrir ni cerrar puertas ni ventanas, ni nada de nada. Han sido vecinos modélicos en cuanto al silencio y la discreción.
Cenaban en su terraza cuando llegaba el buen tiempo y hasta que llegaban las primeras lluvias, y nunca se pudo oír conversación alguna, sólo el ruido de los tenedores, que por descuido, seguramente, repicaban en el plato, y el ruido del agua cuando llenaban los vasos, y nada más. Tal vez no hablaban, o lo hacían tan sumamente bajo, que no parecía que estuvieran allí.
Una vez supuse que miraban la televisión, por un comentario que me hizo él, sobre un programa que me recomendaba que viera, por su calidad temática. Hasta ese día, había pensado que no tenían.
Me acomplejaba el hecho de que ellos sí que me debían oír a mí, igual que al resto de los vecinos, a los que yo oía también.
Las paredes son finas, y las ganas de hablar y comunicarse, demasiado grandes como para que aquellas las puedan contener.

Hoy he llamado. Se ha puesto ella al teléfono,
-Hola, soy Rocío, ¿te acuerdas de mí, y de que habíamos quedado para cenar mañana en tu casa?
-Sí.
-Que no me va bien. Me ha surgido un imprevisto. Si acaso, lo dejamos para otro día, para el martes, si os va bien.
-Vale. Si no va bien, nos llamamos.
-Sabía por la respuesta que me iban a llamar. Y así ha sido.
Ha llamado él con la excusa de que el día que yo propongo, aunque en un principio creían que sí, no pueden por algo de un cumpleaños.
No he prestado demasiada atención, porque no me importa la excusa, sino el hecho. Y el hecho es que me libero de tan pesado compromiso.
-Que si acaso ya nos llamamos.
Mejor seguir con la formula de la cordialidad, que funciona de fábula.

Natàlia Linares Castelló

jueves, 15 de septiembre de 2011

Rota


Imagen de Elia Fuentes: "Soños rotos"


Evocando aquella historia,
he puesto toda su vida sobre la mesa..
Mis entremetidas pero rigurosas manos,
lentas, expeditivas, persistentes,
carentes de antiguas ternuras,
querrían alisar bordes,
planchar arrugas,
descubrir encajes y bordados,
pulir defectos y zurcir desconchones.
Más, sólo tercos jirones de vivencias,
algunas compartidas,
se revuelven tercos, porfiando,
retorcidos,
llenando vacíos con miradas rotas,
colmadas de recuerdos ajados,
tan soñados como olvidados.
¿Dónde su bella figura de antaño?
¿Dónde la imagen de paseos con “falda de tubo”?
¿Dónde sus bonitas y admiradas piernas?
Y aquellas risas...
Mis porfiados dedos, alisan las antiguas telas
(ahora groseras, átonas, sin brillo, tan derrotadas),
sintiendo o adivinando,
sus denostados y obstinados rizos,
el antiguo rostro de llamativos incisivos,
los pequeños ojos y sus arregladas manos.
Como en atesoradas y desvaídas imágenes,
asoman gustos y sabores, colores y sollozos,
lecturas, dibujos, juegos, crónicos despistes,
gestos, caricias, sonrisas, rubores,
también algún presentido sueño,
aromas de su desdibujada vida
que, empecinada, se vuelve presente.
Siempre creyó que no era hermosa,
Ahora, esta fea mesa basta para su existencia rota.

martes, 13 de septiembre de 2011

Seré sincero doctora...


Sabía que algo estaba ocurriendo, ante mí. Sabía que se le estaba pasando algo por su imaginación. No era normal, el paciente en sí era poco conocido para mí. En realidad es de ese tipo de personas que está sano y ni se pasa por el centro de salud. Incluso son de los que pierden la cartilla. A veces ni siquiera tienen abierto un historial.
- Buenos días, veamos sus ultimos informes.
-...si...claro...
-...pues mire, en realidad no hay nada que contar. Todo está perfecto. No hay ningún indicador en la análitica que nos de un toque de atención. En fin...sano...como una manzana...Pero dígame...qué tal se encuentra...
Y ahí fue cuando todo se desencadenó. Comenzó a hablar tan rápido que no pude pararle al principio, cuando comencé a escuchar sus palabras segui interesada la conversación con más atención. Me contó en pocos segundos que soñaba conmigo desde hacía meses, desde aquella vez que nos cruzamos en la plaza central de la ciudad. Cruzamos las miradas tras toda aquella charla.
Fue demoledor. Animal. Según hablaba me preguntó qué llevaba puesto debajo. Mecanicamente le dije que nada porque sabía que el iba a venir a mi consulta. Fue suficiente para que mi cuerpo comenzará a humedecerse desde dentro, sin poder evitarlo. Estaba ante un desconocido. Casi desnuda, como si me hubiera hipnotizado. Con su dedo índice jugando entre mis dientes de gata encendida y deseando que no parara de hablar. Mi corazón golpeaba para saltar por los aires, bombeaba sin control y la respiración se me entrecortaba como si fuera lo último que pasaría. Mezclados sobre mi mesa, con los informes de los últimos dos pacientes. Sabía que al ser el último paciente nadie nos molestaría. La pelea silenciosa de fuego y manos que se entremezclaban con avaricia y precisión adornó toda aquel aquelarre de sexo. En mi puesto de trabajo.
Qué horror!!!!...pero cuánto placer...
- No sigas Mónica. Querida Doctora, la sesión por hoy se ha terminado.
- Ya?... no me preguntas nada.
- No. Por cierto al salir paga la consulta, creo que debes las tres últimas sesiones. No te molestes en volver aquí, no trates de darme explicaciones, ya sé que no le conocías. No me preguntes por qué lo sé. No te curarás jamás. Tirarte, como una perra, al estúpido de mi marido y venir a contármelo me ha parecido un exceso. No voy a montarte un númerito. Pero no quiero volver a verte...

El despacho de aquella psicóloga herida olía a hembra furiosa hasta el infinito, un extraño olor de mezclas entre el odio, la sangre a punto de arder y el sexo gritando en silencios medidos. Entre los títulos universitarios múltiples, variados e internacionales diseminados por las paredes, entre todas aquellas fotografías en blanco y negro la tensión, del momento, se quedó tatuada para siempre sobre una pared de papel pintado imitando a un sutil lino pálido.

el vecino del 4º

posdata: cuéntaselo a quien quieras... pero cruza los dedos y pide que la suerte esté de tu parte...

domingo, 11 de septiembre de 2011

La novia


Giselle había esperado con mucha ilusión el día de su boda.
Alberto olvidó la fecha o se arrepintió.
Nadie lo supo nunca...
Giselle se cansó de esperarlo...

Publicado por Lucrecia Borgia

lunes, 5 de septiembre de 2011

La regla fundamental


Regla que estructura la situación analítica: se invita al analizado a decir lo que piensa y siente, sin seleccionar nada y sin omitir nada de lo que le venga a la mente, aunque le resulte desagradable comunicarlo o le parezca ridículo, carente de interés o inoportuno.
La regla fundamental establece como principio del tratamiento psicoanalítico el método de la asociación libre. Freud describió en varias ocasiones el camino que le condujo desde la hipnosis, pasando por la sugestión, al establecimiento de esta regla. Intentó «[...]presionar a los pacientes, incluso sin hipnotizarlos, para que comunicasen las asociaciones, a fin de encontrar, por medio de este material, el camino hacia lo que el enfermo había olvidado o aquello de lo cual se defendía. Más tarde observó que tal presión era innecesaria y que en el paciente emergían casi siempre gran número de ideas [Einfälle] que aquél mantenía fuera de la comunicación e incluso fuera de la conciencia en función de ciertas objeciones que se hacía a sí mismo.La regla fundamental no tiene por efecto dar libre curso al proceso primario como tal y proporcionar así un acceso inmediato a las cadenas asociativas inconscientes; únicamente favorece la emergencia de un tipo de comunicación en el que el determinismo inconsciente resulta más accesible al ponerse en evidencia nuevas conexiones o lagunas significativas en el discurso.

En mi última sesión le dije a mi terapeuta nada mas dar comienzo ésta :

-Sin ti yo soy nada
-No me digas eso Ángel, sin ti, sin vosotros, yo soy nada.
-Insisto yo sin ti soy nada
-No y mil veces no, eres, sois, la razón de mi existencia, sin ti, sin vosotros, soy nada.
-No me puedo, no quiero bajarme del burro, insisto en que sin si yo soy nada.
-La realidad es tozuda, sin ti, sin vosotros, soy nada.
-Sin ti soy nada
-Sin ti soy nada
-Sin ti soy nada
-Sin ti soy nada
.........
Así hasta el minuto 49, la sesión es de 50 minutos, hasta que al final el me dio la razón, como a los locos

©Angel Septiembre 2011