domingo, 14 de agosto de 2016

Braquo



Estamos ante un thriller policiaco producido por Canal + Francia que tiene un ritmo trepidante y que nos muestra la cara más sucia de la Policía. Hay una atmósfera lúgubre que envuelve a los personajes, los cuales afortunadamente carecen del barniz de héroes típico de las series yanquis. Cada uno de ellos habita más en el fracaso que en el éxito.


Cambio de tercio, serie policiaca a la vista.
Queréis realismo? Queréis ver que diferencia a un poli de un criminal? (básicamente la placa) Queréis ver lo que significa la política y la burrocracia en la policía? Queréis ver personajes de verdad con defectos (casi todos) y virtudes (solo una)?
Si habéis contestado que sí a dos o más de las preguntas anteriores entonces Braquo es vuestra serie. Una serie de VERDAD, con lo más crudo, jodido, perro y angustioso de la palabra. Con personajes con existencias tirando a jodidas que se van hundiendo poco a poco en su fango personal, y del que sólo se sostienen gracias a que se apoyan unos a otros (bueno, no siempre, pero ASI es la vida).


Inspirada, si no está hecha por los mismo que la hicieron, en una película franchute muy buena: Asuntos Pendientes (el original es 36, quai des orfebres), la serie nos narra la vida, obra y milagros de un grupo de maderos de lo que aquí sería la secreta, que viven y trabajan al margen de la ley (por decirlo de una manera muuuuuuuuuuy suave), con sus propias reglas y leyes, a los que un día empieza a lloverles mierda y no amaina ni al acabar el primer año, de hecho el segundo año la mitad van a la trena (puro cine Disney).


Corrupción, trapicheos, sobornos, chantajes, por supuesto violencia sucia y perrera, traiciones varias y una galería de personajes en la que curiosamente NADIE es malo, pero lo mejor, es que NADIE es bueno.


Narrada con una producción hiperrealista no dan ni una sola concesión al espectador: así es la vida, así te la cuento, si te duele, te tomas un valium, y si lloras, pues te secas los mocos, pero la vida en la calle es perro come perro, así de sencillo. La producción es también bastante buena, coches, armas, vestuario, localizaciones (supuestamente es Paris pero no se ve la torre Eiffel nunca), todo emana realidad. Los actores son otro pequeño gran acierto, rostros con carisma, la mayoría feos pero con gancho, una costumbre muy franchute (ver jean paul belmondo) transmiten mejor a la serie la humanidad de cada uno (policías = cocainómanos, lupópatas, adúlteros, etc)


En resumen: otra serie MUY RECOMENDABLE (llevamos unas cuantas!!!) para los amantes del cine negro, policíaco, de acción, y en general la gente que no cree que en la vida sólo hay buenos y malos (aunque esos también lo tendrían que ver para que se les abriesen un poco los ojos),.van por la tercera temporada y cada una solo tiene ocho episodios, lo que evita que se convierta en un culebrón interminable.
El hecho de que sea francesa no es una anécdota, porque gracias a que nos es yankee la historia huye de maniqueísmos y moralinas fáciles y estúpidas (además fuman pero de verdad, echando humo, sin sujetar el pitillo a lo julai), y se ve desde un punto de vista más adulto.


Y sabéis lo que es una pena de la serie? Pues que en España se podría hacer una serie así sin problemas (ya se intentó, no olvidemos la gran Gritada Central), porque por actores, historias y situaciones hay materia prima más que de sobra, eso sí, aquí seguiremos viendo Ana y los siete, y subproductos como el príncipe en la que los moros melillenses tienen acento de Moratalá, spain es asín.


La serie envuelve al espectador hasta convertirse en adictiva. La recomiendo.

Publicado por Robert Lecki 

miércoles, 10 de agosto de 2016

Julieta


Mi cita en el cine con Pedro ya llegó. Es algo que busco ansiosamente tras haber visto su última película hace ya dos años, "Los amantes pasajeros”, comedia alocada aborrecida por casi todos, que me pilló en un momento extraño que ahora veo muy lejano. “Julieta” me pilla en pleno apogeo de alegrías y emociones. En el mejor momento posible como en su momento me pasó con “Hable con ella” o incluso con “Volver”.


Cine de una fuerza dramática casi imperceptible por lo austero y desnudo que lo presenta Pedro. Un torrente de emociones todas juntas arremolinadas sobre unos personajes magnéticos, vivos por dentro y por fuera que cierran un círculo de contención (en las palabras, en los gestos, en esos escenarios) apabullante. Qué acertado ese título original de silencio porque es precisamente ese concepto (lo básico, lo que no hace ruido, lo que fluye por dentro dejándote inmovilizado, sufriendo y disfrutando con la historia) lo que eleva a Julieta a la categoría de verdadera obra maestra y sí, probablemente, a la consideración de la mejor película de Almódovar no en mucho tiempo, sino de toda su carrera.


Es la culminación absoluta de un estilo depurado al máximo que no por ello se olvida de lo realmente importante: Pedro, una vez más, rasca las heridas, las cura e intenta cicatrizarlas a través de personajes, de diálogos, de monólogos y de muchas más cosas que son la esencia de todo su cine.


Muchos la han calificado como la menos almodovariana de sus películas, pero yo no estoy de acuerdo: Julieta huele a dolor, a perdón, a desamor, a alegría contenida, a tantas y tantas cosas que el universo del manchego ha sabido retratar con acierto a lo largo de los años. Ello sin embargo no es óbice para reconocer que Julieta se mira en Hable con ella y en Volver fundamentalmente lo que, en todo caso, me parece algo natural en Pedro. Es evidente además que aunque en Julieta el dominio del guion y de la dirección es absolutamente perfecto (pero que difícil lo tendrán ahora sus detractores habituales), su espíritu, sus colores, sus detalles artísticos (guiños constantes y homenajes a los mitos de Pedro), sus cameos reconocidos y no tan reconocidos y por supuesto la elección de las actrices (portentosas todas ellas, al nivel del elenco de Volver) te llevan inmediatamente a Pedro.


Julieta es la película que yo quería ver. Es la película que necesitaba ver y que me llena de felicidad y emoción en un momento vital de alegría. Es la película que Pedro me ha regalado y por lo cual le estoy inmensamente agradecido. Gracias, Pedro.



Pablo

domingo, 7 de agosto de 2016

MARCELLA



La primera derivación internacional del subgénero bautizado como nordic noir tuvo su estreno el  mes pasado en la televisión británica de la mano de una detective muy particular, rozando lo disfuncional, que se desenvuelve en un entorno urbano áspero y gris a la caza de un asesino en serie.
Marcella, la protagonista que da nombre a la nueva serie de ITV, no pretende ser una réplica de Saga Norén a la inglesa, aunque ambas hayan salido de la pluma del sueco Hans Rosenfeldt, creador de la serie de culto The Bridge (Bron/Broen). Pero las comparaciones resultan inevitables. La primera entrega de los ocho capítulos de Marcella nos traslada a un universo tan oscuro como el que Rosenfeldt ideara para la afamada coproducción sueco-danesa, con dosis de violencia gráfica y gore inusuales en la pequeña pantalla del Reino Unido.
Marcella Backland es una policía británica retirada en pro de la vida familiar que debe confrontar un antiguo caso no resuelto (lo que los anglosajones denominan cold case), al tiempo que su vida personal se hace trizas.

Nicholas Pinnock 


El plantón del marido a esta exdetective en el arranque de la trama, y también sus consecuencias, marcan la tónica de un personaje que arrastra consigo un secreto inconfesable y a quien el guionista nórdico quiso dibujar expresamente como la antítesis de Saga.
 La policía sueca de The Bridge “no está conectada con sus emociones y cualquier decisión que tome se basará siempre en la lógica, mientras que Marcella es extraordinariamente emocional y el espectador nunca puede intuir cuál va a ser su siguiente paso”, ha subrayado Rosenfeldt sobre su nuevo personaje, concebido para conquistar al público anglosajón alérgico a los subtítulos (en las islas británicas nunca se doblan ni las películas ni los programas de televisión).


Jamie Bamber
Charlie Covell
La serie inglesa incluye, sin embargo, más de un guiño a los exitosos productos del nordic noir, incluidas cuestiones de vestuario, que rápidamente ha detectado la crítica británica. Porque la parka que luce en varias secuencias la protagonista encarnada por la actriz Anna Friel —especialmente conocida en el mercado americano por la serie Pushing Daisies—, es muy parecida a la que en su día arropara a la detective Sarah Lund a lo largo de sus pesquisas relatadas en The Killing, el título danés que abrió camino internacional al talento nórdico del ámbito televisivo.
El ‘nordic noir’ viaja fuera de Escandinavia con ‘Marcella’ Aquella serie tuvo incluso una réplica en Estados Unidos, que en sus primeros capítulos arrancó como una copia calcada del original para luego derivar en un argumento diferente.

Anna Friel

Anna Friel

Pero nunca hasta ahora uno de los propios artífices del nordic noir había trasplantado ese género a otras latitudes, en el caso de Marcella a un Londres oscuro por el que pulula una colección de personajes intrigantes. Como el de Maddy Stevenson, una ambiciosa estudiante de criminología que alienta la relación con uno de los principales sospechosos de asesinato múltiple, a cargo de la actriz

 Laura Carmichael (lady Edith en Downton Abbey)



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Ian Puleeston-Davies es Peter. 













Sinead Cusack (Jekyll and Hyde) 











Harry Lloyd (Juego de tronos) 









integran también el reparto de esta serie que se perfila como uno de los platos fuertes de la temporada, y cuyos derechos compró Netflix para emitirla fuera del territorio del Reino Unido e Irlanda a partir de julio.
 PATRICIA TUBELLA