viernes, 29 de abril de 2016

master of none

La última serie original de Netflix trae consigo a Aziz Ansari con una comedia moderna y entretenida. Pero no mucho más.




La historia se centra en Dev (Ansari), un joven indio de 30 años tratando de ser alguien en la moderna y multicultural Nueva York del 2015, donde los últimos iPhone son moneda corriente, las películas de superhéroes son la última moda y los amigos solo son un globo dentro de un chat. Aquí, Ansari muestra su visión del mundo en el cual los actores de una minoría étnica son presentados en las películas como personajes estereotipados o directamente dejados de lado. A largo de la serie nos presenta los conflictos a los que se enfrenta un treintañero soltero. La búsqueda del éxito profesional, las dificultades que surgen dentro de una relación amorosa y la determinación de decisiones a largo plazo son algunas de las cuestiones que se desarrollan en la misma.


Creada y escrita por el mismo Aziz Ansari junto a Alan Yang, la serie plantea capítulos organizados bajo una temática determinada, aspecto que parece interesante en un principio pero que hace que ninguna trama tenga el suficiente desarrollo o extensión. Presentada como una comedia, la serie lejos está de hacer reír a carcajadas. Gran parte de las situaciones son forzadas para hacer reír pero la verdad es que le falta una cuota bastante grande de naturalidad al discurso narrativo. Eso sí, un acierto es la empatía que se genera por Dev en las circunstancias más tristes o compungidas de la historia. El punto más fuerte de la serie son esos momentos meláncolicos, que si bien son tratados desde una perspectiva seria y contundente, su potencial no llega a ser explotado, haciendo que los planteos queden superficiales y hasta sin gracia.



Los elementos trágico-cómicos de la serie son -muy- similares a los propuestos en Louie. De hecho, es posible que lo mismo que le vio FX a Louis C.K., Netflix lo haya visto en Aziz Ansari, dándole la oportunidad de ofrecer una mirada fresca para una serie de televisión. Sin embargo, Master of None no es ni la mitad de lo que es Louie. Ansari se luce en su personaje porque no es otra cosa más que una extensión de su papel en Parks and Recreation más su propia personalidad. Por momentos la serie llega a ser bastante pretenciosa, queriendo dejar un mensaje reflexivo a la audiencia basado en las experiencias de Dev. Pero hay algo que impide que eso suceda. Quizás porque es un ciudadano de Nueva York que tiene un lindo departamento en la ciudad, un trabajo que le deja buen dinero, el carisma para conquistar varias mujeres y la posibilidad de usar todas las marcas de renombre que puedas imaginar. Es ahí donde el concepto de “looser” no tiene lugar.

En todos los capítulos se remarca hasta el cansancio que Dev pertenece a una minoría étnica y que eso le complejiza la vida. En el intento de exponer esas minorías desde una mirada distinta, solo se logra mostrar una suerte de burla hacia las mismas. Los padres de Dev (que son los padres de Ansari en la vida real) son introducidos en la serie como una pareja india completamente americanizada en donde el único problema del padre es que su iPad no le funciona correctamente. Entonces, ¿dónde queda la cultura india?.

Pero a todo esto Dev no está solo sino que tiene a su grupo de amigos detrás. Al igual que en Seinfeld, la mayoría de las situaciones en la serie se genera cuando él y sus amigos se reúnen para comentar sus experiencias. Pero a diferencia del éxito noventoso que tenía una organización establecida que se repetía en cada capítulo, Master of None cuenta con un relato más abierto, lo cual le permite a los escritores mezclar distintos estilos de narración. Denise (Lena Waithe), Arnold (Eric Wareheim) y Brian (Kelvin Yu) son los amigos que acompañan a Dev. Pero acá tampoco hay nada interesante. Se nota una búsqueda de incorporar a las minorías de forma “cool” pero el resultado no es del todo positivo. El grupo es conformado por un oriental, una lesbiana y un gordito nerd. La típica fórmula del grupo estereotipado con la intención de no serlo que ya nos tienen acostumbrados series como The Bing Bang Theory o Silicon Valley.


Master of None no es una genialidad. Y si bien es entretenida y causante de varias risas pasajeras, le falta un largo recorrido para ser algo digno de recordar en el futuro. La serie no tiene nada en contra para que Netflix no desee renovarla para una segunda temporada así que esperamos verla crecer y alcanzar su esplendor en futuras entregas.
 @tatimonavalle

lunes, 25 de abril de 2016

El infiltrado



AMC llega con un nuevo bombazo a nuestra televisión, El Infiltrado, protagonizada por Tom Hiddleston, Hugh Laurie y Olivia Colman y nosotras estuvimos en la fiesta presentación de la serie en el hotel Urban de Madrid y aquí os cuento todos los detalles de lo que nos pareció.
Sin duda lo primero que rebosa la serie es calidad e intriga, que ya desde el primer minuto logra retener toda tu atención y desearte devorar cada uno de los seis capítulos que formarán esta primera temporada.

AMC ya nos ha dejado algunos grandes títulos como The Walking Dead o Breaking Bad y os aseguro que El Infiltrado no se queda atrás, eso sí, todo vendrá en una menor cantidad ya que su primera temporada se condensa tan solo en seis episodios.
Basada en la novela de John le Carré y con dirección de Susanne Bier, tiene un guión absorbente y bien contado donde no quedan flecos sueltos o escenas que desconcierten, todo está por alguna razón y sin gastar tiempo innecesario.
Un tema complicado como el de la venta de armas y los conflictos que pueden suponer logra parecer muy atractivo para todo tipo de espectadores, incluso para los que no se sientan atraídos hacia la sinopsis de la serie en un primer momento.
Un gusto poder ver a dos actores de la talla de Hiddleston y de Laurie juntos en pantalla, en una trama que explotará tanto el lado más bondadoso y honorable de Hiddleston como el más temible de Laurie, que juntos se comen la pantalla en una historia de quitar el hipo. Como guiño, tenemos a Marta Torné y a Antonio de la Torre colaborando en la serie, además de que Antonio de la Torre nos la estuvo presentando en la fiesta presentación del lanzamiento de la serie.


El primer capítulo no deja ni un segundo de tranquilidad con unos hechos impactantes e inesperados que desenvocarán a unas consecuencias fatales y a un salto de cuatro años que aunque parezca que va a hacer que decaiga el interés, crece aún más. No os la perdáis, os encantará.
Esther Esteban

('The Night Manager') es una de las mayores apuestas del año por parte de la BBC y AMC International.  Un plantel de actores de lujo capitaneado por Tom Hiddleston y Hugh Laurie sumado al oscarizado equipo técnico que hay detrás de cámaras y que es una adaptación de una novela de John le Carré son el mayor aliciente para el telespectador.


La historia relata cómo Jonathan Pine, un excombatiente de la guerra de Irak, tras trabajar durante varios años como gerente en turno de noche de diferentes hoteles del mundo se tropieza con Richard Roper, un traficante de armas y personas. El señor Pine terminará por infiltrarse en los negocios más turbios para intentar finalmente desenmascarar y detener al señor Rope.


Hasta aquí todo bien; tráfico de armas, un mafioso empresario, un excombatiente de la guerra de Irak, Oriente Medio, un infiltrado para salvar el mundo, un casting espectacular y potente, una adaptación de una novela de John le Carré... Todos esos conceptos son sinónimo de entretenimiento y éxito. Y es que uno de los puntos más fuertes de la ficción de AMC es la propia trama. Solo con leer lo que vas a ver te dan ganas de darle al play o contar las horas para su comienzo de emisión.
El problema con el que se va a encontrar probablemente el espectador sea el primer episodio. La historia entretiene pero el sentimiento de la falta de ritmo consigue asomarse a pesar del buen trabajo de postproducción y montaje que tiene el capítulo. Cuando termina el piloto te parece que el viaje ha sido en líneas generales bueno pero que le falta algo; como si te bebieras un champán sin burbujas o te comieras un plato de jamón sin pan, sabes que está bueno, pero en el fondo sabes que le falta algo, la chispa, para terminar de ser redondo.


Por esa razón no creo que le haga ninguna justicia a 'El infiltrado' la conclusión que se le ha decidido dar al primer episodio. No hay un gran gancho para continuar, ningún cliffhanger que haga que te comas las uñas esperando a saber lo que ocurrirá a continuación. Por eso animo al espectador a visionar los primeros minutos de la segunda entrega para darse cuenta de por dónde van los tiros realmente y descubrir la gracia que puede llegar a tener una serie de estas características

Un plantel de actores en el que destaca sin lugar a dudas Olivia Colman
Uno de los puntos más fuertes de 'El infiltrado' es su codiciado casting. Si hubiera que nombrar a alguien que realmente destaque por encima del resto podríamos llevarnos alguna sorpresa que otra. La actriz Olivia Colman, que interpreta a la directora de una agencia de seguridad privada británica realiza un trabajo ES-PEC-TA-CU-LAR. En la primera entrega no interviene demasiado pero sí que aparece lo suficiente como para que no se borre de tu retina y se haga su propio hueco en la memoria seriéfila a largo plazo.


Por otro lado, Tom Hiddleston parece encontrarse a medio gas salvo en algunos momentos puntuales en los que sí que parece tener la llave de gas completamente abierta. Quizás nos haya malacostumbrado por sus excelentes escenas como Loki en "Los Vengadores" donde lucía genuino en cada microsegundo que permanecía en cada una de ellas. Aprueba, pero a juzgar por la primera entrega se aleja del sobresaliente que podría esperarse de él. Eso sí, Tom saca mucho mejor nota que Hugh Laurie y su personaje que juega con las dobles apariencias, ya que el actor parece el único que no termina de encajar en su papel.

Los demás actores cumplen con su cometido, incluso una muy buena Elizabeth Debicki como la chica del personaje que interpreta Hugh Laurie. Por otro lado, la presencia de los españoles Antonio de la Torre y Marta Torné ofrecen un plus a nivel de producción pero que por el tamaño de sus personajes no terminan de destacar demasiado.

'El infiltrado' es la serie que reúne todas las piezas para triunfar y que no parece que termine de encajarlas
El trabajo de localización y ambientación es maravilloso
Uno de los mejores apartados de la serie son las localizaciones. Los decorados y escenarios están tan bien hechos y/o escogidos que logran que por sí solos te metas en la historia. Muchas veces el entorno o bien porque es digital o bien porque no está del todo conseguido no llega por sí solo a lograr que te metas en la historia y tienes que tirar de las buenas dotes del actor para suplir esas carencias, pero este no es el caso. Junto a la ambientación y la atmósfera que se plasma en pantalla, estos factores se convierten en imprescindibles a tener muy en cuenta de 'El infiltrado'.

A modo de conclusión tras los dimes y diretes expuestos aquí, hay que decir que sí que merece la pena ver 'El infiltrado'. Tiene sus más y tiene sus menos. A pesar de que los factores de forma individualizada sí que no llegan a empastar de la manera en la que uno se esperaría, el cómputo general te deja con ganas de saber un poquito más sobre si Jonathan Pine consigue convertirse en el héroe que todo el mundo se espera o si finalmente se desinfla y acaba como uno de los muchos que intentaron cambiar el mundo y finalmente no lo consiguieron.

sábado, 23 de abril de 2016

The Last Panthers



El atraco a una lujosa joyería parisina seguido de una brutal persecución se salda con la muerte de una niña y un botín en diamantes ‘calientes’ sin tallar, valorados en millones de euros. Los ladrones son los Panteras Rosas, una banda de Europa del este liderada por Milan, que luchará desesperadamente por dar salida a la difícil mercancía. El policía franco-argelino Khalil les persigue para que paguen por la muerte de la pequeña y la investigadora de la compañía de seguros, Naomi, en busca de los diamantes.


La serie sigue a estos personajes por Londres, Marsella y los Balcanes, descubriendo su pasado y componiendo una red de tramas cada vez más compleja donde los banqueros al servicio del crimen (los banksters) desempeñan un papel fundamental. Una nueva cara del crimen en Europa, donde el robo de diamantes es solo el comienzo.



Es una pena que The Last Panthers (o solamente Panthers si conoce su versión francesa) haya pasado casi desapercibida dentro del maremagnum televisivo. Sin ser perfecta y teniendo sus aristas, se destaca por su impresionante capacidad de construir un pedazo thriller 100% europeo (la acción pasa de Francia a Hungría, de Serbia al Reino Unido, y usa tres idiomas principales distintos) y estar interpretada magníficamente por Samantha Morton, Tahar Rahim, John Hurt y Goran Bogdan. El último golpe de los Pink Panthers tendrá unas repercusiones que afectarán (en diferentes tramas, como si de distintas series se trataran, que tan solo se enlazan al principio y al final) a los bajos fondos de Marsella y a un policía incorruptible obsesionado con limpiar el barrio donde creció, a una investigadora de una empresa de seguros que pretende encontrar las joyas robadas y cuyo pasado la une con el ladrón, un atormentado criminal tan inteligente como violento, y al jefe de ella,


que se va dejando absorber poco a poco por la corrupción que envuelve a las grandes empresas que controlan el continente.
Mereció mejor suerte. JJV

domingo, 3 de abril de 2016

The room (La habitación).


I
Brie Larson es Ma, quien ha permanecido cautiva durante 7 años en un cuarto escasamente amueblado, con plantas, y con Jack(jacob Tremblay), su hijo de cinco años. Violada en repetidas ocasiones por Old Nick(Sean Bridgers) y sin acceso al mundo exterior, un día decide que ya fue demasiado y planea un escape del monstruo que los mantiene prisioneros.
El drama está basado en la novela homónima de la escritora canadiense Emma Donoghue, quien a su vez adaptó el guion, e inspirado en eventos de la vida real. Y es eso lo que lo hace tan aterrador, pues en más de una ocasión hemos visto historias como esta en los noticieros, solo que nunca había sido llevada a la gran pantalla, menos de una perspectiva tan cercana.
No solo es una historia tensa de supervivencia. A la vez, Room es una celebración del inquebrantable lazo forjado entre una madre y su hijo, que se mantiene incluso más fuerte en situaciones difíciles.

La historia es contada a través de los inocentes ojos de Jack, con el vocabulario que un niño de cinco años tendría. De hecho, la mágica narración del chico otorga la sensación de una pequeña y ruda fantasía. Nos hace sonreír al mismo tiempo que nos hace soltar lágrimas.

Gracias a los enormes esfuerzos de Ma, él es inteligente, enérgico, saludable, lleno de alegría y con cierta cultura, pues su madre le ha enseñado a leer. Es un fiel espectador de series animadas. Pero para Jack, la habitación representa todo el universo: la cama, el lavabo, el armario, la planta, la lámpara y la ventanilla cenital con una entrada de luz son toda su realidad. Lo que está en la televisión son simplemente cosas inventadas para su entretenimiento.
Brie Larson interpreta a Ma de una forma cruda, valiente y natural en el medio de situaciones que no lo son. Raptada a los 17 y ahora con 24 años, debe lidiar con la crianza de su hijo, lo que incluye tener que negociar con el secuestrador para cubrir necesidades básicas, y tratar de no volverse loca cuando se despierta cada mañana.

Cómo no mencionar a Jacob Tremblay como Jack. Retrata a alguien curioso e inteligente, creativo y tan devoto a su madre, pero a la vez tan incapaz de comprender la realidad. Es una de las más memorables interpretaciones de un actor joven en años.
El director irlandés Lenny Abrahamson y su equipo creativo realizaron un excelso trabajo proyectando un mundo claustrofóbico dentro del cuarto. Luego entran en escena los padres de Ma, Joan Allen y William H. Macy y, aunque el segundo apenas aparece, todos dan lo mejor de sí.
Y cuando cuando Jack se maravilla ante la inmensidad del mundo que ahora tiene por delante, nosotros nos maravillamos con él.
Carlos Jibaldi
II
La quinta película del irlandés Lenny Abrahamson deja con los pelos de punta. Todos recordamos el caso del monstruo de Amstetten, que se hizo popular hace años por un caso de secuestro y violaciones continuadas durante años. La escritora irlandesa Emma Donoghue tomó el relato de una de las víctimas supervivientes como base para relatar su novela : The room (La habitación).
De todo ello surgió esta película, donde finalmente se hizo con los mandos Abrahamson (que venía de realizar aquella extraña cinta llamada Frank con Michael Fassbender metido en un muñeco de cabeza gigante). Con La Habitación (Room), que ha logrado colarse entre las 8 mejores películas candidatas al Oscar, el director pone todo su brío, especialmente durante la primera mitad de metraje en un claustrofóbico lugar donde brillan Brie Larson y el pequeño Jacob Tremblay.
Porque si Larson está especialmente bien y tiene el Oscar a mejor actriz , el trabajo actoral del niño es esplendoroso y nos deja un descubrimiento único para el futuro.

De una película como La Habitación (Room) se derivan sorpresas importantes en su metraje, conforme avanza, observándose meritorias secuencias incluso en un espacio casi cerrado por completo, excepto por una claraboya exterior y con un giro de narración en la segunda parte de película a descubrir.
No es que la película sea lo nunca visto o muestre cosas que no nos suenen: Es que Abrahamson la filma con una fuerza que la convierte en impactante thriller dramático como no se veía en mucho tiempo.
Cuantos menos detalles se tengan sobre ella, mejor. Y es que la narración de la trama en sí es mucho más importante adaptando el ojo a los detalles que se van descubriendo. La unión madre-hijo y la esperanza por huir de una vida de encierro se tornan en un anhelo harto complicado. Pero ¿habrá una vida mejor ahí fuera? ¿Existe el síndrome de Estocolmo? ¿Se podrá volver a adaptar a la vida alguien de nuevo tras un trauma así?

La Habitación (Room) tiene algo que no se puede decir de muchas películas, y es que dará que hablar con los años y a buen seguro no se olvidará fácilmente. "Room" es una sorpresa, en el mejor de los sentidos. Yo soy de los que suelen quedarse frío ante esas películas que la mayoría de la gente considera "emotivas". Es algo que ni me enorgullece ni me avergüenza, simplemente es así. Soy bastante difícil de emocionar, y casi todas las películas que suelen ir de ese palo me parecen sensibleras, ñoñas o manipuladoras. Rara vez me encuentro con una excepción, y aún más raro es que me golpee con tanta contundencia y con tanta aparente facilidad desde el minuto uno. "Room" lo ha hecho, y de qué manera, y llevo todo el día preguntándome por qué. ¿Por qué ha conseguido lo que otras tantas han intentado hacer sin éxito? Y hablo por mí, claro está. Muchos tal vez la vean y piensen lo que yo suelo pensar: sensiblera, ñoña, manipuladora. Pero en este caso yo no soy uno de ellos.
Alberto Quintanilla
III
“Room” podría analizarse desde un enfoque técnico y formal y probablemente saldría más perjudicada, pero creo que eso sería un error. Cinematográficamente hablando, no hay grandes travellings, innovadores movimientos de cámara o ambiciosos planos secuencia. Sí que hay un montaje tenso y vibrante (especialmente en la primera mitad) y un gran diseño de la habitación, que se convierte en un microcosmos elaborado al detalle, con un aire viciado y sofocante y un austero uso de la iluminación. Los diálogos no son intelectuales, existenciales o particularmente ingeniosos, pero los monólogos interiores de Jack desprenden ingenuidad y una entrañable y trágica inocencia. No hay ampulosidad ni melodrama, y si los hay, yo no me doy cuenta. La banda sonora es sencilla, pero está empleada con gusto y no es excesivamente machacona. La construcción de personajes no es pintoresca ni rompedora, pero sí es profunda. Joy no es una madre perfecta. Ella también se estresa, se enfada, grita y se desquicia, pero quiere y protege a su hijo por encima de todo, como cualquier madre. Y Jack no es un querubín adorable salido de Disney Channel. Él se asusta, es irracional, pilla berrinches y se plantea cuestiones cuando algo se sale de lo que él entiende como normal. Es feliz en la habitación, porque no conoce otra cosa. La dinámica que se genera entre ellos vertebra toda la película desde el principio hasta el final. Es genuina, pura, cálida, sutil y alejada de aspavientos y está llena de matices y veracidad, una tridimensionalidad que se multiplica gracias al superlativo trabajo de los dos actores protagonistas, que se dejan la piel en sus papeles y consiguen que me implique de lleno en un guion inteligente y que en su mayor parte huye con bastante dignidad de efectismos, cosa que es bastante loable dado el carácter de la historia.

spoiler:
Por todo esto, cuando Joy enrolla a Jack en la alfombra y Old Nick entra en la habitación mi corazón empieza a latir a mil por hora, y se mantendrá así durante quince minutos de agobio absoluto en los que no sé qué es lo que va a pasar. A partir de aquí, la cinta da un giro de 180 grados, todo se vuelve más calmado, el enfoque cambia radicalmente pero en ningún momento pierde su frescura y su credibilidad, y yo que tiendo a mantenerme “objetivo” (a falta de mejor término) en el 99% de las películas ya he dejado de prestarle atención a cualquier cuestión técnica, porque “Room” es una experiencia de entrañas, una experiencia que trabaja desde dentro hacia afuera, como sus protagonistas. Si te agarra, no te suelta, o por lo menos a mí no me soltó. Cuando llegan los créditos finales, respiro y sonrío con un nudo en la garganta. Sé que he visto una joya que rebosa alma por todos sus poros, una joya que no es perfecta ni revolucionaria, pero que tampoco pretende serlo. Es una sensación que pocas películas me producen y que agradezco enormemente, y por eso no me queda más remedio que recomendarla, con mucha satisfacción.
Big Dab