domingo, 3 de abril de 2016

The room (La habitación).


I
Brie Larson es Ma, quien ha permanecido cautiva durante 7 años en un cuarto escasamente amueblado, con plantas, y con Jack(jacob Tremblay), su hijo de cinco años. Violada en repetidas ocasiones por Old Nick(Sean Bridgers) y sin acceso al mundo exterior, un día decide que ya fue demasiado y planea un escape del monstruo que los mantiene prisioneros.
El drama está basado en la novela homónima de la escritora canadiense Emma Donoghue, quien a su vez adaptó el guion, e inspirado en eventos de la vida real. Y es eso lo que lo hace tan aterrador, pues en más de una ocasión hemos visto historias como esta en los noticieros, solo que nunca había sido llevada a la gran pantalla, menos de una perspectiva tan cercana.
No solo es una historia tensa de supervivencia. A la vez, Room es una celebración del inquebrantable lazo forjado entre una madre y su hijo, que se mantiene incluso más fuerte en situaciones difíciles.

La historia es contada a través de los inocentes ojos de Jack, con el vocabulario que un niño de cinco años tendría. De hecho, la mágica narración del chico otorga la sensación de una pequeña y ruda fantasía. Nos hace sonreír al mismo tiempo que nos hace soltar lágrimas.

Gracias a los enormes esfuerzos de Ma, él es inteligente, enérgico, saludable, lleno de alegría y con cierta cultura, pues su madre le ha enseñado a leer. Es un fiel espectador de series animadas. Pero para Jack, la habitación representa todo el universo: la cama, el lavabo, el armario, la planta, la lámpara y la ventanilla cenital con una entrada de luz son toda su realidad. Lo que está en la televisión son simplemente cosas inventadas para su entretenimiento.
Brie Larson interpreta a Ma de una forma cruda, valiente y natural en el medio de situaciones que no lo son. Raptada a los 17 y ahora con 24 años, debe lidiar con la crianza de su hijo, lo que incluye tener que negociar con el secuestrador para cubrir necesidades básicas, y tratar de no volverse loca cuando se despierta cada mañana.

Cómo no mencionar a Jacob Tremblay como Jack. Retrata a alguien curioso e inteligente, creativo y tan devoto a su madre, pero a la vez tan incapaz de comprender la realidad. Es una de las más memorables interpretaciones de un actor joven en años.
El director irlandés Lenny Abrahamson y su equipo creativo realizaron un excelso trabajo proyectando un mundo claustrofóbico dentro del cuarto. Luego entran en escena los padres de Ma, Joan Allen y William H. Macy y, aunque el segundo apenas aparece, todos dan lo mejor de sí.
Y cuando cuando Jack se maravilla ante la inmensidad del mundo que ahora tiene por delante, nosotros nos maravillamos con él.
Carlos Jibaldi
II
La quinta película del irlandés Lenny Abrahamson deja con los pelos de punta. Todos recordamos el caso del monstruo de Amstetten, que se hizo popular hace años por un caso de secuestro y violaciones continuadas durante años. La escritora irlandesa Emma Donoghue tomó el relato de una de las víctimas supervivientes como base para relatar su novela : The room (La habitación).
De todo ello surgió esta película, donde finalmente se hizo con los mandos Abrahamson (que venía de realizar aquella extraña cinta llamada Frank con Michael Fassbender metido en un muñeco de cabeza gigante). Con La Habitación (Room), que ha logrado colarse entre las 8 mejores películas candidatas al Oscar, el director pone todo su brío, especialmente durante la primera mitad de metraje en un claustrofóbico lugar donde brillan Brie Larson y el pequeño Jacob Tremblay.
Porque si Larson está especialmente bien y tiene el Oscar a mejor actriz , el trabajo actoral del niño es esplendoroso y nos deja un descubrimiento único para el futuro.

De una película como La Habitación (Room) se derivan sorpresas importantes en su metraje, conforme avanza, observándose meritorias secuencias incluso en un espacio casi cerrado por completo, excepto por una claraboya exterior y con un giro de narración en la segunda parte de película a descubrir.
No es que la película sea lo nunca visto o muestre cosas que no nos suenen: Es que Abrahamson la filma con una fuerza que la convierte en impactante thriller dramático como no se veía en mucho tiempo.
Cuantos menos detalles se tengan sobre ella, mejor. Y es que la narración de la trama en sí es mucho más importante adaptando el ojo a los detalles que se van descubriendo. La unión madre-hijo y la esperanza por huir de una vida de encierro se tornan en un anhelo harto complicado. Pero ¿habrá una vida mejor ahí fuera? ¿Existe el síndrome de Estocolmo? ¿Se podrá volver a adaptar a la vida alguien de nuevo tras un trauma así?

La Habitación (Room) tiene algo que no se puede decir de muchas películas, y es que dará que hablar con los años y a buen seguro no se olvidará fácilmente. "Room" es una sorpresa, en el mejor de los sentidos. Yo soy de los que suelen quedarse frío ante esas películas que la mayoría de la gente considera "emotivas". Es algo que ni me enorgullece ni me avergüenza, simplemente es así. Soy bastante difícil de emocionar, y casi todas las películas que suelen ir de ese palo me parecen sensibleras, ñoñas o manipuladoras. Rara vez me encuentro con una excepción, y aún más raro es que me golpee con tanta contundencia y con tanta aparente facilidad desde el minuto uno. "Room" lo ha hecho, y de qué manera, y llevo todo el día preguntándome por qué. ¿Por qué ha conseguido lo que otras tantas han intentado hacer sin éxito? Y hablo por mí, claro está. Muchos tal vez la vean y piensen lo que yo suelo pensar: sensiblera, ñoña, manipuladora. Pero en este caso yo no soy uno de ellos.
Alberto Quintanilla
III
“Room” podría analizarse desde un enfoque técnico y formal y probablemente saldría más perjudicada, pero creo que eso sería un error. Cinematográficamente hablando, no hay grandes travellings, innovadores movimientos de cámara o ambiciosos planos secuencia. Sí que hay un montaje tenso y vibrante (especialmente en la primera mitad) y un gran diseño de la habitación, que se convierte en un microcosmos elaborado al detalle, con un aire viciado y sofocante y un austero uso de la iluminación. Los diálogos no son intelectuales, existenciales o particularmente ingeniosos, pero los monólogos interiores de Jack desprenden ingenuidad y una entrañable y trágica inocencia. No hay ampulosidad ni melodrama, y si los hay, yo no me doy cuenta. La banda sonora es sencilla, pero está empleada con gusto y no es excesivamente machacona. La construcción de personajes no es pintoresca ni rompedora, pero sí es profunda. Joy no es una madre perfecta. Ella también se estresa, se enfada, grita y se desquicia, pero quiere y protege a su hijo por encima de todo, como cualquier madre. Y Jack no es un querubín adorable salido de Disney Channel. Él se asusta, es irracional, pilla berrinches y se plantea cuestiones cuando algo se sale de lo que él entiende como normal. Es feliz en la habitación, porque no conoce otra cosa. La dinámica que se genera entre ellos vertebra toda la película desde el principio hasta el final. Es genuina, pura, cálida, sutil y alejada de aspavientos y está llena de matices y veracidad, una tridimensionalidad que se multiplica gracias al superlativo trabajo de los dos actores protagonistas, que se dejan la piel en sus papeles y consiguen que me implique de lleno en un guion inteligente y que en su mayor parte huye con bastante dignidad de efectismos, cosa que es bastante loable dado el carácter de la historia.

spoiler:
Por todo esto, cuando Joy enrolla a Jack en la alfombra y Old Nick entra en la habitación mi corazón empieza a latir a mil por hora, y se mantendrá así durante quince minutos de agobio absoluto en los que no sé qué es lo que va a pasar. A partir de aquí, la cinta da un giro de 180 grados, todo se vuelve más calmado, el enfoque cambia radicalmente pero en ningún momento pierde su frescura y su credibilidad, y yo que tiendo a mantenerme “objetivo” (a falta de mejor término) en el 99% de las películas ya he dejado de prestarle atención a cualquier cuestión técnica, porque “Room” es una experiencia de entrañas, una experiencia que trabaja desde dentro hacia afuera, como sus protagonistas. Si te agarra, no te suelta, o por lo menos a mí no me soltó. Cuando llegan los créditos finales, respiro y sonrío con un nudo en la garganta. Sé que he visto una joya que rebosa alma por todos sus poros, una joya que no es perfecta ni revolucionaria, pero que tampoco pretende serlo. Es una sensación que pocas películas me producen y que agradezco enormemente, y por eso no me queda más remedio que recomendarla, con mucha satisfacción.
Big Dab

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