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Mostrando entradas de enero, 2015

Selfiepoema con pájaros fuera de la cabeza

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Grabado de Lina Vila este traje me aprieta la sonrisa
todas las mañanas bailo bandas sonoras
de thrillers claustrofóbicos
pero voy disfrazada de jirafa
elegante, pausada
sorda al martillo que a ritmo
de sociópata asesino golpea
coágulos en mi caja torácica

aquí subo y bajo papeles
toreo cabreos ciudadanos
soporto historias de bebés que crecen
-mean, tosen, cagan, ríen, sorben mocos
de momento
hasta que las chicas alegres acusen cansancio
y sus chicos huyan-
habrá alguien entonces que suba y baje
sus divorcios
sus abogados de oficio
sus tristes historias repetidas y previsibles

de dónde vengo yo con el cuerpo hueco
con los ojos que aúllan
con la boca que repite consignas
lugares comunes
con los dedos de los pies esperando un impulso
para descalzar los sueños

que cierren la puerta porque no respondo
las puertas por donde se van los otros
la puerta pesada que apenas si abro con mi cuerpo
hueco

el aire deja hojas de plomo sobre mis hombros

que cierren la puerta porque no respondo
carlota

Tic-tac

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Estos versos no te darán cobijo.
No te traerán el perdón que buscas.
No harán dinero ni bienes,
ni tabaco ni vino.
No harán sombra,
ni justicia.
No la traerán de vuelta
ni resucitarán a las golondrinas que,
oscuras, se ahogaron en aquel río.
No traerán calor
ni llenarán la cama.
No contendrán tus lágrimas
ni provocarán tu sonrisa.
No sacudirán de ti ni un ápice del dolor
que se te pega a la piel.
Estos versos no valen para nada,
no valen nada.
Y sin embargo,
no soy digno de que entres en mi cama,
pero una mirada tuya bastará.
Tendrá que bastar.
Qué remedio.
De tanto
tic-tac,
tic-tac,
maldita sea,
tic-tac,
al final siempre llego tarde.

Desilusionista

Unas lágrimas

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El día de su debut, mientras escuchaba el murmullo impaciente del público, el joven Nuño se tragaba los nervios sin masticar.
Cuando subió  al entablado, la muchedumbre irrumpió en eufóricos gritos y aplausos.
Tras una breve introducción del alguacil, le tocaba a Nuño hacer su trabajo.
Se hizo el silencio.
Nuño  se colocó en su lugar, agudizó la vista a través de los agujeros de su capucha, adelantó una pierna y elevó el hacha. Un rayo de sol impactó en el metal del arma, produciendo un reflejo tan brillante, como macabro.
Rotundo, preciso y poderoso, con los nervios ya digeridos, Nuño consiguió decapitar al condenado de un solo golpe.
El silencio se transformó, de súbito, en una locura colectiva de exclamaciones sin sentido, al tiempo que Nuño mostraba la desalmada cabeza del desdichado.
En primera fila, una mujer se mantenía en silencio, mirando fijamente al verdugo,  mientras le resbalaban dos lágrimas por las mejillas.

Complacida, pensaba para sí: “Qué bien lo ha hecho mi niño. H…

No te revuelques en la tristeza

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Me cuentas que te duele todo, así como ante todo te hacía cantar, hoy dueles.
No me gusta saberlo.
Te estás matando, amiga, a tu esencia.
Esa mujer serena, plena, contagiando optimismo, a la que le brotaban margaritas cuando dormía, hoy se revuelca en su tristeza.
A veces me parece que hasta te  place hacerlo.
Olvidaste el milagro, la luz, esa cercanía con lo no profano, casi santa.
Divina.
El mundo está cada vez más gris.
¡Le hace tanta falta tu alegría!
Te apagaste por dentro.
La música también se ha ido.
Estoy cerca.
Quizás entre las dos logremos hacer que regreses.
Buscaremos algo de lo que puedas aferrarte a la Vida.


Alicia María Abatilli

Mi novia es Caí

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Sway

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Estaba empapada de sudor.
El calor no nos había dejado descansar en dos días y, según ese hombre de la televisión, iba a durar otro par más.
Los niños jugaban en el jardín saltando sobre el aspersor.
Los oía desde el salón.
A ellos y a los hijos de los vecinos que se habían unido a la fiesta mientras su madre iba a no sé qué recado.
Tenía la falda pegada a las piernas y casi podía oler el sudor de mis axilas.
Moví el vaso que tenía la mano (siempre me ha gustado el repiqueteo de los hielos sobre el cristal) y apuré el último trago de zumo de naranja con un chorrito (o más) de vodka.
Me serví más (esta vez el chorrito de vodka llenó algo más el vaso).
Puse la radio y me dejé caer sobre el sofá.
Pensé que deberíamos cambiar la tapicería.
Conseguí limpiar la mancha del helado de chocolate que se le cayó a Virginia pero me cansaban esas flores.
Flores para aposentar el culo.
No tenía jarrones con flores frescas y las teníamos pintadas para sentarnos encima.
Julie London comenzó a susurra…

La seducción de los objetos.

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Adeo anima hominis quoesita máxime placere Plinio
Esas plumas y esas pieles, esas perlas y esos corales, fruto de pescas y cacerías mortales nos dan todos esos suspiros ante su belleza. Y ni pensamos en las crueldades de donde proceden su suavidad y su belleza.

Y el mar azul de una alfombra de sedosos matices, minuciosas maravillas del arte japonés. Las miniaturas y estatuillas que desde el interior de sus vitrinas nos clavan sus miradas coloreadas e inmortales.

Y obras más altas cuelgan de las paredes que llenan de vida y hacen soñar, en la necesaria mezcla de Escuelas y el anacronismo igualatorio del Arte. Muertos y vivos, primitivos y contemporáneos; Velázquez, Murillo, Goya con Herbert Boeckl y Alexandre Konoldt, o Picasso y Dalí, por nombrar algunos de los más populares.

Y ella tiene la impresión de sentirse allí, no como un ser que contempla, sino como un objeto más. Entonces le surge un deseo de unirse más íntimamente a esos objetos cuya alma le parece ahora más cercana que la d…

¿Coto vedado?

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Fragmento de "Coto vedado" 
(Juan Goytisolo).
Proseguí mis visitas a los prostíbulos más baratos y concurridos, guiado por una subterránea afinidad a aquel universo áspero, sórdido, destemplado, pero investido a mis ojos de una coherencia y estímulo que reducían por contraste a las figuras y paisajes de la familia, colegio y universidad a las proporciones de una vetusta, polvorienta vitrina de mueble burgués, atestada de abanicos, muñecos y cachivaches: una imagen brutal, sin artificio, de la sociedad descompuesta y en ruinas en la que duramente sobrevivía el pueblo llano de la capital.

Y ahí, en medio de la mentira y de la verdad, estaba yo, ingenuo, crédulo e incauto; pensando que la palabra es el espejo del pensamiento; que el gesto, un signo de puntuación. Sí, ahí estaba. Las formas de la vida corrían más que mi razón y necesitaba horas para darme cuenta de lo que se escondía tras ellas. Fue entonces cuando descubrí esa otra lengua sin palabras, signos de puntuación ni cor…