lunes, 25 de abril de 2011

POSTALES ALBAICINERAS

Los verdaderamente ricos de Granada, los que huyen del horror inmobiliario que empieza en la Gran Vía, con el horroroso edificio de cristal del Banco de Santander en la Plaza de los Reyes Católicos, los que de verdad disfrutan de la soledad armoniosa de las fuentes y jardines entre muros de piedra, entre hiedra y flores, viven en el Albaicín, con todo su tipismo y su turismo de cámara fotográfica y bermudas, de burros subiendo o bajando estrechas cuestas o paseando por el Mirador de San Nicolás, entre hippies de litrona y canuto, vendedores de quincalla, universitarias que pasan de ir a la universidad, o algún gitano viejo en zapatillas comiéndose el potaje directamente de la olla sentado a la puerta de su casa, como un marqués, escoltado de moscas cuando hace buen tiempo. El Albaicín es una amalgama de pobreza y opulencia, de bohemia y estudios de arquitectos, casas ruinosas, zambras de lujo y moros que se dedican a choricear móviles, cámaras y carteras a punta de navaja, traficantes, putas disimuladas en los vanos de las puertas, lejos del neón de los clubs de carretera, de las de toda la vida, tabernas flamencas, cuevas llenas de japoneses en trance a los que se les roba ceremoniosamente y se les da cante en vena, de traficantes de hachís, de libaneses, sirios, marroquíes, argelinos, turcos, irakíes que deben sentirse como partícipes de una supuesta Reconquista a la inversa, de ingleses a lo Gerald Brenan un poco despistados, haciendo estudios antropológicos sentados en una terraza de San Miguel Bajo, de músicos callejeros amadrinados quizá por alguna nueva rica que acaba de instalarse en un carmen con jardín lleno de cipreses, de restaurantes como la cueva de Alí Babá, de poetas, pintores, escultores, mendigos y señoras de pastelería fina y dedo meñique extendido mientras se toman el café con las amigas. El Albaicín es una ciudad dentro de la otra ciudad, Granada, que se ha convertido en algo tan insustancial como una plantación de bloques de pisos, adosados y chalets devorando la Vega que la circunda. Claro que otras ciudades no tienen la Alhambra, con los guardianes de altas cumbres que son los picachos de la Sierra, ni los Jardines del Generalife, ni el Sacromonte, que es el vecino pobre del Albaicín, con sus cuevas habitadas por hippies dicen que trasnochados –todo lo que no sea vivir con hipoteca está trasnochado, por lo visto- ni el Paseo de los Tristes siguiendo el curso del río Darro, ni la calle Calderería, que baja desde la Iglesia de San Gregorio, reventona de teterías y tiendas de especias, verdadero zoco de la parte baja de este pequeño reino de Taifas. El Albaicín es el encanto de lo histórico al margen de una ciudad histérica y en quiebra permanente que ya solo sueña con el Ave; el dédalo de sus callejuelas empinadas, de sus plazas recoletas, de sus muros coronados de esquirlas de vidrio que celan patios donde crecen los cipreses, los castaños, los robles, los pinos, la hiedra, la buganvilla, la celindonia, el magnolio, las rosas, los álamos, la música que de pronto llega en ráfagas al torcer una esquina, a cubierto del viento gélido de Sierra Nevada, un nocturno de Chopin, un estudio de Brahms, una sonata de Schumann, o incluso un solo de trompeta de Chet Baker, un arpegio que se mezcla con el contundente aroma de unos huevos fritos con migas y chorizo. Sublimidad de la música, sublimidad de lo terrenal. Lírica de los huevos fritos con migas y chorizo y las sonatas de Mozart a través de un balcón entreabierto donde se adivinan medias luces, techos artesonados, bibliotecas privadas, tal vez la silueta de alguien cómodamente arrellanado en un sillón con una copa de buen whisky y un volumen de Proust en el regazo. El Albaicín lleva siglos cayéndose a pedazos pero bulle de vida: ha visto correr sangre por sus empedrados y acequias y ha visto las lluvias innumerables del tiempo lavar esas mismas sangres. Ha oído el eco metálico de los alfanjes y las cimitarras y los mandobles y los sables entrechocándose, el paso quedo de una sombra encapuchada que oculta una daga, la voz insinuante de la prostituta desde el vano de una puerta, el eco de un disparo en la noche, el grito de agonía de alguien que yace atado a una mesa ensangrentada; ha oído la lenta carcoma en la techumbre de casonas venerables y chabolas pululantes de piojos y ratas, el craquelarse de paredes y puertas, el retumbar de un trueno sobre las espadañas de las iglesias precedido de un arabesco de rayos en la tiniebla de la noche, las voces de los pregoneros, los vendedores, los aguadores, los afiladores. Ha visto al hombre más poderoso de la Tierra asomado al mirador de San Nicolás para contemplar una puesta de sol y ha visto ponerse en sol en los ojos del hombre más triste, también asomado a ese mirador con media botella de vino barato entre sus piernas ateridas de frío. El Albaicín acaso requiere de una morosidad proustiana para ser descrito, novelado, lirificado, aun en una pequeña parte, porque es infinito. Sus gentes dicen “bajar a Granada” como si se tratase de un sitio más que lejano, ajeno. El tiempo y la luz tienen otra densidad, otra textura. Jeringuillas en las plazoletas, turistas tomando fotos, gitanas de mantilla sorteando charcos en las tardes de otoño, un pintor y su caballete en la Plaza Larga, asediado de terrazas y niños inquisitivos y gritones. El arquitecto en su estudio, inclinado sobre su mesa de dibujo, el ama de casa tendiendo la ropa en una azotea con las mejores vistas de la ciudad, la anciana encorvada, de bastón y luto y ráfaga de orines rancios, que vuelve de la tienda de la esquina bolsa en mano, el camarero alemán, o árabe, o gitano, que pasea entre las mesas cargado de tazas y vasos vacíos, políglota y ojo avizor, el músico que rasguea unos compases y entra en Bob Dylan con una voz mucho mejor que la de Dylan acompañado de un perro pastor alemán de ojos inteligentes con un pañuelo confederado al cuello, la vendedora de romero acosando al foráneo, el carterista que aprovecha las aglomeraciones, la pareja despistada que consulta un mapa bajo un arco mozárabe, la imponente y abrupta y bellísima panorámica de la sierra que duele en el corazón del poeta que pasea como un mendigo anónimo recolectando monedas de luz acuñadas en sombra. Inaprehensible, tornadizo y eterno. Eso es el Albaicín/Albayzín. Eso en lo que uno siempre se queda corto a la hora de dar unas breves pinceladas, como al tratar de recuperar la luz de los amores idos de las atroces ciénagas del tiempo.
Publicado por MIGUEL ANGEL SOSA

sábado, 23 de abril de 2011

Para adultos contemporáneos ( unas risas)


Me enviaron esto por correo y, me he reido tanto, que no puedo más que compartirlo con todos

Para Adultos Contemporáneos seudo-intelecto-neuro-hipocondríacos...
Es decir: nosotros...

Dicen que todos los días tenemos que comer una manzana por el hierro y un plátano, por el potasio. También una naranja, para la vitamina C, medio melón para mejorar la digestión y una taza de té verde sin azúcar, para prevenir la diabetes.

Todos los días hay que tomar dos litros de agua (sí, y luego mearlos, que lleva como el doble del tiempo que llevó tomárselos).

Todos los días hay que tomarse un Activia o un Yogurt para tener 'L. Cassei Defensis', que nadie sabe qué mierda es, pero parece que si no te tomas un millón y medio todos los días, empiezas a ver a la gente como borrosa.

Cada día una aspirina, para prevenir los infartos, más un vaso de vino tinto, para lo mismo. Y otro de blanco, para el sistema nervioso. Y uno de cerveza, que ya no me acuerdo para qué era. Si te lo tomas todo junto, por más que te dé un derrame ahí mismo, no te preocupes pues probablemente ni te enteres.

Todos los días hay que comer fibra. Mucha, muchísima fibra, hasta que logres defecar un sweater. Hay que hacer entre cuatro y seis comidas diarias, livianas, sin olvidarte de masticar cien veces cada bocado. Haciendo un pequeño cálculo, sólo en comer se te van como cinco horitas.

Ah, después de cada comida hay que lavarse los dientes, o sea: después del Activia y la fibra los dientes, después de la manzana los dientes, después del plátano los dientes... y así mientras tengas dientes, sin olvidar pasarte el hilo dental, masajeador de encías, buche con Plax...

Mejor amplía el baño y mete el equipo de música, porque entre el agua, la fibra y los dientes, te vas a pasar varias horas por día ahí adentro.

Hay que dormir ocho horas y trabajar otras ocho, más las cinco que empleamos en comer, veintiuno. Te quedan tres, siempre que no te agarre algún imprevisto. Según las estadísticas, vemos tres horas diarias de televisión. Bueno, ya no puedes porque todos los días hay que caminar por lo menos media hora (dato por experiencia: a los 15 minutos regresa, si no la media hora se te hace una).

Y hay que cuidar las amistades porque son como una planta: hay que regarlas a diario. Y cuando te vas de vacaciones también, supongo. Además, hay que estar bien informado, así que hay que leer por lo menos dos diarios y algún artículo de revista, para contrastar la información. ¡Ah!, hay que tener sexo todos los días, pero sin caer en la rutina: hay que ser innovador, creativo, renovar la seducción. Eso lleva su tiempo. ¡Y ni qué hablar si es sexo tántrico!! (al respecto te recuerdo: después de cada comida hay que cepillarse los dientes!).

También hay que hacer tiempo para barrer, lavar la ropa, los platos, y no te digo si tienes perro u otra mascota... ¿hijos?!

En fin, a mí la cuenta me da unas 29 horas diarias. La única posibilidad que se me ocurre es hacer varias de estas cosas a la vez, por ejemplo: Te duchas con agua fría y con la boca abierta así te tragas los 2 litros de agua.

Mientras sales del baño con el cepillo de dientes en la boca le vas haciendo el amor (tántrico) parado a tu pareja, que de paso mira la TV y te cuenta, mientras barres. ¿Te quedó una mano libre? Llama a tus amigos. ¡Y a tus padres!! Tómate el vino (después de llamar a tus padres te va a hacer falta). El Yakult con la manzana te lo puede dar tu pareja mientras se come el plátano con el Activia, y mañana cambian. Y menos mal que ya crecimos, porque si no nos tendríamos que clavar un Danonino Extra Calcio todos los días.

¡Úuuuf! Pero si te quedan 2 minutos, reenvíale esto a los amigos (que hay que regar como las plantas) mientras tomas una cucharadita de All Bran, que hace muy bien... Y ahora te dejo porque entre el yogur, el medio melón, la cerveza, el primer litro de agua y la tercera comida con fibra del día, ya no sé qué estoy haciendo pero necesito un baño urgente. Ah, voy a aprovechar y me llevo el cepillo de dientes...


SI YA TE LO ENVIÉ ANTES, PERDONA... ES EL ALZHEIMER QUE A PESAR DE TANTOS CUIDADOS NO LO HE PODIDO COMBATIR.

jueves, 21 de abril de 2011

El niño desobediente



Yo fui un niño malvado, malvado en todo el sentido de la palabra. No pienso negarlo como lo hacen algunos adultos para impresionar a sus hijos; no diré que fui el rey de la obediencia, el mejor estudiante, el más limpio; nada de eso, yo si era un grosero y mentiroso de verdad verdad.
Con ocho años todavía me orinaba la cama, no dormido como ciertos infantes, lo hacía despierto. Es que mis padres no me podían negar nada porque de inmediato yo lo utilizaba como forma de protesta. Y por ser el hijo menor y el consentido, ellos me lo perdonaban todo.
Yo fui tarde al colegio pues armaba tal berrinche que mis padres preferían dejarme en casa. Solo al cumplir siete años mis viejos lograron imponerse y entré a una escuela, pero mi primer día de clases fue todo un desastre: tres niñas mechoneadas, dos niños mordidos, dos profesores pellizcados y el director de la escuela orinado; lo cual causó mi inmediata expulsión. Mis padres no daban su brazo a torcer y me colocaron pronto en otra escuela y ahí si fue diferente: las mechoneadas tres profesoras, el mordido el director, y los orinados mis compañeritos; y nuevamente me echaron. En el tercer plantel a mi madre no le quedó otro remedio que sentarse a mi lado durante las primeras clases para evitar problemas, y la pobre regresaba a casa con los brazos rojos de tantos pellizcos.
Entonces me llevaron a un psicólogo porque los vecinos y algunos profesores les metieron la falsa idea que yo no era un niño normal. El doctor me hizo muchas preguntas y todas las respondí como un verdadero angelito, quedó tan impresionado que tranquilizó a mis padres diciéndoles que no había nada que temer y que solo debían dejarme de consentir y notarían el cambio. Y es que desde los primeros años de mi vida fui un maestro engañando.
A partir de allí mis padres, siguiendo las recomendaciones profesionales, se empezaron a comportar rudos conmigo, me negaban las cosas y yo en represalia me orinaba mi cama, me castigaban fuerte y entonces me orinaba la de ellos. No me dejaban prender la tele y me la orinaba.
La batalla fue recia, aunque varias veces los descubrí llorando a escondidas, frente a mí fingían y por primera vez llegué a presentir una derrota, así que usé un plan B, uno infalible: dejé de comer. No había forma de obligarme a hacerlo, ni castigos, ni prebendas, ni encierros; los pobres solo lo resistieron veinticuatro horas. Al día siguiente me llevaron presurosos nuevamente al psicólogo y volví a engañarlo con una cara tan dulce que entonces les inició tratamiento a mis padres y a mí me regaló dinero; por cierto, me le traje a escondidas su péndulo hipnotizador luego de yo utilizarlo contra él y asegurarme así que nunca más me volviera a molestar.
Recuerdo que con diez años aún formaba mis tremendos berrinches. Tiraba las cosas hasta partirlas, me aruñaba la cara, hacía tirones mi ropa, metía mi cabeza en el inodoro haciendo popó al contrario; mis pataletas eran de horas y no había forma de controlarme, bueno, miento, una excelente remuneración me tranquilizaba a medias.
Mi familia era adinerada, siempre estuvieron metidos en la política, mi padre fue gobernador en tres oportunidades de nuestro Estado. En ocasiones realizaba reuniones con personas importantes en nuestra casa y la mayoría las saboteé por capricho causando su consiguiente vergüenza, muchos de los asistentes se marchaban sin algunas de sus pertenencias y ni se enteraban como las perdían; me volví tan impertinente que al aproximarse una reunión mi padre prefería enviarme lejos, donde tia Epi que vive en otra ciudad. A los doce años, según sus cuentas, me graduaría de primaria pero el director de mi escuela lo llamó un mes antes rogándole que lo ayudara a recuperar su portátil que me traje el primer día que asistí a clases y que nunca volví por allá. La mañana que mi papá se enteró llegó furioso a casa e intentó pegarme pero lo amenacé con irme si lo hacía y se arrepintió. Es que a pesar de lo mentiroso, travieso y malvado, me adoraban.

P.D. Malcrían Malof, de treinta años, y el mayor estafador que ha tenido el mundo, murió de un repentino ataque al corazón dentro de su celda, en Bogotá, Colombia. Sobre su cuerpo fue hallado un papel con esta historia y su mano derecha empuñando un lápiz. Días antes informó a las directivas que le dolía mucho el brazo izquierdo y sentía ahogos, pero no le creyeron porque ya había escapado de la prisión desde la enfermería en tres ocasiones anteriores simulando enfermedades. Algunos lo habían escuchado que escribía un libro. De todas maneras fue una sorpresa conocer este relato pues se creía que creció en un orfanato.

lunes, 18 de abril de 2011

Llamada anónima .



Desde hace algún tiempo, para ser exactos desde este verano pasado, vengo recibiendo llamadas al móvil de alguien que no conozco. La primera vez que lo hizo, contesté sin mirar porque pensé que era G. Claro que, enseguida me percaté que no lo era ya que él nunca me ha saludado diciéndome - hola amor- como hizo este desconocido. Sí sí ya sé, qué se le va a hacer, pero es lo que pensé en ese momento, tal vez es porque siempre habría deseado que G. me saludara así, por eso ese lapsus mío. Pero bueno, no estamos hablando ni de G. ni de su no romanticismo, sino de ese tipo.

Las llamadas siempre han sido idénticas y espaciadas en el tiempo, a veces cada 15, 30 días incluso más, es por ello que no le he dado importancia, es más, me olvidaba por completo del tipo en cuestión y de su número de una vez para otra.

Normalmente no memorizo los números de teléfono salvo, claro está, cuando el dueño de dicho número es importante para mí. Para evitar esta situación, durante un tiempo mi norma fue no atender si no conocía el número de quien llamaba, pero por razones que no vienen a cuento, tuve que cambiar de actitud con respecto a eso de no contestar. Total que, por una cosa u otra, siempre contesto sin mirar.

El caso es que hoy ha vuelto a llamarme y de nuevo me ha saludado con su "hola amor". Normalmente siempre le pregunto que quién es y él calla. Yo espero callada y al cabo de unos segundos cuelga. Pero hoy ha sido diferente, hoy antes de colgar me ha dicho - tienes una bonita voz-.

Si es por equivocación por qué no lo dice y si no lo es, por qué no llama con número oculto para que no pueda yo averiguar quien pueda ser. No lo entiendo.

La verdad, si lo que quiere es intrigarme, lo ha conseguido, ¡joder!.
Publicado por mae

sábado, 16 de abril de 2011

Corazones solitarios


Rodeada del silencio roto por el sonido de los coches once pisos abajo, en la avenida, transcurre esta mañana. Un amanecer solitario impregnado de la atmósfera de otros domingos en los que la alegría dejaba su rastro en las horas, los minutos, los segundos cambiantes, de un tiempo que pasa inmutable, contemplando sin opinar, sin condolerse, sin esperar. Si pudiera pedir un deseo, sería: que se hubiera hecho eterno un segundo de mi dicha.
Una dicha que se escapa como el agua cuando quieres retenerla entre las manos. La soledad aplasta mi vida esta mañana que se va convirtiendo en tarde, calurosa, de las que antes disfrutaba contigo, cuando compartíamos la frescura del aire acondicionado, encerrados en la habitación, mirando una película, que muchas veces quedaba en la bruma de los sueños. Estiraba la mano y estabas ahí, siempre, junto a mí.

Desde mi atalaya soy testigo de lo que mis sentidos percibieron antes y ya nada es igual. Ni siquiera el sonido del cucú que ahora dicta las horas a su antojo, como si se hubiese confabulado con el tiempo para decirme que nada es determinante. ¿Acaso la vida lo es? ¿Qué sucedería si cierro los ojos y vuelvo a abrirlos? Todo estaría igual que antes, pero sería un momento diferente. Oye, ¿me escuchas?, ¿puedes verme?, ¿acaso puedes sentir cómo mi pecho se quiebra? No. Aunque desee creer que sí lo haces, sé que no es así. Fui a ver la placa de bronce que pusieron sobre tu lápida y no sentí nada. Era un lugar ajeno, rodeado de otros cuerpos en la misma situación. Es aquí, en la atmósfera impregnada de otros domingos en tu compañía, donde tengo ganas de llorar.

B. Miosi

lunes, 11 de abril de 2011

¿Recordais...?



¿Recordais que os dije que necesitaba un blog alternativo para soltar histoirias de ficción?
Pues hoy me ha dado tiempo a "perpetrar" algo. Al fin.

Os dejo una muestra de lo que quiero hacer más o menos.

Muestra relativa...Quizá el próximo párrafo sea de ´bishos´ cual National Geographic.
(No creo que hubiera mucha diferencia).
Hablar de humanos o de bichos...lo mismo da.


Estaba meditando acerca de la mala y la buena educación.
Y sonreía...
Había vivido varias situaciones de película en los últimos tiempos, laboral y personalmente; pero tenía la manga muy ancha y la sonrisa muy larga.

Y la educación es un privilegio a veces; te la conceden en tu entorno o no.

Pero se encontró meditando acerca de la desconsideración. Esa dolía más.

"Puedes ser la persona más educada del mundo, pincelada de arriba a abajo con el barniz más delicado, incluso puedes atesorar ese "savoir faire" que encandila a media humanidad.
Pero la desconsideración, ese mirar el mundo desde tu único prisma válido, ese modo de vida que sólo se complace en tus apetencias sin tener en cuenta al prójimo y sus vicisitudes, hace ser casi hasta vulgar al mejor de los especímenes".

Y decidió que trataría a los desconsiderados de igual forma que al caer la noche bajaba su persiana, cerraba su vida, y "miraba sin ver".
Sin ninguna manifestación de rechazo, sin historias para no dormir.

Sólo ignorando...
Que digo yo..que direis algo... Fiebre

domingo, 10 de abril de 2011

Raistlin.


Volvemos a encontrarnos, Raistlin.
-Así es, mi Reina.
-¿Te inclinas ante mí, mago?
-Te rindo un último homenaje.
-También yo te saludo con respeto.
-Es un honor excesivo el que me concedes, Majestad.
-Al contrario. He observado tu juego con el más vivo placer y he constatado que respondías a cada uno de mis movimientos mediante otro igualmente certero. En más de una ocasión, has arriesgado todo lo que poseías a cambio de cobrar una sola pieza. Has demostrado ser un contrincante habilidoso, y la partida me ha aportado un inesperado entretenimiento. Pero ahora, digno rival, ha llegado la hora del jaque. Te queda en el tablero el rey, remedo de tu persona, y en el lado opuesto se alinean mis peones, mis tropas, investidas de su máximo poder. Aunque mis legiones te superan, me satisface tu actuación y he resuelto concederte una gracia.
>>Regresa junto a la sacerdotisa. Yace moribunda, sola, azotados su mente y su cuerpo por una tortura como las que nadie, sino yo, puede infligir. Vuelve a su lado, arrodíllate, tómala en tus brazos y estréchala entre ellos. El manto del olvido se desplegará sobre ambos, os cubrirá con tanta dulzura que, arropado en él, te abandonaras al vacío y hallarás descanso eterno.
-Mi señora...
-Niegas con la cabeza. ¿Rehúsas acaso?
-Takhisis, Gran Soberana, agradezco tan generoso ofrecimiento. Pero participo en este juego, como tú lo llamas, para ganar. Llegaré hasta el final, sea cual fuere.
-¡Uno muy cruel para ti, no lo dudes! Te he dado la oportunidad a la que te hacían acreedor tu sapiencia y osadía. ¿Te obstinas en despreciarla?
-Su Majestad es demasiado desprendida. No merezco tan delicada atención.
-¿Te burlas de mí, insensato? Adopta esa mueca, grotesca réplica de una sonrisa, mientras puedas, porque cuando cometas un desliz o incurras en un fallo por leve que este sea, me abalanzaré sobre ti. Hincaré las uñas en tu carne y, al sentir su contacto, mendigarás el alivio de la muerte. No lo obtendrás. Los días duran eones en mis dominios, Raistlin Majere, y no pasará uno solo en el que no a visitarte en tu mazmorra, la de tu propio pensamiento, para que sigas divirtiéndome como lo has hecho hasta ahora. Te atormentaré en materia y espíritu. Y seré tan despiadada, que al concluir cada sesión perecerás a causa de los insoportables dolores; sin embargo, no llegará la noche infinita, porque te devolveré a la vida en el instante del tránsito. No conciliaras el sueño, guardarás vela en anticipación de la próxima jornada. En cuanto claree, tras el intervalo de oscuridad que en nada ha de beneficiarte, será mi rostro lo primero que veas.
Advierto que palideces, mago. Tu frágil cuerpo se estremece, tus manos tiemblan y tus ojos se dilatan de miedo. ¡Póstrate ante mí y suplica el perdón!
-Mi Reina...
-¿Cómo? ¿Aún no te has arrodillado?
-Mi Reina, te toca a ti jugar.

miércoles, 6 de abril de 2011

¿quién me ha robado el mes de abril?


En la posada del fracaso, donde no hay consuelo ni ascensor, el desamparo y la humedad comparten colchón y cuando, por la calle, pasa la vida, como un huracán, el hombre del traje gris saca un sucio calendario del bolsillo y grita ¿quién me ha robado el mes de abril? ¿Pero cómo pudo sucederme a mí? ¿Quién me ha robado el mes de abril? Lo guardaba en el cajón donde guardo el corazón. La chica de BUP casi todas las asignaturas suspendió el curso en que preñada aquel chaval la dejó y cuando en la pizarra pasa lista en profe de latín lágrimas de desamor ruedan por la página de un bloc y en él escribe ¿quién me ha robado el mes de abril? ¿Cómo pudo sucederme a mí? ¿Pero quién me ha robado el mes de abril? Lo guardaba en el cajón donde guardo el corazón. El marido de mi madre que en el último tren se largó con una peluquera veinte años menor y cuando exiben esas risas de Instamatic en París, derrotada en el sillón, se marchita viendo Falcon Crest mi vieja y piensa ¿quién me ha robado el mes de abril? ¿Cómo pudo sucederme a mí? ¿Pero quién me ha robado el mes de abril? Lo guardaba en el cajón donde guardo el corazón.

Nadando por el Mar Eterno, de Amelia, que comienza por esta frase......me lo puso a huevo. Ame, qué placer leerte!!!

Título: ¿Quién me ha robado el mes de abril? Año: 1988

Letra: Joaquín Sabina


domingo, 3 de abril de 2011

Yo nací para volar



- Eres una chica extraña ¿lo sabias?
- ¿Por qué? porque no lloro, no miento, ni me enamoro. ¡Claro! si no, podrías buscarme bajo las piedras como a cientos, a la vuelta de la esquina o en los ojos de algún hipócrita que recorre la ciudad, simulando pena para que lo compadezcan por lo solo que se encuentra.
- A veces me pregunto cómo puedes ser tan arrogante, no tienes mucha diferencia con el resto de las chicas.
- ¡Por favor! las mujeres son débiles, lloran como niñas, sufren y no saben lo que quieren, se enamoran, siguen las modas impuestas por muy tontas que parezcan con tal de sentirse parte de algo incluso perdiendo personalidad, en cambio yo... solo sigo mis instintos, así puedo vivir sin que nadie me detenga y ser libre.
- ¿Aún mas libre?
- Si, del mundo, de las trampas de la vida, ¿nunca te has sentido atrapado, asfixiándote dentro de ti sin poder ser quien realmente quieres? ¿nunca has querido correr sin detenerte y gritar para librarte de lo que tienes dentro?
- Lo sentí hasta conocerte.
- Al menos logré cambiar una vida ¿y me dices que soy como todas? créeme, yo nací para volar, Pau... y tú, tú volarás conmigo
Anamnesis de Ela

viernes, 1 de abril de 2011

Amanece, que no es poco






¿ No se habrá ahorcado el alcalde porque no hemos salido a recibirle ?
- Parece que no, parece que se ha ahorcado porque la gente joven quiere que la muchacha que se ha traido sea comunal. Yo cuando la he visto me he dicho ¡ vaya un pijo ! y he comprendido a la gente joven porque la muchacha es un pimpollo reventón . Todo eso lo he pensado para mi, no lo he exteriorizado, es decir, tanto el vaya unpijo como pimpollo reventón lo he pensado para mis adentros. Y no he querido intervenir porque lo primero que se me ha venido a la cabeza ha sido el tema del libre albedrío.
- Hombre, es que el tema del libre albedrío viene aquí pintiparado
- ¿ Verdad que si ?
- Con lo bonito que es el tema del libre albedrío
- Dentro de la guardia civil no podemos usarlo prácticamente, todo lo que es buena voluntad en los primeros escalones del mando, cuando se llega a la altura de teniente coronel o así se ponen la scosas de una manera que ni libre albedrío ni nada, se cierran en que las ordenanzas esto, las ordenanzas lo otro y de ahí no hay quien los saque
- Pues es una pena pero le advierto que con los nuestros pasa lo mismo. No se entere un arcipreste que andas tu ligero por ahí con el libre albedrío, se te cae el pelo. Es que no hay confianza, no hay confianza porque el libre albedrío bien usado no tiene ningún peligro, ahora, si eres un atolondrado con la sesera hueca, verdad... claro que los que son así ..se van antes de mujeres, es el vicio que mas tira, y eso que nos ponen a todos la sotana que son como faldas para que hartos de verlas no nos llamen tanto la atención, pero claro, el vicioso, el que es vicioso va a lo que hay debajo ¿ me entiende usted ?
- ¡ Hombre ! se refiere usted al sexo, al sexo femenino
- Exactamente. Que ofrece un enorme atractivo desde el punto de vista del vicio
- Y una eficacia impresionante
- En que sentido ?
- Usted fijese en las gallinas