martes, 28 de diciembre de 2010

Feliz 2011



Hasta el año
que dice el cuadro,
es dos mil once

lunes, 27 de diciembre de 2010

Una herencia envenenada


Cuando nos casamos me prometió amor y lujo. Así me lo dijo: “Amor y lujo”. Y probablemente me dio mucho amor, pero David no estaba en condiciones ni siquiera de acercarse al lujo. En realidad, nuestra casa era un pequeño piso de alquiler en los confines de Brooklyn. David sí había crecido en el lujo, pero la familia americana de David no supo calcular a tiempo el desastre financiero que significó la caída de la Bolsa de 1929. Allí se acabó todo. Y David se encontró con una novedad en su vida: por primera vez tuvo que pensar en trabajar. Y, quizá por primera vez, experimentó la extraña sensación del cansancio. Lo dicho: mucho amor, pero poco lujo.
Un conocido de la familia, el señor Salomon, se encontró con David en la sinagoga central de Park Avenue y allí le ofreció un empleo de representante de diamantes, esa piedra lujosa que sólo te hace sentir mejor cuando sabes que es tuya. Así que David me amaba con sus dedos que olían a diamantes ajenos. Ése era el único lujo material. Para mí, el lujo eran los amaneceres que llegaban del mar, la música italiana que cantaba la vecina del bajo cuando salía a tender la ropa y el aroma de las cocinas de los viernes, cuando todo el barrio se disponía a hacer los platos que habían aprendido a guisar en aquella lejana Europa que no veríamos nunca más.

Pero, si bien no podíamos ir a Europa, lo cierto es que Europa llamó a la puerta. Era una carta certificada de un notario del centro. Informaban a David de que el tío Simon, el rico comerciante alemán, había muerto sin descendencia y le había nombrado heredero universal. David fue a buscar una fotografía del tío Simon. Ahí estaba, junto a la que había sido su madre. Enmarcó la fotografía y la puso en la mesita de noche. El tío Simon y mamá estaban sentados bajo un velador de un enorme jardín y al fonde se divisaba una gran mansión bajo el cielo veraniego de Berlín. David volvía a intuir lo que era el lujo. El notario les dio los planos de las propiedades del tío Simon, las llaves de la casa mansión y un buen fajo de dinero, al que se sumaría una considerable fortuna cuando se pusieran en contacto con el albacea alemán. Al salir del notario, David fue a ver al señor Salomon para hacer dos cosas. La primera, despedirse de su empleo. La segunda, comprarle a Salomon un diamante de los de verdad. Aquella noche sentí sobre la piel de mi cuerpo el tacto cálido de la fortuna. Al día siguiente subimos a un avión que cruzaba el Atlántico. Cenamos a bordo y llegamos a Londres. Yo estaba completamente mareada. Ya en el hotel, David avisó a un médico y éste certificó que estaba embarazada y que no eran convenientes más viajes ni más emociones hasta el nacimiento del bebé.

David estaba contentísimo. Alquiló una casa en Hampstead y contrató a dos sirvientas. “Lo de la herencia del tío Simon irá para largo. Quédate en Londres y cuando nazca el niño te vendré a buscar para instalarnos definitivamente en Berlín”. Le vi marchar bajo la lluvia inglesa dispuesto a hacerse el dueño del imperio comercial de Berlín. Pasaron los meses. Al principio recibía cartas de David. Luego nada. En la última carta me mandaba una fotografía. Se le veía más flaco y envejecido. Llevaba el traje de tweed que se había comprado en Regent Street antes de partir y en el bolsillo superior alguien le había cosido a David una estrella de David.

Nació el niño y creció entre bombardeos y largas esperas cerca de la ventana aguardando que algún día su padre llegara para conocerle. Tras la guerra, me puse en contacto con el albacea alemán. Me dijo que mi marido, David Goldstein, a poco de hacerse cargo de la herencia de su tío Simon, había sido detenido por las autoridades del Reich. Las propiedades habían sido incautadas y David desapareció a bordo de un tren con destino al Este, probablemente a un lugar de Polonia llamado Auschwitz.
Fue así como me quedé sin lujo. Y también sin amor.


Texto: Joan Barril

Fotografía: Corbis
Publicado por tejedora el sábado, mayo 08, 2010

domingo, 26 de diciembre de 2010

Las fiestas paganas y cristianas de navidad


Independientemente de la fe, la creencia y el sentido religioso que la Navidad pueda tener para cada uno de nosotros, el objetivo de este post no es otro que el de resaltar algunas curiosidades históricas sobre el origen de la Navidad como celebración festiva y de las tradiciones anexas a la misma que la han ido conformando hasta nuestros días.

El origen de las fiestas de Navidad

Como otras tantas fiestas litúrgicas cristianas, éstas tienen su antecedente en fiestas paganas, generalmente romanas y éstas, a su vez, de orígenes griegos.
Esto parece, según investigadores, ocurrir con la fiesta de Navidad:
Se tiene conocimiento histórico de que los romanos celebraban con grandes festejos a sus diferentes deidades en los días del 17 al 23 de Diciembre, abandonando los negocios y ejercitando (entre otros) el arte de la cocina. El 25 de dicho mes celebraban la fiesta pagana del Sol.

El 19 de diciembre era el día más importante, ya que se celebraba una gran fiesta en honor a Saturno, dios de la agricultura. Con una duración de siete días, de banquetes y bebidas, los romanos le pedían bienestar a su dios. Eran las llamadas Saturnalias.

Nadie está absolutamente seguro del porqué el día de Navidad se celebra el 25 de diciembre. Probablemente sea porque el solsticio del invierno y el festival romano pagano llamados Saturnalia ocurrían en diciembre. El solsticio del invierno es el día donde se produce el tiempo más corto entre el amanecer y el anochecer, y ocurre entre el 22 y el 25 de diciembre. Para los paganos esto significaba que el invierno llegaba a su fin y pronto llegaría la primavera, por lo que adoraban al Sol por vencer la oscuridad del invierno haciendo fiestas para celebrarlo.

A estas fiestas paganas, los primeros cristianos le fueron dando un cariz acorde a sus creencias. La tradición situaba el Nacimiento de Jesús por el solsticio de invierno; y ya desde el siglo II se celebraba en los primeros días de enero la Teofanía, fiesta de la manifestación del Salvador, en la que se agrupaban su nacimiento, su bautismo y su adoración por los Magos. Pero como unos días antes -el 25 de diciembre- los paganos celebraban el "Natalis Invicti" (=Nacimiento del Invicto, que era el Sol), la Iglesia desglosó la Teofanía (actual fiesta de la Epifanía), la conmemoración del Nacimiento se comenzó a celebrar el 25 de diciembre, a fin de que el "Nacimiento del Invicto" pagano cobrara su sentido pleno al significar el Nacimiento del Único Invicto, Jesús, a quien La Biblia se refiere como "Sol de Justicia".

Por otro lado, en las mismas fechas, se celebraba en el norte de Europa una fiesta de invierno similar, conocida como Yule, en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor a los dioses para conseguir que el sol brillara con más fuerza.

Es por tanto más que probable que las primeras comunidades cristianas, que vivían inmersas en una tradición cultural de celebraciones festivas alrededor del solsticio de invierno, “cristianizase” dichas tradiciones comenzando a celebrar el Nacimiento de Cristo, máxime cuando los evangelios no mencionan fechas. De hecho, el día de Navidad no fue oficialmente reconocido hasta el año 345 en que, por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno, se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad. Entre los años 354 y 360, el papa Liberio (352-366) fijó como fecha inmutable la de la noche del 24 al 25 de diciembre, día, precisamente, en que los romanos celebraban el nacimiento del Sol Invencible.
Por ello, La Navidad fue celebrada como tal en el siglo IV, durante la época del emperador romano Constantino (él fue el primer emperador romano cristiano). Al emperador Constantino se debe también la creación del “domingo” o “día del Señor” uniendo el “día del sol pagano” (el primer día de la semana) y el sabbath (el día santo de los hebreos y de los primeros cristianos). Por tanto, desde fines del siglo IV, en el mundo cristiano se celebraba la Navidad el 25 de diciembre, a excepción de algunas comunidades, como la iglesia Armenia, que pensaban que la Navidad debía celebrarse el 10 de enero, ya que utilizaba un calendario diferente al de los romanos.
En el calendario de la Iglesia Ortodoxa (todavía usado en algunas iglesias en la Rusia del este de Europa) la Navidad aún se celebra el 6 de enero con la fiesta de la Teofanía o manifestación de Jesús como Dios.
No olvidemos que, por un error del monje Dionisio el Exiguo en el año 540 al calcular las fechas, Jesús nació entre cuatro y seis años antes de lo que hoy llamamos el inicio de la Era Cristiana.
San Agustín fue quien introdujo la navidad en el Reino Unido junto con el cristianismo en el siglo IV. Él procedía de los países que utilizaban el calendario romano, así que celebraban la navidad el 25 de diciembre. Poco a poco la gente de Gran Bretaña y de Europa occidental irradiaron esta tradición por todo el mundo.
Con el fin de cristianizar la fiesta de bienvenida al Sol, la Iglesia trasladó a mediados del s. IV al 25 de Diciembre la celebración del "dies natalis" de Cristo.

Iluminación navideña

Como para expresar visiblemente el significado de la "iluminación" obtenida por el nacimiento de Cristo, se introdujo el hábito de encender fuegos durante la noche de Navidad, tradición que ha inspirado el alumbrado extraordinario de los lugares públicos durante estas fechas.
Desde el s. XVI, en los países nórdicos e empiezan a reunir en Navidad en torno a un árbol, signo de la gracia alcanzada por la Encarnación y por la muerte en el árbol de la cruz de Cristo, en contraposición del pecado que se originó en el árbol del paraíso.

La práctica de intercambiar regalos proviene de la llamada "estrenas", el primer día del año romano, el 1 de marzo. Según, fue Tatio, gobernante de Roma junto a Rómulo, quien a mediados del s. VIII a.C. estableció esta costumbre, tras recibir un feliz augurio mediante unas ramas que le ofreció la diosa Strenia (es un mito). Al principio los regalos consistían en ramas de árboles, que expresaban el deseo de un feliz año nuevo, pero con el paso del tiempo y espíritu práctico-consumista fueron evolucionando hasta lo que son hoy en día. La iglesia católica se apresuró a cambiar el significado de esta costumbre pagana, trasladando el día de intercambio de regalos al 25 de Diciembre.
Pronto aparecieron misteriosos seres fantásticos que ofrecían regalos. Según cuenta de nuevo, existen numerosos personajes, cada uno perteneciente a una cultura: en Dinamarca Julemanden, en suecia Jultomten, en Italia la Beffana, en Polonia las estrellas, en Hungría los ángeles. En los países con tradición cristiana, al principio era el niño Jesús quien ofrecía los regalos, pero los protestantes sutituyeron su imagen por la de un hombre anciano, el famoso Papá Noel, aplicando la mitología escandinava del dios Thor.

Los tres Reyes Magos

En Argentina y en España , sin embargo, es más común celebrar la venida de los Reyes Magos (celebrar intercambiando regalos, se entiende). Existe gran diversidad de opiniones respecto al número de estos, desde 2 a 12, pero se han mantenido tres obedeciendo a los tres regalos que supuestamente hicieron al niño Jesús: oro, incienso y mirra. Los nombres que se les dan actualmente a los Reyes Magos son relativamente recientes. En un manuscrito parisino anónimo de fines del s. VII aparecen bajo la forma de Bithisarea, Melichior y Guthaspa, de origen persa probablemente.

Los magos de Persia no tienen nada que ver con prestidigitación ni con la magia como la entendemos nosotros, sino que son una especie de sacerdotes cuyo nombre "mogu" significa "seguidores de la enseñanza de Zaratustra"; Zaratustra fue un reformador religioso iraní del s. VI, fundador del Mazdeísmo.

Mientras en occidente aparecía la festividad del nacimiento de Jesucristo el 25 de Diciembre; en oriente, el 6 de enero, se constituía la fiesta de la Epifanía, llamada también Teofanía o fiesta de la Iluminación, que conmemoraba igualmente el nacimiento del redentor y sustituía los cultos organizados en ese día por los paganos de oriente. La fiesta oriental de la Epifanía pasó a occidente a mediados del s. IV, a través de las Galias. La iglesia romana, que celebraba inicialmente en la fiesta de Navidad también la memoria de la adoración de los magos, trasladó esta conmemoración a su liturgia de la Epifanía.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Cielo


Desde la cima de mis tacones
el cielo se cubre de flores.
El vientre de la madre tierra
permite el balanceo rítmico
sensual y suave de mis caderas
como ofrenda, para llegar
a ti.












Imagen Richar Avedon
Publicado por merce

http://coloresypalabras.blogspot.com/2010/12/cielo.html

miércoles, 22 de diciembre de 2010

luna nueva


Tras la tormenta
y entre nubes la luna
que ayer fue nueva.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Haikus de Muerte


El haiku es un tipo de poesía japonesa, estructura 5-7-5, que intenta captar un momento, la sensación que esta pasando y ya se ha ido.
Fueron utilizados a menudo para expresar el sentimiento a la hora de la muerte.
Aunque nunca serán "la verdad" ni "la realidad", ayudan a salir de uno mismo.

Estos son haikus compuestos antes de morir de grandes maestros japoneses.
(Sus nombres en Negrita)

Banzan
Adios...
Acabo como todo acaba
rocío en la hierba.

Basho
Mientras viajaba, enfermé:
mi sueño sigue viajando
sobre los campos sembrados.

Gansan
Sopla si quieres,
viento del otoño..
las flores ya perdieron su color.

Kafu
La noche se acorta:
un sueño de cincuenta años
acaba antes de finalizar.

Kyoshu
Un camino sin retorno:
el saco del vagabundo
no tiene fondo.

Renseki
Limpié el espejo
de mi corazón...
ahora refleja la luna.


Entroncan estas pequeñas joyas con ese sentimiento y percepción tan oriental de quietud trascendente, contemplación sosegada de la naturaleza o una actitud armónica, eufonía metafísica, con la totalidad del universo.

Los define muy acertadamente A. Bellesort: “Exactitud disfrazada de ensueño; poesía de resplandores y de escalofríos; pequeñas chispas que comunican a los sueños vibraciones infinitas; preciosos abanicos que, en el mismo instante que se los pliega y se los cierra, hacen pasar ante nuestros ojos el milagro de un gran paisaje”.
La simple contemplación de la naturaleza y su orden y belleza como una de las más sensatas y elaboradas formas de oración.
A mí, personalmente, es una forma de expresión poética que me atrae de manera especial gracias a esa métrica musical, y a la intensísima capacidad de sugerencia y evocación espontánea que se oculta tras esa apariencia compositiva de aire desenfadado y sencillo, que no simple.
Un poco como nuestras viejas Cantigas y cierta poesía medieval más popular.

Un Haiku captura de forma magistral toda esa idiosincrasia oriental y su particular cosmovisión de la existencia.

Durante una entrevista al gran Akira Kurosawa, el periodista, extrañado, le preguntó al director de "RAN" si no era poco japonés que su apartamento, en el que se hacía la interviú, estuviera totalmente amueblado y decorado al estilo occidental, a lo que Kurosawa respondió, más o menos:
- Lo más importante es aquéllo que no se ve. Y eso es todo japonés.

Un Haiku es algo parecido a la contemplación de un árbol o de una noche clara y estrellada. Independientemente de conocer o no la clase de árbol qué es o de saber más o menos sobre astronomía y constelaciones, lo que nos llega y aprehendemos es esa sensación de belleza inabarcable de todo lo que nos rodea y que apreciamos de forma connatural, llana, epidérmica.
Yosa Buson, Basho, Kyoroku, Yaha… son grandes maestros reconocidos del Haiku.
Gente como Benedetti, Octavio Paz o Ezra Pound, fuera de las fronteras del Japón, han cultivado el Haiku, influenciados por la inmediatez de esta sencilla, insinuante y escueta forma de expresión poética.

Al Haiku le pasa, para llegar a él, como a las sombras chinescas: lo importante nunca tiene que ver con las manos, sino con las figuras que éstas proyectan en las paredes.


Algunos Haikus:

“ Leve es la primavera:
sólo un viento que va
de árbol en árbol”
(Usuda Aró)


“ Cuando parta,
dejadme ser, como la luna,
amigo del agua”
(Masahide)


“ ¿ Qué pretendo encontrar
internándome en el viento?”
(Taneda Santoka)


“ Al ladrón
se le olvidó la luna
en la ventana”
(Ryokan)


“ Está el murciélago
rondándole a la luna,
y no se va”
(Gyodai)


“ Chubasco súbito;
una mujer sentada,
mirando afuera”
(Kikaku)


“ Luces de otoño.
La mujer y el marido
son como ausentes”
(Kyoshi)


Luna, reloj de arena:
la noche se vacía,
la hora se ilumina”
(Octavio Paz)


“ Después de todo,
la muerte es sólo un síntoma
de que hubo vida”
(Mario Benedetti)


viernes, 17 de diciembre de 2010

Sabina y Morente


ENRIQUE Y GRANADA

Ese compás que se juega la vida,
esa agujeta pinchando el vacío,
esas falsetas hurgando en la herida,
esa liturgia del escalofrío.

Esa arrogancia que pide disculpa,
ese sentarse para estar erguido,
ese balido ancestral de la pulpa
del corazón de un melón desnutrido.

Esa revolución de la amargura,
ese carámbano de pez espada,
ese tratado de la desmesura.

Esa estrellita malacostumbrada,
ese Morente sin dique ni hartura,
ese palique entre Enrique y Granada.

Joaquín Sabina

jueves, 16 de diciembre de 2010

Agua del Darro.






al maestro Morente...



Agua del Darro.

Algunos se van
con el destino de los que parten,
como sin haberse ido.
Con las manos abiertas, manos
donde se describe la silueta
de un toro de Picasso,
y el brillo de la miel de monte.
Una sonrisa sobre el columpio.
Una fusión de lo antiguo
con la sabia nueva
de la noche sobre un quejío.
El sueño de unos versos
que se contonean
gorjeando melismas
en la ola fresca de su trapío.
El agua del Darro
ya va llorando sin hacer ruido.
Una fatalidad de yunque
con la displicencia
del cuaderno de viaje;
que a todo le pone
el espacio justo del punto
y seguido.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Neve


branca neve é
muito bonita como
a natureza

sábado, 11 de diciembre de 2010

Renuncias


María y Rosa tienen mesa reservada al fondo del restaurante. Es una mesa de dos, que les guardan todos los jueves. A ambas les gusta ir a comer juntas y solas. Nada que ver con las comidas llenas de restricciones que hacen con sus respectivas familias, cuando las van a buscar a la residencia.
Van hablando sobre los estudios universitarios para la tercera edad. Depositan sus bastones en el rincón y se sientan con cierta torpeza.
Mientras se acomodan con ilusión, les preparan los montaditos. Ni los han de pedir: el camarero lleva cuatro en cada plato, abre una botella de vino, les sirve y se dispone a tomar nota. Apunta para no olvidarse, no porque tenga mala memoria, sino porque conoce a las “insaciables abuelas”, como él las denomina. Ese día no es una excepción.
Ya a solas, María interrumpe la conversación para interesarse por la comida.
–Tienen buena pinta. Ese de paté me está diciendo: ¡cómeme!
–Pues te vas a llevar una sorpresa, porque no es paté solo.
María lo degusta con detenimiento mientras mira a su amiga.
–Tienes razón, bajo esa capa hay otra de sobrasada.
–Y además lleva trocitos de huevo duro –añade Rosa, contenta por haber sido la primera en hacer el descubrimiento.
–Muy original, pero me sigo quedando con este de ibérico. La grasita me recuerda al tocino del pueblo de mi marido, que en paz descanse, que yo ya lo hago sin él.
Se ríen traviesas y brindan.
Al poco rato, el camarero deposita una bandeja con cuatro sepias a la plancha. María la acomoda entre las dos, coge una de las sepias y se la sirve en el plato.
–Volviendo a lo de antes, ¿y por qué no seguiste estudiando? –le pregunta a Rosa.
–Mi madre me necesitaba. Éramos ocho hermanos y yo la única chica, así que ya te imaginas a quién le tocó ayudar en casa.
Rosa responde al tiempo que unta una patata brava en la salsa y se la lleva a la boca justo al terminar la frase. María va asintiendo con la cabeza mientras la escucha, luego se explica ella también.
–Yo lo intenté, pero a mi padre le pareció una pérdida de tiempo. Juanito, mi hermano, ya sabes, fue el único de la familia que estudió para médico. Se suponía que al resto, como éramos chicas, nos mantendrían nuestros maridos.
El camarero se acerca de nuevo con una bandeja rebosante de calamares a la romana y retira la anterior ya vacía.
–¡Mantenerme mi marido…! Si no hubiera sido por los años que me tiré cosiendo…
–Y yo en la tintorería.
–Pues eso.
–¿Puedes traer más alioli, muchacho?
María hace su petición disponiéndose a dar buena cuenta de los aros rebozados.
–Están tiernos –dice con la boca llena.
Y Rosa la mira con sus ojitos risueños cercados de arrugas y le pasa el cuenco de patatas.
–Come bravas, que se enfrían.
Se mete un calamar entero en la boca. Su cara se ilumina.
–Pues es verdad, están en su punto. Aunque ahora, con el fijador que me recomendó el médico, no se me mueven los dientes muerda lo que muerda.
–Es que el doctor Roca es un cielo. Por cierto, ¿cómo te ha salido el colesterol?
–Por las nubes –responde Rosa, bañando otra patata en la salsa rosa–. Vamos a hacer corto –concluye.
–Ahora nos traen el alioli –apunta María untando la suya y retomando la conversación–. Intenté estudiar cuando mis hijos crecieron, pero no pude me combinar el horario. A Juan no le gustaba llegar a casa y que yo no estuviera. No veas cómo se ponía si no encontraba la cena lista.
–Vamos, que la cosa se quedó en agua de borrajas.
–Eso mismo.
–Pues parecido me pasó a mí, porque al quedarme viuda, empezaron a llegar los nietos y ya me tienes ahí, durante siete años, haciéndome cargo de ellos la mayor parte del día.
–¿Quieres limón?
–Sí, pásamelo.
Han empezado a hablar con frases cortas, intercalando novedades pero sin extenderse para no perder bocado. En poco rato han dado buena cuenta de la tercera bandeja y el camarero se acerca ya con la siguiente, junto con el alioli.
El joven realiza la misma operación. Retira la bandeja vacía y coloca en su lugar una aromática fuente llena de pulpitos salteados con ajo y perejil en abundante aceite. Antes de retirarse rellena las copas de vino.
–Umm... –dice María–. Esta combinación de pulpitos con alioli es genial.
–¿Y a ti qué te han dicho? –pregunta Rosa.
–Que tengo que hace dieta para bajar los kilos que me sobran.
–Ya, lo de siempre –responde Rosa sirviéndose en el plato–. Y claro, te habrá restringido la sal…
–Efectivamente. Me ha prohibido la sal, los fritos y el alcohol.
–Lo de siempre –vuelve a apostillar Rosa antes de beber.
–¿Qué te han prohibido a ti? –pregunta María con sorna.
–La sal y el azúcar. ¿Te imaginas?
Ríen de nuevo, con una carcajada algo contenida para no atragantarse. A Rosa le tiembla un poco el pulso al dejar la copa en la mesa. Después, le hace un gesto al camarero para que se acerque.
–Raúl, hijo, guárdanos los pastelillos de crema con arándanos, que son los primeros que se acaban.
–Tranquilas, doña Rosa, ya los tengo reservados y además el cocinero dice que les agradecería mucho su opinión sobre un nuevo postre con chocolate blanco que ha creado.
–Faltaría más. Con todo placer. ¿Verdad, María?
–¡Faltaría más!
Rosana Román



jueves, 9 de diciembre de 2010

Palabras


Escultura del magnífico: Jaume Plensa

Somos vómito de ideas
reflejadas en palabras.

De historias no vividas,
sí observadas.

Vómito de esperanzas y penas
eternamente humanas.

De sentimientos propios o ajenos
y no son más que palabras.

Vómito de palabras corpóreas
torpemente plasmadas.

- Francisca B. -

martes, 7 de diciembre de 2010

Educativo o divertido


Llega otro año más y de nuevo vienen a visitarnos Los Reyes Magos, Papá Noel y demás personas de ficción que hacen la vida un poco más feliz a los pequeños de la casa por estas fechas. A veces los padres responsables se preguntan qué es mejor, regalar un juguete divertido, o por el contrario uno educativo. ¿La princesita o el tablero de ajedrez?

¿Qué pensáis vosotros que es mejor? Lo cierto es que la pregunta está mal planteada en realidad. Sería algo así como plantear qué se debe hacer un sábado, si divertirse o salir de compras con la novia. Bromas aparte, ambas cosas no son para nada excluyentes.

Y no lo digo pensando lo siguiente: ¡Ei, que los juegos que enseñan inglés también son divertidos! ¿O no opináis igual que yo? A mí me encantan los puzles…no, no lo digo en ese sentido.

Lo que quería comentar en esta entrada es que contrariamente a la creencia popularizada, los juguetes son todos educativos. Tanto la princesita como el ajedrez.
.
Muchos padres piensan que los juegos que no son didácticos (que no enseñan cosas), o que no hacen pensar a lo Bobby Fischer, no son educativos. ¡Nada más lejos de la verdad!

Lo cierto es que en realidad todos los juguetes son educativos, desde el camión de plástico a la princesita que ella tanto quiere. ¿O acaso no permite al niño/a usar su imaginación un muñeco? Y no sólo su imaginación, sino que permite ejercitar también la motricidad fina.

Por lo tanto, todos los juguetes son educativos. Fuera de la cabeza el mito de que no es así. Volviendo a la pregunta formulada al comienzo, queda claro que carece de sentido tal pregunta.

Por otra parte, para que “aprendan cosas” los niños ya tienen el colegio y otro tipo de actividades encaminadas a tal fin.

Una de las principales características del juego es que es voluntario, motivado por el único fin de divertirse. El motor del juego es la diversión. Eso no quita que el juego sea útil en el desarrollo de un niño.

Lo importante aquí es que si le compramos un juguete que no gusta, corremos el riesgo de que se quede en el armario sin uso, y no sirva absolutamente para nada.

Si a un niño le encanta el ajedrez perfecto, pero si no le gusta y le regalamos uno por navidad con la esperanza de que aprenda...

Es necesario yo creo al regalar un juguete a un niño conocer sus intereses y regalar sobre todo algo que le guste. Y aunque pensemos que puede ser mucho peor la princesita que el tablero de ajedrez, puede que no sea necesariamente así. Una muñeca que se usa, es mejor que un ajedrez en el armario.

Ahí queda el mensaje para padres, hermanos, tíos y demás familia, de cualquier niño posible víctima de un Santa-Karpov. Además, eso de regalar algo que no gusta no puede traer nada bueno…



Os dejo un enlace interesante de una guía que puede venir muy bien, por si tenéis alguna duda sobre si un juguete será adecuado para un niño o no. Está muy bien, a diferencia de otras guías de juguetes, ésta se centra en los aspectos pedagógicos de los mismos. No es una guía con propósitos comerciales, o por lo menos eso se dice en su sitio online. La guía con la que muchos padres desean contar y que espero os sirva para algo si no habéis regalado nada todavía. Os deseo suerte con el regalo y de paso unas felices navidades a todos.
Publicado por Héctor
http://museodelaciencia.blogspot.com/2009/12/educativo-o-divertido.html

lunes, 6 de diciembre de 2010

Miedo al miedo...


Hace unos años, cuando aún había un poco de todo lo que la naturaleza nos ofrecía y, a disposición de todos... recuerdo una noche de luna llena en la que decidí ir a coger cangrejos de rió. Mis padres tenían por entonces una casa en medio de un monte perdido y allí había un gran río y este, con la corriente había creado en un recodo, un chortal idóneo para ¨cangrejear¨. Se estaba de maravilla, la luna se reflejaba en el agua y provocaba agarrarla... allí era tan fácil compartir con el firmamento. Aunque era verano, a esas horas de la madrugada, se percibía un frescor purificante, los mochuelos, los buhos, los animales bajando al rió a beber agua tranquilamente, inmejorablemente acompañada. Eché los reteles y a esperar. La oscuridad y los sonidos de la noche empezaron a excitarme, notaba cada milímetro de mi piel, mis músculos empezaban a tensarse, no sé si por el fresco que hacía o porque empecé a tener miedo, la inmensidad de la noche me estaba atrapando y me sentía diminuta, no, diminuta no, casi inexistente. De repente, empecé a ver cosas que dudaba que estuviesen sucediendo. A unos 50 metros, veía luces por el medio del chortal y enseguida pensé que eso era casi imposible sin hacer ruido en el agua al caminar, a la vez imaginaba que en ese caso sería alguien en una barquichuela remando y que iba acompañado ya que no solo era una luz la que veía, sino que ya eran 4, claro , no podía remar a la vez que portar las 4 linternas, con lo cual deberían ser 5 en total. Mi cuerpo empezó a perder calidez, y mi nariz se congeló, el corazón se me salía por la boca y decidí prepararme sin hacer ruido, para lo que pudiese llegar a suceder. Me levanté con cuidado ya que estaba sentada en la hierba y me agencié un palo, vaya palo, como para defenderme de 5 supuestos atacantes. Pensé que de esa no iba a salir ilesa y veía mi cuerpo flotando por el río, ya que hasta me pareció ver que esos 5 traían palos aun más grandes que el que yo había encontrado. Ya no escuchaba a los buhos ni veia la luna reflejarse en el chortal y, mucho menos me importaban las estrellas. Me quede quietecita a la espera... al cabo de unos minutos las luces se hicieron más grandes y más hasta poder llegar a divisar a los cuerpos del delito.... un grupo de luciérnagas que se estaban paseando y disfrutando de la noche, tal y como lo estaba haciendo yo, al menos hasta que ellas aparecieron. En mi vida he sentido tanto miedo provocado por mi misma , por mi imaginación, como en aquel momento. Recogí los reteles y corrí campo atreves hasta llegar a la casa, aunque sabía que no había sido real, lo viví como tal y me atrapaba una sensación de alegría y aun de miedo, por tal y como la había vivido, con esa intensidad.

Siempre digo que, hay que tener miedo al miedo.
PUBLICADO POR SILA

http://sheila-ayersrock.blogspot.com/2010/11/miedo-al-miedo.html

sábado, 4 de diciembre de 2010

¿Sueñas con volar?


Dormir es parte de nuestras vidas, el sueño es una válvula de escape a la racionalidad diaria en la que tenemos que controlar nuestros impulsos, según la psicología es evidente que lo que soñamos tiene que ver con las emociones vividas a lo largo de nuestros días, así Freud dijo que ” las emociones enterradas en la superficie subconsciente suben a la superficie consciente durante los sueños y que recordar fragmentos de los sueños ayuda a destapar las emociones y los recuerdos enterrados”

Según algunos grandes psicoanalistas como Carl Jung discípulo de Freud, el sueño de volar significa querer deshacernos de nuestras frustaciones y limitaciones, en un deseo de ser libre por encima de todas las cosas, sustituyendo todo aquello que no nos gusta por un libre vuelo.

Soñar que estás volando es el símbolo de la libertad, este sueño ofrece buenos presagios. Son comunes a muchas personas, por lo general, simbolizan nuestra inspiración y el deseo de trascender de los común.

Instintivamente usted conoce los objetivos en su vida y sabe cómo realizarlos. Sea el amor, un sitio en la vida, la fama o la fortuna, volará por encima de los obstáculos terrestres y encontrará la felicidad. Sueños de vuelo repetitivos indican una gran fortuna.

Todas las tradiciones explican este tipo de sueños de la misma forma. Si vuela con la forma humana, encontrará la felicidad y el éxito de forma natural. Si es un pájaro en su sueño, tendrá mucha suerte en la vida.

Según algunas interpretaciones, este sueño también representa la vida sexual, la erección o el orgasmo. Especialmente Freud y sus discipulos señalaban en esta dirección.
Si está casado y sueña que está volando muy alto, tan alto que ya nadie puede verle, significa que tiene ganas de desaparecer de su realidad cotidiana. Quizás necesite cambiar de vida.

Soñar que está sobrevolando un paraje inóspido y rocoso, signfica que está pasando unos malos momentos o cuando menos muy duros en su vida real.

Soñar que está volando muy bajo y que tiene que ir sorteando cosas para no chocar con ello, signfica enfermedad o problemillas, pero de los que conseguirá salir sin demasiada dificultad.

Si sueña que está sobrevolando un bosque verde, frondoso y maravilloso, le anuncia que pronto conseguirá lo que quiere o alcanzar la meta que se ha marcado.

Si sueña que está volando libre como un pájaro hacia el sol, es de muy buen augurio, significa que está satisfecho con su vida, con todo lo que tiene, pero que aspira a seguir ascendiendo en la vida en todos los aspectos.

Si sueña que está volando y que de repente, le faltan las fuerzas y se cae al suelo, es negativo, ya que le anuncia problemas y fracaso en sus proyectos. Si al caer al suelo se despierte, de verdad, significaría que será capaz de hacerles frente y superarlos, pero con mucho esfuerzo y a largo plazo.

Si una mujer sueña, que está volando a sitios muy lejanos, significa que recibirá proposiciones desohonestas en el amor; o proposiciones de trabajo, pero que no va a tratarse de ningún trabajo serio o que merezca la pena.

Soñar que está volando con una alas de color negro, significa que deberá afrontar amargas desilusiones.

Soñar que está volando con alas de color blanco, es de muy buen augurio, significa que alcanzará sus metas, tendrá suerte en los juegos de azar, en el trabajo y en el amor.

Si es Vd. muy fantasioso y sueña que está volando hacia otras galaxias, es muy negativo, ya que le indica que ha tirado la toalla, que como no es capaz de afrontar sus problemas, prefiere huir.

Soñar que vuela, que se eleva, pero que Vd. no quiere e intenta impedirlo de cualquiera de los modos posibles, significa que no le gusta fantasear ni darse un poco de libertad. Le gusta siempre tener los pies en el suelo y no perder el contacto con la realidad ni por un momento. Quizá demuestre demansiada rigidez en su vida. A veces, es sano tener un poco de libertad y relajarse.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Silencio


No se lo rompas
El silencio es vida
El lo reclama

©Angel Diciembre 2010