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Mostrando entradas de junio, 2015

despedidas

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Se movía como por el salón de su casa.
Era alto, delgado aunque fornido. Se le notaban las horas de gimnasio.
Vestía muy desigual, no de esa marca, vestía en cada parte de su indumentaria un estilo distinto. Pantalón pitillo y camiseta surfera, con chaqueta de Boss, en fin, un Mix, que diría su amiga Juva, a la que, por cierto, hace tiempo le perdió la pista.
Estaba, Juva, muy arrimada a los movimientos antisistema, más que nada por lo que significaban en la actual situación de la cultura, ya que ella a contestataria no le ganó nunca nadie.
Bien, ese es otro tema.
A lo nuestro.
Esa parsimonia en el andar denotaba un control de la situación, no daba un paso sin haber previamente fijado el anterior como si de la pasarelas del Darro  se trataran las baldosas de la acera de la calle Reyes.
Se dirigía a Plaza Nueva, paso previo a su destino, el Albaicín bajo y en éste la casa de Pedro.
Tenía que contarle de viva voz lo que le había pasado.
Estaba en su casa, leyendo con la ventana abierta…

La intimidad apesta

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Hablaba de chicas bonitas, piernas largas, pechos increíbles. Admiraba las miradas tristes, encontrándolas en el lugar incorrecto, siendo un sentimental. Se refugiaba en la soledad de una habitación con ventanas, suspirando, creyendo que llegará el amor. Escribía maldiciendo a la infancia y nos miraba con indiferencia. Nunca nadie le ha conocido, porque nunca nadie se ha interesado en mirar más allá.

Y bien, porque todos apestamos por dentro.

Todos tenemos la intimidad guardada en las huellas del pasado, y si disparas a escupirlo todos lo olerán. Sabrán que aquel chico de sonrisa irónica y triste está con su mujer por estar, porque no pudo interaccionar con la primera chica que le habló por el facebook.

Es el típico.  Es la misma historia  de siempre.
                                                                                      Fotografía: Bárbara Traver.

B. Que sea infinito mientras dure

El silencio

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El magnetista hablaba y caminaba en círculos cuadrados. Finalmente, se detuvo frente a la ventana a ver la lluvia besar el suelo con sus mil y una bocas repletas de agua. Y dijo sin mirarla:

“Los miedos que nos gobiernan se esconden en la sombra de nuestro ser. La sombra de nuestro ser siempre se escapa a la luz. Para poner luz en la sombra hay que hacerlo con poesía sin flujo, verbos sin acción, acciones sin lenguaje. La sombra que escapa a la luz tiene su propia sombra y es la música que emana de nuestro propio cuerpo. Escuche, habite su silencio, y escuche”. 

La tierra rechazó el beso de la lluvia. Tash cruzó la calle empapada de verdades. El silencio es una mujer sin pentagrama que espera un músico escondido en la esquina del futuro, escribió el magnetista en su cuaderno de notas. Y la lluvia se extinguió.
El magnetista

Freak Show

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Al caerse mis dientes de leche los nuevos que se formaron fueron todo muelas.
Ni incisivos ni caninos ni premolares.
Se configuró una dentadura descomunal de treinta y dos anchas coronas que molían y machacaban cualquier cosa.
A la hora de comer me llamaban “la apisonadora” porque ni cortaba ni desgarraba, solo trituraba alimentos.
Era un monstruo con sonrisa de caballo, la atracción de feria de todos y el motivo por el que llenaban su boca de improperios para provocar mi llanto.
Arrinconado en una esquina e incapaz de contenerme, conseguían hacerme llorar desconsoladamente, y descubrían fascinados el verdadero espectáculo que suponía presenciar como brotaban lágrimas de gelatina de mi único ojo.
Sergi Cambrils