domingo, 29 de enero de 2017

Cuatro estaciones en La Habana


El detective Mario Conde se define a sí mismo como un "nostálgico de mierda". "Un perdedor con una vida caótica", describe el actor Jorge Perugorría a este icono de la literatura cubana creado por el escritor Leonardo Padura. El intérprete cubano cuenta que llevaban 15 años tratando de llevar al cine a Mario Conde. Al final, lo han logrado con un proyecto que aúna cine y televisión, Cuatro estaciones en La Habana, que en estos días estrena Movistar Series Xtra. En forma de miniserie de ocho capítulos, todos disponibles, traslada a la pantalla las cuatro primeras novelas protagonizadas por Conde, Vientos de Cuaresma, Pasado perfecto, Máscaras y Paisaje de otoño, a razón de dos capítulos por libro. Aunque las tres últimas se grabaron pensando en el formato seriado, la primera se estrenó en cines con el título de Vientos de La Habana, con puesta de largo en el pasado Festival de San Sebastián.



El reto motivó al director Félix Viscarret. "Era un proyecto muy marciano, y como tal, se me antojaba irresistible. Hacer en La Habana una historia de investigaciones policiales pero con todo ese humor, la decadencia de la ciudad... Es un material muy rico y una ciudad con mucho potencial", cuenta el realizador, que en 2008 ganó el Goya por el guion adaptado de Bajo las estrellas, por la que también optó al premio como director novel. De esta forma, Viscarret dio con lo que califica como un género nuevo, el "noir caribeño". "Igual que se ha hecho exótico y atractivo sumergirnos en la atmósfera nórdica y en las peculiaridades de su vida, aquí damos un giro para ofrecer un clima y un tipo de personaje radicalmente opuesto.


Hay unas investigaciones policiales pero, muy de acuerdo con las novelas de Padura, hay mucho de retrato generacional, de descripción de la vida en una ciudad tan peculiar, que tiene un día a día tan diferente al resto del mundo", explica Viscarret, quien también trabajó en los guiones de la serie junto al propìo Leonardo Padura y su mujer, la guionista Lucía López Coll. "Se estableció un triunvirato muy divertido. Los diálogos entre el autor de la novela original y el director casi pueden dar para otra serie.

El proceso de guion fue un enfrentamiento de grandes cabezotas", rememora el realizador. Precisamente ese retrato generacional es el que conecta con el actor cubano Jorge Perugorría, para el que también fue un gran reto (y un sueño cumplido) dar vida a Conde. "Todos los lectores de Padura tienen su Mario Conde en la cabeza", explica en conversación telefónica desde La Habana.


Perugorría define al escritor Leonardo Padura como un "cronista de la realidad cubana de los últimos treinta años", y en Conde encuentra muchas cosas de sí mismo. "Sobre todo, vivencias y experiencias. Mario Conde y su círculo de amigos representan una generación de cubanos a la que pertenezco, compartimos un pasado común", cuenta el actor, que en febrero estrenará en Madrid la película Fátima o el Parque de la Fraternidad, de la que es director, y que se encuentra trabajando en la organización del Festival de Cine Pobre de Gibara que se celebra en abril

  

 Perugorría ve en la condición de "perdedor" de Conde su lado más humano, con esa constante lucha contra sus propios fantasmas. "No es un superhéroe, al contrario, es un hombre con muchos problemas, pero también con unos valores éticos muy fuertes, la amistad, la pasión por la literatura, es un enamorado... Y mantiene una batalla ética contra la corrupción, la doble moral y el oportunismo. Es la lucha del bien contra el mal desde un punto de vista humano", le describe
Perugorría.


Si bien el personaje del teniente Conde está profundamente trabajado, parece que ha sido en detrimento de la trama principal. Aunque la cinta empieza sólida y capta nuestra atención, pronto se va deshilachando en diferentes subtramas paralelas, pero el momento en el que vuelve a confluir, como sería de esperar, no llega nunca y Viscarret no sabe rematar quedando un final que soso, anticlimático.



 El caso de asesinato no es más complejo o atractivo que cualquier episodio olvidable de “CSI:Las Vegas” (Jerry Bruckheimer, 2000-15) y el ritmo de la investigación es muy irregular. Durante la primera mitad del metraje el tono de suspense se mantiene correctamente, pero desaparece durante suficiente tiempo como para minar todo interés generado para retomarse al final de manera precipitada donde el efecto sorpresa brilla por su ausencia.


A parte de su mala gestión, el caso deja un amargo sabor al ver que el profundo trabajo del personaje de Lissette y la genial interpretación de Mariam Hernández son desaprovechados. 


La misma sensación que deja el personaje de Juana Acosta, cuya belleza es retratada con mucha sensualidad pero, sabiendo que es una actriz con mucho carácter y fuerza, queda como un talento desperdiciado.


El otro gran protagonista de la película es La Habana. El director de fotografía Pedro J. Márquez que ya nos deslumbró con su pericia en los interminables planos secuencia perfectamente coreografiados e iluminados en “Secuestrados” (Miguel Ángel Vivas, 2010), saca lo mejor de la capital cubana y nos deja imágenes de una belleza visual increíble. En pocas ocasiones un director es capaz de plasmar un país ajeno como Viscarret lo hace en “Vientos de La Habana”, no solo gracias a la fotografía de Márquez, sino también plasmando las costumbres y la vida cotidiana cubana sin caer en los tópicos o exageraciones, demostrando respeto y amor por el país caribeño.




NATALIA MARCOS

jueves, 26 de enero de 2017

Peckimpah, Los Coen, Eastwood, Scorsese, Tarantino, Welles, Arévalo un supremo coctelero...



De tanto en tanto no sé bien porqué estrenan una película española que sin ver demasiada promoción, tan sólo por el argumento y buenas críticas llama la atención para al menos ir al cine a ver si lo que cuentan por ahí es cierto o vuelve a ser un poco más de lo mismo. Fue también el caso de "La isla mínima", y la verdad que en las dos ocasiones las películas han merecido mucho la pena.


Raul Arévalo le da una vuelta de tuerca y como buen actor y buen consumidor de cine ha sabido escoger un poquito de aquí, un poquito de allí, y en esta su primera película parece un experimentado director que se ha estrenado con su opera prima y ha sabido salirse con la suya, convenciendo a crítica y público.


Desde el inicio, ya empezamos a intuir que sabe cual es el negocio, no va a explicar nada nuevo pero por contra, te lo va a ir dosificando acertadamente y con maestría, desvelándote tramas de la película en su momento justo. Todo esto hace que la película se haga corta y no decaiga en ningún momento.


Esa cámara al inicio, inquieta y demasiado intimidante hasta el punto de estar detrás de Curro, Jose y Ana, tiene su sentido, meterte de lleno en la película y en la vida de esas personas y empezar a comprender sus motivaciones y entender sus reacciones.

El reparto es espléndido, bien interpretado, totalmente creíble, hasta se entiende el cambio de registro de Curro (como no me había fijado en él hasta ahora, me ha sorprendido también en Kiki y Palmeras en la Nieve). Yo creo que como Jose ha sido una víctima del pasado y en este caso corresponde a la mirada del espectador y con el que se puede identificar el público a partir de cierto momento.
Es curioso que la escena más violenta de la película sea una escena en plano fijo dentro de una habitación de hotel, pero ahí está la grandeza del cine.
No sé porqué no han puesto western en los géneros de la ficha, tal vez sea porque no salen caballos, pero se trata de un producto que cumple 100% los registros de un western cocinado "a fuego lento".
Un film que no te puedes perder si eres un buen cinéfilo y has llegado a esta crítica por el título.

Lo siguiente contiene Spoiler, se siente.


Empezando por Welles, Raul Arévalo seguro que se ha visto más de una vez la escena inicial de “Sed de Mal”, un excelso plano secuencia al que le ha querido rendir homenaje en el inicio, en el primer caso acaba con una explosión y en este con un accidente. De hecho la película podía haberse titulado “Sed de venganza”, pero hubiera sonado demasiado presuntuoso.


Un buen comienzo que también recuerda y mucho a la película “Victoria” de Sebastian Schipper, también rodada en plano secuencia y del que igual ha tomado prestada la escena del atraco y la huida.

Scorsese, se nota que le gusta, y esa venganza particular es lo más parecido a “Taxi Driver”. Por el contrario Arévalo se ha mostrado contenido al igual que Robert de Niro, pocas palabras, las necesarias. El personaje de Curro es duro como Joe Pesci, pero además de visceral tiene su corazoncito. Esta pareja funciona y hasta las imágenes de gente en el maletero, o el gimnasio de boxeo me recuerdan a Marty.


Los Coen, que sería esta película si no existieran los Coen del inicio, “No es país para viejos” podía ser el referente, habitaciones de hotel, ambientes áridos, y la pizca de humor que da el personaje de Manuel Soto (increíble, vaya cambio de ser el juez del caso Bárcenas a este papel). Ese humor es marca de los Coen de hace años, ahora creo que lo han perdido.

Tarantino, excepto en una escena, la sangre aparece poco en la película, pero el que ellos luego salgan con un chándal que recuerda a Vincent y Jules en “Pulp Fiction”. Otra idea prestada de las películas de Tarantino, han sido los títulos introductorios “El bar” “Curro” “La ira” etc.

Peckipmpack, entramos en el territorio western, “Perros de Paja” sin ser un western es el mayor referente, como un hombre normal se vuelve superviolento, el fusil creo que se lo ha prestado Dustin Hoffmann a Antonio de la Torre. Faltan los caballos pero no los planos ralentizados.

Y llegamos a Eastwood, quien sería capaz de rodar algo como esto con personajes cercanos, con boxeo de por medio, con ganas de realizar un ajuste de cuentas, un western en definitiva, sin caballos. Con violencia moderada, excepto una de las escenas pero necesaria. Raúl Arévalo es bastante hábil para no abusar de ella y como he dicho antes la muestra es la escena de la conversación en la habitación de hotel, entre Jose y Curro, se te revuelve todo el estómago con sólo diálogo. Si alguien tiene que hacer un remake en América, que sea Eastwood.

Enhorabuena Raul. Tarantino también copia de aquí y allí y de vez en cuando le salen películas tan redondas como esta.

Auguro que la película va a ser la película española del año, y se va a llevar unos cuantos Goya, y eso es mérito tuyo. De interpretaciones hasta 4 (De la Torre, Callejo, Ruth Diaz y Manuel Soto) y de los importantes más de uno (película, director, guión).

                                                                                                                 CCBaxter el Mestre

Tarde para la ira





En la sala de cine ya sentí, como todo un mérito mayúsculo, que Tarde para la ira me estuviera emocionado antes de que ocurriera algo especialmente conmovedor, que lo estuviera consiguiendo por la simple belleza de su autenticidad. Una felicidad epidérmica que me llegó desde el principio con una pasmosa naturalidad.

No pretendo que los demás compartan mis gustos (“el gusto es mío”), pero sentí sin proponérmelo que, al igual que esas canciones que a la primera empapan de placer nuestro cerebro, conectaba al instante con mis sensores del equilibrio estético: estuve a punto de la lagrimilla sin que aún hubiera sucedido nada dramático y fui consciente de que me emocionaba por la belleza de su factura descuidada, por el temple enérgico de su sencillez, por el pulso intenso de su ritmo, de sus diálogos, de sus silencios, de su verdad.


Considero todo un meritazo que una película de atmósfera sórdida, sucia, violenta… una película que se desenvuelve en los ambientes cutres de nuestras barriadas, en los ambientes de nuestros rancios usos y costumbres de clase media baja, de la ordinariez de nuestros bares, de nuestras charlas vulgares, nuestras pintas chabacanas, nuestras rumbitas castizas… sí, considero todo un meritazo que una película así no caiga ni en la horterada, ni en el costumbrismo cañí, ni que tampoco caiga en el simple entretenimiento de acción violenta ni en las poses del realismo social comprometido.


Sin moralinas, sin exhibicionismos, sin sermones, sin bonitos encuadres, sin cuidadas simetrías, sin estudiados claroscuros, sin oxigenantes perspectivas, sin acción trepidante, sin alardes de ningún tipo… la película me estaba llegando por la simple maestría de su punto de vista y el equilibrio contundente de su autenticidad sin imposturas.
Seguramente también me emocionó porque en la oscuridad de la sala fui consciente (intuitiva e inconscientemente aunque suene contradictorio) de que estaba disfrutando de un “clásico” instantáneo del cine español -por adelantado, sobre la marcha, en un jodido vis a vis- sin tener que esperar para desencadenar esa certeza a la libertad provisional de futuras valoraciones.


"Tarde para la ira" dignifica el cine español reciente en todos los sentidos. Es una película que por desgracia no atraerá a muchos espectadores a la sala de cine, pero que a los que atraiga tendrán el privilegio de vislumbrar hora y media de gran cine condensado y sorprendente. Su campaña de publicidad nos dejaba un anuncio que no presentaba con claridad lo que de verdad abordaba la cinta, pero ese ha sido otro de sus grandes aciertos.


El guión construye unos personajes complejos, oscuros, silenciosos y volátiles. Esos personajes y lo que esconden son los conductores de la historia. Una historia de venganza que toma cortes de Saura y Peckinpah con acierto, mejorando conforme avanza, entregando un golpe inesperado en su ecuador y manteniendo al espectador al borde de su asiento hasta su final. Su ritmo narrativo acompaña el suspense de forma genial, sosteniendo tu atención y no dejándote ir hasta su último plano.


La factura técnica nos devuelve a la estética de películas de corte clásico, lejos de la alta definición actual, ayudando a introducir aún más al espectador en el ambiente sórdido que se respira de la cinta. Raúl Arévalo dirige de forma experta para ser su debut, demostrando ser una carta de presentación casi inmejorable. La banda sonora impone de verdad en los momentos de vorágine y tensión.


Las interpretaciones cortan la respiración: Antonio de la Torre está inmenso de principio a fin. Los momentos en los que consigue dejar al personaje de Luis Callejo (desatado y contenido de forma genial) quieto y boquiabierto hace lo propio también con el espectador. Ruth Díaz termina de cerrar un tridente protagonista perfecto. El resto de secundarios cumplen con solvencia.


Un violento thriller de venganza, notable, lleno de suspense de principio a fin, con geniales interpretaciones y una dirección fantástica: "Tarde para la ira" es un auténtico torrente hasta en sus momentos "tranquilos", divido en cuatro partes (tres pequeñas iniciales y una cuarta y última que ya desvela las verdaderas cartas de la cinta), que atrapa y no deja ir. Incluso ese plano final deja tu cabeza preguntándose qué pasará después, una vez que los créditos finales anudan la conclusión.


Yanpol64 y Jesus Reviewer

miércoles, 25 de enero de 2017

2017, ¿EL AÑO EN QUE PINCHARÁ LA BURBUJA DE LAS SERIES?


                        La edad de oro de la televisión corre el riesgo de saltar por los aires por el exceso de contenidos. Hace más de un año, el presidente del canal estadounidense FX Network, John Landgraf, ya avisó de que "simplemente hay demasiada televisión". El productor norteamericano acuñó el término peak TV, traducible como pico televisivo, para describir la sobredosis de series, películas y documentales que hay hoy en día a disposición del gran público.

                        Una burbuja que no deja de crecer año tras año y que, según alertan los expertos, podría estar cerca de explotar. En 2016, la industria audiovisual norteamericana dio a luz 455 nuevas ficciones televisivas, frente a las 409 de 2015, y las "apenas" 211 que se rodaron en 2009. Sólo Netflix, produjo el año pasado 600 horas de contenido propio, cifra que prevé incrementar hasta las 1.000 en 2017. Además, la plataforma de streaming invertirá 6.000 millones de dólares este ejercicio en la compra de contenido original.





                                     En España, con la llegada de Netflix, HBO y Amazon Prime Video, unido al catálogo de plataformas locales como Movistar+ o Wuaki TV, el usuario ha empezado a sentir escalofríos. ¿Cómo elegir qué ver y no morir en el intento? Bajo este título, la Fundación Telefónica organizó esta semana un encuentro con expertos del sector para analizar si la edad de oro de la ficción televisiva empieza a estar chamuscada. Las conclusiones fueron claras: hay demasiadas series y no hay forma de ver todo lo que ponen. "Nos cuesta vivir en un planeta en el que los días sólo duran 24 horas, pero biológicamente no podemos renunciar a ello. Por eso necesitamos la tecnología para elegir en qué invertir nuestro tiempo", señaló Francisco Asencio, responsable de Contenidos e Innovación de Tarkinia, una start up dedicada a la innovación en el sector audiovisual.


                               El problema, según explicó Elena Neira, consultora independiente y autora de los libros 'La otra pantalla' y 'El espectador social', está en la larga vida de los catálogos. "La burbuja audiovisual se ha provocado por el estiramiento de los catálogos. Hoy, las series de estreno compiten en audiencia con ficciones de hace 10 o 15 años", indicó. Y es que para ser un seriéfilo de pro ya no vale con estar al día con Juego de Tronos, House of Cards y El Ministerio del Tiempo, sino que tienes que haber empezado a ver West World, que te haya gustado la miniserie sobre OJ Simpson, ser un experto narcotraficante gracias a Narcos y, por supuesto, haberte tragado los 236 episodios de Friends y los 62 de Breaking Bad. Sobra decir que todo esto no sirve de nada a los ojos de la tribu televisiva si no conoces a Don Draper o si piensas que Fargo es un pueblo de Dakota del Norte.


                                La sobreoferta es tal que muchos usuarios han renunciado a elegir qué ver y se han entregado a los brazos de las máquinas o, lo que es lo mismo, a los complejos algoritmos de recomendación de las plataformas de streaming. "La gente no quiere tomar decisiones, necesitan herramientas que les digan lo que tienen que ver", expuso Berni Melero, CIO de Buaala, una app que aconseja al espectador los contenidos que tiene que ver en función de sus gustos y hábitos en Internet.


                                Además, la opción de poder ver las series dónde quieras y a través del dispositivo que mejor le venga en cada momento, está hinchando todavía más la burbuja de la televisión. Basta un ejemplo. En 2015, un 45% de los aficionados a Juego de Tronos decidió seguir la quinta entrega de la serie a través de Yomvi, la plataforma de vídeo bajo demanda de Movistar+, en lugar de acudir cada lunes a la cita con Jon Nieve y compañía. Los espectadores ya no quieren ajustarse a los rígidos horarios de los canales lineales y buscan conformar su propio menú a la carta, lo que está afectando a las cadenas desde el punto de vista creativo. El exceso de oferta hace que apuesten por producir ficciones, pero de menos capítulos. Los 25 episodios de la primera temporada de Perdidos, contrastan con los ocho de la última entrega de True Detective. ¿Será suficiente para pinchar la burbuja?
Por Javier G. Fernández

martes, 24 de enero de 2017

"Barón Noir" Los gangsters políticos de la V república francesa


 Las series políticas suelen ser el género preferido de escritores y periodistas que no son específicamente críticos de televisión para realizar grandes ensayos y artículos analizando todo lo que vemos en la pantalla desde una perspectiva social y política.

El problema es que en la mayoría de los casos las visiones se circunscriben al ámbito anglosajón que es de donde proceden la casi totalidad de series que se consumen, aunque por suerte en los últimos años la popularidad de series como la danesa “Borgen” o la italiana “1992”, abre un poco el campo de juego.
Sin embargo, las series francesas quedan al margen de estos sesudos análisis, porque ni se emiten aquí, ni al tener subtítulos entran en el radar de estas personas, perdiéndose cosas tan interesantes como la encomiable “Les hommes de l’ombre”.
Por suerte esta tendencia va a cambiar con la serie que les vamos a presentar hoy “Baron Noir”, a la que la crítica francesa ha catalogado como la mejor serie política francesa de la historia, y que tras ver su 1T, proclamo de forma entusiasta mi adhesión a esas afirmaciones como voy a intentar analizarles seguidamente.



La trama :
La serie desarrolla la saga personal de Phillipe Rickwaert (izq.), el alcalde y diputado de Dunkerque, importante ciudad industrial del Norte de Francia, que es un verdadero cacique en su ciudad, haciendo y deshaciendo a su antojo, con todo tipo de prácticas reprobables e ilegales para satisfacer sus ansias de poder.


De humilde origen obrero, ha realizado toda su carrera en el partido socialista y se ha convertido en uno de los fontaneros y hombres de confianza del candidato de su partido a la presidencia de la república francesa Francis Laugier (der).

La historia empieza cuando en vísperas de la primera vuelta de la campaña de las presidenciales francesas, la policía judicial empieza a investigar una posible financiación ilegal de la campaña del partido socialista, a partir de los fondos de una empresa pública de construcción de viviendas públicas de la ciudad de Dunkerque, que maneja el ínclito Rickwaert (seguro que el tema les empieza a sonar más cercano y real).
Este hecho es el desencadenante de toda una serie de acontecimientos centrados en el enfrentamiento personal entre el candidato socialista Laugier y el cacique Rickwaert, donde se van apuñalando y abrazando de forma alternativa, dependiendo de si sus intereses personales divergen o confluyen. El dúo lo complementa Amelie Dorendeu, la consejera del candidato, como parte activa y muy implicada en la relación entre ambos políticos, como pueden ver en el trailer de la serie
 El nombre internacional de la serie “Republican Gangsters”, define a la perfección todo lo que vamos a presenciar en la serie. Prevaricación, financiación ilegal, nepotismo, chantajes personales, blanqueo de capitales, huelgas manipuladas, nada escapa a las manos sucias de Phillipe Rickwaert, que en su huida hacia adelante va a dejar mas damnificados que los que nos podemos imaginar, en una trama apasionante.
El punto mas flojo recae en algunas historias personales menos creíbles y mas inverosímiles, pero en el apartado político parece que los guionistas hayan seguido la actualidad política española, durante los últimos años, como inspiración de su barón negro.


Otro punto a su favor es la valentía al utilizar nombres reales de los partidos enclavados en ciudades reales, huyendo de eufemismos y las localizaciones ficticias habituales para no enfadar a los poderes fácticos y su temor secular a lo que ellos consideran publicidad negativa, en cuanto dejamos de alabarles.

Nadie sale bien parado en la serie ni el partido socialista ni la derecha de la UPM, que son tal para cual en sus tácticas y tejemanejes, siempre dispuestos a acabar con el rival con cualquier maniobra o intoxicación que les permita ganar unas décimas en las elecciones.
Un rasgo muy interesante a destacar es que la motivaciones personales de Rickwaert para hacer sus trapacerías no son económicas ni de enriquecerse personalmente , sino que le mueve una ambición de poder y control desmedida, que va a arrastrarle no solo a él, sino también a sus personas de confianza, ( entre los que destaca el personaje que interpreta Hugo Becker, el frances de “Bajo Sospecha”), mucho más idealistas y nobles, haciendo buena una máxima que repiten varias veces en la serie “ En la política no existe la amistad”.


Nada funcionaría sin dos grandes actores en los papeles principales, absolutamente magnéticos y que consiguen que incluso empaticemos con dos políticos de lo mas abyecto que han pasado por la televisión en los últimos tiempos, en especial Kad Merad ( Bienvenidos al Norte) un actor cómico inmensamente popular en Francia, que aquí se destapa como Phillipe Rickwaert, déspota ilustrado de la peor calaña.


 Si encima su antagonista es el gran Niels Arestrup, con tres Cesars en su poder al mejor actor secundario, que está absolutamente regio como el candidato presidencial Francis Laugier dándole una replica impresionante al gran Kad Merad, en las escasas escenas en que comparten plano, tenemos la base para una gran serie.

La serie ha tenido un gran éxito en Francia, curiosamente en la apuesta mas genuinamente francesa de Canal +, tras diversos fracasos sonados en sus últimas propuestas rodadas en ingles y coproducidas con empresas británicas, con Versailles o The Last Panthers, como bodrios destacados.
Los ocho episodios de la 1T se cierran de forma magnifica, dejando los hilos preparados para una 2T, que ya ha sido confirmada por el canal de pago francés, para su emisión en 2017.
Para finalizar, nada mejor que la promoción tan sibilina en clave política, con que Canal + abría boca para todos sus abonados

 

Epílogo:
“Baron Noir” una excelente serie francesa, que trata la política desde una perspectiva que es desencantadora pero que desgraciadamente en nuestro país está más que vigente, como vemos cada vez que nos enteramos de las noticias del día, donde la realidad supera a la ficción.
En este caso les podemos asegurar que  se acercan bastante y me consta que si al final se emite en nuestro país, muchos van a empezar a repetir el mantra más utilizado en estos casos ¿ Por qué no se hacen series así en nuestro país?.

Lorenzo Mejino

domingo, 22 de enero de 2017

reconstruyendo sueños




El magnetista emprendió un viaje iniciático al borde del mundo. Viajó hacia la selva amazónica, frontera de lo creíble. Cuando se internó en la aldea de los Caumaris, ya tenía el cuerpo lleno de picaduras de los insectos más voraces que había conocido. Los Caumaris lo vieron llegar como se ve llegar a un hombre sin religión, desprovisto de toda alma. En la aldea estuvieron curándole las heridas de la selva con ungüentos de barro y cúrcuma.


Una mañana se levantó vital con ánimo para conocer al chamán. La mujer bruja de los Caumaris advirtió:
- No despiertes al chamán que vendrán los tigres.
 El magnetista se internó en la selva en busca del hombre luz por el territorio Caumaris. Hasta que llegó la noche. La noche devora las almas y las escupe al amanecer, dicen en la aldea. El viaje del alma por el cuerpo de la noche deja imágenes impalpables, deja escrita frases en la pared del tiempo. Los blancos llaman soñar a ese viaje y su navío.


Antes de que la noche devore al magnetista con su boca de ensueños, la luz del día se hizo en plena selva y los animales gritaron y alborotaron el cielo. Por la selva camina el chamán, la luna lo sigue intensa con su luz de mujer en celo. Trae sus mascotas: 14 tigres lo acompañan, silenciosos, vigilantes. El chamán habla. El magnetista no entiende. Entonces lo invita a tocar el árbol. El magnetista toca el árbol y escucha la voz del chamán en el eco del tronco. Y hablan pero no sueñan. Soñar es imitar la vida. Sólo la noche puede.


Cuando regresó a la aldea le contaron que los tigres entraron furiosos y se devoraron los sueños de los aldeanos. Se quedaron sin alma. Se quedaron sin noche.


 La bruja de la aldea condenó al magnetista a recuperar todos los sueños, uno a uno, y devolverlos a la aldea. En esa tarea está, leyendo frases en la pared del tiempo, escribiendo imágenes, reconstruyendo sueños.
El magnetista

viernes, 20 de enero de 2017

Doctor Foster


Cuántas historias conocemos de personas que han sido capaces de aguantar años con una amante en paralelo mientras coordinaban viajes con la familia y escapadas con la amante. Cuántas de estas historias corren por los barrios, pueblos y ciudades, con todo el mundo fingiendo una monogamia ficticia. Cuántas personas no se dan cuenta que su pareja recibe sospechosos mensajes a todas horas, que responden de forma enigmática. Pues la serie Doctor Foster no deja que sigan siendo “historias de otros” sino que mete al espectador en esa misma situación. Sólo hace falta encontrar un cabello que no es tuyo en la bufanda del marido para que salten todas las alarmas.



Podría pensarse que Doctor Foster, que la BBC ha estrenado este pasado otoño, nació como consecuencia de The affair . El prestigioso canal estadounidense Showtime anunció un drama sobre el adulterio (¡hasta estaba en el título!) y ellos querían apuntarse a la moda. Podría ser. Pero es difícil condenar la serie británica por pertenecer al mismo subgénero. Para empezar, ha sido todo un fenómeno en el Reino Unido con diez millones de espectadores, que justifica el acierto de la cadena. Pero lo destacable es que supone una experiencia más inmersiva: no busca excusas para exaltar la importancia del adulterio y enmarca el espectador en el estado psicológico de la protagonista.


Al fin y al cabo, no deja de ser irritante que The affair necesite una excusa para hablar de crisis matrimoniales, el duelo y dinámicas nocivas con la familia política. Sí, la relación entre Noah (Dominic West) y Alison (Ruth Wilson) está bien construida con unos puntos de vista complementarios, y también son plausibles sus matrimonios. Pero uno nunca se quita de la cabeza que Sarah Treem y Hagai Levi, los responsables, sienten que se trata de una temática menor. Se centran en una infidelidad pero meten un asesinato en el argumento que no resulta orgánico, por si acaso hay un perfil de espectador que opina que una serie sobre el adulterio fuera un culebrón de tres al cuarto.


Al final de su primera temporada, de hecho, se echó en falta que dieran más profundidad al matrimonio de Noah. La serie ganaba enteros cada vez que intentaba retratar mejor su dinámica de pareja, qué habían sido en un principio y en qué se habían convertido. Sólo así se podía entender la magnitud de la traición, las motivaciones y hasta qué punto tenía razones (que no digo justificaciones) para hacerlo. Pero Doctor Foster, en cambio, entiende el adulterio como el centro absoluto y no hace ningún amago. He aquí su secreto. Cuando Gemma Foster (Suranne Jones) encuentra el cabello de otra, no hay marcha atrás. Como si fuera una enfermedad, la sospecha se apodera de ella y del espectador.


En este sentido, el escritor Mike Bartlett fascina. No necesita una coartada para explorar ese drama. No hay una amante psicópata, no hay un trastorno mental, no hay una investigación de fondo. Él entiende que, al igual que ocurre en algunas series adolescentes, la calidad está en saber transmitir las inquietudes de los personajes. Hay quienes defienden que The affair resulta muy estimulante pero que quizá no la entienden aquellos que no llevan veinte años casados. Pero esto no impide que un servidor entienda la traición de Alicia Florrick en The good wife, que entienda el instinto de supervivencia de The walking dead sin sufrir por la vida, o que entienda la pasión por el fútbol en Friday night lights sin ser fan de ese deporte.


El arte tiene el deber de sacar de dentro del espectador aquello que ni tan siquiera él mismo sabe que posee e ideas como la estabilidad emocional, el deseo, el aburrimiento y la tentación las tenemos suficientemente interiorizadas como para que jueguen con ellas desde una serie de televisión. Doctor Foster lo entiende. Primero siembra la duda y luego quema todos los cartuchos habidos y por haber. Está la desconfianza, la inseguridad, la desesperación. Obliga a plantearse qué haríamos nosotros mismos si nos encontráramos en la historia propia del vecino. ¿Tiraríamos nuestro matrimonio por la borda? ¿Seríamos capaces de perdonar? ¿Aguantaríamos por el bien de nuestros hijos? ¿O protagonizaríamos una trágica noticia en el apartado de sucesos de un periódico local?


Doctor Foster, en el fondo, tiene la misión de explicar que no existe una respuesta fácil. Es algo tan complejo como vivir en un hogar donde de repente te acuestas con alguien que creías conocer y que podría tener una vida paralela. Y no necesita más tramas porque, si nos encontráramos en esa situación, sería nuestra versión del fin del mundo. Es por esto que gana su particular duelo sobre el adulterio. Mientras The affair nos habla de un adulterio, Doctor Foster nos pone los cuernos.