martes, 30 de noviembre de 2010

Alguien me dijo una vez.......

Alguien me dijo una vez que mi olvido tenía el color de las violetas, como algunos amaneceres o tu mirada al fondo de un vaso de ginebra
(Y no, no repito el título... o no del todo)

Alida Valli y Joseph Cotten en "The third man"

No sé cómo acabamos allí. La ciudad entera se sumerge en la fiesta entre idas y venidas, conciertos varios y reencuentros, pero él me propone huir. Escondernos hasta de nosotros mismos, cómo si fuese posible, y acabo aceptando su propuesta, al lado del mar, al filo de la madrugada recorriendo los viejos bares, testigos de tantas de nuestras noches cuando aún creíamos en el futuro…

-“Las madrugadas son azules.” -Dice de pronto, tras un largo tiempo sumido en el silencio.

¿Azules?, ¿cómo tus ojos?, ¿cómo mi ginebra?, interrogo con la mirada (hay demasiado ruido).

Miro por encima de su hombro tras la cristalera que nos separa, aísla y protege del exterior. Está amaneciendo y la bruma se extiende sobre las inquietantes gaviotas que sobrevuelan las olas rompiendo contra el muro y pienso en cuál sería el color de mis madrugadas. Sin duda oscilaría entre el gris de los asientos traseros de mi coche y el rojo de su carrocería, el sombrío amarillo de las farolas iluminando la avenida donde me salto los semáforos y el lívido naranja de los besos con los que esa pareja, noche tras noche, se despide en la oscuridad del portal. Entre el violeta, color del que alguien me dijo se disfrazaba mi olvido y el azuloscurocasinegro en el que envuelvo mis sueños y deseos. Entre el verde desvaído con el que vistes tu mirada... Decididamente mis madrugadas no son azules. Claro está que el daltonismo vital nunca ha sido óbice para nuestra amistad.

Da un último trago a su cerveza y se levanta sin decir nada. Simplemente coge la cazadora que reposa colgada haciendo equilibrios en el respaldo de la silla y con uno de esos autoritarios gestos, señas de su identidad, me indica que quiere irse y me invita, ordena más bien, a acompañarlo. También yo con un gesto, inútil echar mano de las palabras entre el volumen de música y conversaciones, le digo que se vaya, que yo me quedo. Se encoge de hombros, como diciendo “allá tú si prefieres quedarte sentada sola en un bar a las siete de la mañana”.

Cuando llega a la puerta aún lanza una última mirada hacia mi rincón para comprobar, supongo, si sigo allí. Lo despido con un gesto. Conozco el segundo acto de la noche que ya ha dejado de ser noche y hoy no me apetece representar mi papel, son más de diez años ya, creo que va siendo hora de retirarme del escenario.
Eva Daeddalus

lunes, 29 de noviembre de 2010

Ecos Mudos


Pss… eh.. eh..

oye..eh… sí tú…

¿Es a mi?

Sí, sí, a ti…. venga…a ver....

¿a ver que?

pues eso, venga.... dime

¿Qué te diga? ¿yo? No amigo no, ¿es que no me ves?, si soy el silencio

Es igual para ser el silencio te expresas muy claro y contundente

Y tú para evitarte a ti mismo buscas palabras donde no las hay ni las hallarás…

Eso duele….

indiferencia y silencio…..


un abrazo. Mare@

sábado, 27 de noviembre de 2010

Un cable coaxial



La sensación de tocar y que te electrifique la calma.
Tener a un cuerpo delante que alinee tus nervios siguiendo el feng shui.
Un perro lamiendo el ombligo por si se abre una herida.
Se busca, se alquila, se vende,
se compra un cordón umbilical que haga el trabajo de un cable coaxial.

Marta Simonet

jueves, 25 de noviembre de 2010

Suspiros Sombreados en el cielo


Cuando avanza la marea

las olas cuentan el secreto de una niña ciega de alma,

que se escapa al cielo.
Y esto es lo que le da aquella voz al mar,
con la que llora de noche.

Isota

martes, 23 de noviembre de 2010

¿Cómo he llegado hasta aquí?


- ¿Cómo has llegado hasta aquí?

Lo preguntó con tristeza, casi con compasión. Me miraba inquieta, dolida, como si la pequeña intimidad que acababa de revelarle hubiera sido para ella la mas sucia de las confesiones, el secreto prohíbido, la fatalidad hecha palabras.

Yo sonreí. Adoraba a esa mujer que vestía camisas de estrecha cintura, pantalones marrón claro, zapatos perfectamente conjuntados con bolso a juego, pendientes de perlas y cinturón de piel. La miraba y pensaba "¡claro, Lidia querida! ¿Cómo ibas tú a sentir que lo que yo estaba viviendo estaba bien?".

Mi Lidia querida. Perfectamente adaptada a la sociedad de pareja occidental. Casada a los 29, madre a los 31, re-madre a los 33. Hipoteca a 40 años. Ecuatoriana dos días por semana para limpiar la casa y otro día más para planchar. Trabajo de 9 a 3. Reducción de jornada. Sueldo justito. Marido que llega tarde todos los días, auditor en una de las Big Five. La adoraba porque ella me compadecía y yo la compadecía a ella.

Acababa de explicarle que desde hace tres años me escondo en habitaciones de hotel y en sms codificados para amar. En chats nocturnos. En llamadas ocasionales. Que no hago el amor los sábados después de una paella y un poco de helado. Ni los domingos volviendo de una barbacoa. Que no hago el amor. Que yo robo sexo a otra mujer. Su mujer. Esa que no he sido jamás, durante tres años, capaz de imaginar.

- Porque he querido, Lidia.
- Nadie quiere ser segundo plato. Nadie quiere ser "la otra". Y ese hombre... ¿quién es? o más bien... ¿qué es? ¿cómo puede utilizarte así, como puede engañar a la madre de sus hijos?
- Se llama Luís. Y no es más que eso: un hombre.

Es cierto, han pasado tres años. Le conocí queriendo conocerle. No a él. No sabía que él existía. Pero quería tener una aventura con un hombre casado. La primera vez que me acosté con un hombre casado fue en Málaga. En un congreso. En uno de esos típicos y aburridos congresos médicos a los que acudo por mi profesión. Me alojé en un hotel del centro y después de la primera jornada, fui sola a tomar una copa de vino al bar del hotel. Ese hombre estaba allí, también solo. Le había visto en una de las ponencias. Era alto, moreno, delgado, muy atractivo. Nos miramos, él primero, yo despúes y se acercó a hablar conmigo.

Hablamos veinte minutos, el tiempo justo para dos vodkas con naranja. Y de pronto me vi en su cama. Me desnudó rápido, casi torpe. Me besó dos o tres veces. Tocó algo mis pechos. Ni siquiera pudo excitarme. Pero me excité yo sola, pensando que estaba con un médico casado en la habitación de un hotel. O más bien, que estaba con un perfecto desconocido follando. Duró diez minutos. No tuve tiempo de llegar a ninguna parte. Pero miraba su cuerpo perfecto, su deseo descontrolado, su pasión desbordada y me parecía la situación más erótica que había vivido en mi vida, yo, que era como Lidia, perfectamente adaptada. Estaba teniendo mi experiencia, mi aventura. La gran diferencia.

Al acabar, él se recostó a mi lado. Me abrazó. Encendió un cigarrillo. Me dijo que era preciosa y maravillosa. Me hizo sentir más deseada y especial que nunca en mis seis años de matrimonio. Mantuvimos una conversación acerca del amor, de la pasión, del sexo, de la pareja. No hablamos de trabajo, ni de familia, ni de amigos, ni de la última película que habíamos visto... sólo amor y sexo. Fue perfecto. Y tras la conversación, él se animó de nuevo y lo volvimos a hacer. Esta vez mucho más lento. Esta vez llegué al cielo. Y pensé "¿en qué momento exacto me pedirá que le deje dormir, que mañana tiene que irse a trabajar temprano?". Pero no lo hizo. Pidió champagne y volvimos a hacerlo otra vez. Pronunció mi nombre en su tercer orgasmo. Y después, a las cinco de la mañana, se quedó dormido a mi lado hasta que el despertador de su móvil nos hizo vislumbrar la realidad.

Así empezó todo, creo. En su realidad, él se fue a las pocas horas a su ciudad, llegó a casa y besó a su mujer y a sus dos hijos. Yo llegué a la mía, le pedí la separación a mi marido, besé a mi hija y supe, ese día, que estaba enganchada al amor clandestino.

De eso hace hoy más de siete años. Y de aquella aventura con un médico en un congreso le siguieron decenas fantásticas historias hasta que Luís apareció en mi vida y dio un sentido único al sexo, al amor y a mi existencia.
Amanda

lunes, 22 de noviembre de 2010

La lluvia


Llueve afuera
líbido desatada
ante tu presencia

© Angel nov-2010

viernes, 19 de noviembre de 2010

Sentado en el muelle de la bahía



Sentado en la mañana soleada
Estaré sentado cuando la tarde llegue
Viendo los barcos que se van
Entonces los veré irse lejos otra vez
Estoy sentado en el muelle de la bahía
Viendo la marea, alejarse
Sentado en el muelle de la bahía
Perdiendo el tiempo


Deje mi casa en Georgia
Pasando por la bahía Francisco
No tengo nada por que vivir
Veo que no hay nada en mi camino
Solo me siento en el muelle de la bahía
Viendo alejarse la marea
Sentado en el muelle de la bahía,
perdiendo el tiempo

Veo que nada cambió
Todo, todo sigue igual
No puedo hacer que diez personas
me dirijan la palabra
Y supongo que seguirá siendo igual

Estoy sentado descansando mis huesos
Dos mil millas, recorrí
Solo para hacer de este muelle mi hogar
Solo me siento en el muelle de la bahía
Viendo alejarse la marea
Sentado en el muelle de la bahía
Perdiendo el tiempo.
Traducción de Ángel © nov-2010

jueves, 18 de noviembre de 2010

Haiku de la soledad


Estaba solo

Estaba solo conmigo

Contigo no se

© Angel nov-2010

No habrá nada más.


En la cubierta de madera, llegando ya al último tramo,
observo las lucecitas que adornan mi sien.
Dirijo la punta de mis dedos hacia el cielo
e intento tocarlas.
¿Cuántas de ellas querrían adornar mis entrañas?

Inspiro fuerte y cierro los ojos,
lo que me lleva a recordar el aroma a sal
que desprendía mi cuerpo tras reptar entre tus piernas.

Al partir me dijiste, quizás vuelvas algún día,
y yo que dejé de confiar, dibujé una media sonrisa,
te abracé y tu, de espíritu mágico,
conseguiste que cientos de pétalos flotaran a mí alrededor
formando una capa de dulce aroma y aterciopelado escudo.

Siento la vida dentro de mí, pero me duele, me molesta,
mis pechos se endurecen
y se emocionan al introducirse en la gélida agua del océano.

Me estremezco ante la idea de desaparecer pero me hace feliz,
se que aún puedo hacerlo.
Me meto desnuda dentro del agua,
necesito soltar lastre de oscuridad e indecoro.

Si introduzco la cabeza el tiempo suficiente bajo el agua,
podré limpiar el pasado,
los años malvividos
y justo cuando mi piel se torne violácea,
mis pálidos labios sonreirán al saber
que el renacimiento sólo está a una expiración.

Mis músculos ya no volverán a ser flexibles,
ni mi corteza suave con olor a limpio,
mis ojos ya no podrán transmitir calidez ni mi deseo por tenerte,
mi cabello decorado con rizos estarán tristemente desordenados.

Pero no habrá ni un día más en el que la locura,
criatura de alma desangrada,
me obligue a contemplar
la imagen de lo que pude llegar a ser y no fui.

No habrá más días, no habrá nada más.

Aljana

miércoles, 17 de noviembre de 2010

enganchada sin gancho

Me apetece escribir, pero no tengo ganas de contar nada de mí,
siempre hurgando en la herida.
O sea, sí tengo ganas, pero me aguanto bastante.
Me invento un personaje, absurdo y sin gancho,
me levanto a preparar un café y mientras sale,
intento cambiar el personaje, pero ya se ha metido en mí y me da pena echarlo.
Sale el café, ya quedan pocos vasos limpios, vuelvo al ordenador y me siento
y el personaje conoce a alguien, todavía con menos gancho, pero al menos están juntos.
Me fumo un cigarro en la terraza y dejo la colilla en la maceta vacía.
Vuelvo a los personajes, los leo y me parecen patéticos,
pero sé que les voy a dejar salir, irremediablemente daré a publicar.
Miro las estadísticas y veo que los domingos la gente no lee blogs,
o no leen el mío o tendrán mejores cosas que hacer, o todo junto.
Llega un mensaje pero es de venta directa y no ha ido al spam.
Bajo y friego los vasos porque el lavaplatos está lleno, me fumo otro cigarro
y quito las colillas del macetero.
Le meto a mi hija en la bañera y me viene a la cabeza un poema muy hortera
que no me da la gana de publicar.
Subo la escalera y cuando estoy arriba me llama mi hija la de la bañera,
baja, qué quieres, que bajes, pero díme qué quieres, silencio,
bajo y me pide el barco, subo, lo cojo, bajo,
se lo doy y vuelvo a subir.
Me siento en el ordenador y el personaje que antes era simpático
se vuelve un grosero, busco cualquier final porque ya me tiene harta,
le doy a publicar y me voy a jugar con el barco a la bañera.
Claudia
http://claudia-encuentros.blogspot.com/2010/11/enganchada-sin-gancho.html

martes, 16 de noviembre de 2010

Poema fragmentos de la mente


Imagen realizada por Jose Lectores inquietos.

Fragmentos de la mente imagenes con puros sentimientos,
de recuerdos enterrados que añoran ser desenterrados,no
quieren ser olvidados cuando en su dia de plena luz fueron
originados y nunca marginados vivieron ilusionados.

Fugaces reflejos de la infancia a muchos años de distancia,vias
positivas de la pubertad en plena felicidad descubriendo la vida
entre sensaciones como un caballo en libertad,cuando en el perdurar
trajo la mayoria de edad y la ciencia te hace madurar.

Abriendo la mirada como en ella se programa el destino sin darte cuenta
en el pasear de tu camino,guardando entre bolsillos la dulzura regalando
en una flor la ternura,llebando en tu corazon el amor que habita en los
cielos entre la paz calida muy lejos del dolor de los hielos.

Disfruta de todo manjar al igual que el beso que supo soplar una flauta,
la sabiduria cambia el color del cabello donde aparece el duende de sentirlo
todo con alegria mimetizado en la naturaleza en facultades de armonia.

Autor-Jose-Lectores inquietos.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Te encontré en la calle



A ti te encontré en la calle.

En la calle o en esos bares donde hablar era imposible y caían punteos de guitarra eléctrica sobre vasos repletos de whisky.

Hacía frío aquella noche, y el deseo buscaba el refugio en unos ojos amigos. Yo vi en los tuyos la chispa de muchas sustancias, un fulgor que se antojaba breve y mentiroso.

Pero era demasiado invierno para encontrar autenticidad debajo de tantas pieles. Cuando las quité todas, quedó sólo el llanto de una niña caprichosa, herida porque otra se había llevado su juguete.

Supongo que en el fondo sólo fui eso para ti: un juguete. O peor que eso: el muñeco que nunca lograría reemplazar al auténtico juguete. Aún así, lo pasábamos bien juntos los días que no salían encapotados por las nubes del pasado, las noches que no bajabas al bar de Melo y pinchabas varias agujas en tu piel de vudú.

Pero eras de la calle y allí tenías que volver. Lo hiciste, por suerte para todos, cuando el frío ya no arreciaba y las sábanas no mordían con su aliento helado. Desapareciste como habías venido, con otra mirada equívoca, pero entonces ya no tenías nada que esconder, ya conocía cada uno de tus gestos.

Reconozco que tardé tiempo en encontrar un ocupante para el lado frío de la cama, y que me costó volver a pisar la calle sin temor. También, que pinté de blanco toda la casa nada más irte.

Y que cambié todos los muebles de sitio.
Publicado por Juanjo

sábado, 13 de noviembre de 2010

de sabor amargo


Un adiós, empapado en lágrimas
ese beso que evitó los labios
que murió en el aire
con sabor... amargo…

Vuelvo a ser aquel que fui
recogido en el silencio, opaco,
sin querer escuchar, sin necesidad de oir

Vuelvo a ser ese que no debí
que no habla, ni mira, ni exclama,
con tintes de querer siempre huir

Vuelvo a ser aquel que sufrí
cuando la razón luchaba y no encontraba
el hueco libre por donde salir

Vuelvo a ser ese que perdí
dándole esquinazo adrede
abandonado entre bares y carmín

Aquella tarde de noviembre, fría pero caliente….
cuando por fin te descubrí… cuando tu sabor era miel
era azúcar, era hiel…

cuando tu sabor no era amargo…
mare@

viernes, 12 de noviembre de 2010

Confesión en la taberna




“-Ana ha hecho chupe de camarones y eso no me lo pierdo-dice Santiago-. Otro día, hermano.
-Le tienes miedo a tu mujer-dice Norwin-. Uy, qué jodido estás, Zavalita”
Conversación en La Catedral, escrita en 1969 es una novela de Mario Vargas Llosa, hoy reconocida como una de sus mejores obras. Según el escritor “si tuviera que salvar del fuego una sola de las que he escrito, salvaría ésta”
“-Este trajín me ha dado sed-dice Santiago-. Ven, vamos a tomar algo. ¿Conoces algún sitio por aquí?
-Conozco el sitio donde-como dice Ambrosio- “La Catedral”, uno de pobres, no sé si le gustará.
-Si tienen cerveza helada me gustará-dice Santiago-. Vamos Ambrosio.”
La novela tiene un eje central, la conversación de Santiago Zavala con Ambrosio en “La Catedral”. A raíz de ella se intercalan otras tres historias en las que el autor describe la situación de Perú desde todos los estratos sociales bajo la dictadura del general Odría.
“-Yo almorcé, pero tú pide algo de comer-dice Santiago.
-Dos Cristales bien fresquitas-grita Ambrosio haciendo bocina con sus manos-. Una sopa de pescado, pan y menestras con arroz.
No debiste venir, no debiste hablarle, Zavalita, no estás jodido, sino loco. Piensa: la pesadilla va a volver. Será tu culpa, Zavalita, pobre papá, pobre viejo.”
Las historias van intercalándose y encontramos diálogos cruzados: las voces se mezclan para ofrecernos una versión diferente de los hechos que transcurren el país sudamericano.
“-He dejado sueldos íntegros aquí-dijo Carlitos-. En este antro me siento bien.
-Yo es la primera vez que vengo al “Negro-Negro”-dijo Santiago-. Vienen muchos pintores y escritores, ¿no?.
-Pintores y escritores náufragos-dijo Carlitos-. Cuando yo era un pichón, entraba aquí como las beatas a las iglesias. Desde ese rincón, espiaba, escuchaba, cuando reconocía a un escritor me crecía el corazón. Quería estar cerca de los genios, quería que me contagiaran.”
Conversación tiene un carácter documental; la reconstrucción de los hechos es minuciosa, la escritura poderosa nos ofrece un tapiz político, social y sentimental muy interesante porque la literatura de Vargas Llosa no es solo preocupación por la belleza estética de la escritura sino también ideología.
“-Ya era hora, ya era hora-repetía el Chispas, feliz, todavía incrédulo-. Espérate, voy a llamar a la mamá. No vayas a la casa hasta que te avise. Para que no le dé un síncope cuando te vea.
-No voy a ir a la casa ahora, Chispas-ahí su voz que comenzaba a protestar, pero hombre, tú no puedes-. El domingo, dile que voy a ir el domingo a almorzar.
-Está bien, el domingo, la Teté y yo la prepararemos-dijo el Chispas-. Está bien, niño caprichoso. Le diré que te haga chupe de camarones”
La moralidad también está presente, por eso Zavalita elige la opción del fracaso porque vive en un mundo hediondo, putrefacto, una imagen que perdura y se conserva con el tiempo a través de sus palabras.
“-¿Todos muy cordiales contigo, todos te hacen sentir mal con sus sonrisitas y amabilidades?-dijo Carlitos-.Eso es lo que tú quisieras. En realidad no saben nada o les importa un carajo, Zavalita.
-Mentira, de aquí a la oficina llego más rápido que el Chispas-se rio don Fermín-. Además, ahorro, y he descubierto que me gusta manejar. A la vejez viruelas. Caramba, qué buena cara tiene ese chupe.
Riquísimo mamá, claro que quería más, ¿te pelaba ella los camarones?, sí mamá. ¿Un actor, Zavalita, un maquiavelo, un cínico?...”
Es el retrato de una sociedad plural a través de una compleja y ambiciosa estructura en la que Zavalita es el héroe que se da cuenta del cenagal político en que se encuentra sumergido Perú. Decepcionado por una historia hasta en la que su padre se ve salpicado; renuncia, abandona su firme ambición aunque manteniendo sus principios.
“-Me va bastante bien-dijo Santiago-.No tengo ningún proyecto. Sólo seguir en “La Crónica”.
-¿Cuándo te vas a recibir de leguleyo?-dijo Popeye con una risita cautelosa-.Tu eres pintado para eso.
-Creo que nunca-dijo Santiago-. No me gusta la abogacía.
-En confianza, eso lo amarga mucho a tu viejo-dijo Poeye-.Siempre anda diciéndonos a la Teté y a mi anímenlo a que termine su carrera. Sí, me cuenta todo. Me llevo muy bien con tu viejo, flaco. Nos hemos hecho patas. Es buenísima gente.
-No tengo ganas de ser doctor-bromeó Santiago-. Todo el mundo es doctor en este país.
-Y tú siempre has querido ser diferente de todo el mundo-se río Popeye-. Igualito que de chico, flaco. No has cambiado.”

Me ha alegrado la concesión del Premio Nobel a Mario Vargas Llosa, algo que he compartido (repasando su trayectoria y comentando algunas de las fotos y artículos que se han publicado) con algunas personas. He aprovechado para releer Conversación en La Catedral y hacer esta entrada. Me encanta(diría que me ha enganchado más que la primera vez) y he tenido la suerte de contar con una edición de 1974 (años antes de nacer yo); quizás por eso me guste tanto.

Publicado por Linda Susan

jueves, 11 de noviembre de 2010

La mirada de los otros



Entonces pensé:
me saco una foto con el río de fondo,
sonrío y clic, miro la foto, y me veo la cara,
¿Entendés?

YO PENSE QUE ESTABA SONRIENDO,
y entonces me dije:
¿Con esta cara ando por el mundo creyendo que tengo una sonrisa?
Guau Franko,
vas a tener que ir a disculparte con mucha gente,
si si, claro que si.
Perdón.
FIN

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Nosotros. Nous



Ya te encontré en esa persona del plural
pero deja que mi yo se pierda para siempre
en tu tú y yo con él.

Somos dos entre ese pronombre en primera persona.

Aunque nadando en ese plural ya nos hundimos.

Entre tú y yo. ¿Necesitamos de ese tal nosotros?

Entre tantos nosotros ya no cabemos en él.

PUBLICADO POR LA ZARZAMORA

lunes, 8 de noviembre de 2010

La bufanda de los sueños


¿Alguna vez te has preguntado dónde fue a parar ese sueño que tanto deseabas realizar y que ahora te es indiferente? La explicación es sencilla, pero difícil de aceptar. A diferencia de su nacimiento, el motivo por el que se desvanece es ajeno a la razón o a los sentimientos. Tiene que ver con la ropa. Yo lo asimilé cuando conocí a Rocío Gaztelu.
Al nacer un sueño se revela un hilo de nuestra camiseta o jersey y se bambalea… listo para volar. Rocío no lo sabía. Simplemente le gustaba arrancarlos de las prendas de quienes apreciaba. Quería hacer algo especial con ellos.
Del ovillo hizo una bufanda. Al usarla, empezó a vivir los sueños de los demás. Experimentó aventuras insospechadas y, aunque la extasiaban, le producían tristeza. Sus propios sueños no tenían cabida. Deshizo la bufanda y devolvió las hilachas, pero ya nadie quiso perder su tiempo en asuntos improductivos.
por Rafael R. Valcárcel
http://www.nocuentos.com/cuentos/la_bufanda_de_los_suenos.html

sábado, 6 de noviembre de 2010

haiku por la paz




La paz comienza

Si la guerra acaba

otra batalla

© Angel 6/11/2010

viernes, 5 de noviembre de 2010

Del Más Allá

La Foto, de la Dehesa del Moncayo, es de Manuel Arribas.
Se levantó por tercera noche consecutiva con crucifijos alrededor de su cama. Los volvió a guardar en el único armario que el Sanatorio tenía para cada enfermo de tuberculosis. No le dio mucha importancia los primeros días, pero esa mañana empezó a estar preocupada. Salió por el pasillo y se dirigió a la terraza. Se puso la manta y se sentó en la tumbona. Cerró los ojos intentando explicarse porqué tenía esos objetos en su cama. No pasaba mala noche, de hecho dormía profundamente. Cuando volvió a abrir los ojos, se dio cuenta que no había nadie más en la terraza. Ni en el comedor, ni en la cocina. Parecía que estaba sola en todo Agromonte. El viento correteaba por los pasillos vacíos y se dio cuenta que las ventanas estaban sin cristales, las paredes descorchadas y las puertas llenas de pintadas que imploraban al diablo. Se asustó y corrió hacia su habitación, pero al entrar vio que cuatro personas la miraban con terror mientras sujetaban crucifijos. En el suelo, unas letras marcadas a punta de cuchillo y un vaso, que explotó cuando lo miró. Se despertó con el sonido de cristales. Esa noche no había dormido bien, pero al menos ya es de día. Se levantó para ir a la terraza como cada mañana pero volvió a encontrarse con crucifijos alrededor de su cama...



,

jueves, 4 de noviembre de 2010

Aproximación al otoño


Desde este misterio

predicado

en crecientes ocres

vislumbro el desembarco

de encadenadas brisas y noches

inclementes

—oráculo

de sol declinante

e incendiadas,

incendiarias

copas

quemando en hojarasca

el espacio limítrofe

de los arcoíris—.

Se empina el ascenso

de turbias nostalgias

y lluviosos silencios

diluídos

como tinta de periódico

sobre la calle

hecha sollozo y punto de referencia

para los fantasmas

que acuden a la cita

pálidos y montados

en bicicletas de oxígeno.

En el charco

será tu nombre

un temblor más

en el concéntrico rubor

de la imagen

—parida de claroscuros—

cuando el pie de la indiferencia

patee

—al borde de lo permisible—

y te derrames

como un coacervado

precursor

de la melancolía.

http://www.pedrosuniqueblog.com/2010/09/aproximacion-al-otono_23.html

miércoles, 3 de noviembre de 2010

En el ipod




…suena Nessum Dorma.
Ahora parece que haga mil años que fui con Estrellita a ver Turandot al Liceu.
La última vez que nos vimos (no hace ni una semana) me dijo que en Julio iremos a ver Carmen, pero seguro que acaba llevando a alguna rubia (como la última vez).
Quizás vale la pena que vaya comprando entradas, si quiero realmente ir, y pasar de él…
También hay una lista de reproducción que se llama Calabaza y otra que se llama Estrellita.
En la primera están todas las canciones que le envié durante seis meses.
En la segunda las que me envió él.
Suman casi doscientas.
Las que más me gustaban.
Las que más le gustaban a él.
Formaron parte del irnos conociendo.
Después vinieron otras músicas.

¿Cómo se olvida?
Lola dice que tengo que hacer limpieza dentro, que en realidad no llegarán otras personas a mi vida (y no las sentiré importantes) hasta que éste se haya ido del todo.
¿Cómo se echa a alguien de la memoria?.
¿Cómo se olvidan los recuerdos?.
Y, si no pueden olvidarse ¿cómo se convive con ellos?

martes, 2 de noviembre de 2010

JUSTINIANO 85






El día de los difuntos
Justiniano ha ido al cementerio
para ganar algo de dinero
amenizando con sus dotes artísticas
a todos los entristecidos visitantes
pero su enorme esfuerzo
no ha sido recompensado
por esas personas tacañas y violentas
que como monos desquiciados
incluso han intentado agredirle
ya que no les ha gustado nada
que Justiniano vestido de Mariachi
y al son de una elegante guitarra
caminara entre nichos y tumbas
cantando esta bonita canción:
"AY! ¡AY! ¡AY! ¡AY!, ¡CANTA Y NO LLORES!
PORQUE CANTANDO SE ALEGRAN,
CIELITO LINDO, LOS CORAZONES".