jueves, 25 de mayo de 2017

Perdóname, Señor.





Telecinco juega bien sus cartas. Sabía que Sé quién eres era una serie que se ganaría el respeto de la crítica. Pero también sabía que no sería una serie de grandes audiencias. Se mantuvo con mucha dignidad, pero no fue un fenómeno de masas. Sí lo fue El Príncipe, serie con más pegas —también con virtudes, ojo— pero con mejor rendimiento para la cadena, sin ninguna duda. Lo mismo ocurre con Perdóname, Señor. Así que tras ofrecernos la cara, ahora llega la cruz.



Perdóname, Señor busca al público de El Niño y de El Príncipe compartiendo trasfondo, caras e incluso estilo visual. Al menos en las escenas de acción con las que arranca y que plantean el marco del narcotráfico sobre el que se monta el resto del cuadro. Pero se distancia de la película y la serie en cuanto empieza a descubrir el culebrón familiar que se esconde detrás. Porque resulta que la monja que interpreta Paz Vega, y que vuelve a Barbate 20 años después de partir precipitadamente hacia Roma, se fue dejando un hijo detrás, niño que tuvo con el que ahora es uno de los capos del narcotráfico de la zona (interpretado por Stany Coppet, el malo de El Príncipe), que no sabe que es el padre del chico.


Ni siquiera el joven (Jesús Castro, es decir, El Niño) sabe que la que él conoce como su tía es en realidad su madre. Para más inri, padre e hijo pertenecen a bandas enfrentadas. En definitiva, un culebrón aderezado con acción y montado sobre la situación social y económica que el paro ha dejado en esta zona de Andalucía.


La serie, de ocho capítulos, tendrá su público, y mal se tiene que dar la cosa para que no sea numeroso. Es un público que se encontrará con diálogos forzados pronunciados sin demasiada convicción por sus protagonistas —entre los secundarios se encuentran mejores actuaciones, como las de Estefanía de los Santos y Paco Tous, cuerpos 10 con poca ropa y una historia que no pide demasiado esfuerzo por parte del espectador para poder seguirla.


Perdóname, Señor es lo que parecía, y lo que quería Telecinco. Por suerte o por desgracia, depende del punto de vista.


 Sin temor a sobreexplotar un género más que trillado, Mediaset España se salta a la torera el conocido refrán que afirma que "mucho amén echa la misa a perder" y vuelve a meter en una coctelera los mismos ingredientes con los que triunfó con historias como 'El niño', 'Sin tetas no hay paraíso' o 'El Príncipe'.
Un poco de prostitución, unos cuantos narcos por aquí, Stanley Cooper por allí, drogas por allá, Jesús Castro y su inconsistente interpretación por acá y ¡voilà! Más de lo mismo y, esta vez, a precio de saldo y colado en forma de miniserie de 8 capítulos en la que la cadena parece no confiar demasiado como señala su tardío estreno.


Filmada en 2016, 'Perdóname, Señor' llega a la pequeña pantalla como un producto efectista dirigido al consumidor medio de televisión en abierto y sin ningún tipo de pretensión de ser más de lo mismo para los paladares más exigentes.


La serie de Gossip Events & Productions, productora creadora de despropósitos como 'Dreamland' y 'Yo quisiera', sube su listón con este culebrón vestido de superproducción que presume de tener prisa de mostrar pronto sus cartas para contentar a su audiencia más impaciente. Pronto, el cuento de narcos que Telecinco vendió en sus promociones y en los primeros minutos de la ficción pasa a convertirse en una telenovela capaz de contentar a todos los targets con personajes secundarios que solo sirven para alimentar el folletín.
Con 'Perdóname, Señor', Telecinco ha vuelto a comprar y servir los ingredientes con los que triunfó en otras producciones


A pesar de todos sus males, 'Perdóname, Señor' también tiene sus aciertos. Estos no son, por supuesto, sus actores principales, que convierten la ficción en algo insostenible desde el minuto uno con su variopinto elenco que poco o nada intenta disimular no haber pisado en la vida Barbate. La serie, irremediablemente, engancha y varios de sus actores secundarios brillan por su solvencia interpretativa.

Cabe destacar el trabajo de Paco Tous y el del cuasi debutante Diego Domínguez, que parece ser el único miembro del casting juvenil con interés de preparar su personaje a conciencia.
Tras el estreno de esta ficción solo nos queda pedir que Dios nos pille confesados y nos ayude a sobrellevar el calvario que nos espera ante un nuevo aluvión de seriales centrados en el mundo del narcotráfico que ya amenazan con desembarcar en las cadenas generalistas. Perdónales, Señor, sabemos que esto es tan solo el comienzo.


P.D. Mejor esperar a los Jueves y verlo sin cortes tan extensos.


Natalia Marcos (El País) & Tony López (EL Confidencial)

lunes, 22 de mayo de 2017

Sneaky Pete



Gansters y atracos

Después de tres años a la sombra, Marius Josipovic vuelve a respirar en semi libertad dejando atrás los barrotes y el trivial e infatigable parloteo de su compañero de celda. Su pasado, sin embargo, del que también pensaba haberse escurrido le vuelve a poner en fuga y, caprichos de la vida, transforma aquellas machaconas charlas del peculiar Pete en su único salvavidas. Marius asume la identidad de Pete, adquiere su personalidad y busca refugio en lo único que conoce de este, la familia de la que siempre hablaba y llevaba más de 20 años sin ver.


Ateniéndose a un cierto parecido físico y su habilidad para el engaño la estratagema podría parecer sencilla, pero, mantener la máscara de ser quien dice ser sabiendo poco más que unas cuantas anécdotas como colchón, es un plan con obvias fisuras. La farsa corre un peligro constante, y, ese estrés que sufre el protagonista ante su inminente descubrimiento, se transmite al espectador. Giovanni Ribisi - uno de esos eternos secundarios que alcanza aquí el papel protagonista - realiza una estimable interpretación siendo uno de sus mayores logros la capacidad de contagiar un estado, el del nerviosismo, que no permite relajarse.


La idílica familia que dibujaba el Pete entre rejas sorprende mostrando un espíritu mucho más combativo del que se presuponía, no les faltan bemoles, y generan un tono que acerca la serie al cine de gansters. En ese mismo tono se desarrolla la trama que arrastra Marius del pasado. Debe dinero, y si no consigue reunirlo a tiempo su hermano - al que mantienen retenido como aval - será mutilado por Vince. Un Bryan Cranston haciendo de villano que nos regala otra magistral interpretación. Las similitudes entre acreedores - la familia ostenta un pequeño negocio de fianzas -, quienes parecen compartir cierta esencia genética independientemente del lado de la ley en el que se encuentren, deja un pequeño espacio para la reflexión y, sobretodo, en su proceder, los momentos más potentes de la serie. Ojo al bate de beisbol de Otto - el patriarca de la familia - y la historia policial de Vince.


En rededor a la trama donde Vince es el eje central - personaje cuyo peso no hace más que crecer aumentando con él la calidad de cada episodio -, la serie adquiere otro matiz más propio del cine de atracos. Y es en esa mezcla de géneros donde Sneaky Pete se convierte en algo especial. Ese estilo más inflexible, seco y directo con aires a film noir mezclado con la espectacularidad de la estafa, la adrenalina, la sorpresa y la admiración ante la genialidad de turno hacen de esta serie - recogida por Amazon después de ser descartada por la CBS -, una opción muy recomendable.


Ahora bien como en todo plan que se precie, Sneaky Pete no se libra de caminar por el filo de la navaja y, el hecho de que muchas de las situaciones se resuelvan por la casualidad hace que salten las alarmas en más de una ocasión. Hay una tendencia a forzar la acción, a llegar a un “casi” poco creíble que, sin embargo, sus máximos responsables - David Shore (’House’), Bryan Cranston y Graham Yost (‘Justified’) - consiguen sortear de forma astuta. Especialmente con el uso de unos socorridos cliffhanger, efectivos a la hora de crear esa adicción que ayuda a olvidar sus debilidades.


En la segunda temporada - ya confirmada por Amazon - se verá si la persona termina devorada por el personaje, si los nuevos intérpretes no languidecen ante los que quedaron, si se mantiene ese tono tan interesante de mezcolanza o se prefiere volcar la acción hacia un lado u otro. De momento y a la espera de lo que vendrá, esta primera temporada se disfruta y se vive con intensidad.


Ki___w

miércoles, 17 de mayo de 2017

Elegy ( La Elegida )




Definitivamente ‘El animal moribundo’ no funciona. Y siento decirlo pero creo que en este caso todas las culpas se las lleva Isabel Coixet. Habiéndose desligado en esta ocasión por completo del guion, la barcelonesa parece buscar desesperadamente lucirse en las labores de dirección, y claro, la historia acaba resintiéndose estrepitosamente. Y lo más jodido de todo es que ya se le ven las intenciones al cuarto de hora de metraje.


Isabel Coixet siempre me ha parecido de lo mejorcito en cuanto a directores en este país se refiere. Y me sorprende que después de hacer cine con mayúsculas, como La vida secreta de las palabras sea capaz de presentarnos una película tan vacía e impersonal como la que nos ocupa. Entiendo que haya mucha gente a la que le guste, pero a mí me ha decepcionado.


Vale, la película es un encargo de Hollywood, pero es que aun así apenas noto la mano de Coixet. Creo que la mayor baza que ha tenido esta directora son los guiones que ella misma crea, y dota a sus cintas de una personalidad (salvo alguna excepción) impresionante. Por eso creo que al trabajar con un guión hecho por otra persona la película, en este caso pierde mucho.


Es indignante que a una historia con tantas posibilidades (principalmente tragicómicas y eróticas) se le saque tan poco jugo. Porqué la única sensación que me quedó tras hora y media (que en realidad me parecieron más bien dos horazas) fue la de haber visto un sinfín de imágenes bonitas, lo cual estoy convencido que se aleja bastante de las intenciones originales del novelista Philip Roth. Así que si lo que pretendía Coixet era hacer su propia galería de cuadros “cool” en movimiento a la vez que tiraba por la borda buena parte del crédito que fue cosechando con sus últimas obras como narradora de bellas historias intimistas, desde luego lo ha conseguido.


Por su parte, ni el asombroso reparto, que más de uno mataría por tenerlo bajo sus órdenes, consigue salvar la función. Los actores parecen haberse contagiado de la peligrosa dinámica del conjunto. Incluso el buen savoir-faire de Ben Kingsley y Dennis Hopper (eso sí, qué placer verles compartir pantalla) es sepultado por la mediocridad que desprende la película. De Penélope Cruz se aprecian algunos intentos por su parte de dar profundidad al personaje de Consuela, pero acaba haciendo lo que sospecho sabe hacer mejor: interpretarse a sí misma.


A pesar de otros detalles que me pusieron de los nervios (recursos pseudos-poéticos alarmantemente facilones y el uso de una voz en off que trata al espectador de idiota), tampoco quisiera quedarme con una impresión final negativa de ‘El animal moribundo’, porque técnicamente sería algo injusto. Como ya he dicho, desconectando el cerebro, es un filme agradable de ver. Pero creo que a estas alturas a Isabel Coixet se le puede pedir muchísimo más.


En cuanto a Penélope Cruz (que por cierto, ya la había impuesto la productora) creo que no transmite nada. La relación con su compañero de reparto no tiene nada de química (por parte de ella), y cuando mantiene relaciones más íntimas con él me parece totalmente asexual, inexpresiva y en definitiva un témpano de hielo (ya sé que Ben Kingsley no te pone nada, pero eres actriz, disimula un poco). En las entrevistas le preguntaron a Isabel Coixet acerca de la actuación de Penélope, a lo que respondió <>, yo también lo creo, porque la profundidad del personaje es inexistente.

Lo de Ben Kingsley ya es otra historia, está inmenso, como en todo lo que he visto de él. No sólo defiende el guión sino que incluso lo mejora con sus innumerables recursos y hace la película más entretenida. Vamos, lo que se suele decir, que llena la pantalla. Ha sido una delicia verle y me rindo a sus pies. No me arrepiento de ver la película, porque me a gustado conocer a este personaje.

Los secundarios es otra de las cosas que salva la cinta: Dennis Hopper, Patricia Clarkson, Deborah Harry y Peter Sarsgaard están geniales. Sobre todo éste último, que protagoniza junto a Ben Kingsley (su padre en la ficción) la que es para mí la mejor escena de la película, en la que discuten distintos tipos de infidelidades.


Conclusión, la película no es mala mala, se puede ver, pero se le podía haber sacado bastante más partido.
luxio81

domingo, 14 de mayo de 2017

American Gods


 Los dioses la estaban esperando

Tenía la novela pendiente desde hace años, me la leí al fin el mes pasado, me gustó mucho y este primer capítulo de la serie me parece brutal. A mí me suelen gustar más las novelas que las pelis/series basadas en ellas pero si mantiene el nivel no sólo creo que puede ser una excelente adaptación del libro, esque creo que puede ser mejor que la novela y eso no lo pienso ni de una gran serie como Game of Thrones.


Si te impactó la novela de Gaiman, aún más te impactará la adaptación que se marca Bryan Fuller. La misma estética visual que creó para su serie sobre Hannibal Lecter, la encontrarás en American Gods. Habrá a quien no le guste ese tipo de forma de rodar, con exceso de gore y exceso de escenas lentas con imágenes oníricas, pero si alucinaste con el envoltorio que rodeaba a Hannibal, más vas a alucinar aquí.



Un libro tan original, complejo y arriesgado encuentra aquí su réplica perfecta en formato serie.La lucha entre los viejos dioses de la mitología que han acompañado a la humanidad desde hace siglos, en una relación de subordinación y dependencia con ellos, se enfrentan ahora a los nuevos dioses que la humanidad ha creado. Dioses como la ciencia, la tecnología o el afán de popularidad. Los viejos dioses han emigrado y buscan recuperar su lugar en la mente del hombre. En mitad de esa lucha tenemos una road movie a través del territorio de Estados Unidos que une al señor "Miércoles" en realidad el Dios de la sabiduría que finge ser un timador de poca monta, acompañado por Shadow Moon, un ex-convicto sin fe, y menos después de descubrir que su mujer no era quien él creía que era. A este último lo interpreta Ricky Whittle, que se dio a conocer como secundario en las últimas temporadas que ha emitido la serie de Los 100, para nada mal en su primer gran papel. Pero el que lo borda es Ian McShane en un personaje que le sienta genial y que enseguida vas a pensar que no había otro actor que pudiera haberlo hecho mejor del señor miércoles. En una interpretación que nos recuerda por momentos a su cínico personaje de Al Swearengen en Deadwood. Aún no ha salido Gillian Anderson, pese a que todos los que han podido verla hablan maravillas de su trabajo. A poco que esta sume a la serie, la va a convertir en uno de los estrenos del año.


Esta es una historia sobre la fascinante complejidad de los Estados Unidos. Sobre la inmigración, sobre volver al mundo tras salir de la cárcel, sobre recorrer un país en un road trip y sobre el duelo tras la pérdida de un ser querido. Una historia sobre la fe, sobre la pugna entre dioses antiguos y nuevos, sobre la materialización de las creaciones y ensoñaciones del ser humano en busca del sentido. Una historia sobre trucos con monedas y otros timos. Una historia que es mejor experimentar que dejar que te la cuenten.


Para los fans del libro, gozarán con la brillante adaptación. Para los que se acerquen a a la serie sin leer el libro, lo van a flipar. No sólo es una serie de gran calidad sino que me parece absolutamente original y rompedora para el panorama televisivo, tanto a nivel argumental como a nivel visual.


Gracias Neil Gaiman por crear una historia tan maravillosa, fascinante y llena de posibilidades. Gracias Bryan Fuller por volver a brindarnos su enorme talento tras la brillante Hannibal y por escoger tan bien el proyecto. Gracias Michael Green por crear esta joya con él.Gracias Ian McShane por volver a brindarnos su inagotable carisma y por escoger tan bien el personaje. Gracias a todos y cada uno de los actores que encajan perfectamente con el personaje que interpretan.


Es genial ver la adaptación de escenas memorables del libro como la de la pelea con Sweeney o la presentación de Mr Wednesday en el avión pero del piloto destacaría en especial la mítica escena de Bilquis, que parecía muy difícil de adaptar pero lo han bordado, o la del chico tecnológico, que la han incluso mejorado respecto al libro (¿soy yo, o los matones tienen un aire a los drugos de la Naranja Mecánica?)


Sus primeros capítulos tienen un breve prólogo narrado con voz en off donde vamos a ver la relación de dependencia de la que antes hablaba, que la humanidad ha tenido con los Dioses a lo largo de los tiempos. Con ritmo e intriga suficientes para saber qué quieren contarnos, grandes personajes y actuaciones, convierten a American Gods en la adaptación que la novela merecía y en una de esas series que acaban dando mucho de lo que hablar.


Rufus T Firefly

miércoles, 10 de mayo de 2017

La casa de papel



Antena 3 ha estrenado «La casa de papel», la nueva apuesta de Atresmedia por la ficción nacional. Su capítulo piloto ha conseguido congregar frente al televisor a más de cuatro millones de espectadores para ver el mayor atraco de la historia y conocer a un grupo de ladrones de lo más variopinto. Y es que el ambicioso proyecto de Álex Pina se ha convertido en el estreno más visto del año. Pina es un escritor y productor español, creador de series de éxito como «Vis a vis», «El barco», «Los hombres de Paco» o «Los Serrano».
«Desde los títulos de crédito, la audiencia se va a quedar pegada a sus asientos». Así prometía Pina, durante una entrevista concedida a ABC, que sería este thriller, el cual solo tendrá una temporada. Y así ha sido. No ha dejado indiferente a nadie. Un grupo de atracadores muy peculiares han asaltado la Fábrica de Moneda y Timbre para ejecitar el atraco más perfecto de la historia de España llevándose a casa 2.400 millones de euros.

Úrsula CorberóÁlvaro MortePaco TousPedro AlonsoAlba FloresJaime Lorente Miguel Herrán, son algunos de los actores que encabezan el reparto de esta producción, en la que la acción se desata desde el primer segundo. Para Álex Pina, esa mezcla de actores más conocidos con otros que no lo son tanto «es la mejor fórmula; que no sean rostros familiares, ya que el peso de lo nuevo da mayor sorpresa al espectador».
 


Este grupo de atracadores, que se han puesto nombres de ciudades (Tokio, Nairobi, Moscú, Río, Denver, Oslo, Helsinki y Berlín) y liderados por «El Profesor», han conseguido que todo el mundo se pregunte, ¿quiénes son cada uno de ellos? Aquí daremos a conocer a los protagonistas de La casa de papel.

Álvaro Morte es «El Profesor»

De un médico de principios del siglo XX en El secreto de Puente Viejo a El Profesor en La casa de papel. Y es que Álvaro Morte en esta nueva apuesta de Atresmedia va a interpretar a un personaje sin antecedentes y sin registro, es decir, un auténtico fantasma. Aunque El Profesor tiene una mente privilegiada. Ha planeado durante años hasta el mínimo detalle de toda la operación buscando a la gente adecuada, aquella que no tuviese nada que perder.

Úrsula Corberó es Tokio
Hace poco que hemos visto a Úrsula Corberó en la pequeña pantalla en La Embajada. Sin embargo, en La casa de papel la veremos en un papel muy distinto. Tokio es dura, impulsiva y muy sensual. Es una superviviente. Después de 15 atracos limpios, el último no resulto tan bien: tres víctimas mortales, una de ellas, el amor de su vida. Tras eso, pasó de ladrona a asesina y a formar parte de la lista de en busca y captura de la policía.




Pedro Alonso es Berlín
El actor vigués ha pasado de series gallegas como Padre Casares a formar parte del elenco de La embajada o ahora en La casa de papel. En esta última, Pedro Alonso se sumergirá en la piel de Berlín, el jefe al cargo del asalto al interior de la Fábrica de Moneda y Timbre. También está en busca y captura por más de 27 atracos en joyerías, casas de subastas y furgones. Se trata de un hombre de modales finos, aunque sabe apretar cuando hace falta, que se cree muy superior al resto de la banda.



Miguel Herrán es Río
Tras ganar el premio Goya al Mejor Actor Revelación en 2016, Miguel Herrán no ha dejado de sorprender. En La casa de papel interpretará a Río, un chico que lo sabe todo sobre alarmas y electrónica tras haber programado desde los seis años. De hecho, ha pasado a ser un objetivo de la Interpol, una situación de la que lo salvó El Profesor. Por lo tanto, en la serie será el Mozart de los ordenadores, aunque para todo lo demás su juventud no le será de ayuda.




Paco Tous es Moscú

Este es el año de Paco Tous. Inmerso en cuatro series en este 2017, en la nueva producción de Atresmedia nos sorprenderá en el papel de Moscú. Tras pasarse casi toda su vida trabajando de minero, se dio cuenta de que cavando hacia arriba, llegaría más lejos. Es más, su habilidad de hacer cualquier cosa con el metal y de abrir cualquier cerradura, le llevaron al crimen. Ha sido condenado por atracos, estafa, robo de varias joyerías y su gran especialidad: Agujerear cajas acorazadas. Su debilidad: su hijo Denver.

Jaime Lorente es Denver
Jaime Lorente ha sido conocido por su papel de químico en 'El secreto de Puente Viejo', aunque en La Casa de Papel interpretará a Denver, un macarra de extarradio, corto de miras e impulsivo. Las drogas y las costillas rotas le llevaron a convertirse en el rey de las peleas de disctoteca. En un plan perfecto, es una bomba de relojería. Genera tensión por donde pasa, aunque también tiene una debilidad que le hace parecer más humilde: su padre, Moscú. Haría cualquier cosa por él.

Alba Flores es Nairobi
Alba Flores da el paso de Vis a vis, en donde se enfrentaba a una pena de 5 años de cárcel por homicidio, a esta nueva serie donde interpretará a Nairobi. Optimista empedernida, lleva desde los 13 años falsificando billetes. Al ritmo de «Alegría, fiesta e ilusión», será la encargada de calidad de toda la operación. Es dura e impulsiva, al igual que Tokio. Sin embargo, ella si tiene algo por lo que luchar: recuperar la custodia de su hijo y huír con él.

Darko Peric y Roberto García son Helsinki y Oslo
Hasta para el atraco más sofisticado hacen falta soldados. Los actores Darko Peric (Sé quien eres o Un día perfecto) y Roberto García interpretan a Helsinki y Oslo, dos serbios que representan la fuerza bruta de este grupo de atracadores. Son dos personajes de pocas palabras y de sonrisa inquietante y, aunque seguro que están pensando algo, nunca se sabrá.

A este elenco de actores se unen Itziar Ituño, como responsable policial del secuestro; Enrique Arce, como Jefe de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre; Esther Acebo, como secretaria y María Pedraza, como la hija del embajador británico, un auténtico «corderito» entre los atracadores. Todos los detalles de estos personajes, entre otros, se podrán descubrir en los próximos capítulos.
Noelia Soage (ABC)

martes, 9 de mayo de 2017

Les Témoins



La pequeña localidad de Le Tréport, en la costa de Normandía, está conmocionada por el descubrimiento de la profanación de tumbas en distintos cementerios. Los cadáveres aparecen cuidadosamente colocados en grupos de tres en pisos pilotos de nuevas promociones inmobiliarias. ¿Por qué? ¿Para qué? Y lo que es más importante, ¿quién? La investigación de este truculento caso centra los seis capítulos de la primera temporada de la serie Los desenterrados de Le Tréport, que Cuatro estrenó en España.


Se trata de uno de los últimos grandes éxitos de la ficción televisiva del país vecino, exportado ya a más de 25 países. La actriz Marie Dompnier es la detective Sara Winckler en la ficción, encargada de la investigación del caso, en el que tendrá que trabajar junto a Paul Maisonneuve, reputado comisario retirado que se reincorpora para tratar de esclarecer el misterio. De darle vida se encarga el actor francés Thierry Lhermitte (Boulogne-Billancourt, 1952), que en conversación telefónica con EL PAÍS describe la serie como "un thriller que se suele comparar con los de los países nórdicos". En realidad, confiesa que solo habla de oídas porque no está familiarizado con esas series —de hecho, asegura que no ve apenas la televisión—. "Pero es una buena historia, me gustó mucho cuando la leí, no pude parar hasta que terminé, quería saber cómo acababa. Creo que esa es una gran cualidad para un thriller", añade.


Además de la historia, para Lhermitte, uno de los actores franceses más populares y con una extensísima carrera a sus espaldas (la base de datos IMDb le sitúa en 139 títulos), hubo otro factor decisivo a la hora de aceptar unirse a Los desenterrados de Le Tréport. "Por una vez, no tenía mucho diálogo", confiesa con cierta socarronería al otro lado del teléfono. "Normalmente me dan personajes con mucho diálogo, lo que supone mucho trabajo. Este hombre es muy silencioso y fue genial que, por una vez, no tuviera mucho que decir", continúa el intérprete, popular sobre todo gracias a comedias como La cena de los idiotas o Un indio en París.
Junto a él en la ficción está Marie Dompnier, con una experiencia delante de las cámaras más limitada. "No había hecho casi nada de cine o televisión, es actriz de teatro, lo que es genial porque el que la gente no la conozca añade algo extra que no existe cuando el actor es conocido", comenta Lhermitte.

En Los desenterrados de Le Tréport, además de Lhermitte y Dompnier otro protagonista más es la misma Le Tréport, en la Alta Normandía, un lugar que, según el actor, gana en la ficción. "Todo se debe al talento del director y del director de fotografía, porque excepto Lille, que es una ciudad muy bonita en el norte de Francia, todo lo que sale en la serie parece mucho más interesante de lo que es en la vida real. En realidad, es todo muy triste, muy húmedo. Grabamos en invierno y hacía mucho frío, estaba gris... No era demasiado agradable", recuerda el intérprete, rompiendo el encanto de la ficción.

Mal tiempo, acantilados, sociedades pequeñas, vidas cotidianas con segundas lecturas y unos cuantos majaras sueltos. Súmenle unos polis en crisis, volcados en sus trabajos para huir de sus propios problemas. Detectives que cuanto más investigan, más crímenes se cometen, hasta que ponen del revés a la localidad entera. Casi merece más la pena que estos agentes del orden no salgan de sus casas porque cuando se ponen a trabajar, la lían todavía más, oigan.


Si les atrajo la serie sueca Bron/Broen, si se entretuvieron con la británica Broadchurch y aquellos vertiginosos acantilados, si conectan con las series oscuras en lugares desapacibles sobre la investigación de algún crimen truculento, aterriza un nuevo título a las pantallas catódicas mainstream que no deben perderse.



En la ciudad costera de Le Tréport, situada en Normandía, aparecen seis cuerpos desenterrados de sus tumbas, colocados meticulosamente en dos viviendas piloto. La joven policía Sandra Winckler (Marie Dompnier) se pone al mando de la investigación, con la incómoda ayuda del ex policía Paul Maisonneuve (Thierry Lhermitte). Maisonneuve es incluido en el caso, pese a no estar en activo, por su incomprensible relación con el escenario, al haber aparecido su foto enmarcada en una de las viviendas.

Exportada a veinticinco países, en Francia alcanzó audiencias de hasta seis millones de espectadores. Estados Unidos pudo verla a través de Netflix, y llegó a Gran Bretaña a través de Channel 4 con el título de Witnesses. Con su estreno en lugares tan competitivos como los países anglosajones se demuestra la enorme aceptación de la serie y, sobre todo, del género noir en los mercados occidentales. Para que entiendan el hito que ha supuesto además para los franceses, es la primera vez en veinte años que una serie de su televisión pública se emite en Gran Bretaña. Fíjense si llevaban tiempo dándoles la espalda. España: apunten.



Sus creadores, Hervé Hadmar y Marc Herpoux, admiten que de arranque se plantearon hacer el The Killing francés. Obviamente no es más que una forma de resumir de forma simple que querían plantearse un noir con protagonista femenina, y que a partir de ahí, fundiéndolo con su idiosincrasia propia, han creado una historia y un universo totalmente nuevo.


La actriz Marie Dompnier, protagonista femenina, realiza un excelente trabajo en su papel de una mujer policía perfeccionista y competitiva. Como muchas mujeres de su profesión, está harta de que sus allegados no entiendan que su trabajo le apasiona, y que esto no es incompatible con ser mujer ni madre. Una comprensión que busca en su pareja, con la que comparte el cuidado de su hija en común. Pese a ser una familia moderna, los conflictos personales se van complicando a medida que avanza la serie.

Su colaborador en la investigación está interpretado por el popular actor de comedia Thierry Lhermitte, que seguramente recordarán por la película La cena de los idiotas. Un actor con tablas que aquí cambia radicalmente de registro y cumple correctamente, en una interpretación basada en la sobriedad y el exceso de laca Nelly. Seguramente debido a que es considerado un titán de la interpretación, en algunos gestos exhala cierto aura a autocontemplación.


Sin apenas moverse en las escenas por la cojera de su personaje y con un peinado cardado que no se mueve ni un milímetro, ya llueva, truene o venga un vendaval, chirría en algunas secuencias con su colega femenina, que se pasa media serie con el pelo delante de la cara debido al viento habitual de una ciudad costera del norte. Parece ser que el mal tiempo a él no le afecta, como si fuera un caminante blanco de Juego de Tronos y estuviera congelado. O como si estuviera por encima del bien y del mal, cuando a lo largo de la serie veremos que su personaje también se trae lo suyo.


En el caso de ella, luce un despeinado casual, eso sí, sin perder los labios pintados de rojo y los tacones de aguja aunque sea policía y a veces deba salir a la carrera. Estas cuestiones parecen nimias, sin embargo son detalles que como espectadores pueden hacerles saltar del asiento si están acostumbrados a series de este género con personajes desaliñados como las protagonistas femeninas de Forbrydelsen, The Killing o Bron, o, en el caso masculino, como Wallander. Kenneth Brannagh jamás se habría peinado tanto. Al revés, estaría hecho un Cristo. Stanislavski no lo habría permitido, ni ningún actor de método. Y cuando se pierde “el método”, el personaje pierde fuerza.


Se preguntarán por qué el departamento de peluquería le ha marcado ese cardado tan Lola Herrera a él. O cómo puede ser que el área de vestuario le haya calzado un tacón de aguja a ella, cuando se tira media serie persiguiendo asesinos y probablemente el reglamento policial ni siquiera lo permita. Estamos en Francia, mon amour. Hay que transmitir glamour por algún sitio. Solo los franceses consiguen que estas cosas cuelen.
Merece ser destacada su inquietante cabecera y música incidental. Pese a su simpleza, cumple los cánones de género y nos muestra el inquietante escenario donde se desarrolla la serie: cielos encapotados, mal tiempo, nadie alrededor, una mujer fuerte, y la amenaza de un lobo. El animal al que hay que perder el miedo para cruzar el umbral y que nuestra heroína femenina resuelva el caso. El de fuera de casa y el de dentro.


Aunque no vea mucha televisión, en los últimos años Thierry Lhermitte ha frecuentado la pequeña pantalla como protagonista durante cuatro temporadas de la versión francesa de Doc Martin (la ficción original británica, de mismo título, tuvo su adaptación española en Doctor Mateo) y en la serie que nos ocupa. "Ahora, debes hacer series de televisión a no ser que estés en películas como Harry Potter o Superman, y no tenemos de esas en Francia", reconoce, aunque también ve el lado positivo a la ficción televisiva: "puedes trabajar más en los personajes porque tienes más horas, los guionistas tienen más tiempo para desarrollar los personajes y los actores pueden mostrar diferentes caras de un mismo personaje. Es más interesante", continúa antes de rematar, tras una pausa: "pero todavía se hacen muy buenas historias para el cine en todo el mundo. Creo que el cine sobrevivirá".
Natalia Marco(El País)