martes, 2 de mayo de 2017

Sé quién eres


Empecé a ver 'Sé quién eres' a primera hora de la mañana, mientras hacía otras cosas (desayunar, leer correos, bloquear a idiotas en Twitter...) y terminé no haciendo esas cosas y prestándole a la serie toda la atención. Buen comienzo. Ahí estaba yo, flipando un poco con las libertades que se toma la serie en cuestiones legales y policiales, vale, pero muy pendiente del caso de la joven desaparecida (¿otra? sí, otra) y del sospechoso amnésico, de la familia de ambos (que es la misma) y de por qué esa ciudad que sale en la serie, que es Barcelona, no se nombra.


Contar bien historias es eso: que se te olvide que te están engañando un poco. Y que el café se está enfriando.

'Sé quién eres' funciona muy bien. Mucho mejor de lo que yo imaginaba. Igual no es del todo realista lo que cuenta, pero sí es verosímil. Y fuerte.


Quizá es porque la tensión en la serie es constante, porque Pau Freixas sabe bien que los alivios cómicos, completamente obligatorios según otros, no es que no sean necesarios, es que a veces son peligrosos. En 'Sé quién eres' apenas existen. Esto es un dramón y un thriller y lo es a cara descubierta. Sin recurrir (por ahora) a sordideces efectistas ni salidas de tono desesperadas, la serie de Blanca Portillo y Francesc Garrido define su personalidad desde el primer momento. En gran medida porque ellos dos, en dos personajes que bien podrían caer en la caricatura, se comen la cámara. Garrido como el indescifrable amnésico (o no) y Portillo como su mujer, una jueza con auténticas aristas: fiera, esfinge, madre, perseguida y perseguidora.


Al lado de estos dos, y a excepción del siempre maestro Antonio Dechent, el resto del reparto palidece un poco. Unos Carles Francino y Eva Santolaria que no aparentan la edad que tienen (algo estupendo para muchas cosas en la vida, pero no para interpretar personajes 100% adultos) parecen siempre adolescentes sentados en la mesa de los mayores.


Con la repipi niña (me refiero al personaje, no a la actriz, ojo) que hace de hija de Portillo y Garrido pasa un poco lo mismo. Sus líneas, artificiales como un monólogo teatral, chirrían una tras otra. Y algunos giros del guión también. Sin embargo, la conseguidísima atmósfera camufla todos estos desajustes. La promesa de que Juan Elías y Alicia Castro tienen mucho más que ofrecernos hace el resto. No es habitual que me deje las tostadas a medio comer por estar embobado mirando la pantalla a las siete de la mañana.


Estamos aprendiendo a ver, a que funcione un buen producto, a que la ficción adulta sea relatada de manera sobria, sutil, y directa como un misil. Y me gusta este equilibrio antitético que logran a través de la profundidad de los personajes, que se dibujan a cada escena en forma necesaria, sin exageraciones, sin estruendos. Eso es fácil de lograr, también hay que decirlo, cuando el ambiente creado es "pijo".

Pero no importa, porque no quita mérito a las actuaciones (Brillante Portillo), a las contradicciones morales que plantea la trama, a las complicidades por las que navegan y sumergen los personajes; a las lealtades y a los pactos que nada tienen que ver con ellas. O sí.
A la fotografía. Al montaje. A la puesta en escena. Al sonido. A la iluminación.ETC. Todo. Me gusta. De verdad.

Lo que más me molesta es que este producto es tan superior a lo que esta cadena ofrece(la había dejado de ver hace años, dado su perfil chonista -sí, despreciablemente pro-choni), que ciertos recursos narrativos se ven como alejados de la realidad (reniego de que la ficción tenga que ser siempre, en todos los sitios, pase lo que pase, reivindicativa -de qué?), porque no hablan como el resto -lo acabo de leer en otra crítica...


Eso me parece que puede gustar a algunos, a otros menos, no sé. El guión es importantísimo. El ritmo, las palabras, el tono, el off... Nos olvidamos que el guión sigue cuando la mandíbula está quieta. Además me da que no es casualidad la elección del léxico. Dama fina doña ironía.


Eso sí: luego estamos allí, consumiendo y aplaudiendo a rabiar "Breaking Bad", pensando que no somos capaces de contar algo con esa mueca de moral de espaldas, tal como hacen ciertos talentos de otras latitudes.
Mis aplausos. Lo recomiendo.

Montefrío

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Claro, te trae recuerdos de la masía de tu amiga..., que estaba muy cerca de la del sótano (Spoiler) donde estaba...jejejeje

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