miércoles, 30 de abril de 2014

¿ Quién escribe?


Me pasa con cierta frecuencia,
me gusta un escrito o no, me piden que grabe o que le grabe a algún conocido que escribe como le gusta a quien me lo recomienda, escucho una lectura o al azar unas frases que quiero poder entender y busco en google el texto. Llego y me sorprende... una frase, una palabra, un giro o empiezo a leer de una persona varias entradas y no puedo creer que lo que tanto me ha gustado al empezar las primeras línea de una entrada, en la siguiente y sucesivas sean tan opuestas en todo: Expresión, desarrollo, puntuación, giros del escritor, etc. Me hace dudar que pueda, la misma persona, cambiar tanto de un escrito a otro. Escojo y copio (Ctrl C) un par de frases para colocarlas sobre el localizador de google y ¡Premio!


¿Imagináis? No son de la persona que se las adjudica.
Llevo varios años buscando sorprenderme con poemas, relatos, reflexiones, qué se yo, y eso hace que muy rápido pueda apreciar lo que realmente me hace vibrar, emocionarme, querer leer en voz alta, como le llamo yo a grabar lo que me sorprende por su contenido, y me apena la burda manera, la sinvergüencería de adjudicarse, para sorprender a los demás, escritos que nunca podrían salir de sus teclas.
Os he leído quejaros cuando lo sabéis, porque a veces son vuestros, y cómo parece que crece la banda de desalmados que se engañan a si mismos.
Sinceramente creo que el mérito nos alegra cuando realmente nos hace sentirnos satisfechos de lo que hemos logrado.
Hay en el mundo una persona que puede saber lo que hemos escrito, enorgullecerse por ello y saber el por qué de lo expresado y esa persona somos nosotros mismos. El aplauso equivocado no creo que llene más allá que el aire que ocupan ambas palmas. O sea, casi nada. Qué triste por ellos/as.
No hay nada peor que tener pena por esas personas tan pobres en letras y en espíritu.

Beatríz Salas

domingo, 27 de abril de 2014

el tenedor


El otro día yo estaba
en la mesa de un convite
un tanto meditabundo
y otro tanto sorprendido
tratando de averiguar ,
no sin gran desconcierto,
el uso que yo debía
hacer de tanto cubierto

a la vez que me fijaba
en una hermosa vajilla
que bien pintada lucía
y a mí que soy mal pintor
admirado me tenía,
cuando un “sabio” pancista
de los que en el poder abundan,
sin que yo le preguntara,
vino a ofrecerme consejo,
con voz grave y desgarbada
me dijo sin mucho tiento:
“creo que debes saber
que en esto del buen comer
si tu quieres disfrutar
tienes que saber pinchar
además de saber cortar,
y si te pones las botas,
sin pensar en los demás,
descalzo nunca andarás”.

Ante tal atrevimiento,
iracundo y cabreado,
cogí un palo llamativo
que desechado por gordo
alguien había abandonado
en un rincón de la estancia
donde fuimos convocados
y entrándoseme por la vista
se me vino hasta la mano
y corrimos y corrimos
los dos para el mismo lado,
él delante y yo detrás...
(que cada cual imagine
el posible resultado).

Estoy harto de consejos
de pancistas y pellejos
que quieren que yo me trague
esta cruda realidad
deprisa y sin masticar.

Impersonem

viernes, 25 de abril de 2014

Buenas noches, amigos y enemigos


He estado al alcance de todos los bolsillos porque no cuesta nada mirarse para adentro. 
He estado al alcance de todas las manos que han querido tocar mi mano amigablemente. 
Pero, pobre de mí, no he estado con los presos de su propia cabeza acomodada, no he estado en los que ríen con solo media risa, los delimitadores de las primaveras. 
No he estado en los archivos ni en las papelerías y se me archiva en copias y no en originales. 
No he estado en los mercados grandes de la palabra, pero he dicho lo mío a tiempo y sonriente. 
No he estado enumerando las manchas en el sol pues sé que en una sola mancha cabe el mundo. 
He procurado ser un gran mortificado para, si mortifico, no vayan a acusarme. Aunque se dice que me sobran enemigos, todo el mundo me escucha bien quedo cuando canto. 
Yo he preferido hablar de cosas imposibles porque de lo posible se sabe demasiado. 
He preferido el polvo así, sencillamente, pues la palabra amor aún me suena hueco. 
He preferido un golpe así, de vez en cuando, porque la inmunidad me carcome los huesos. 
Agradezco la participación de todos los que colaboraron en esta melodía. 
Se debe subrayar la importante tarea de los perseguidores de cualquier nacimiento. 
Si alguien que me oye se viera retratado, sepa que se hace con ese destino. 
Cualquier reclamación que sea sin membrete. 
Buenas noches, amigos y enemigos. 

Silvio Rodríguez "Resumen de Noticias"



domingo, 20 de abril de 2014

Sentir es vida



Sentir es humano, lo experimentamos pero no se puede palpar y por mas que todos intenten darle una definición siempre será inexplicable. 
No hay un solo modo de sentir, cada persona siente a su manera. A lo mejor pasamos nuestra vida descifrando cual de todas esas formas es la que nos hace feliz. Sin darnos cuenta cada día probamos tantas sensaciones, buscadas o inesperadas pero siempre aparecen. Justamente sentir te hace vivir. El mundo necesita de personas que se animen a sentir. Para saber quien es quien es esencial conocer el modo de sentir, la dificultad es entender que siente cada uno. 
Uno haría lo imposible por no sentir nada cuando todo duele sin embargo al intentarlo nos perdemos, nos olvidamos de demostrar lo que somos. Dejamos de ser y es imperdonable. Que tan vacio te volvés al no sentir, hay una gran diferencia algunos sienten otros solo se mueven. Podes dejar miles de cosas y seguís siendo vos pero cuando dejas de sentir en realidad morís lentamente. Para no ver, cerramos los ojos. Para no escuchar, nos tapamos los oídos. Y para no sentir? ¿Qué hacemos?
Candy

viernes, 11 de abril de 2014

Mi primera cana


No, en la cabeza no, desde que en los tiernos 18 me echaron 30 y pico, antes incluso, mi cabeza ha estado salpicada de pelo blanco, salpicaduras que con el tiempo evolucionaron de modo que en la actualidad, con poco más de 40, y desde hace unos cuantos años la situación se ha invertido por completo, tengo por pelo un mar de espuma blanca, con algún negro superviviente disperso por ahí.

Así que no, la sorpresa sería que aparecieran más pelos negros allá arriba.

Tampoco me ha aparecido en el resto del cuerpo. Afortunada o desafortunadamente (porque me da absolutamente igual) el resto del vello es casi íntegramente negro, con alguna salteada pero sin hacerse notar, no, allí no es.

Fui a ponerme las lentillas y allí estaba, mirándome fijamente, ¡una pestaña blanca! Lo nunca visto. En fin, voy a tener que usar rimmel más a menudo.

exseminarista

viernes, 4 de abril de 2014

¿ Solo uno ?


Él se llama asimismo monstruo y si te fijas bien entenderás el porqué. Yo llevo tiempo haciéndolo y cada vez estoy más segura de que la aberración forma parte de su alma. Nos conocimos en su infancia gracias a esa cualidad innata con la que la naturaleza le creó y condenó. “¡Adelante!”, alentaba siempre su madre sin darse cuenta de que si permitía que ese impulso con el que había nacido, le poseyera, todo sería escrupulosamente observado.

Recuerdo un día de calor sofocante en el que la luz se filtró por las rendijas de la persiana durante un período lo suficientemente prolongado. Llegué a experimentar tal pavor que tuve miedo de ser destruida; temí que ardiéramos. Estuvimos horas y horas comprobando como las minúsculas motas de polvo pasaban delante de nuestro ojo una a una, dejándose contemplar parsimoniosamente hasta que su mano, presa de la contracción perpetua, enviaba quejidos de dolor hacia su cerebro… A pesar de la angustia que me creaban, las persianas polvorientas eran fascinantes.

Nada más despertarnos empezábamos la tarea de examinar todo aquello que nuestro ojo captase. Reconozco que me aburría estar siempre dedicándome a lo mismo, así que decidí innovar. Esa noche al acostarnos yo no dormí. Me mantuve alerta a su respiración para asegurarme que el sueño llegaba. En el momento oportuno y con gran esfuerzo, me moví lentamente.
El día siguiente comenzó con la rutina acostumbrada e iniciamos el reconocimiento. Asida por su mano, fui colocada a la inversa delante de su ojo. ¡Fue sorprendente!, experimenté tal estado de excitación que noté como un líquido viscoso y cristalino se adhería a mí (más tarde descubrí que era el contenido salado de nuestro entusiasmo), fusionando nuestros ojos para convertirlos en uno solo. Él dejó de ver. Yo comencé a descubrir su monstruosidad.

Su iris de color verde cambiaba constantemente de color en función de la luz que incidía en él, y ésta dependía de lo que se acercase o alejase del objeto de estudio. Si se acercaba, la luz externa disminuía con la sombra de su cuerpo y la pupila engrandecida, dejaba al descubierto un enorme agujero negro. Ese instante me aterrorizaba. Parecía que iba a caer en un pozo oscuro en el que terribles animales me devorarían. Sin embargo si conseguía salvar ese pánico, la oscuridad a la que se acostumbraba mi ojo, daba paso a numerosas lucecitas que se encendían y apagaban. ¡La visión era fascinante!..., parecía un cielo estrellado y podía hasta percibir algún fugaz resplandor que me invitaba a pedir deseos. Los días en los que se empecinaba en intentar inspeccionarme para averiguar porque ya no veía de igual forma, eran mis preferidos. Tan unidos estábamos, que su agujero negro me descubría maravillas. Llegué a percibir tal cúmulo de sensaciones que creí volverme loca. Descubrí, que la observación interna era aún más fantasmagórica que la externa y me encerré en su vida deslumbrada por el brillo que percibía. Esta foto es de ese momento. Siempre juntos, siempre encendiendo nuestras mentes al unísono, a pesar de que él ya no veía.

Los años pasaban y pensé que su avidez de conocimientos se había reducido. Su ojo junto al mío dejaba de ser verde y comenzaba a observarse una banda de color gris alrededor de su iris, y además una cortina blanquecina que iba creciendo, empezaba a tapar mi oscuro pozo de investigación impidiéndome ver mi particular cielo estrellado. Sin darme cuenta, volví a sentir tedio, y el líquido salado que felizmente nos mantenía unidos, dejo de hacerlo. Él aprovechó ese instante para tirar fuertemente de mí y darme la vuelta. Cogió su pañuelo de tela y con calma, limpió el lado de dentro. Entonces, con su mano engarrotada y tras mucho esfuerzo, consiguió acercarme hacia su ojo y miró. Volvió a ver a pesar de la cortina blanca y del borde gris que rodeaba su pupila. Sonrió, un pequeño destelló me cegó y tiró mi frágil cuerpo al suelo haciéndome añicos gritando que era un monstruo…

Lunática