miércoles, 23 de agosto de 2017

Contratiempo


Si "Contratiempo" hubiese sido dirigida por Hitchcock, Brian de Palma, Scorsese o Nolan, todos los críticos presuntuosos de los medios de comunicación estarían alabándola y poniéndola por las nubes, pero como es española, la protagoniza Mario Casas, la dirige Oriol Paulo (quien perpetrase la lamentable "El cuerpo" hace unos años), la produce Antena 3 y su trama exige un nivel de atención a los detalles por parte del espectador que está por encima de la capacidad intelectual de estos engreidos gafapastas, pues claro, la película es una birria.


Pero el público suele ser sabio y ha pasado olímpicamente de los críticos profesionales, convirtiendo en un éxito de taquilla lo que es sino un estupendo thriller que te mantiene pegado a la butaca desde el principio de la proyección, atento a los detalles, como dice la protagonista. El guión, giros inesperados incuidos, es una pieza maestra de relojería que denota un profundo y constante trabajo de revisión para pulir aristas y gazapos, la fotografía y ambientación son sensacionales y el trabajo de los actores, muy bueno, incluído el para mí insoportable Mario Casas. En general, considero a "Contratiempo" uno de los mejores thrillers españoles desde la estupenda "La caja 507" (2002).


¿Qué al final hay un giro rebuscado? ¿Y qué? ¿Cuántos giros inesperados, retorcidos y absurdos hay en películas por todos conocidas y consideradas obras maestras?
En resumen, "Contratiempo" es una magnífica película, bien hecha, entretenida y de lo mas recomendable.


Como lujoso juguete de retorcidas intrigas, "Contratiempo" es una película divertidísima, que funciona mejor cuanto menos en serio se toma a sí misma. En esta historia tenemos de todo: hombres inmorales, mentiras, falsas identidades, rubias, morenas, encuentros secretos, venganzas, coches hundidos en lagos, misivas de amenaza, chantaje... todo un Greatest Hits del cine negro que, como decía, cuando es un descarado refrito de sus miles de referentes, hace de la película un entretenimiento tan digno como divertido.


Otra cosa es que sea una historia redonda, que no lo es. Su guión, entre giros, giros y más giros, queda con algunos llamativos agujeros, y es que como dice el personaje de Ana Wagener, la importancia está en los detalles, y hay muchos detalles que podrían haberse limado en su guión para hacer de Contratiempo algo más redondo. Pienso en cosas "tontas", como el hecho de que dos personajes anden buscando una linterna aunque lleven smartphones de última generación en las manos; o que ninguno de los coches del accidente tenga rasguño alguno; o que la policía no busque, en una zona llena de lagos, dichos coches en el agua; o que cada vez que la historia necesita avanzar dando información a sus protagonistas, éstos se cruzan con una televisión en horario de noticias (por supuesto de Antena 3 o la Sexta, ¡maldito product placement!)... aunque sea en sitios inverosímiles; etc...

Pero por otra parte, Oriol Paulo sí maneja la intriga con la cámara y el montaje de forma ejemplar. Además de todos sus guiños al género, el director planifica las secuencias con elegancia, beneficiándose de un lujoso y muy hermoso diseño de producción, y mantiene la tensión, en todas las vertientes y variantes del metraje como si estuviésemos ante la última secuencia. Es fascinante cómo con la cámara crea juegos de ambigüedad y puntos de vista, y los claros hallazgos de Contratiempo son en gran parte debidos a su realización.


Y la otra parte de los grandes méritos de esta película está en esa morena y esa rubia. Sus protagonistas masculinos están correctos, aunque quizá falle el que parecen tomarse la historia demasiado en serio. Pero ellas dos son de otro planeta. Es decir, ya es obvio, gracias al señor, que Bárbara Lennie y Ana Wagener son probablemente las dos mejores actrices del cine español. Aquí, como en todas sus interpretaciones, son capaces de transformarse y jugar con la sutileza, pero la grandeza de sus caracterizaciones y de sus dos (...) personajes tiene mucho que ver con el estilo y el conocimiento del juego de "grand guignol" que están viviendo, lo que refuerza el carácter icónico y la fuera y energía de sus dos espléndidas creaciones.


Como apunte final, recomiendo a cualquiera que tenga interés en ver la película, que no deje que nadie le cuente demasiado ni lea en la medida de lo posible la sinopsis más extensa. Y también como apunte final, me atrevo a augurar a Contratiempo una espléndida recepción del público, que amará esta lúdica cinta.


jaly

lunes, 21 de agosto de 2017

El guardian invisible






Parecía que sí
El humorista Quequé acuñó la expresión "parecía que sí" para designar a cualquier cosa que, a priori, tiene visos de ser algo estupendo o de llegar a algo grande, pero que, finalmente, resulta ser un desastre de grandes proporciones o, en el mejor de los casos, acaba pasando totalmente inadvertido por su irrelevancia...


Sin duda, "El guardián invisible" es un "parecía que sí" de libro. Una película que por su temática, ambientación y atmósfera pareciera estar destinada a ser una gran película, pero que, cuando uno la ve siente que no aporta nada y que a los mandos de esa nave, nadie sabía donde ir.


Comencemos por la actriz, una Marta Etura en una de sus peores actuaciones en representaciones más propias de teatro de aficionados que en el papel de una atormentada investigadora. Transmite cero credibilidad, que trata de camuflar con gestos faciales muy "pensativos" que, en realidad alejan al espectador de sentirse mínimamente identificado con el personaje. Un suspenso en toda regla.


El guión y dirección es caótico mostrando pedazos sin sentido que se encadenan torpemente hasta un final que, ya lo advierto para los lectores del libro, no es fiel al mismo.
Se intercalan escenas en las que se avanza demasiado rápido, dando por sentados detalles importantes que, tal vez para el lector del libro no supongan mayor problema (porque los conoce de antemano), pero que para el espectador que no conoce la obra literaria presentan graves lagunas que ni el guión ni el director han sabido llenar.


Y aparecen otras escenas en las que la narrativa se entorpece para mostrar detalles que no aportan nada al relato de la película. Sin duda, algunas de ellas tienen su fiel reflejo en el libro, pero otras ni siquiera eso... y ambas olvidan, una vez más, que hay espectadores que no han leído la novela, y por tanto, o se les explica qué tienen que ver con la película o, sinceramente, es mejor no presentar dichas escenas.

En definitiva, y retomando mi idea inicial, un "parecía que sí" en toda su expresión. Una historia que, tal vez, con otra actriz principal más apropiada y con un guión y dirección más oportunas hubiera sido una gran película, pero que, tal y como se nos presenta en la pantalla del cine es un tostón y un sinsentido de más de dos horas.


Respecto a la "crítica" profesional, sinceramente, la leo y me pregunto si alguno de ellos ha visto en realidad la misma película que yo. Tengo la firme convicción de que hay críticos de cine de grandes medios que escriben sus críticas sin ver siquiera las películas que comentan. Y si no, comparad las críticas de los usuarios con las de los profesionales y sacad vuestras propias conclusiones.


Mejor ver antes que leer
Anuncio para navegantes, como en todo film basado en una novela, mejor ver antes que leer, y aquí superindicado. Aunque ya hace mucho que leí la saga y no recuerdo algunos detalles, si recuerdo alguños aspectos que son importantes porque te sumergen en la historia y que aqui se obvian. Marta Etura es demasiado dulce, y que conste que me encanta, pero la Amaya que yo recuerdo es más taciturna y oscura, una relación muy especial con su marido que aqui no refleja a mi gusto suficientemente bien, Flora es tal cual Elvira Minguez, perfecta a mi gusto y el resto de personajes están bien, Francesc Orella y Casablanc ....que buenos son aunque salgan 10 minutos en total. Punto y aparte.


La ambientación de 10 pero....era necesaria tanta lluvia ? De verdad llueve tantísimo en Eliozoldo ? He acabado con la sensación de agobio de agua, para rematar cuando he salido del cine diluviaba ! Pero aún así, la ambientación de la casa de la tia de Amaia clavada, y el obrador también.


Ahora, en cuanto a la historia y en como está llevada....deja cosas sueltas como si el espectador conociera la solución o del tipo:espera que más adelante te explico. La primera parte me ha dejado fria absolutamente, no entraba en la historia ni queriendo, pero a partir de cuando se empieza a explicar la historia de Amaia de chica, esa parte ya me ha empezado a gustar más, pero le sigue faltando ritmo, algo que te enganche al sillón y no te permita apartar la vista, si buscais esto, no lo encontrareis.


En resumen, para mí ha sido una decepción, no porque no esté bien hecha, por los actores, no, no, es porque aquello que tiene de mágico la novela aqui ni de coña lo encuentras, es lo malo de ver una película basada en una novela que ya has leido y te ha encantado, casi nunca cumple nuestras espectativas, ya se sabe....ver antes de leer.
Jesusda

domingo, 20 de agosto de 2017

Salando el campo de batalla




A la magistral interpretación de Bill Nighy y Helena Bonham Carter, se añade el rigor a la hora de reconstruir, encubriendo nombres y hechos, como es lógico, el itinerario de Tony Blair en su relación con la trama norteamericana de los centros de internamiento ilegales y las torturas que en ellos se practicaron bajo la administración Bush a raíz de los atentados terroristas de Nueva York y Londres.
Las dos entregas anteriores de la trilogía ("Page Eight", traducida como "Entre líneas"; y "Turks & Caicos", traducida como "Islas turcas y Caicos") son igualmente espléndidas y resultan imprescindibles para entender la trama de ésta última.


Las interpretaciones de todos los actores son perfectas, con un Bill Nighy que ha encontrado por fin la obra que le ha permitido mostrar su enorme carisma y su talento para encarnar la elegancia, astucia y audacia que se suele asociar a la imagen del gentleman inglés, potenciada por el misterio del agente secreto;

Helena Bonham, un poco rellenita, encarna sin embargo perfectamente la sensualidad y sagacidad de una mujer inteligente y sensible, a falta de erotismo morboso, tal vez debida a la índole televisiva del producto; la aristocrática Olivia Williams presenta un personaje fuerte y creíble, en la periodista del Independent; Judy Davis, al igual que en la primera entrega de la saga, incorpora con poderío a la artera dirigente del MI5;

igualmente, Saskia Reeves propone un personaje astuto y precavido, en un cambio de género que sustituye a su modelo Gordon Brown; el inefable Ewen Bremner también halla un personaje donde insertar su físico tan poco versátil, más allá de los personajes marginales y estrafalarios en los que se le suele encontrar; Ralph Fiennes, por su parte, aquí controla su habitual histrionismo que, no obstante, le sirve para dar un matiz siniestro al Primer Ministro, alejándolo del sonriente Blair en el que se inspira el personaje.



En los dos capítulo finales se echa un poco de menos la presencia de la guapa Raquel Weisz que interpretaba al ambiguo personaje de Nancy Pierpan en la primera entrega. Asimismo, en la segunda, Christopher Walken y Wynona Ryder demuestran cuanto han ganado como intérpretes con la edad.
El argumento es complejo y requiere una atención constante, mejor una doble visión, para no perder el hilo. El director desde luego no lo pierde y la historia está perfectamente contada sin cabos sueltos ni errores, pero la trama es densa.


La misma eficacia cinematográfica se halla en la ambientación, los personajes secundarios y los diálogos.



Además del interés de la narración como película (la verdad es que al acabar la saga quedan ganas de empezar de nuevo a verla, por el enganche que tiene y la satisfacción de contemplar tan buen trabajo artístico en todos los niveles) lo que destaca también es el rigor con el que los autores de la novela y el director han sabido recrear los avatares políticos ingleses de la última década. Uno lamenta que la honestidad -o la coherencia y vergüenza torera de dimitir cuando los pillan con el carrito del helado- que se aprecia en los personajes, trasunto verosímil de las personas que los inspiran, no se puedan ni rastrear entre la clase política española.



domingo, 6 de agosto de 2017

'Big Little Lies'




Big Little Lies es una recién miniserie de HBO asombrosa por su calidad, tanto en su trama como en su reparto y demás aspectos. Es la miniserie imprescindible que te destrozará el corazón
Nada como una serie que te deje pensando horas y días completos o que te destroce el corazón. De esto es capaz 'Big Little Lies'; y de mucho más. Se trata de la serie de la cadena HBO creada por David E. Kelley basada en la novela de Liane Moriarty publicada en 2014.


No sólo se trata de una producción de alto nivel sino que tiene tres atractivos especiales: un reparto acertadísimo, una narración impecable y una trama impactante. Cabe señalar que esta reseña no tiene spoilers, así que, tanto como si has visto la serie como si no, puedes leer sin reservas. Lo peor que puede pasar es que te programes un maratón para este fin de semana.



Decíamos que el casting es impecable: en 'Big Little Lies' participa Reese Witherspoon, Nicole Kidman, Shailene Woodley, Laura Dern, Zoë Kravitz y Alexander Skarsgård, entre otros. Sí, las mujeres en esta serie se llevan la mayor parte de la trama, sin que esto signifique que los personajes masculinos que participan en la historia tengan menor importancia.



La historia desenmascara, principalmente, la vida de tres madres: Madeline (Reese Witherspon), Celeste (Nicole Kidman) y Jane (Shailene Woodley). Sus "vidas perfectas" son, desde el primer episodio, juzgadas bajo la lupa del círculo social al que pertenecen. La ficción se lleva a cabo en Monterrey, un pueblo de la costa norteamericana que se destaca por la posición acomodada de sus habitantes y donde las apariencias son importantísimas. "Bajo la lupa" porque se intercalan a lo largo de la serie los juicios de valor (cuando lo que les piden son testimonios y declaraciones) sobre las familias involucradas en algo feo que sucedió en ese círculo y del que investiga la policía (tranquilos, esto está en el tráiler).


Así, durante sus (apenas) 7 episodios veremos qué esconde cada personaje bajo su apariencia impoluta. No sólo conoceremos sobre las tres mamás protagonistas, muchos otros nos harán rabiar y llorar (o las dos cosas). Las lealtades por los personaje nacen de inmediato... sobre todo si eres mujer.

Mucho más que un drama doméstico

'Big Litte Lies' sorprende por la profundidad con la que aborda los temas más obscuros y elementales de la violencia de género. Además de que los retrata de una forma que duele... en verdad duele. Hace mucho no disfrutaba (o sufría) un drama como el de esta miniserie. Puede decirse que carece de licencias dramáticas, es tan real que lastima.
Otra cosa es que no hace un circo de un problema tan grave y tan vigente (y tan urgente) como la violencia de género, ni de las problemáticas constantes a las que estamos expuestas las mujeres en nuestra vida diaria, incluso en las más cotidianas y normales de las situaciones. Además está el papel de las personas que rodean esos problemas de mujeres (que en realidad pertenecen a todos) y su influencia en la solución o complicación de estos que muchas veces son negados por la sociedad o, peor caso, se recurre a revictimizar a las mujeres que sufren abusos.

 
 Aborda los temas más urgentes y reales de las mujeres de forma inteligente del que casi nadie se sentirá ajeno

Con cada capítulo de 'Big Little Lies' nos vamos hundiendo en las profundidades de las vidas de estas mujeres y muy pronto tendremos el corazón hecho jirones. La narración es fluida y sin teatralizaciones exageradas. Creo que la sobriedad (sin perder la crudeza) con la que se abordan las tramas en la serie es uno de sus mayores aciertos. Esta serie, además, aborda otros temas destacados: los distintos tipos de maternidad que existen, los tabúes sobre este tema, los roles tradicionales y un montón de aspectos con los que la sociedad rodea a las mujeres.


Sobra repetir que está hecha con gran atención al detalle en todos los sentidos (música y fotografía incluidas). Sin duda estamos ante una miniserie imprescindible que, como muy pocas pero afortunadamente cada vez con más frecuencia, aborda los temas más urgentes y reales de las mujeres de forma inteligente y de los que casi nadie se sentirá ajeno (incluidos los hombres) pues el abanico de dramas de esta serie es impactante.


Recomiendo la serie, como mínimo, a todas las mujeres. Ninguna se dejará de sentir identificada.
Hay conflictos para todos los gustos, diría que toca toda vulnerabilidad de las personas, adultas, adolescentes, niñas, y parejas.
A simple vista y por las actrices me esperaba un aburrido "Mujeres desesperadas", solo que aquí no hay comedia, no hay diálogos o acciones frívolas y tras una arquitectura y paisajes de ensueño hay un baño de realidad; abusadores y abusados, las hay frágiles pero valientes y soberbias pero huecas, sentimientos de inferioridad, justicia, resentimiento, sumisión, dominación, esperanza, culpa, celos, odio, dependencia, depresión, miedo, dolor… temas como la carrera profesional de la mujer, la maternidad, las relaciones sociales, la rivalidad entre ellos y ellas por ser el macho o mujer alfa, la vida no tan idílica de pareja y las exparejas, la psicopatía, las neurosis, los secretos inconfesables que se ocultan hasta a las mejores amigas, cómo enfrentarse a situaciones de abuso (sexual, de poder, de influencia, violencia machista...), y todo eso se cuenta de manera brillante y visceral, con una cámara tan cerca que casi puedes sentir sus escalofríos y poniendo el acento de cada escena en los motivos de cada personaje para ser el asesino de uno de ellos, que aún no se sabe, convirtiéndolos en sospechosos a todos y dándoles motivos a todos para querer matar a alguien. Invitando al espectador a captar toda pista y a hacer su propio "murder board" en el que poder adivinar quién fue el asesinado, quién le asesinó y por qué.
Ah, no menos importante: tiene un final espectacular. Levantarse de un final como este será toda una proeza. Corren los rumores de que habrá segunda entrega: no estoy segura de que esto sea una buena noticia, aunque en estos momentos los creadores de la serie tienen comprada mi credibilidad en ellos. Veamos qué sucede.
Job

miércoles, 26 de julio de 2017

The night of


Voy a narrar una breve escena de la miniserie, que no forma parte del argumento, por lo que no destripa nada, y espero que no impida validar la crítica.
El abogado interpretado por John Turturro está esperando sentencia con un cliente de color. Delante pasa un detenido judío, y el juez lo condena a 18 meses. Le toca el turno al detenido negro, y lo sentencian a 3 años. El chico le pregunta al juez por qué no le da una sentencia de judío, y el juez le replica, que cuando cometa un delito judío.
Es decir, el sistema penal americano, y creo que, en general el mundial, considera más culpable a quien roba poco por la fuerza, que a quien roba mucho de manera sibilina o con artimañas. Delitos de guante negro.


Magistral la escena. la HBO coge el sistema judicial americano y lo da la vuelta como a un calcetín. El argumento es simple. Si entras en el sistema como presunto culpable, el sistema te devorará, para los policías ya no caben más posibles sospechosos que el primero que tienen a mano, y si éste, es de color, mejor todavía.


La producción es buenísima, con un cuidado por los detalles, minimalista. La miniserie se viene a sumar a producciones recientes como "American Crime" "Making of murderer" etc. por lo que no innova, y de hecho es un remake de una producción británica, pero lo hacen con una puesta en esceno made in HBO.
Al principio el gran Gandolfini estaba destinado a ser protagonista. Su desgraciado fallecimiento, hizo que Turturro cogiera el relevo y debo decir que sinceramente, me parece el mejor personaje y la mejor actuación de todos los estrenos de series que llevamos este año.
Con su aspecto desaliñado, sus chancletas y esos pies llagados, el actor está fabuloso.
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Este es el cine que queremos ver

Así es. Cine. Porque no son series. No, señor. Son películas de ocho horas o más. Con un inicio, un desarrollo y un final. Una estructura simple, pero que Steve Zaillan (La Lista de Schindler) y compañía se han encargado de convertir en una edificación compleja, llena de detalles, pero que ha valido la pena cada minuto que hemos pasado recorriéndola.


La premisa es simple: la investigación de un asesinato. ¿Cuántas series tratan de lo mismo? Decenas. Pero The Night Of sobresale por su tempo. No apura en lo absoluto. Le da al espectador el tiempo suficiente para que se pregunte a sí mismo: ¿quién lo hizo? Y no le da pistas para responder aquella interrogante. No. Le da más información, pero solo para confundirlo. Y lo hace de una manera tan real y detallada que parece como si estuviéramos ante un proceso judicial real.


Y es que este último punto es el que hace de esta película de larga duración una obra de arte: su realismo. Su crítica ante el sistema judicial norteamericano lleno de falencias y corrupción. Un sistema que te quita todo incluso antes de ser condenado. Las investigaciones son llevadas a cabo por policías que, contrario a lo que se debería hacer, examinan la evidencia y peritan sesgadamente, dejando de lado aristas claves para el juicio. Y es que no nos olvidemos que estamos hablando de la vida de un hombre. No sabemos si lo hizo o no. Quizás todo apunte a que sí, pero hasta que no se compruebe merece un juicio justo... o debería.


Los personajes se desarrollan de manera fantástica. Ninguno es blanco o negro. La vida misma no responde a tales clasificaciones. Todos poseen sus miedos, sus ambiciones... sus pasados oscuros. Y llegas a empatizar, a querer saber no sobre quién fue el culpable, sino sobre qué pasará con él/ella. Te lleva por un camino sinuoso en donde todos pudieron cometer el crimen, y al mismo tiempo ninguno. Pero está todo construido sobre una base sólida de evidencias que jamás tomarían al espectador por tonto. La inteligencia de los guionistas llega hasta el punto en que podrían poner al propio gato como sospechoso, y aún así te lo creerías.


Recuerdo las palabras de Andy Dufresne en The Shawshank Redemption. "Afuera era un hombre moral, correctísimo. Vine a la cárcel y me hice criminal". ¿Qué país se salva de esto? Buscando la sobrevivencia a toda costa, un convicto nuevo puede llegar a hacer cualquier cosa. Y si eras inocente ya no importará, porque tu vida estará jodida de todos modos.



Todo lo anterior se presenta de una manera tan corriente y simple que, insisto, pareciera como si estuviésemos viendo las noticias. En muchos momentos me recordó a The Wire por su dramatismo y su cercanía a lo que realmente sucede en un sistema judicial. Si piensa que se encontrará con una serie tipo CSI, le recomiendo que apague la tele de inmediato.


Pero todos sabemos que una serie no puede existir sin su casting. Y vaya qué casting. John Turturro interpreta para ganarse Emmys de aquí a cinco ediciones más. Vayan escribiendo su nombre en el galardón ya, porque a mí parecer nadie puede quitárselo.


Y es que lo borda. Su personaje lo interpretaría James Gandolfini, mas su muerte no lo hizo posible. Luego barajaron a Robert de Niro, que lo rechazó por una agenda apretada. Y vino John. sí, John. El mismo tipo payaso de Transformers. Es curioso, no obstante, puesto que aquí también es un payaso... "un payaso triste", como diría Tony Soprano: "con la sonrisa pintada y la tristeza por dentro". Que solo una tincada lo condujo a Naz y al caso de su vida. Uno que, si todo salía bien, lo alejaría de drogadictos y ladrones a los que representaba por $250 en efectivo. Pero todos sabemos que en la vida real nada sale como lo esperamos. Su eczema lo indica, y es una hermosa metáfora para describir el caso.


Los otros actores también dicen presente a la hora de hablar de tremendas interpretaciones. La joven abogada defensora, los padres de Naz; Freddy, el convicto que rige la cárcel como un verdadero mafioso, y que es llevado a la pantalla por Michael K. Williams (Omar, The Wire); el detective, la fiscal...

Podría seguir por horas escribiendo lo que la hace tan buena. Tiene sus fallas, sí, pero que no superan al producto final. Es una lástima que haya tenido tan poca promoción por parte de HBO. Pero esto mismo la convertirá en una obra de culto... y estoy agradecido de haberla seguido cuando nació.
Juanfra

lunes, 24 de julio de 2017

Ozark

Ozark' es el síntoma de todo lo que está viejo en las series de antihéroes

 Lo nuevo de Netflix es una parodia tan consciente de 'Breaking Bad' que solo podríamos tomárnosla en serio si fuera una comedia. No es una mala serie, pero llega diez años tarde.


Los fans de 'The Good Wife' recordarán como uno de sus momentos más divertidos la serie que de cuando en cuando veía Alicia Florrick, 'Darkness at Noon', una aparente parodia de 'True Detective'. En realidad lo era de 'Low Winter Sun', una ficción de la cadena AMC, estrenada en 2013 a rebufo de las ficciones intensitas de hombres torturados y abandonados al crimen, que fue pronto cancelada. Cuando descubrimos que Chris Mundy, el creador de aquélla, es hoy productor ejecutivo de 'Ozark', las ideas se agolpan en nuestra mente.



El comienzo de la nueva propuesta que Netflix lanzó el pasado viernes es un guiño a otra que conocemos. Un hombre carga cajas de dinero y esconde innumerables fajos en un almacén destartalado; si cambiamos la oscura y verde Misuri por el soleado y desértico Nuevo México ya está, ya lo tenemos. 'Ozark' es una réplica tan consciente de 'Breaking Bad' y de las series de antihéroes que solo podríamos tomárnosla en serio si fuera una comedia, como en aquellas escenas de 'The Good Wife'.


Lo cierto es que 'Ozark' no es una mala serie. Tiene un par de estrellas en su casting, está bien producida y dirigida, plantea una premisa potente y un despliegue que puede dar juego, e incluso un par de escenas, en sus primeros capítulos, que te hacen pensar que puedes estar ante algo realmente climático. ¿Cuál es el problema, si le queremos ver alguno? Que llega diez años tarde, que esta historia nos la han contado mil veces y de la misma manera. 'Ozark' pone patas arriba la vida de Marty Byrde (Jason Bateman, de 'Arrested Development', dirige varios episodios con muy buen tiento), un asesor financiero obligado a mudarse con su familia a una región rural de Misuri, lejos del FBI y la DEA, para ayudar a un narco mexicano a blanquear dinero. El lago de Ozark será su nuevo hogar y su nueva amenaza, aunque tal vez lo peor lo tiene en casa: tanto Wendy, su infiel y aburrida esposa (Laura Linney), como Charlotte, su hija adolescente, se lo pondrán muy difícil a la hora de salir victorioso en este repentino cambio de planes.


'Ozark ha llegado precisamente en la semana en que se celebra el décimo aniversario del estreno de 'Mad Men', serie icónica y revolucionaria en el retrato del antihéroe made in USA, gracias a personajes como Don Draper, pero también aterriza en una escena en que las figuras masculinas se pincelan de forma totalmente diferente. El hombre que desprecia a su mujer y a su familia, que se refugia en lo inmoral y lo ilegal para realizarse personalmente y superar sus complejos (de Tony Soprano a Walter White) ha dado paso a otro que lucha por hacerlo bien, por dejar atrás sus fantasmas y establecer relaciones sanas y satisfactorias. Ya lo apuntamos hace unos días en un artículo sobre los nuevos héroes juveniles, pero también nos sirve el ejemplo de protagonistas modernos como Kevin Garvey y Philip Jennings, de 'The Leftovers' y 'The Americans', o Dev y Earn, de 'Master of None' y 'Atlanta'. Lo de estas últimas no es solo una nueva apuesta temática sino también, y todavía más importante, moral, una búsqueda de aquello por lo que verdaderamente merece la pena pelear.


Con esta reflexión a partir de 'Ozark' no pretendemos, ni mucho menos, proponer una censura creativa. Es incuestionable la aportación de series como 'Los Soprano', 'Mad Men', '24', 'Dexter' o 'Breaking Bad' a la hora de plantear las heridas de una sociedad, la heredada del 11S, que optó por mirarse a sí misma a través de las ficciones de televisión. Pero hemos llegado a una escena en la que glamurizar el crimen no es radiografía social, sino pornografía de ese mismo ideario. Hace unos años vivimos un fenómeno despreciable que nos sirve para ilustrarlo, que podemos definir como el efecto Skyler, en referencia a la esposa de Walter White en 'Breaking Bad'. Fans de Heisenberg se dedicaron a publicar insultos personales contra Anna Gunn, hasta el punto de que la actriz escribió una carta en 'The New York Times' criticando la misoginia de estos seguidores, promovida en ocasiones por su estampa en la ficción. Aunque encarnaba lo correcto y la protección familiar, a Skyler se la odiaba, simple y llanamente, por llevar la contraria a su marido.



'Ozark' se ha servido de todas esas sensaciones para retratar al personaje de Wendy, al menos en los capítulos iniciales, y recordemos el efecto de primacía en cine y televisión: lo primero que te cuentan es aquello que retendrá tu memoria. Y no es el único caso de series recientes: de 'Ray Donovan' a 'Masters of Sex', de 'The Knick' a 'House of Cards', son muchos los títulos que se han rendido a la atracción del criminal, del machista, del racista, como el precio de su maestría en lo profesional. En el caso de lo último de Netflix, del genio de Marty Bryde para blanquear el dinero obtenido de la droga. Los que disfrutaron aquéllas disfrutarán 'Ozark', pero dejemos de pensar que la revolución de los personajes masculinos sigue pasando por ahí.


En un momento en el que las heroínas y antiheroínas vuelven a cultivarse en televisión con tanta fuerza y tanto ingenio como ellos, el reflejo de la masculinidad ha cambiado completamente hacia lo positivo, hacia los que huyen de la oscuridad en lugar de abandonarse a ella. Así lo hace también poco a poco la sociedad. El mundo avanza, y que se queden atrás los que no siguen el ritmo.

VICTOR M. GONZÁLEZ