miércoles, 13 de diciembre de 2017

4 blocks


La reciente apuesta alemana por las series de calidad ha tenido un excelente año con el estreno de dos grandes series como ‘El Mismo Cielo’ o ‘Babylon Berlin’ que hemos podido ver en nuestras pantallas, pero que además se ha visto refrendada por la serie que les vamos a presentar hoy ‘4 Blocks’ un thriller hiperviolento que es un híbrido muy bien conseguido entre los policías de la serie francesa ‘Braquo’ y la estructura mafiosa familiar de ‘Gomorra’.


La serie se presentó este año con grandes elogios en el gran escaparate mundial que es la Berlinale y ha tenido un enorme éxito en su emisión por la cadena privada TNT que ha producido la serie en su gran confirmación dentro de la ficción original, tras su primera tentativa el año pasado con la discretita ‘Weinberg’, de la que ya les hablé en su momento.


Adentrarse en el mundo de las mafias musulmanas que controlan determinados barrios de Berlin, es un ejercicio original e interesante que nos muestra una Alemania que no vemos en las noticias, evitando la tentación fácil de ligar esa religión con el terrorismo islámico, un tema del que evitan hacer la más mínima mención en toda la serie, quedándose en el aspecto meramente delictivo.


La trama : El libanes Toni Hamady ( izq) lleva veintiséis años residiendo en Alemania desde que escapó de la guerra civil de su país. Establecido en Berlín es el jefe de un clan mafioso familiar que controla con mano de hierro todos los negocios turbios del suburbio de Neukölln, junto a sus hermanos y familiares, en especial junto a su mano derecha su hermano Abbas ( der), impulsivo y sanguinario a la más mínima ocasión.


trio-protagonista 

Su máxima aspiración es conseguir la residencia permanente y la nacionalidad alemana, para poder realizar negocios de forma legal como la compraventa de propiedades inmobiliarias y finalmente poder dejar la vida criminal que lleva, para darles una mejor vida a su mujer y a su hijo.
Su encuentro fortuito con Vince (centro), su mejor amigo alemán de la infancia  que empieza a colaborar en sus chanchullos varios, le abre la esperanza de poder salirse del clan familiar y dejar de hacer de matón de barrio con actos como los de  aterrorizar a un propietario de un bar hipster que se niega a aceptar su protección


Ese tono hiperviolento y sucio domina la serie en todo momento, con los vínculos familiares por encima de todas las cosas, que les han llevado a un enfrentamiento sin cuartel con sus principales enemigos, una mafia de moteros turcos que se hacen llamar los ‘Cthulus’ con los que tienen encarnizados enfrentamientos por el control del territorio.


En paralelo, la policía ha establecido una operación para intentar acabar de una vez por todas con el clan de los Hamady, infiltrando a un agente en el clan, además de tener sus propias manzanas podridas en el cuerpo, lo que resulta en un escenario de gran complejidad con traiciones y enfrentamientos brutales al orden del día con un gran numero de bajas en todos los bandos implicados.

En un segundo termino tenemos a las mujeres del clan, todas ellas sometidas a un estricto control por parte de los miembros masculinos del clan, que les van a llevar en algún caso a intentar liberarse del yugo machista que las oprime hasta límites insostenibles.


Destaca sobre todo la gran actuación del protagonista el actor alemán-libanés Kida Kohdr Ramadan, que esta magnífico como Toni Hamady el hombre que está en la encrucijada de todos los líos, lo que le ha reportado diversos premios al mejor actor en festivales televisivos europeos como el Series Manía de Paris.
‘4 Blocks’ transmite a la perfección la realidad de esa minoría musulmana berlinesa en todas sus expresiones incluyendo la musical como pueden ver en este interesante rap cantado por Veysel, que interpreta a Abbas el hermano salvaje del clan, como la expresión cultural preferida de los jóvenes de ese colectivo.

Es evidente que sus autores han visto y revisado ‘Gomorra’ en varias ocasiones, pero en este caso más como inspiración para explicar su propia historia en un ambiente diferente y original que para hacer una calcomanía de la familia Savastano.
Es ahí donde ‘4 Blocks’ encuentra su propia voz, que nos permite disfrutar de una serie enormemente entretenida y con multitud de revelaciones para los amantes de este subgénero mafioso sea donde sea como ha sido en mi caso, ya que me ha sorprendido muy favorablemente y se ha ganado mi recomendación encarecida.


Para finalizar nada mejor que dejarles con el trailer oficial de la serie subtitulado en inglés, que es como se puede encontrar por las redes, a la espera que la rama española de TNT se ponga las pilas y traiga esta serie ( o  Amazon que la tiene en varios países europeos) a la  que por sus connotaciones y temática le puedo augurar un buen recorrido en nuestro país, siempre y cuando no la pongan de madrugada.



 La serie cierra muchas de sus historias principales al final de la 1T, pero dejando hilos abiertos para una renovación que se produjo incluso antes de su emisión tras su éxito en la Berlinale, con una 2T de seis episodios prevista para la primavera de 2018.


LORENZO MEJINO

sábado, 9 de diciembre de 2017

Secuestro



En la mejor tradición del Hitchcock más rebuscado y tramposo, "Secuestro" comienza de forma supuestamente sencilla y tensa en su justa medida para ir enredándose conforme avanza y atrapando al espectador en una tela de araña muy entretenida.


El guión se beneficia de la suspensión de incredulidad que se ha de predisponer a la hora de visionar este tipo de cintas, así como dar gracias a una campaña de marketing muy sugerente que de haber caído en otras manos hubiese desvelado buena parte de la sorpresa. Es una máquina de giros y sorpresas implacable. La película no engaña en ese aspecto: es una trampa hecha con gusto. Y cumple a las mil maravillas. El ritmo es bueno y mantenido, incluso cuando la mitad de la cinta ya desvela buena parte de sus cartas.
La dirección y la factura técnica de la cinta resultan solventes. La música es acertada y ayuda a vivir la atmósfera opresiva.


Las interpretaciones cumplen de sobras gracias al buen hacer de cada intérprete (destacando a Portillo y a Coronado, éste último con un buen papel, por encima de los demás). Aunque personalmente creo que los personajes brillan por su personalidad, más que por quien los interpreta. Son personajes acordes con la historia: sucios, tramposos, con cosas que ocultar y ases bajo la manga. No hay un personaje que realmente sea transparente o bueno al cien por cien. Es un acierto potente, que termina de asentar la calidad global de la película.

                                     

"Secuestro" es un thriller juguetón, con tramposas sorpresas montadas con acierto, de buen ritmo y alto nivel de disfrute. Sigue las normas del género y consigue adelantarse al espectador. No destacará por su credibilidad, pero si por ser un entretenimiento de hierro, que es lo que se propone desde su concepción y que consigue serlo sin despeinarse o perder a su audiencia.


La ley que convierte a las cadenas de televisión en productoras de cine ha sido una de las grandes medidas para potenciar la industria cinematográfica española y tanto Atresmedia como Mediaset han sabido convertir lo que para ellos era, en un principio, una carga en un magnifico complemento y en un toque de prestigio en su currículo. Gracias a esta fórmula de financiación hemos podido disfrutar de un cine con gran calidad y proyección internacional. TVE y el resto de televisiones cumplen también con ese imperativo legal de dedicar parte de su presupuesto a producir cine y consiguen también extraordinarias películas que, sin embargo, no cosechan el mismo resultado comercial que el que logran las operadoras privadas.


SECUESTRO es una producción de TVE con una gran calidad pero que está pasando bastante inadvertida por las carteleras con lo que no estará entre las películas más taquilleras del año a pesar de que si estuviese en manos de uno de los principales grupos de comunicación habría obtenido cuatro o cinco veces más de taquilla. A TVE le da igual el resultado comercial de sus operaciones porque viven del presupuesto público y de financiación de la que no tienen que responder.
Mar Targarona junto a un tremendo reparto encabezado por la extraordinaria Blanca Portillo nos ofrecen una trama creíble y honesta que te engancha y te mantiene en vilo hasta su desenlace. Hemos visto temáticas similares en películas y series extranjeras pero aquí han conseguido dotarla de cercanía y de empatía.


Merece un mejor resultado pero quedará como una muy buena y digna película española de género.
Lo primero que hay que decir cuando se sale de ver SECUESTRO es que es una película con ciertas dosis de "trampa" que el espectador sufre conforme va avanzando la cinta. La película siempre va un paso adelante, y no porque no sepamos por dónde van los tiros, sino porque se nos omite información importante. La primera es que el hijo de la abogada (Blanca Portillo) es sordo. Y de ahí en adelante todo lo que pasa es una sucesión de hechos que en cierta manera hacen que el espectador no sepan por dónde van los tiros.


¿Eso es bueno, o malo? Según se mire. Es positivo porque los giros de guión pueden sorprender, aunque es negativo porque el espectador puede pensar que si la película le hubiera dado los elementos para atar cabos quizás sabría por dónde iba la cosa. En todo caos, SECUESTRO es una película para matar el rato, sobre todo si no tenemos muchas expectativas. El reparto es bueno aunque quizás Blanca Portillo está demasiado contenida y poco creíble en ese papel de abogada prevaricadora, que sí le va bien, y de madre coraje, donde no acaba de cuajar.


José Coronado pasaba por ahí y también aparece en pantalla, aunque no tiene un papel tan interesante como el de Macarena Gómez y Andrés Herrera, sus personajes son las verdaderas víctimas de los tejemanejes de unos y otros. Antonio Dechent es el inspector que ha de navegar entre aguas turbulentas e intentar descubrir que es lo que sucede. Al igual que el espectador, siempre un paso por detrás de una trama que nos lleva de un lado hacia otro y a veces acaba por marearnos. Eso sí, las localizaciones son variadas e interesantes, las propias del cine americano, aunque tampoco se recrean demasiado.


Es una lástima porque está rodada, en parte, en Tarragona, que es preciosa pero de la que apenas se disfrutan buenos planos. Una pena que el espectador vaya de un lado a otro sin saber siquiera dónde se encuentra. Un continuo ir y venir con personajes que parecen ser lo que no son, y una especie de crítica social que se trata de manera muy abrupta y nos deja más bien fríos. La prevaricación y los tratos de favor entre jueces, abogados y políticos es un tema que se podría haber ahondado con algo más de fuerza. Se queda en el tintero como los personajes, que parecen encorsetados y de los que poco o nada sabemos, aunque tampoco nos interesa.


Y es que las mentiras tienen las patas muy cortas. Eso lo comprueba el espectador cuando asiste al chanchulleo entre unos y otros, los giros de guión y las persecuciones que se suceden. Las cosas nunca son lo que parecen y siempre pagan los mismos. Blanco y en botella. SECUESTRO pasa de puntillas sobre los temas más importantes y se centra en avanzar mientras abofetea al espectador con sus giros de guión, con una Blanca Portillo que, al igual que la policía, parece perseguir fantasmas.



La conclusión de SECUESTRO es interesante, aunque le falte fuerza, ya lastrada por algunas situaciones anteriores. Sin embargo, a veces de lo que se siembra se recoge, así que el espectador saldrá de la sala con cierta sensación de "nos han llevado por donde han querido". En general, es una película bien llevada, quizás algo lenta aunque nunca aburrida. Los realizadores españoles también saben hacer lo que los americanos, aunque en este caso igual le falte punch.

viernes, 8 de diciembre de 2017

'Manchester frente al Mar'





Los márgenes suelen ser lugares cómodos en los que establecerse: solitarios, tranquilos, anónimos.
Nadie puede saber de tu vida si no quieres.
Nadie tiene que recordar tu cara si no le das motivos.
Cuando alguien elige establecerse al margen de la vida, primero es por necesidad, aunque más tarde el olvido siempre sea un gustoso antídoto contra las decepciones.


Sin embargo, también es difícil mantenerse en esos márgenes.
La familia, los amigos, la pareja, los hijos siempre "pasan", por así decirlo. Dejan una huella que va más allá de una soledad autoimpuesta.
Y esa huella no tiene por qué ser buena o mala... simplemente es, existe, nos recuerda quién somos.


Lee Chandler rehuye todo tipo de vida social, tanto positiva como negativa: no hace caso a intentos de ligoteo, no le afecta ser gritado por un cliente.
Pasa por la vida como un fantasma, con el único objetivo de cumplir en lo suyo, no hacer demasiado ruido, y quizá lo más inquietante de su comportamiento sea esa sensación de que no le importa, de que podría almacenar toda la basura de Boston hasta ahogarse en ella.
Desde ese cómodo margen, le llega una llamada. Y empezamos a conocer esa huella suya llamada Manchester.

Su hermano ha muerto, dejando atrás a un hijo, y los lamentos de amigos o doctores que no sabían que lo suyo era algo anunciado.
Lee no llora, solo asiente y pregunta, aceptando la responsabilidad de ejercer de padre temporal para el adolescente, con una naturalidad para dejarse fuera de la ecuación que asusta.
En su cabeza se alternan recuerdos de épocas más felices, fragmentos de una vida pasada que apenas parece existir, confundiendo la presente, sacando a la luz sus dolorosas cicatrices.


Lo que el espectador no sabe, hasta determinado momento, es que Lee hace tiempo que aceptó su papel de sustituto.
Su vida como persona fuera de los márgenes acabó una noche muy concreta, bañada por la culpa, en la que vemos como intentó quedarse en segundo plano de un accidente que ojalá le estuviera sucediendo a otro. Cada maldito segundo pasó por encima de él, pero él ya no estaba: se convirtió en otra persona, en alguien que huyó de los demás para no verse reflejado en ellos.
Así se lo hace saber al abogado que le designa tutor de su sobrino Patrick: "esto no debería estar pasando... yo solo era un sustituto".
Claro que la vida hace sus planes, como siempre.


'Manchester frente al Mar' es la difícil curación de una herida que nunca parece cerrarse.
Las noches solitarias frente al televisor y la comida recalentada al microondas son los particulares símbolos de un silencio contra el que Lee y Patrick no saben cómo comportarse, estallando por tonterías, buscando el consuelo en otros lugares que no sean el hogar que de repente se han visto obligados a compartir.
Ambos entierran el dolor de la mejor manera que pueden, pero muchas veces es imposible quitarle esa importancia, ese halo con el que parece flotar encima de cada cosa, haciendo que nada vuelva a ser lo de antes: ahora hay que encajar la vida que se fue en la que se queda, por muy difícil que pueda ser.
Lee y Patrick apenas hablan entre ellos, se observan, no se soportan, se echan responsabilidades a la cara... y al final, es imposible no ver que ambos pagan su desconcierto con el otro, quizá por lo mucho que se ven reflejados, y lo poco que les gusta eso.


Quizás Lee, en otro tiempo, en otra vida, hubiera podido ser como su sobrino, sin preocuparse por tener que madurar cuando apenas estaba preparado para ello.
Quizás Patrick, en otro tiempo, en otra vida, no tendría que sufrir el recordatorio constante de que las cosas ya no serán iguales para ninguno de los dos.
Cada cual lidia con la culpa como puede, y pocas veces es hablando: es más fácil callar, más cómodo dejarse llevar, caer en el margen que tan fríamente suele acoger.


Patrick no va a ser el primero que tienda el puente. Pero Lee ya se ha pasado demasiado tiempo en el margen como para saber que no quiere lo mismo para su sobrino.
Probablemente será la única vez que Lee se atreva a no ser un sustituto, sino un padre de verdad. Y vale la pena acompañarle en su tragedia, aunque solo sea por ver cómo es capaz de juntar todo lo bueno que tiene, para que nadie tenga que sufrir lo malo.


Hay veces que un corazón siempre estará roto, y es humano no poder aguantarlo.
Aunque compartirlo pueda ser un correcto camino para curarlo.

martes, 5 de diciembre de 2017

El autor





Vivimos en un mundo en el que pareciera que todo es posible, que basta con proponerse algo con ahínco para lograr alcanzarlo, en el que basta con aprender cómo se hacen las cosas para lograr el éxito que se ansía. Se confunde logro con fama, empeño con destreza, voluntad con ingenio. Aunque queramos ser buenos atletas y nos empecinemos en emular a alguna estrella, no nos sirve de nada que nos expliquen hasta la extenuación cómo debemos de correr, de saltar o de darle a la pelota para obtener el fruto que tanto anhelamos: si falta el talento o la predisposición, la insistencia no es sino una quimera baldía que nos aboca al desengaño y la frustración. Lo mismo ocurre para los que quieren ser pintores o escritores o músicos, etc. Querer ser lo que no se es nos lleva a la locura y al delirio, perseverando en una ceguera que nos engulle y aprisiona sin remedio.


Este es el punto de partida de la adaptación al cine de una novela de Javier Cercas, uno de esos autores en boga, reputado y de renombre que mezcla fingida biografía con presunta literatura y lo único consigue es pergeñar obras amenas, ligeras, pretenciosas en su ficticia complejidad, fáciles de leer y aún más fáciles de olvidar. Lo etéreo travestido de sinuosa profundidad. Perfectas para un verano ocioso, pero tan ajenas al arte como prefabricadas para ser un best-seller de centro comercial (porque ya no quedan librerías). Y quizás la película le haga justicia, porque desvela la terquedad de un panoli con ínfulas de escritor que pretende lograr lo imposible: ser quien no es a base de cabezonería y contumacia. Porque lo mejor es el retrato de un perdedor que extravía su capacidad de observación a fuerza de olvidarse de lo esencial: ser uno mismo. Se cree un demiurgo todopoderoso sin darse cuenta que es un mero peón fracasado, al albur de los designios y voluntad de los demás. Un ciego con ojos pero sin vista, un cotilla que no cae en la cuenta que es espiado. Y utilizado.


Lo mejor son los actores. Se lleva la palma una exuberante Adelfa Calvo que roba todos los planos y merece un éxito que le es esquivo; casi parece una redundancia alabar a Antonio de la Torre, pero consigue hacer palidecer a todos los demás cuando aparece; unas pocas escenas le bastan a María León para resultar odiosamente irresistible; y el protagonismo absoluto es de Javier Gutiérrez que sostiene y hace creíble lo imposible: que sintamos lástima por un personajillo repelente y sin compasión.


A la hora de hacer una crítica, es complicado encontrar las palabras que expresen exactamente lo que quieres decir sin dar lugar a dobles lecturas. Y el duro proceso de encontrar esas palabras lo que refleja El Autor, lo fundamental que es a la hora de poner en pie un proyecto, que cada personaje tenga un habla veraz, auténtica. Una forma de hablar ligada a su pasado, que represente su presente, y que no se limiten a ser unas frases en la boca de un actor o de una actriz recitadas con mayor o menor credibilidad. Porque es el objetivo principal de una película, que el espectador se olvide de que es una representación y crea que lo que está viendo es real.


El guion es el pilar de toda película, sin un buen guion no puede haber una buena película. El Autor cuenta con ese buen guion. Un guion mimado, cuidado, en el que no hay una palabra o una coma fuera de lugar, todo está donde debe estar. Es decir, donde estaría si fuese real. No existe ninguna fisura, ningún descuido… en definitiva, es un guion redondo.

Es complicado atribuirle un género cinematográfico a la película. Si tuviésemos que compararla con alguna película, sería una mezcla entre “La ventana indiscreta” de Hitchcock y “La Mejor Oferta” de Giuseppe Tornatore. Pero compararla no hace justicia, porque es una película única.


Otro de los discursos que sostiene la película es que la vida de uno mismo siempre es dura, pero si se ve desde fuera, todos tenemos episodios o personajes alrededor que nos hacen reír. Ir a ver esta cinta con la predisposición de ver una película de humor es un error, ya que no lo es. Es una película que retrata la vida de un hombre, con todos los momentos divertidos que esta pueda tener, pero sin buscar la risa a través chiste fácil. Un humor como el de Almodóvar en “Volver” o como el de Guillermo Fesser en “Cándida”. Justo cuando parecía que el humor español estaba encajado en tópicos sobre andaluces y chistes de cromañón, llega El Autor, con humor que no se podría definir con otra palabra que no sea “puro”.


Pero ese mimo se ha aplicado a todos los aspectos de la película, porque para sostenerla, es necesario un increíble elenco actoral. Todos y cada uno de los actores están brillantes en sus actuaciones. Pero la actuación de Javier Gutiérrez en particular es soberbia. Ya en “La Isla Mínima” nos demostró que es capaz de encarnar papeles dramáticos y alejarse de esos papeles cómicos con los que se dio a conocer (aunque en está cinta aparezca cierta vis cómica). Con El Autor se vuelve a postular como candidato para llevarse a casa el que sería su segundo premio Goya.


En definitiva: una película hecha con muchísimo cariño a la propia cinta y al mundo de contar historias, una de esas imprescindibles.
¿Lo mejor? Una magnífica actuación de Javier Gutiérrez. Y la crítica de Antonio de la Torre a esa extraña manía de poner a personajes de obras españolas, nombres en inglés.


¿Lo peor? Por ponerle alguna pega, la música.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Perfectos desconocidos



Álex de la Iglesia es un puro animal cinematográfico: rara es la película suya que no destila un placer por hacer, y dar a ver, cine que se contagia al espectador, como sucede con Brian de Palma o Tarantino. Encerrarle a rodar una pieza teatral de esas que reúnen a un grupo de personajes en un escenario único para que se canten las vergüenzas, haya sido idea suya o una comisión, evoca la imagen, siguiendo con la métafora, de un animal enjaulado en el proscenio: pese a la claustrofilia de sus bares y comunidades, teatral no es la primera palabra que usaríamos para describir su estilo.



Es divertido imaginar a un Álex desatado recorriendo ansioso su decorado de base como aquel oso polar en su casa-y-jardín del viejo zoo. Eso pasa un poco al comienzo de la función (en este caso, sic) cuando va introduciendo a los siete protagonistas y los va sentando para una cena de amigos que podría ser la última: el nervioso montaje, los continuos movimientos de cámara sugieren una cierta histeria, la de un artista de talante dionisiaco enclaustrado. Se habla de que esa noche hay luna de sangre y todos se asoman a la terraza para verla; siendo Álex de la Iglesia, uno se imagina, qué menos, un aquelarre, o dos despeñamientos.





Pero no, este no es el Álex satánico y de Carabanchel. Al contrario, la mitad de esta panda de amigos es de clase alta, otra novedad, lo que no les impide cultivar todo tipo de miserias en sus relaciones personales: ya se imaginan, ese tipo de revelaciones incesantes que son la esencia, la carnaza, de un drama como este. 



Y cuando empieza el juego de la verdad resultan tan previsibles (ya lo sabemos: ninguna pareja resiste el «electro») que uno sólo puede refugiarse en el sobresaliente elenco que bajo la batuta del cineasta interpreta esta sinfonía de los errores. Sería injusto destacar a alguno en esta ensemble piece, pero Eduard Fernández y una afinada Belén Rueda hacen un dueto perfecto; y Ernesto Alterio, demasiado huidizo, es un buen contrapunto a la dolida estolidez de Pepón Nieto.


Tan incisivo como complaciente, es el 'remake' de una exitosa comedia italiana de Paolo Genovese

miércoles, 29 de noviembre de 2017

El accidente


Muchas veces, cuando hablamos de estrenos y sus tráilers, nos sale la queja de que la película, o serie en este caso, no nos aporta nada que no hubiéramos visto ya en el adelanto promocional. Esto es un problema a varios niveles, puesto que ¿por qué ver algo de ochenta minutos más desesperante publicidad entre medias pudiendo ver lo mismo en cuarenta segundos?


Esta es la sensación que me ha dejado el primer episodio de 'El accidente', la nueva propuesta de ficción de Telecinco que se estrenó la noche del último martes con un rotundo éxito. Más de 3,2 millones de espectadores (20,3% de share) siguieron su estreno. Uno de los mejores datos de lo que llevamos de temporada.


Basada en la serie turca 'Son', en 'El accidente' nos encontramos con un drama de intriga protagonizado por Lucía (Inma Cuesta). La desaparición de José (Quim Gutierrez), su marido y jefe de una empresa de transportes, presuntamente muerto en un accidente de avión, será el detonante para la trama.

Claro, siguiendo con el hilo con el que comenzaba esta crítica, el factor sorpresa de 'El accidente' brilla por su ausencia. Tanto que los giros que se dan ya los hemos visto e incluso se ven sobradamente anticipados. Pero eso no es un problema en sí si logran hacer interesante lo demás: lo que nosotros no sabemos de antes y la exploración del mundo local de Zarza en el que vemos claramente que algo pasa que afecta a Transportes Espadas.

Este primer episodio, escrito por Daniel Écija, falla en este sentido. Se ve por un lado la intención de ir desplegando poco a poco la trama. Ese qué está pasando en el entorno más cercano a Lucía y las razones por las que José podría haber planeado todo esto. Un ritmo pausado (por ser algo benévolos) que si se une a su extensa duración hace que este primer episodio se haga largo y algo aburrido.
Tengo serias dudas sobre el enfoque de la presunta trama principal (la desaparición de José y qué ha sido de él) en el futuro y sospecho que será poco más que un macguffin. De primeras es lo más interesante que tiene, de lejos, 'El accidente'. Del resto, de este presunto enredo de secretos y mentiras que poco a poco se van intuyendo y, además, del modo más tonto que se les podía haber ocurrido (cuántas "conversaciones misteriosas" y miradas aviesas), han mostrado demasiado poco como para captar la atención del espectador.

Parece que el guion mediocre empapa todo lo demás. El elenco está verdaderamente desganado pero con la aparente directriz de mostrarse muy intensos en todo momento para disimular la falta de talento. Hay una escena a mitad del episodio, con el camionero del principio, que da bastante vergüenza ajena. Menos mal que Inma Cuesta tiene un papelón que resuelve bastante bien. Pero se nota demasiado su ausencia en las escenas en las que no participa.


En cuanto al plano técnico tampoco encontramos en el estreno de 'El accidente' nada destacable para bien. La ambientación en la dehesa cacereña proporciona buenos planos y una intención de plasmar la "tranquila" vida rural. Pero todo tiene un aire de cutre y barato y poco inspirado que también lastra la serie.

Por lo general, aun arrasando en audiencia, 'El accidente' falla a la hora de presentar la serie. O por lo menos no logra mostrar nada diferente a lo que ya vimos en sus adelantos. Carece de interés y, siendo una serie de intriga, esto es un grave problema.