viernes, 27 de mayo de 2016

Ensalada Olivier


Lucien Olivier
Posiblemente el plato mas tradicional de las fiestas navideñas en Rusia es la Ensalada Olivier, o, como se conoce en el resto del mundo, ensalada rusa o ensalada de patata. No hay hogar en Rusia en el que en nochevieja no se sirva éste plato en alguna de sus variantes. De todas maneras, no hay que pensar que es un plato exclusivo de éstas fiestas. No es extraño que la ensalada Olivier se sirva en cualquier celebración o reunión de amigos, en banquetes de boda, cumpleaños, etc. Se trata de la ensalada más típica de Rusia.

Como ya he comentado, ésta ensalada es conocidísima internacionalmente, de hecho, en España se la conoce como ensaladilla rusa, aunque no es muy parecida a la original. En América y, sobre todo, en Estados Unidos, se la conoce como Ensalada de Patata (Potato Salad). Casi podríamos decir que en cada zona del mundo se ha hecho una variante de nuestra Ensalada Olivier.

En realidad hay que decir que, aunque la primera vez que se preparó fue en Rusia, el origen de éste plato es francés. Fue en la década de los 60 del siglo XIX cuando un famoso chef francés llamado Lucien Olivier, dueño del restaurante de comida parisina “Ermitage” en Moscú, creó ésta ensalada que se convirtió rápidamente en el plato principal de su restaurante.


Es importante explicar que entre la receta original del chef Olivier y la receta actual hay una grandísima diferencia. La receta original se ha perdido, pero sí se sabe que el plato consistía, más o menos, en faisán troceado mezclado con gelatina de caldo de faisán y trufas, y acompañado de patatas, pepino, huevo duro, cangrejos de río y caviar, y todo ello aliñado con la salsa especial del chef. Un día, Lucien Olivier observó como uno de sus clientes mezclaba todos los ingredientes y se sintió ofendido al ver que un plato tan elaborado se convertía en un revoltijo deforme en pocos segundos. Por ello, al día siguiente y como réplica a la ignorancia culinaria de sus comensales, sirvió él mismo el plato con todos los ingredientes mezclados, sin imaginar el éxito que llegaría a tener. De hecho, la Ensalada Olivier que se consume actualmente en Rusia, la llaman Sovietski Olivier o Olivier Soviética, ya que fue aproximadamente en ésa época cuando se comenzó a difundir entre la población rusa más humilde. La receta original del chef Olivier se perdió cuando se cerró su restaurante, pero hay varias versiones. Se cuenta que la receta original contaba con mas de 100 ingredientes, bañados en salsa mayonesa con especias.
Nadie conocía la receta de la ensalada, ya que el chef Olivier tenía una habitación dentro de la cocina del restaurante donde nadie más tenía acceso. Ahí es donde preparaba en secreto su deliciosa creación para que nadie pudiera descubrir su secreto. La ensalada llegó a tener tanta fama, que el propio zar Alejandro II fue al Ermitage a probarla. En 1883 Lucien Olivier murió y se llevó a la tumba el secreto de su plato, ya que nunca llegó a escribir la receta y ninguno de sus ayudantes vio cómo se preparaba. Su restaurante, el Ermitage, cerró finalmente en 1905.


Pero un día, en medio de la preparación de una de las ensaladas, tuvo que salir de la habitación y dejó la puerta abierta. Esto fue aprovechado por uno de sus ayudantes de cocina, Ivan Ivanov, que entró en esta habitación y pudo ver la ensalada a medio hacer así como los ingredientes de la salsa. El secreto estaba ante sus ojos. Aunque no pudo saber en qué proporciones había que usar esos ingredientes, sí pudo hacerse una idea aproximada:La preparaba con urogallo, lengua de ternera, caviar prensado, ensalada fresca, langosta hervida, pepinillos, soja de Kabul, pepino fresco, alcaparras y huevos duros. Como aderezo, una salsa mayonesa. Tras ver lo que escondía esta habitación, Ivanov dejó su trabajo y se fue con su receta a un restaurante de la competencia: el Moskva. Allí se convirtió en el chef que trajo al mundo una ensalada sospechosamente similar, a la que llamo ensalada Stolichny (ensalada capital). Esta ensalada aún se consume hoy en día y también recibe el nombre de ensalada moscovita. Se trata de una imitación de la original ensalada Olivier, aunque con ingredientes más simples.

martes, 10 de mayo de 2016

The good wife



Como la que añoraba Manderley, he vuelto a ver el episodio quince de la primera temporada de The good wife. En él, Alicia Florrick accede a convivir en su apartamento con su marido Peter, recién salido de la cárcel, y con los hijos de ambos. Una pantomima orientada a dar buena imagen de cara al juicio por corrupción que él tiene pendiente. Una situación muy parecida a la que hemos vivido en el último tramo de la serie. La hipocresía de los mundos idealizados y, sobre todo, la obsesión de Alicia Florrick por hacer lo que tiene que hacer. Por seguir siendo la buena esposa. Aunque no nos guste ni a nosotros ni a ella.

El episodio se titulaba Bang y, en efecto, fue un disparo certero. Me quedé tocada entonces. Me di cuenta de que The good wife estaba reventando las normas de la tele comercial sin necesidad de aspavientos. The good wife siempre ha sido televisión que no tiene miedo a serlo, que no necesita de ningún subterfugio para alcanzar la excelencia y que abraza las reglas del medio. Es LA serie de televisión.


El encorsetamiento del procedimental de abogados y de la emisión en abierto ha sido siempre un acicate para la creatividad de Robert y Michelle King, de eso hemos hablado de sobra. Sin embargo, el viaje de Alicia Florrick ha sido tan alucinante que me había olvidado de algo de importancia capital: el título. The good wife no es sólo la premisa de la historia, la esposa que de forma incomprensible respalda a su marido, un político putero y corrupto. Es también la esencia del personaje, es su dilema, su ser o no ser.

El reto era describir quién es esta mujer y por qué hace lo que hace. Aun a riesgo de que no la entendamos y de que, muchas veces, la despreciemos. Santa Alicia, que honra su compromiso marital por encima de todo. Alicia, que nada y guarda la ropa (la suya y la de Peter) porque una nunca sabe cuándo le va a hacer falta.

The good wife no es sólo la esposa que de forma incomprensible respalda a su marido, un político putero y corrupto. Es también la esencia del personaje, es su dilema, su ser o no ser

Maravillosa e imperfecta, Alicia la conservadora, la atea, la valiente, la infiel, la egoísta, la lasciva, la reina de la contradicción. Alicia, que se ha pasado más de la mitad de estos siete años oscurecida por un hombre que no es Peter. El tipo que más sombra ha hecho a Alicia Florrick es Walter White, encaramado en lo más alto del podio televisivo durante las mejores temporadas de The good wife. Los niveles de complejidad de este personaje y el grado de sutileza en el tratamiento de la corrupción (moral y política) no resisten la comparación. Me encanta Breaking bad, es una serie excelente, pero es la historia de un súper héroe de cómic: The good wife es Flaubert.


También en ese capítulo quince es cuando aparecen por primera vez Kurt McVeigh y Eli Gold. A la vez, en el mismo episodio. Cualquiera que tenga que rellenar veintidós entregas por temporada exprimiría valores tan potentes como estos. Los King, sin embargo, saben que no necesitan más que un par de gotitas en las muñecas para conseguir el efecto deseado.


McVeigh, el personaje de Melville vestido de hombre Marlboro que pone patas arriba a Diane Lockhart y nuestros prejuicios, y Eli Gold, el ambicioso y cínico estratega que ha fracasado de todas las maneras posibles. Dos capítulos antes, el psicópata cachondo, Colin Sweeney, ya nos advertía de que en esta serie, el diablo estaba en los detalles y en los personajes secundarios. El mundo alrededor de Alicia.

Que nadie es imprescindible (nadie salvo ella) lo aprendimos a las bravas. Con lo que costaba Kalinda, los productores se compraron dos personajes de rebajas. Una amiga mucho más simpática y un investigador que sí fue capaz de ligarse a la protagonista (¿Quieres caldo, Archie Panjabi?). Alicia se ha pasado la última temporada tarareando “no quiero más dramas en mi vida”, buscando afectos sustitutivos, dándole al tequila a diario y (a la espera de ver qué sucede en el último episodio) tratando sin éxito de encontrar una alternativa vital que la haga feliz. Igual que la serie.


Volviendo al capítulo quince, estaba yo ensimismada con mi viaje al pasado, comparando cómo han cambiado los peinados, el corte de los pantalones y los botones de los dispositivos móviles en siete años, cuando se abrió la sala de reuniones y apareció Will y me dio un vuelco el corazón. El Will Gardner del principio, el de los ojos llenos de amor y de esperanza. Me eché a llorar, claro.


The good wife ha completado su ciclo y hemos tenido tiempo de hacernos a la idea. Se acabó la mejor serie de televisión en activo
Hay algo intolerable en las muertes repentinas, en el desconcierto, en la sensación de injusticia. Lo de Will fue un triunfo narrativo y una pena muy grande. Ahora se marcha Alicia (el último capítulo lo emitirá en España FoxLife el próximo jueves 12) y me duele despedirme de ella mucho, pero menos de lo que pensaba. The good wife ha completado su ciclo y hemos tenido tiempo de hacernos a la idea. Se acabó la mejor serie de televisión en activo. A ver dónde encuentro yo ahora cuarenta y cinco minutos de tele sobresaliente durante veintidós semanas al año.
Isabel Vazquez


lunes, 9 de mayo de 2016

DESDOBLAR EL SUSTANTIVO



Ahora ha llegado la hora de hablar del desdoblamiento de género, un fenómeno en boga dentro del panorama político actual.

En primer lugar, hay que decir que estamos ante un caso diferente al de los aquí explicados con anterioridad. Por ejemplo, sí parece un ejemplo de cómo el lenguaje refleja el machismo de la sociedad la antigua acepción "femenino", que rezaba "débil, endeble". Pero, ¿es el género neutro un ejemplo del sexismo reinante? Aquí se comete un error de base: el género morfológico no se debe relacionar explícitamente con el sexo. Empezando por ahí, el resto de medidas en contra de este desdoblamiento tienen que ver con la visibilidad que esta premisa necesita. Por ejemplo, si alguien escribe: "Los invitados, acompañados de sus parejas, llegarán a la ciudad a lo largo del día de hoy".

¿Alguien lo entendería como "sólo los hombres invitados acudieron acompañados de sus parejas"? Supongamos que sí, que es un lenguaje exclusivo. Si consideramos que nos enfrentamos a una sociedad machista y que, por ello, debemos desdoblar, el enunciado tomaría la siguiente forma: "Los invitados y las invitadas, acompañados y acompañadas de sus parejas, llegarán a la ciudad a lo largo del día de hoy".

Sin embargo, si atendemos a la supuesta sociedad discriminatoria a la que ya hemos hecho referencia, alguien puede entender que "pareja" es la unión entre un hombre y una mujer, por lo que también debemos aclarar este apartado. "Los invitados y las invitadas, acompañados y acompañadas de sus parejas heterosexuales y de sus parejas homosexuales respectivamente, llegarán a la ciudad a lo largo del día de hoy".

Por si fuera poco, también habría que desambiguar el término "día", que en castellano incluye a la noche en ciertos contextos, como puede ser en este caso. "Los invitados y las invitadas, acompañados y acompañadas de sus parejas heterosexuales y de sus parejas homosexuales respectivamente, llegarán a la ciudad a lo largo del día de hoy y a lo largo de la noche de hoy".

ENFANGAR LA SINTAXIS

Como podemos ver, la sintaxis se enfanga y se comete otro de los errores clásicos a la hora de desdoblar: caemos en el circunloquio absurdo. Esto es lo que la RAE llama economía lingüística (y que nadie catalogue este texto como académico, pues hay algún "sólo" tildado y un "castellano" gigante para referirse al idioma).

La cuestión es que por una simple cuestión de pulcritud gramatical, el lenguaje elige la forma "invitados" para referirse a personas de cualquier género sin que por ello el hablante desprenda machismo; elige la forma "pareja" (por cierto, femenina) para referirse a uniones de cualquier orden sin que el hablante desprenda homofobia o heterofobia; y elige la forma día para referirse a un periodo de veinticuatro horas sin que el hablante desprecie a los noctámbulos.

Como ya se ha dicho, el lenguaje es una "consecuencia de". Si la sociedad erradica sus fobias, éstas desaparecerán del lenguaje sin necesidad de llevar a cabo acciones normativas. El problema llega cuando estas acciones se toman sin pensar en razones lingüísticas. Sin cortar, además, la verdadera raíz del problema que nada de lingüístico tiene. Y cuando se busca arañar un puñado de votos a través de disparates como "miembros y miembras".

Ahí empezó a joderse todo, Zavalita.
Carlos Mayoral  (el español)

jueves, 5 de mayo de 2016

Marseille


Protagonizada por el veterano actor Gérard Depardieu en la piel de Robert Taro, el alcalde de la ciudad de Marsella durante los últimos veinte años. Se acercan las elecciones municipales y su sucesor, Lucas Barrès (Benoit Magimel), quien antes era su protegido, ya ha sido designado.


Sin embargo, Taro planea un último golpe: lograr el voto para la construcción de un casino en el casco histórico de la Marina.
Conseguir su objetivo no será tarea fácil y el alcalde encuentra varias trabas en el camino que dificultan su plan.



Por un lado, la ambición de Lucas, y, por otro, los intereses ocultos de los líderes de la ciudad, quienes para conquistar Marsella parecen estar dispuestos a destruirla en una guerra de poder en la que todo vale.




La gran ambición de su discípulo y los intereses ocultos de los líderes de la ciudad convierten esta campaña en una batalla en la que no se sabe quién ganará. Una guerra sin cuartel que gira en torno a la venganza y la avaricia, dirigida por los señores de la droga, políticos y sindicatos de la ciudad, arrojando una pregunta: ¿de qué serán capaces?


Marseille es un thriller político que gira en torno a la lucha de poder y la corrupción en una ciudad en la que los ricos tienen cada vez más lejos la redención.
Creada y dirigida por Dan Franck, la serie está completamente grabada en Marsella, Francia.

Palmeras en la Nieve



Una secuela de “El Tiempo entre Costuras” con una historia similar que como miniserie de televisión puede que funcione, pero en el cine no. La sensación desde el principio es de no estar viendo cine sino una telenovela de sobremesa, imagínense mezclar actores, actuaciones y sobreactuaciones de Al Salir de Clase y de La Señora, todo eso durante tres horas y en pantalla extra large. 
La historia no es mala, el problema es que es imposible meterse, una vez más el lenguaje televisivo con unos decorados demasiado obvios -por ejemplo el ambiente africano del supuesto puerto de Santa Isabel cuando llegan por primera vez- te impiden creértelo. Por otra parte que siempre -sin excepción- nieve en el pirineo oscense también es un poco forzado; sí el mensaje se entiende, que Kilian viene del Pirineo, pero es que las imágenes son más bien del círculo polar ártico, un poquito de contención.

La guapísima Berta Vázquez de origen etíope es de lo más salvable de la peli, aunque una vez más te lleva a pasar de puntillas por el extraño acento no guineano de los habitantes de esa Guinea Ecuatorial de cartón piedra.. -la película está rodada en el caribe colombiano y los figurantes son caribeños-. En fin, perfecta para cuando la pongan en Antena 3 como telefilm de sobremesa con mantita y vermut.
                                                                                                                  Fabián



Viajas por ella con gusto, pero sin dolor ni pena. Vista en retrospectiva, después de oír hablar tanto de ella a favor y en contra, se ha de admitir que la historia necesitaba su tiempo para hablar por si misma y dejarse sentir, para ser proclamada como la elegante señora que se auguraba cuando se presentó; aunque, también sea cierto que es tremendamente fácil y tentador que los oídos tomen vacaciones temporales entre tan larga duración, que el corazón apenas participe y que la mente permanezca fría en su análisis. Tan cierto como la escasez interpretativa que muestra Mario Casas en esta ocasión, limitación gestual confirmada por una torpeza de andadura y rostro de nulas expresiones alternativas que no sea la fijada inicialmente y que se mantiene perenne y obsoleta durante todo el relato; tan obvio como la esperada soberbia fotografía, las cuidadas formas, perfecta música y estilismo detallado de un esfuerzo meritorio, para una producción española. La novela visionada se presenta como dama suntuosa y orgullosa de su trabajo realizado, costosa exposición de todo un melodrama romántico de pasión, enfrentamientos, deseos, agresiones, valentía, humillación e intento de sobrevivir a todo ello; corrillo de aventuras y desvelos que abren apetito con calma y mesura, con esos reposados entremeses que deben dar paso a la confirmación de esa suculenta cena, de seductores comensales. Aunque la pregunta clave es ¿el romance reclamado sube lo suficiente de tono como para colmar esperanzas e ilusiones previas?, ¿tiembla el pulso de emoción?, ¿la aceleración progresiva del corazón se percibe con rotundidad o todo queda en fabulosa venta de marketing, que ofertó lo que no daba?


Esta leyenda, en su proclamada conjunto, progresa adecuadamente, aunque no apasionadamente -que no es lo mismo-; su energía se mantiene constante a dosis de cápsulas entregadas sin lograr el fervor, ímpetu y colofón que se espera de estas épicas narraciones, que deben sacudir el alma e hipnotizar a la conmocionada esencia; atrae sin duda, interesa su seguida pero, no sacude vorazmente a unos sentidos que se emocionan lo justo para no perder hilo aunque, no inmensamente como reflejan esas hermosas y sobrias palmeras en la nieve. “La vida es un tornado; paz, furia y de nuevo paz”, y por esos pasos desfila, en procesión ordenada, todo el relato, sólo que la furia no arranca tejados ni su viento molinos derrumba; estéticamente es de sobresaliente pero, su parte dramática no deja huella ni incide en la memoria una vez finalizado; es más, durante las escenas de batalla sentimental y su frustrada agonía, tu sensibilidad permanece en esa calma de visión de quien lee, comprende pero, no se exalta ni perturba ante el desfallecimiento y quiebra de la felicidad construida. Tenue en su conmoción, magnífica en su ambientación, cojea de un pie para afianzarse en el otro pero, ello no evita la cojera de tan opulenta obra.


“Ten cuidado no vayas a encontrar lo que estás buscando”, ya no hay cuidado que valga pues, tímidamente se acerca a la tragedia esperada; hay amor, hay peleas, hay desavenencias, hay conflicto político, hay decepción humana; un polvorín de llanto, alegría, esperanza, muerte y desolación que no explosiona con contundencia pero, atraviesa por sus trágicos puntos con validez de intento novato, que aspira a ser gran veterano. Tiempo a la experiencia y que se repita el intento; osadía hay de sobra, con talento se cuenta, únicamente hacen faltas nuevas ganas, oportunidad y ampliación de miras y capital de nuestro cine. “Mi suerte se termina aquí y ahora”, y has aprobado Fernando González Molina, que no redondeado; sigue con tu énfasis de intento y logro en la siguiente aventura y, futura suerte a quien se empeñe, con carisma y fortaleza, en la representación de un libreto de tal calibre; este ha quedado correctamente retratado, ahora vayamos, en la próxima, a por más nota. Lo mejor; su rotunda fotografía, diestra ambientación y música escogida, más ese valor de un director empeñado. Lo peor; perfila tanto esos detalles que se olvida de la importancia de un pulso cardíaco, que no logra tener la tensión alta.
Lurdes L.


Esto lleva camino de convertirse en el Hollywood de hace 80 años. Una serie de trabajadores firmarán por X años o por X productos y listos. A cobrar los encargos aunque no apetezca hacerlos. Pero lo que realmente da miedo es el aspecto actoral. No porque no haya talento, que me niego a pensar que no lo haya, sino por todo lo que se cuece a nuestro alrededor. Dicen las malas (o quizás buenas) lenguas que Mario Casas tiene contrato con la productora Atresmedia. Si se confirmase, este hecho nos acerca un poco más a ese Hollywood de hace 80 años. Es decir, no importa que quizás no sea la mejor opción para el papel; él debe hacer el papel. Y claro, por aquí ya vamos mal. Y, ¿cómo continúa esto? Fíjense en las últimas películas de cierto éxito del cine español y encontrarán una serie de coincidencias. Una de ellas es la controvertida "Dirección de cásting". Controvertida ya en sus inicios en USA, donde muchos maltrataban injustamente a este oficio en una época de oro donde fue fundamental para descubrir a talentos como Paul Newman, y más tarde De Niro o Dustin Hoffman, entre muchos otros. Pero voy a ir al grano. Actualmente son muy pocos los directores de cásting que cortan el bacalao en España. Muy pocos y muy bien colocados. Y pasa lo que tiene que pasar, que dificilmente nos encontraremos a una Marion Dougherty. Eva Leira y Yolanda Serrano, las directoras de cásting de este bodrio, nos han introducido en el plano cinematográfico de los últimos años a actores como Jesús Castro, Rubén Cortada, María Valverde, Quim Gutiérrez, Alain Hernández, Dani Rovira, Clara Lago, Javier Gutiérrez, Luis Tosar (llevando la bandera de ser el mejor de todos como si fuera una estrella de las artes nacionales, manda narices)..., y podría seguir. Lo siento mucho porque nada tiene que ver con lo personal, y ya sabemos que unos están mejor preparados que otros, pero ninguno de estos "artistas" tienen el nivel mínimo que se debería exigir. Mientras en UK , por ejemplo, nos han dado a conocer en los últimos años (cojamos los años más recientes para no hacer más sangre) a actores como Michael Fassbender, Tom Hardy, Martin Freeman, Felicity Jones, Benedict Cumberbatch, Kate Winslet, Damian Lewis, Emma Watson, Eddie Redmayne, etc. No está mal. Centrándonos únicamente en UK y en unos pocos ejemplos que tampoco digo que sean los mejores. Evidentemente vamos a obviar intérpretes con más recorrido que siguen dando guerra como Judi Dench, Daniel Day Lewis, Vanessa Redgrave, Jeremy Irons, John Lithgow y muchísimos, muchísimos más que se encuentran a un nivel muy, muy superior a las estrellas contrastadas de nuestro maravilloso país. El guión adaptado es una broma de mal gusto, aburrido y sin brillantez. Es plano y la acción no transcurre ni se dirige a ninguna parte. Puedo entender que no tenga más pretensión que la de entretener pero es que se queda en un simple culebrón barato. Aunque debo decir que si me pongo a recordar "Lo imposible", tampoco debería sorprenderme demasiado. La dirección de actores brilla por su ausencia, y en un guión tan mal hilado es clave para llegar empatizar con los personajes de alguna manera, aunque sea a ráfagas. 

De las actrices y especialmente de los actores no voy a hacer leña del árbol caído. Bien, me podría alargar muchísimo más pero no vale la pena. Lo voy a dejar simple y claro: no vuelvo a ver una película o serie española hasta que las productoras se comprometan a realizar productos, guiones, personajes de calidad, o como mínimo arriesgados (que no es sinónimo de dejarse más dinero que nunca), y desaparezcan los pseudodirectores de casting que invaden el país. Dicho esto, que cada uno haga con su dinero y tiempo lo que quiera, no malgastaré ni un segundo más en analizar el resultado de "películas" como ésta que me producen vergüenza ajena. 
KIZIR