miércoles, 22 de febrero de 2017

EL GUARDIÁN INVISIBLE


En los márgenes del río Baztán, en el valle de Navarra, aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en una circunstancia que lo relaciona con un asesinato ocurrido un mes atrás... La inspectora Amaia Salazar dirige la investigación que la llevará de vuelta al pueblo de Elizondo, donde ella creció y del que ha tratado de huir toda su vida. Enfrentada con las complicadas derivaciones del caso y sus propios fantasmas, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar con un implacable asesino, en una tierra fértil en supersticiones y brujería.


La novela de Dolores Redondo siempre tuvo un atractivo especial para su adaptación al cine. Antes incluso de ser publicada por Ediciones Destino, Peter Nadermann, a través de la productora alemana Nadcon, especializada en adaptaciones de novelas noir en toda Europa, opcionó los derechos de la novela cuando sólo era un manuscrito. Vio el potencial que tenía la historia de Amaia Salazar y pensó que era un personaje ideal para una estrella de Hollywood, por lo que su intención era hacer directamente un largometraje internacional de habla inglesa. Al poco de publicarse la novela en España, Nostromo Pictures y Atresmedia Cine cerraron un acuerdo de coproducción con Nadcom para poder realizar la película y se decidió que precisamente para preservar la verosimilitud y autenticidad, lo mejor era apostar por hacerla en español pero con un gran nivel de producción que permitiera que la película pudiera estrenarse en todo el mundo.


Así nació la adaptación de EL GUARDIÁN INVISIBLE, respetando rigurosamente el aspecto local que tan especial hacía la novela, con un Valle del Baztán, lleno de paisajes únicos, rodeados de una atmósfera opresiva donde la lluvia y la humedad rodean todo y se desarrollan costumbres profundamente arraigadas donde el folklore y las tradiciones rigen la vida de muchos de sus habitantes.


Fernando González Molina leyó la novela entusiasmado y enseguida llamó a los productores de la película que estaba rodando, Palmeras en la Nieve, para hablarles de la novela, descubriendo que casualmente estos habían adquirido recientemente el proyecto y se disponían a desarrollarlo. Los productores enseguida dieron las riendas del proyecto a Fernando y contrataron a Luiso Berdejo (guionista de la exitosa trilogía REC). Fernando, aportó una visión muy clara de cómo trasladar las palabras de Dolores Redondo a la gran pantalla y Luiso trabajó en el guión junto con Fernando en su residencia en Los Ángeles. Asimismo, también se empezaron a buscar las localizaciones en el Valle del Baztán, para poder incorporarlos al guión y dar así mayor riqueza visual a la película.


En paralelo a las revisiones finales del guión, se comenzó la búsqueda de Amaia Salazar y sus hermanas. Eva Leira y Yolanda Serrano se encargaron del casting y junto a Fernando y tras unas pruebas iniciales, tuvieron muy claro que no había nadie mejor para interpretar a Amaia que Marta Etura, que era capaz de transmitir perfectamente las dos caras de Amaia, su dureza y, al mismo tiempo, la inseguridad y miedo que anidan en su interior.


La primera opción para interpretar a Flora fue siempre Elvira Mínguez y tras verla en una prueba junto a Marta Etura, quedó claro que estaban destinadas a ser hermanas para siempre en la trilogía del Baztán. Para la búsqueda del resto de personajes se realizaron audiciones en Bilbao, el valle del Baztán, San Sebastián, Pamplona y Madrid.


De esta manera se pudo configurar un reparto principal dónde se mezclaban actores de gran prestigio como Francesc Orella, Pedro Casablanc, Ramón Barea, Paco Tous, Manolo Solo o Susi Sánchez, con actores no profesionales. Para varios nombres del reparto supone incluso su primer trabajo en la gran pantalla, como es el caso de Carlos Librado "Nene", Patricia López o la joven Idurre Puertas, entre otros.

sábado, 18 de febrero de 2017

Goliath


Claro que podría haber sido mejor.
Pero en este caso es tan flagrante que no he encontrado mejores palabras para empezar.
Billy Bob Thornton con la serie a cuestas.




Lo destaco en el comienzo de la crítica, porque es por ver su actuación que se llega hasta el final. La verdad es que arranca tibia, un capítulo piloto decepcionante, confuso, atropellado, que presenta demasiados personajes de golpe y en el que apenas logras sentir simpatía por ninguno.


Me dejó tan indiferente, que tardé más de diez días en retomar la serie.


Afortunadamente la cosa mejora con el final del segundo capítulo, que termina con un suceso trágico que hace que de repente las cosas se pongan interesantes, y te lleva a pensar que hay un guión sólido detrás de la serie
.
Por desgracia no sólo se vuelve culebronesca, con demasiadas traiciones amorosas entre los personajes, algo que se podría perdonar gracias al buen trabajo de los actores y a lo adictiva que es, sino que el final que han dado a esta primera temporada es inconsistente y muy difícil de creer.


David contra Goliath. David es Billy McBride (Billy Bon Thornton) un abogado alcoholizado, en trámites de divorcio, en la ruina, y con una única obsesión: Vengarse del antiguo socio que lo echó del bufete que fundaron juntos. Ellos dos y la ex mujer de Billy.


Su antiguo socio es Donald Cooperman (William Hurt) un abogado despiadado, con el rostro desfigurado y que manipula a todos sus empleados, dirigiendo el bufete desde su despacho, a oscuras, con las cortinas echadas.

Un tipo siniestro, con algunos desequilibrios mentales que irán saliendo a la luz con el paso de los capítulos. Diseñado su personaje para odiarlo desde el principio.


Billy encuentra la posibilidad de vengarse, cuando le contratan para investigar el extraño suicidio de un ingeniero de una multinacional del sector armamentístico, y principal cliente del bufete de Cooperman.


A partir de ahí no sólo tendrá tendrá que luchar contra unos abogados podridos de millones y con muchos recursos, sino también contra una multinacional dispuesta a jugar sucio para frenar la investigación de Billy McBridge.


Junto al buen trabajo y el carisma de Thornton, y William Hurt, destaco a un puñado de secundarios. Callie, abogada y socia del bufete, interpretada por Molly Parker, a la que puede que pongas cara por "Deadwood" y más recientemente por "House of cards" y a una becaria del mismo bufete. Lucy, a la que da vida Olivia Thirlby. A ambas las manipula a su antojo desde las sombras, Cooperman, enfrentando a la una con la otra.
Uno podría esperar un buen caso con giros de guión. Un tipo sin recursos que lucha conrta su excompañero y exempresa que ahora tiene tanto poder que parece que lo controla todo. Pero no. Y como pasa con la serie Ray Donovan me parece que se centran demasiado en la vida de sus protagonistas y poco en su trabajo. Me gustaría saber mucho más del caso y mucho menos de sus amoríos. Resquicios legales, trampas en los pleitos, picardía en los juzgados... eso es lo que buscaba. Hay algo, pero se queda muy corto.
Además de acontecimientos totalmente estrambóticos y un desenlace irreal de serie/peli pequeña.

                                                                                              Rufus T Firefly 


miércoles, 15 de febrero de 2017

¿Qué fue de Boabdil después de rendir Granada?


Rendición de Granada

Conocida de todos es la leyenda aquella de que, cuando Boabdil, abandonó Granada, su madre le dijo "llora como mujer lo que no supiste defender como hombre"... y se fue. Partiendo de la base de que es una mera leyenda inventada casi 40 años después, a parte de esta amarga despedida -inventada o no- la verdad es que el personaje, simplemente desaparece del imaginario popular y muy poca gente sabe qué fue lo que le pasó después al pobre Boabdil. Evidentemente, el hombre no se esfumó como una burbuja, sino que aún se estuvo un tiempo por su antiguo reino. Si tiene un poco de curiosidad "marujil", siga leyéndome, que sucintamente le explicaré su periplo.


Boabdil el Chico

Abû ʿAbd Al•lâh Mohammed ben Abî al-Hasan ʿAlî, Boabdil el Chico para los amigos castellanoparlantes, fue el último Emir (rey) de Granada. Después de haberse batido el cobre con los ejércitos de los Reyes Católicos y con el saco de gatos rabiosos que era su corte, al final, viendo que era imposible hacer frente a las huestes castellanas y a tanto traidor y corrupto "amigo" suyo, el día 2 de enero de 1492 decidió plegar velas y darle las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos... y que se apañaran ellos. La decisión, le dolió, pero como legalmente no era una conquista, sino que era una venta, los 30.000 castellanos de oro (unos 138 kilos de oro, vaya) que le dieron en compensación, sin duda ayudarían a pasar un poco la pena.


La Alhambra de Granada

Una vez entregadas las llaves, Boabdil, apodado "El Chico" no por el tamaño sino por su juventud, en vez de irse, se encerró en su alcázar y esperó a que las nuevas autoridades cristianas le dieran permiso para salir. El permiso le llegó a finales de febrero del 1492 y le dejaron llevarse lo que quisiera a su feudo de las Alpujarras, a la Alcazaba de Laujar (hoy, Laujar de Andarax, a unos 120 km de Granada), con la condición de que el séquito saliera de noche, para evitar tumultos. Boabdil así lo hizo y en llegando a un cerro -hoy día llamado poéticamente Cerro de las Lágrimas- se desvió del caminó y echó un último vistazo de su Gharnata (Granada) natal. Las crónicas no dicen nada del rapapolvo de su madre, hasta 1526 en que el Obispo de Guadix, le cuenta esta historia a Isabel de Portugal, que estaba de visita. Y es que siempre queda bien un poco de poesía para agradar a las visitas.

Laujar de Andarax (Almería)

Los Reyes Católicos le permitieron quedarse en sus posesiones de las Alpujarras todo el tiempo que quisiera, gracias al Papa Inocencio VIII, que les hizo asegurar que lo tratarían correctamente. El Papa conocía el sultán turco Bayaceto II y para seguir manteniendo las amistades -y lo que le pagaba por retener al "queridísimo" hermano del sultán- le hizo asegurar a Fernando el Católico este buen trato. Sin embargo, el hecho de mantener en su territorio al líder, por muy bien que se portara, era como dejar una cerilla encendida al lado del bidón de gasolina que podía significar una posible revuelta de los moriscos. Con buenas formas, pero chinchando lo que no estaba escrito y comprando bajo mano sus posesiones a su fiel (ejem) alcaide Aben Comixa -¿y alguien se extraña de lo de los ERE's de hoy día?-, los Reyes Católicos consiguen convencer a Boabdil de la necesidad de que parta para Berbería, es decir, Marruecos.


El puerto de Adra 

En octubre de 1493, y tras la muerte de su mujer Moraima al haberse quedado sin buenos médicos -todos judíos- porque los Reyes Católicos habían expulsado a los judíos para ahorrarse devolverles los créditos (llámalos tontos), se encaminó hacia el puerto de Adra, a unos 40 km de Laujar. Una vez allí, una flota compuesta por tres barcos grandes (una nao, una carraca y una carabela) al mando de Íñigo de Arrieta , transportó un séquito de 1120 personas a la otra orilla del Mediterráneo. Otra leyenda cuenta que, una vez embarcado, Boabdil lanzó su espada al mar y prometió volverla a buscar algún día, cual promesa electoral imposible de cumplir.


El puerto cenagado de Cazaza

Todo el cargamento de gentes y cachivaches desembarcó en el puerto de Cazaza, población a poniente del cabo Tres Forcas, a unos 15 km de Melilla y a 165 kms de la costa andaluza, del cual poca cosa se encuentra hoy en día, ya que el pueblo fue destruido por los españoles en 1532 y el puerto fue cenagado por un río cercano. Desde aquí Boabdil se dirigió a Fez (330 km hacia el interior) y allí fijó su residencia, apartado de la vida política aunque haciendo de consejero del sultán de Fez, y muriendo a la edad de 70 años en 1533.


Posible tumba de Boabdil

Se supone que Boabdil fue enterrado en una musalla (ermita, templete) que se encuentra a las afueras de Fez, pero aunque se sabe que hay dos cuerpos en ella, aún está por ver si las investigaciones dan su fruto. Aunque más que a la ciencia, según parece, la clave la tienen los burócratas marroquíes que nadie sabe quién tiene que dar los permisos para excavar.



Sea como sea, Muhammad XII de Granada (Boabdil el Chiquito), ha quedado inmortalizado para la posteridad como el último rey de Al-Andalus y el punto final a la Reconquista. Poco importa que fuera alto, rubio y ojos claros, que no hubiera sido vencido nunca, que no hubiese llorado al abandonar Granada, ni que su madre nunca lo reprimiera de la forma más poética posible. Eso es lo de menos. Lo realmente importante es que, posiblemente, nunca lleguemos a saber que lo que más le doliera seria que unos extranjeros cristianos le obligasen a tener que dejar su tierra, una tierra, la andaluza, en la que su gente vivía desde hacía más de 700 años.
Al fin y al cabo... ¿dónde vivía su familia allí por el año 1300?
Ireneu Castillo

sábado, 11 de febrero de 2017

Broadchurch (1ª temporada)


Antes que HBO estaba la BBC. Antes que los Sopranos, estaba Eastenders, antes que Galáctica estaba Doctor Who.
Antes que nadie estaban los ingleses, y nunca han dejado de pisar el acelerador, nunca dejaron de crear, de crecer, y aun con el piloto automático producen obras maestras en cualquier género. Con menos de la mitad de presupuesto, la TV inglesa sigue marcando el camino, como por ejemplo la cada vez más generalizada reducción del número de capítulos en las series americanas, marca de la casa de la ficción británica, donde la calidad siempre impera sobre la cantidad.


En el caso que nos ocupa, el thriller costumbrista o como se llame al género donde un crimen altera los cimientos de una reducida comunidad de vecinos de un pueblo costero, Broadchurch es un ejemplo de maestría absoluta en el que actores, fotografía, música y guion, sobretodo guion, están elevados a su máxima potencia.


Para enfrentarse a Broadchurch hay que estar preparado. Porque no siempre tiene uno la oportunidad de bucear así en la desolación y el miedo. Lejos de las fórmulas efectistas, de los misterios enrevesados en mil trampas o de los fuegos de artificio esta serie ofrece sequedad y golpes. Partiendo de la base de un crimen se compone un fresco de personajes tan normales como cualquiera puede serlo. Y es justamente esa perspectiva, la de la normalidad, la que hace el conjunto demoledor.


Describir las andanzas de los detectives es casi imposible. Hay que ver esta serie para comprenderlo. Lo que consiguen David Tennant y Olivia Colman es asombroso. El espectador se ve sometido de inmediato a la acción porque sabe que eso que está viendo pasa. Ocurre a diario. Ese es el horror y el triunfo de esta serie. Esa es la clave: El dolor es uno enemigo que aprovecha la cercanía.
Con una muy notable descripción de personajes, vamos conociendo tipo/as de toda calaña y condición: Ex-alcohólicos, presuntos pedófilos, cornudos/as, inadaptados/as... Nadie se libra de sospecha, a pesar de ser un pueblo en el que todos se conocen, y en el que nunca pasa nada fuera de lo normal. La pareja de detectives que lleva el caso son la antítesis: él, borde y antisociaL, con pasado profesional algo turbio; ella, simpática, bonachona, pero falta de experiencia en casos de asesinatos.


Sumad a todo ello un paisaje impactante, una música que traspasa y un plantel de secundarios que quita el hipo. Ese es el torbellino emocional que nos propone Broadchurch. Sencilla, directa y devastadora. Así es la serie británica que cuenta con 8 episodios que consiguen lo que muchas series no saben conseguir en tres temporadas, aunque esta las tenga.


Las pruebas, los testimonios, la interferencia de los medios de comunicación (siempre en busca de la exclusiva, sin importar las consecuencias), de los sospechosos que quieren dejar de serlo, de sus historias personales, todos estos hilos estos irán entrelazándose, formando una maraña que habrá que deshacer camino del final; un final, a mi juicio, acelerado. Ese es mi único "pero" a esta notable primera temporada de la serie.


Lo mejor: Olivia Colman. El argumento. La música. Su devastadora visión de la realidad.
Lo peor: Que duele hasta cortar la respiración.



Tirant & Inspector Sacha & Pete Salinger