viernes, 30 de abril de 2010

Mauricio


El traductor vive en la casa corriente, en el cuarto izquierda. Pasa las horas en el despacho, una biblioteca de madera de nogal con mucha luz y muchos, muchísimos libros. Marina tiene prohibida la entrada, pero cuando aprendió a leer la curiosidad por el universo de letras en que se refugiaba su padre cada día desde las nueve en punto hasta la una, desde las tres a las siete, comenzó a crecer hasta ser más fuerte que la niña obediente y sensata que siguió refunfuñando y augurando desgracias siempre que se sentaba en el pretil de la ventana junto al escritorio, cada vez que él salía a hacer algún recado.
El traductor es un padre joven, a ella le recuerda a Gregory Peck en "Matar a un ruiseñor", también con ese aspecto un poco cansado como de tener demasiadas responsabilidades para su edad. Usa pantalones de pana y una chaqueta de lana verde botella con coderas casi todo el año y esconde el secreto entre los pliegues de la chaqueta, tras el bolsillo de la camisa, cerca de su piel.
Un jueves de mediados de febrero, cuando ya había vuelto la esperanza de los días largos y de otra primavera, cuando las sombras ya eran más cortas y más nítidas, Mauricio no quiso más. Se levantó como siempre a las siete y cuarto, se vistió meticulosamente, cogió el abrigo, las llaves, la billetera y, sin despedirse y montado en su bicicleta, se lanzó a las vías ante el regional RB603 de las siete cincuenta.
Sinuit.

jueves, 29 de abril de 2010

la mesa de camilla

Capital de provincia de la baja Andalucía: Plaza Principal, una reja que llega hasta el suelo de la calle, ventana con postigos de madera y visillos de hilo bordados con calados “Richelieu” y puntillas de ganchillo, tres mujeres que se sientan en una mesa de camilla que está junto a la ventana y ven la calle a través de los encajes.
Ninguna cumplirá ya los cincuenta pero no pierden la esperanza, nunca fueron guapas pero ya no importa, la edad redime a los feos, además son muy finas y saben comportarse en sociedad a las mil maravillas, harían feliz a cualquier marido amante del hogar, educadas para servir al hombre, tuvieron ocasión de practicar cuidando de su padre que murió a los noventa años cuando ellas ya eran casi viejas, hasta el final estuvo vigilando para que no se descarriara ninguna de las tres y pasaron su vida mirando por esa reja y pidiendo permiso hasta para comprarse unas medias. Solo una de las tres salió de casa para trabajar, el padre creyó que alguna debía de hacerse cargo de los gastos cuando él faltara y a la que era más fea la colocó en una oficina cuando ya había cumplido los treinta y gracias a su inteligencia y a su eficacia había conseguido el puesto de secretaria del Secretario Provincial que era como decir la persona que mas influencia tenía sobre toda la oficina, porque en su despacho se administraban las vacaciones, los permisos, los traslados las adscripciones a los distintos puestos y cualquier reparto que hubiera.
Se llamaba Tere: Terita para sus compañeros, y era una referencia imprescindible para la convivencia del personal de la oficina.

El mantel blanquísimo, la vajilla preciosa, el bizcocho de nata casero exquisito .
Las jóvenes compañeras de la hermana trabajadora habían sido invitadas a merendar para que conocieran a su familia y porque eran de otras provincias y había que darles hospitalidad y calor de hogar, así de generosa es aquella gente.
Y allí estaban las dos muchachas un poco cohibidas les imponían las hermanas de la compañera con su aspecto de monjas teresianas sentadas en aquella habitación que podía ser de aquel siglo o del anterior, en un cuarto de estar en el que se podía haber representado el “Sí de las niñas” perfectamente sin desmarcarse en el tiempo ninguno de los elementos decorativos.

El tema de conversación que sirvió de detonante para la relajación del ambiente fue el propio Secretario Provincial, las mayores haciendo gala de un conocimiento exhaustivo del tema, se sintieron en la obligación de informar a las jóvenes de la trayectoria vital de aquel hombre, contaron que tenía una doble vida, que además de trabajar en la oficina era un hombre de la radio, que tenía un programa por la tarde especializado en música de jazz y flamenco, que tenía una larga lista de novias por toda la ciudad, que sus aventuras eran conocidas en toda la provincia e incluso en la provincia vecina y su capital.
Las jóvenes asentían diciendo que ya les parecía a ellas que tenía mucho desparpajo, que había tenido que ser muy guapo cuando joven (para ellas era mayor porque rondaba los cuarenta).
Y así fue transcurriendo la velada alrededor de la mesa de camilla, se esmeraron en poner a las jóvenes en antecedentes de la vida y milagros de aquel hombre alto atractivo y simpático como si le estuvieran haciendo propaganda y ellas replicaban que era muy mayor para su punto de vista. Hasta que en un momento determinado la mayor de las tres hermanas, suspiró y haciendo un gesto con la mano como si se sujetara la barbilla mientras bajaba la cara que se le caía un poco hacia un lado exclamó:¡ Si, si, vosotras lo veréis muy mayor pero tiene que tener un " pedazo de boniato" que para nosotras lo quisiéramos!.Las carcajadas de las jóvenes sirvieron de pistoletazo de salida para que las hermanas soltaran un repertorio completo de barbaridades, cada cosa que se les ocurría era más borde que la anterior, las muchachas no paraban de reír con los disparates que decían las tres mayores y eso parecía jalearlas porque de sus bocas salían todas las sinvergonzonerías habidas y por haber. Su padre debía de estar dando saltos en su tumba viendo el resultado de la estricta educación que él creía haberles dado. ¡Lo que habían aprendido detrás de aquellos visillos mientras el hombre creía que estaban rezando el rosario!¡Que tontos los hombres que no habían sabido ver la simpatía y la magia de aquellas mujeres detrás de su aspecto de solteronas!. Ellos se lo perdieron.

Alguna de las que entonces era joven puede decir que pasó una de las tardes mas divertidas de su vida y que por mucho tiempo que pase nunca las olvidará , ni a ellas , ni a su mesa de camilla.
(c) Coco Vida
http://coco-cocovida.blogspot.com/

miércoles, 28 de abril de 2010

Blues del autobús.

Voy en el autobús, en el número cinco en dirección al Chamartín.
Son las 21.30 y parece que todos vamos de retirada, se nota en el ambiente, cabezas cabizbajas y sonrisas a medio esbozar.
Casi nadie habla por el móvil, ya es un éxito, pues a las 9 de la mañana, ayer, parece que yo era el único sin móvil:
-Ya llego, voy en el bus.
-Dejé el desayuno preparado, no sé cuanto tardaré en volver.
-Esa oferta no la podemos aceptar, es menos que lo que nos cuesta traerlo de Taiwán.
-Me parece que llegaré con retraso, he cogido el autobús y va como una tortuga. Espérame en la cafetería y ve ofreciendo alguna rebaja en nuestra tarifa, que los malagueños nos quieren coger por los mismísimos.
Así y unos cuantos tacos que por pudor no reproduzco es la mañana del bus.
La noche me hace soñar con el descanso, con la compañía de los míos, con las zapatillas, con el taco de queso y un poquito de jamón, con el vaso de leche caliente y con la mantita encima de las rodillas y la tele, que aunque no la vea u oiga, está siempre ahí.
En la próxima parada, me bajo.
© Angel
Imagen: EMT madrid

martes, 27 de abril de 2010

De los Hermanos Mayores

Anselm Kiefer (German, 1945-)Lot's Wife, 1989
DE LOS HERMANOS MAYORES
En el colegio, los niños con hermanos mayores nombran las palabras y los números venideros con un saber heredado que les otorga cierto prestigio tan útil como peligroso. Yo fui un niño que creció tutelado por una muchedumbre de hermanos mayores. Empecé a pintar a imitación de mis hermanos, leí a Sartre y a Borges en la pequeña biblioteca ambulante de mi cuñado, y escuché a Violeta Parra en el “cassete” de mi hermana. Supe de la primavera de Praga y del mayo francés por las fotos de “Triunfo”, y leí los primeros versos en “Tragaluz” y “Poesía 70″. Se me dio por añadidura más de la mitad de lo que conozco. En el colegio me enseñaron a respetar al prójimo y a escribir al dictado las palabras de Rabindranath Tagore. Por el empeño de Miguel Ruiz del Castillo, mi profesor de dibujo, fui un niño pintor. Frecuenté las exposiciones y conocí a mis hermanos de la calle: Lola Boloix, Carlos Cano, Pepe Heredia, Emilio de Santiago, Juan de Loxa, Carmelo y Claudio Sánchez Muros. De Claudio escuché por vez primera la palabra diseño, y supe que la pintura es mitad materia y mitad pensamiento. Adopté como hermanos a José Carlos Rosales y Justo Navarro, que me abrieron la casa secreta en donde vivían las mejores cabezas de la izquierda divina: Mariano Maresca, Juan Carlos Rodríguez, Mateo Revilla, Javier Egea… De todo este caldo, nació un adolescente airado y rebelde, marcado por la impronta cristiana de los elegidos para el “sacrificio” de cambiar el mundo de base.Nadando en la gran ola de fondo que arrastraba de forma irreversible el periclitado tiempo del franquismo, pensé que la historia y la razón estaban de nuestra parte. Acostumbrado a seguir el ejemplo de los mayores, asumí la consigna del arte al servicio del pueblo, y sin conciencia de plagio, seguí la bandera del realismo social y mi arte se hizo militante. Pinté la “épica” lucha de obreros y estudiantes, y colgué los cuadros en la Librería de Juan Manuel Azpitarte bajo el título de “Obra fechada”. En el catálogo de la exposición, parafraseando a Cortazar, escribí: “Esto lo estoy pintando mañana”. Pero mañana la obediencia a la consigna se esfumó con el glamour de la clandestinidad aventurera, y perdí el interés por la militancia en la misma medida que se ganaban libertades y el “Partido” imponía su nueva lógica. De las células, se pasó a las agrupaciones y de los gremios a los barrios. Me desentendí del pasado inmediato y busqué nuevos modelos lanzándome hacia la otra orilla como el que huye de un incendio.Siguiendo los sucesivos estados de ánimo del país fui consumiendo modelos, y del explosivo furor colorista de los primeros 80, pasé al sombrío pesimismo del desencanto de mediada la década. En 1987 conocí en Nueva York la pintura densa y monumental de Anselm Kiefer, y su impacto marcó para mí el final del tiempo de formación. Ya no cabían más tentativas, aquel hombre había pintado los cuadros que yo hubiera querido pintar. Después de dos años en blanco volví con un lenguaje propio desligado de la tutela directa de los mayores, y aquella ola de fondo que me arrastraba desde el parvulario llegaba por fin a la orilla, despertando a la barca que, como en Machado, esperaba paciente la marea.
Juan Vida

lunes, 26 de abril de 2010

Dale café, mucho café.

Sus captores, ocultos detrás de gafas oscuras, presenciaron el abrazo hieráticos y en silencio. Cumplían órdenes.
Luís le prometió que todo se aclararía, que lo soltarían si no existía ninguna denuncia en su contra.
—Federico, tú no has hecho nada malo —le decía mientras por dentro lamentaba que no hubiese hecho caso al embajador de México.
El coche negro se alejó con presteza de aquel sitio.
En el trayecto hacia La Colonia, Federico, con mirada perdida y pensamientos asustados se repetía: "¡qué error! ¡qué inmenso error!".
A solas Luis pensaba: “¡Pobre Federico! ¡Ni Dios te salva!”
En un sucio y desordenado despacho del Gobierno Civil, José Valdés Guzmán, su ocupante, hablaba por teléfono:—Ya lo tenemos.
Ha sido fácil. Muy fácil.
El pájaro se refugió en casa de Luis...
¡No hay problema Luís es de los nuestros!
—A sus órdenes. ¡Le daremos café, mucho café!
¡No esperaremos a que amanezca!
En el patio de La Colonia se hacinaban cientos de hombres.
Unos dormitaban mientras los otros tenían los ojos abiertos de espanto.
Se oyeron pasos de botas caladas que se acercaban.
Era una cuadrilla.—A ver, ¡que se incorporen!
Dióscoro Galindo, Francisco Galadí y Joaquín Arcollas.
Nadie musitaba ni un silbido.
Parecía que la respiración era un quejido.
Había poca luz.—¿Están todos? —preguntó la misma voz.—
Falta este —respondió el otro señalando al poeta.
Todavía no había empezado a clarear el día 19 de agosto de 1936.
Abandonaron el lugar en el mismo vehículo, hacia el norte, hacia la Sierra de la Alfaguara.
El Buick se detuvo en un descampado a las afueras de Granada.
Les hicieron bajar.
Sonaron los disparos de pistola con los olivos por testigo.
La retama, el tomillo y el romero hicieron de mortaja a los cuerpos.
Las azucenas no brillaron ese día y los petirrojos espantados no salieron con el sol dejando a los cuervos hacer de las suyas desde entonces.
Ni brisa soplaba.
—Misión cumplida.
¡Pues estos, ni vizneros ni alfacareños!
¡Enterradlos bien!
© Manel Aljama (noviembre de 2009)
Ilustración: "La Brecha de Víznar", cuadro del pintor José Guerrero (1914-1991)
Este texto forma parte del homenaje que algunos blogeros de forma espontánea, hacemos al poeta asesinado en Granada en 1936.
Invito a leer:
Fran Rueda con ¡Calla, que vienen!
Andrés Hernández ( Anhermart) con Esa perturbadora ambigüedad

domingo, 25 de abril de 2010

Casco o Cangalla

“Que no sabemos lo que nos pasa: eso es lo que nos pasa."
Ortega y Gasset.


Yo si se lo que me pasa.
Me pasa que no me pasa nada.
Mi vida es un continuo continuar.
Es un paso tras de otro sin llegar a ninguna parte.
En la tienda atiendo lo mejor que se, y no sé porqué lo estoy haciendo.
Los clientes siempre tienen la razón, la razón no me acompaña.
Cada día que pasa presiento que algo va a pasar, pero no pasa.
La cajera me advirtió el otro día: Tomás no tomes mas billetes de doscientos sin que yo los controle, que hay una banda de rumanos que está introduciendo billetes falsos en Granada, y digo yo, ¿porqué va a entrar un rumano en una tienda de venta al por menor de talabarterías y artículos de cuero?

©Angel 25/04/2010
Imagen: casco o cangalla

sábado, 24 de abril de 2010

Igualito que tu abuelo

Lola me volvía loco cada vez que la veía pasar por mi calle con su falda vaporosa y su camiseta ajustada. Pero nunca me atreví a decirle nada. Temía quemarme con el fuego de su mirada. Mi timidez reprimía cualquier intento de acercarme a ella… Mi timidez y también mi madre, que me daba un golpe en el cogote cada vez que me sorprendía mirándola.

-Hijo, esa chica no te conviene. Más te vale fijarte en otra, porque ésa tiene demasiada experiencia para ti.

Es cierto que cada vez que la veía iba acompañada por un chico diferente y los comentarios sobre ella en el pueblo eran muy explícitos. A mí no me importaba; al contrario, me gustaban su alegría, sus ganas de disfrutar la vida, su libertad… por eso no podía evitarlo y mis ojos se escapaban tras ella siempre que me la cruzaba.

Tardé años en atreverme. Bueno, para ser sincero, Lola se atrevió y yo sólo me dejé llevar por su pasión. Era tanto lo que me daba, que me enamoré perdidamente de ella. Mi madre se llevó un gran disgusto cuando me vio llegar con Lola de la mano. Con una mueca de desagrado sólo me dijo: “Ay, hijo, me saliste igualito a tu abuelo!!...".

Porque mi abuelo había sido el quebradero de cabeza de la familia por su vida licenciosa. Dos de mis tíos eran hijos de puta, literalmente. Y él nunca ocultó sus amores con aquellas mujeres de tan mala reputación, que lo mantenían en una constante doble vida, pero siempre sonriente y feliz. No sé si me parezco a él. Lo que sí sé es que sus últimas palabras se me grabaron a fuego en el corazón. Agonizante, recuperó el brillo y la picardía de la mirada por un instante y me dijo: “Hijo, recuerda siempre: buen sexo con amor se paga”.

Alís
http://micajonde-sastre.blogspot.com/

viernes, 23 de abril de 2010

La Humanidad creada ( LHC )

Di Lazzer mussic

El Comienzo del Fín es sólo el Comienzo

Ya no recuerdo como empezó todo.
Ya no recuerdo como acabó todo.
Ya no queda tiempo para nadie.
Surgirá un nuevo comienzo
... de la nada...
“ LALI ”



21 de octubre de 2012, 7.43 a.m. LHC - CERN

( Frontera Franco-Suiza, alrededores de Ginebra )


Los restos de comida esparcidos por el suelo no eran demasiado abundantes. A pesar de que la gran mayoría de los empleados hacían turnos continuados de cuarenta y ocho ó setenta y dos horas semanales, eran bastante cuidadosos con los desperdicios de sus desayunos, almuerzos y cenas. Las humedades estaban bastante controladas y las manchas de grasa eran recientes y fáciles de quitar, gracias en parte a esos productos tan caros y específicos que el Jefe de Personal proporcionaba sin miramientos al principio de cada mes. Ciertamente había más grasa en la comida basura, que cada día llenaba los estómagos de los trabajadores, que en los muebles, máquinas y aparatos de alta tecnología que lucían resplandecientes, casi tan nuevos como el primer día.


Lali ó “ Doña Euladia” ( pues así la llamaban en el CERN ) se sentía por primera vez a gusto en un puesto de trabajo. El salario no era muy elevado ( apenas unos pocos euros más que cuando trabajaba de casa en casa ) pero las condiciones laborales eran inmejorables; dos días libres a la semana, un puesto fijo y 8 horas de jornada. Estas horas transcurrían moderadamente deprisa y, sobretodo, sin pasar tanta factura a sus riñones ( ya demasiado castigados para su edad ) como en el resto de lugares donde había estado anteriormente. Sólo una cosa molestaba a Lali de su actual situación laboral : la incomunicación.


Doña Eulalia tenía un teléfono móvil antigüo y a medio romper, un regalo de sus hijos, de hacía ya tres navidades, que apenas entendía. Casi no acertaba a llamar a sus allegados a través de la “ Agenda ” del dispositivo y el único botón que comprendía con claridad era el verde de descolgar. Pero, tener aquel aparato desconectado durante todo el día por ordenes explícitas de la empresa y bajo aquella claúsula en su contrato, le parecía una exageración. No compredía los motivos. Ni se los dieron, ni ella se atrevió a pedirlos.Lo cierto es que se ponía bastante nerviosa al pensar que sus hijos, Heinz y Erika, no podían contactar con ella hasta que no salía por completo de las instalaciones del recinto. ¿ Y si les pasaba algo ?, ¿ y si tenían un accidente ?, ¿ y si ... ? Estas preguntas e incertidumbres eran las únicas que rondaban en su cabeza cada vez que miraba por error la pantalla parcialmente quebrada y siempre apagada de su viejo movil. Por otro lado, se consolaba pensando que su marido, Walter, la dejaría tranquila, al menos mientras estuviera trabajando.


Heinz acababa de cumplir los dieciocho. Su marido se empeñó en llamarle así, aunque Lali intentara explicarle que, en España, ese nombre solo era conocido como una famosa marca de tomate ketchup y que recibiría los chistes de sus familiares ibéricos, a la primera de cambio. Era un chico muy tímido, bonachón, extremadamente delgado y parco en palabras. “ Demasiado tonto para los tiempos que corren “, según su padre. Erika, era y sería siempre su pequeñita. Su nombre, por el contrario lo eligió Lali, no sin mucho pelear con Walter que quería que se llamase Heidi. Pues, obligada a tener que ponerles a sus hijos nombres suizos, al menos intentó que fuera bonito y no motivo de burlas y chascarrillos en su lejano Jaén.


Erika no había cumplido aún los 15 años, y a Lali le costaba reconocer que ya no era un bebé, que ya no era su “niña”, que ya era casi toda una mujer. Por mucho que físicamente estuviese más que demostrado. Rubia natural, ojos azules, bastante desarrolada y muy alta para su edad. Lali la tenía tan protegida que si no le puso un guardaespaldas fué porque su sueldo no daba para tanto gasto.


En Ginebra la vida era muy cara, al menos comparada con Carboneros, su pueblo natal. Echaba de menos el conocer a cada familia, a cada uno de los 700 habitantes de su pequeño y querido lugar de nacimiento. La vida era muy distinta en una ciudad como esta. La Cultura, que a Lali le faltaba, rebosaba por cada esquina. Pero ella no tenía a nadie con quien hablar del último embarazo no deseado, de los repetidos cuernos del Alcalde ( que sólo él desconocía ) ó del cierre minero definitivo. Tema que nunca dejaría de estar en el candelero en la región, por muchos años que hubieran pasado desde entonces.


El 21 de Octubre Lali entró muy temprano al CERN. A las 5.30 a.m. ya estaba ataviada con su delantal de trabajo y su mejor herramienta, su cepillo. En el centro de control había muy poca gente a esa hora de la mañana. Era día de cambio de turno y de los cuarenta trabajadores que habitualmente ocupaban sus puestos apenas quedaban ocho o nueve. Los que quedaban esperaban ansiosos a que el resto terminará de recoger sus taquillas, para poder cambiarse ellos también y perder así el tiempo justo cuando llegaran sus reemplazos, exactamente a las 8.00 a.m.


A las 7.40 a.m. “ Campanera “, interpretada magistralmente por Joselito, con su máximo explendor y volumen retumbó en aquella sala tan magnificamente inmensa como prácticamente vacia. Ocho ( o nueve ) rostros se tornaron pálidos hacia el lugar de donde procedía tan “ extraña ” melodía. Lali, sonrojada y muy nerviosa, sacó del bolsillo de su delantal estampado de flores el maldito cacharro que, inoportunamente, había olvidado apagar cuando inmersa en una fuerte discusión con su marido, bajó del coche y de un portazo quiso zanjar el asunto de internar a su hija Erika en un colegio bilingüe.

Sus manos temblorosas no acertaron con el botón correcto, el verde y, sin embargo, si lo hizo el móvil ajetreado que, desprendido de sus sudorosas manos, cayó golpeando aquel otro botón, de color rojo, cuya tapa transparente de seguridad estaba limpiando Lali, en ese mismo momento.Bajo el botón, rezaba esa inscripción que tantas veces había leido sin comprender palabra alguna: “ Do not Touch. Maximun rate of activation. Highly Dangerous “ y un poquito más abajo : “ Ne pas toucher. Taux maximal d’activation. Hautement dangereuse."


A las 7.43 a.m, ni un minuto más ni un segundo menos, un ruido ensordecedor llenó la sala disimulando por completo el sonido de la llamada ( llamada que pasó a convertirse en la última llamada perdida conocida ). En el interior del LHC velocidades que superaban a las de la luz provocaron choques de protones y núcleos de plomo de altísima energía – hasta 800 billones de electrónvoltios ( eV ) – que emularon fielmente las condiciones que se dieron tras el Big Bang o teórico nacimiento del Universo, hace unos 13.700 millones de años. Pero los protones afectados, lejos de desvelar cualquier información como habitualmente hacían, se desintegraron. Una minúscula, ínfima, apenas microscópica reacción nuclear se produjo y una cegadora luz seguida de un silbido agudo lo invadió todo. Una diezmilésima de centésima de segundo más tarde, brotó del túnel un calor extremo que asoló por completo el LHC, el CERN, Ginebra, Suiza, Europa, Asia, América, África y, en definitiva, el mundo entero conocido. La Tierra ardió y luego, nada.Pero la nada ya es algo ... y trás pasar mucho, mucho mucho tiempo, tal y como lo percibimos nosotros los humanos, y partiendo de este alejadísimo momento surgió, nuevamente, la vida.Como si de un reloj suizo se tratara, exacto y sin capacidad de error, hace aproximadamente 3.5 miles de millones de años, como resultado de una compleja secuencia de reacciones químicas que se sucedieron de manera espontánea en la atmósfera de la Tierra aparecieron, una vez más, los primeros microorganismos unicelulares. Y trás ellos... la evolución.Quizás esto ocurra un 21 de Octubre del 2012 a las 7.43 a.m. O quizás ya haya ocurrido. Quizás en algún lugar remoto alguien muy sabio o alguien muy importante ( una de dos ) sabe y guarda en silencio que “ Lali “ ( o Doña Eulalia, que así la llamaban ) una emigrante española de Carboneros ( Jaén ), limpiadora, casada no muy felizmente con un tal Walter y con dos hijos maravillosos llamados Heinz y Erika un día pulsó el botón rojo en lugar del verde y ... reseteó el mundo.


Alberto Garza Cortés


jueves, 22 de abril de 2010

Latidos del Corazón

Tus palabras son como versos que me embriagan,
que se adentran en mis entrañas
y entre sueños las siento dentro de mi alma.
Cada minuto que paso a tu lado
es un diluvio de estrellas que invaden mis sueños
y entre ellos te siento cada vez más cercano.
Acuno mis letras que entre esencias de sentimientos
van enviadas a tu centro, a tu destino, a tu entrega.
Suaves melodías evoca mi corazón entre latido y latido
como una caricia suave te adentraste en mi interior,
entre pétalos y aromas de sueños en una noche embrujada
caí en tus redes y te sentí y me entregué
y la noche con su embrujo se adentró en nosotros
y dejo una huella que ni el tiempo,
ni siquiera las distancias podrán hacer
que ese instante sea borrado,
pues se ha hecho perpetuo en nuestra alma.

Yemaya
http://yemaya-diosadelmar.blogspot.com/

miércoles, 21 de abril de 2010

La vida es como un tablero de ajedrez

Dijo el sabio:
La vida es un tablero de ajedrez
de noches, y días
donde Dios con hombres como piezas juega
mueve aquí y allí
da Jaque Mate
y mata
Y pieza por pieza
vuelve a ponerlos en la caja
Posee un destino para la pieza, para el jugador
y para Dios
el destino va a cumplirse.
La partida empieza y termina
Por Akane
http://aine8.blogspot.com/2010/04/la-vida-es-como-un-tablero-de-ajedrez.html

martes, 20 de abril de 2010

En muchas ocasiones.....

Autor imagen: Klee

En muchas ocasiones la ficción supera a la realidad.
A veces, lo hace sobrepasando lo verdaderamente idílico;
pero otras, cuando tú piensas mal de algo,
te preocupa ese algo,
también puede resultar que sea
mucho más aún de lo que tú imaginaste.
Es entonces cuando uno se siente tonto, inocente…

lunes, 19 de abril de 2010

Banco de Bilbao


ABC ( Sevilla) 5/02/1969
Me reconforta este café que me estoy tomando, hacía tanto que no tenía tiempo para meditar que estar toda una tarde en este establecimiento me ha venido que ni pintado para poner en orden mi vida, si, mi vida, porque aunque sólo tenga 40 años ya cumplidos, tengo un largo trecho ya vivido.
Recuerdo como si fuese ayer el día que dejé los estudios de farmacia para dedicarme a la calle, a pateármela de aquí para allá encontrando clientes para aquella rara máquina de coser, trenzar y bordar que, decían mis jefes que dijera , liberaría a la mujer de yugo familiar y la haría económicamente libre y no dependiente.
Los recibos mensuales, para pagarla, los pasábamos por una cuenta del Banco de Bilbao.
El Banco de Bilbao fue el primero que “creyó” en la mujer y les dejaba abrir una cuenta sin el permiso del marido, qué progreso, Dios,¡ España a la altura de los países transpirenaicos!


(c)Angel 19.04.2010

domingo, 18 de abril de 2010

la hora de los sueños

El sueño advierte del transcurrir de nuestra vida,
si debemos acelerar o no el ritmo,
del inicio o deseo de una nueva etapa en nuestra vida
y con ello del comienzo
de nuestras últimas oportunidades,
de cambios, de despedidas,
de esperanzas, de ...
Necesitamos dormir
para que nuestro cuerpo
funcione lo mejor posible
y soñar para que nuestra mente
libere las emociones acumuladas.
Se dice que a través de nuestros sueños
podemos conocernos mejor,
descubrir nuestros miedos,
nuestros deseos y nuestras esperanzas.
Realmente
¿los sueños pueden ser
presagios reales en algunas ocasiones?
¡Quien sabe!
Si es cierto que cuando
no estamos anímicamente bien
esto se manifiesta a la hora del sueño,
pesadillas, angustias, inquietud,... asoman a ese instante.
Podríamos decir que mientras soñamos todos nos convertimos en actores.
¿Actores? Si, porque representamos el mundo que nos rodea o aquel que desearamos,
utilizamos sentimientos, sensaciones, emociones, deseos, anhelos, esperanzas, palabras,
imágenes de situaciones que vivimos o que quisieramos vivir, tratamos de escribir el guión de una obra de teatro, siendo esa obra de teatro nuestra vida.
En esta obra no siempre el final es el deseado,
en ocasiones ese guión debe modificarse sobre la marcha.
Recordemos que por medio de nuestros sueños
entramos en contacto con nuestro subconsciente
y este es el que guía nuestros pasos en ese momento de letargo.
En los sueños como en el arte,
cada uno imprime su tonalidad y textura.
No podemos elegir lo que soñamos
pero ellos muestran cuales son
nuestras más profundas intenciones, necesidades, anhelos...
En los sueños también habita la magia
por ello hagamos realidad esos sueños
que son el reflejo de nuestros deseos más íntimos.
Dulces sueños amigos meig@s, comienza la hora de los sueños.



Meiguiña
http://ameiguinha.blogspot.com/2010/04/la-hora-de-los-suenos.html

sábado, 17 de abril de 2010

Caminante sobre mar de niebla



Una bruma espesa en el alma
Cada paso, una losa hollada
Insegura.


Pisas de nuevo,el horizonte se pierde
Rocas ancestrales,
contemplas

Todo es incierto.
Avanzas hacia el infinito
Sin saber si la siguiente será
La última.-

Francisca B.-
http://froiliuba.blogspot.com/2010/04/caminante-sobre-mar-de-niebla.html

viernes, 16 de abril de 2010

Juego de palabras


DE MANÁ A MANZANO...
Teresa Cameselle
En el autobús que la llevaba de vuelta a casa había un bebé mamando, sus pequeños dedos agarrados con afán al pecho generoso de su madre, una gitana morena de gesto feo y carnes desbordadas que apenas prestaba atención al chiquillo, envuelto en un sucio mantón.
Una maniobra brusca la lanzó contra la ventana, donde se aferró sobresaltada a la barra metálica, enganchándose la manga del suéter en un tornillo flojo; del radiador, a la altura de sus pies, salía un aire viciado y abrasador.
A su lado, un pasajero aprovechaba para manosear a una joven, que se lo quitó de encima de un manotazo.
Pasado el espectáculo, descanso la cabeza contra la manija de la ventana, la sentía pesada, como si sus sesos se hubieran convertido en puré de guisantes, puré muy espeso, con grumos, que se movía con lentitud reaccionando a los bandazos del vehículo, que la mangoneaban como a un maniquí de escaparate.
Al bajar a la acera, en su parada, se detuvo a contemplar una fuente de la que manaba un chorro de agua incesante.
Una sensación de deja vu la atrapó, unida a la imagen del bebé del autobús.
Sacudió la cabeza, el puré repartiéndose pegajoso por las paredes craneales, y logró reiniciar su camino, esquivando a la vendedora que le ofrecía un manojo de violetas.
Quizá se había olvidado de alguna tarea en el trabajo.
Intentó repasar su día, pero lo recordó oscuro y espeso como sus sesos.
El director se había mostrado tan mandón como de costumbre, esperando, quizá, sacarla de la mansedumbre habitual, por más que ella, acostumbrada a sus malas maneras, no reaccionaría ni aunque una plaga de mangostas se manifestara en plena oficina.
Subió los dos pisos que llevaban a su puerta, el ascensor como de costumbre estaba averiado y el manazas de turno no lo arreglaría hasta el día siguiente.
Abrió con su llave y dejo que la puerta se cerrara sola mientras caminaba con paso cansino hacia la cocina.
Aún volvió a pensar que había olvidado algo.
El bebé, la fuente... El charco de sangre en la entrada de la cocina.
Eso era. No lo había limpiado.
Miró con extrañeza el rostro ahora manso del difunto, con los ojos muy abiertos y el cuchillo jamonero brotándole entre las costillas.
Tres veces le había jurado que no había pasado nada, pecando contra todos los mandamientos divinos.
Después, ante las pruebas irrefutables, trató de quitarle importancia.
Que si la culpa es de ella que es una lagarta. Que si siempre me anda tentando. Que si sólo fue una ma...
No le dejó terminar aquella palabra.
Había tres cosas que ella odiaba por encima de todo: las mentiras, la infidelidad, y las palabras malsonantes.
Con su último aliento, sin embargo, él acertó a pronunciar una palabra hermosa: “ma... ma...”.

(El título tiene una explicación, he cogido el diccionario y he buscado todas las palabras que empiezan por “man-”, la primera es “maná”, la última “manzano”. Las que eran admisibles en el contexto, las he incluido en el relato.)
http://teresacameselle.blogspot.com/2010/03/este-jueves-un-relato-juegos-de.html

jueves, 15 de abril de 2010

Manicomio 1

Cuentos para leer a oscuras. Anaya
En el manicomio
apagan las luces
a las doce de la noche
y a partir de entonces
todos los locos
abren los libros
y se ponen a leer.

Toro Salvaje
http://torosalvaje.blogspot.com/

miércoles, 14 de abril de 2010

Vinilos

Entre el montón de enredos que dejaste en el garaje, encontré un disco de vinilo con una frase escrita en tinta verde.
Fue hace una semana. Estaba sentada en el suelo, con un par de cajas de madera a mi lado en las que pensaba ir guardando todo lo que tuviera algún valor.
Me refiero a valor sentimental, ya sabes.
Había preparado una bolsa de plástico grande, de las que usan las comunidades de vecinos o los restaurantes para echar la basura, porque sabía que iba a necesitarla, soy más de tirar que de guardar. No me equivoqué, estaba ya casi llena con facturas de artilugios que no recuerdo haber visto, manuales de instrucciones, programas de obras de teatro, folletos de publicidad, postales antiguas, convocatorias de reuniones de vecinos, menús de restaurantes, billetes de tren, décimos de lotería.
Alcé la vista y observé la última balda de la estantería. Allí había cosas que pesaban demasiado. Subí tres peldaños de la escalera metálica para alcanzar una maleta vieja. La bajé con cuidado, pesaba mucho.
Tú siempre te enfadabas, o fingías enfadarte, cuando me veías en esa escalera. Parece que busques lo que no tienes, mujer, me decías. Por qué no me llamas, a ver. Cualquier día te caes y tenemos un disgusto. Me mandabas bajar y alcanzabas lo que yo buscaba mientras seguías gruñendo por lo bajo. Era un juego, los dos lo sabíamos. Porque tú eras el torpe, el que menos fuerza tenía de los dos, el que se accidentaba. Yo la que resolvía los problemas domésticos y conectaba cables, usaba el taladro y desmontaba y volvía a montar cada vez que nos mudábamos de casa.La maleta de cuero era una de esas cosas incómodas que nunca habíamos usado, pero de las que éramos incapaces de desprendernos. No tenía ruedas, pesaba demasiado, era anticuada y cerraba mal, por eso la asegurábamos con una cuerda elástica. Debimos traerla de la casa de tus padres hace ya muchos años. La dejé en el suelo y pensé qué podíamos haber guardado ahí dentro. Me gustaba atar cabos, elucubrar y comprobar después mis aciertos. Tengo buena memoria, pero abrí la maleta sin ninguna idea de su contenido.Ví una buena colección de discos antiguos, longplay, les llamábamos. Creí que, al marchar del piso de Muntaner, se los habíamos regalado a un vecino que todavía conservaba un equipo antiguo. Nosotros ya no podíamos escucharlos. En cualquier caso, en la maleta no podían estar todos. Recuerdo que teníamos una colección importante, mis óperas, conciertos, la música que solíamos escuchar los domingos por la mañana a todo volumen. A ti te gustaba la música francesa, Brassens, Brel, Ferré. El club de la tristeza, los llamabas tú. Era imposible que durmieran ahí tantos vinilos. Probablemente nos habíamos resistido a darle algunos que tenían un significado especial.Sabía que mirarlos me haría daño, que recordaría canciones que habíamos cantado juntos, músicas que habían llenado el espacio compartido de nuestra vida.
Pero no pude resistirme al dolor, esa compañía cálida que me hacía sentirte todavía vivo y a mi lado.
Me senté en el suelo y saqué el primer disco.
Era de Joan Baez. No recordaba haberlo visto antes. Ni los de Janis Joplin, Sonny and Cher, Bob Dylan, Donovan, The Doors, Frank Zappa, Pink Floyd…
Esa no era la música que escuchábamos, quizá alguien te dejó esos discos para que los guardaras, o podía ser que los hubieras recogido de algún sitio.
Sí, eso debía ser.
Seguro que los viste al lado de algún contenedor y te pareció que no podías permitir que se perdieran, que era una lástima. Tú eras así, un nostálgico.
Cogí un disco de Paul Anka. Su rostro aniñado ocupaba casi toda la carátula.
En una esquina, con esa caligrafía inequívocamente americana, estaba escrito el título de una canción que había sido muy popular, “Diana”.
Y con tinta verde, una dedicatoria.
Para Miguel.
También un dibujo, un corazón verde que en otro momento me hubiera parecido ridículo y que ahora me nubló la vista.
Miguel eras tú, mi Miguel.
Quién te dio, te regaló, te envió esos discos.
Los saqué de sus fundas y los miré alterada, pero con una meticulosidad implacable.
En todos las mismas palabras, sin firma, aunque para mí ella ya era Diana.
Vacié la maleta pero no encontré nada más.Con una energía que creí haber perdido dos meses atrás, cuando la policía me comunicó tu accidente, seguí vaciando las estanterías del garaje. Todavía no he terminado.
Fuiste otro Miguel para alguien, o quizá eras el mismo.
Os reísteis juntos, hicisteis planes.
Estuviste a mi lado muchas veces sin pensar en mí.
Pero cuándo, durante cuánto tiempo.
Muy al principio, cuando todavía existían los discos de vinilo.
Cuando queríamos tener un niño.
Quizá encuentre más cosas aquí, lo revisaré todo, no tengo nada más importante que hacer.
Ahora sé que existe una vida escondida, horas que no pasamos juntos, palabras que nunca escuché, sueños que no compartimos.
Mientras los busque, estarás conmigo.
Benditos celos.
María Guilera
http://lakarcoma.blogspot.com/2010/04/vinilos.html


martes, 13 de abril de 2010

Vamos en el autobús.

Patronato de Turismo. Cabildo de Tenerife


Vamos en el autobús, camino del hotel.
Qué bonito paisaje nos dejan ver las nubes bajas alrededor del Teide: parece que vamos en una avioneta planeando sobre el valle. Atrás han quedado Granada y sus fríos de primavera, que en primavera también hiela y si no que se lo digan a los de La Vega, que han visto una y mil veces arruinarse sus cosechas de cítricos.
Ahora que lo pienso: el guía del grupo nos ha dicho que él se encarga de todo y yo, la verdad, es que ni idea tengo de cómo ha sacado las maletas de la cinta de desembarque sólo con los tickets que nos dieron en el mostrador. Bueno, él sabrá, que para eso se dedica a acompañar a estos grupos del IMSERSO desde hace años.
Está bien esto de poder pasar unos días en Tenerife por cuatro euros (es un decir, pues son 259 leuros por persona, como diría mi admirado Carlos Herrera).
Ruper, que así se llama el tipo, nos ha prometido que nos lo vamos a pasar pipa y que alguno de los que vienen “separados” van a terminar volviendo “juntos”, lo que ha hecho reír a todo el grupo, sobre todo a ellas. Mi domadora, como yo le digo, no ha reído, ni siquiera sonreído, y eso me ha hecho pensar que quizás yo no me lo voy a pasar pipa, pues me veo trasladado del salón de la casa a la habitación de cuatro estrellas y encerrado en mí mismo, como casi siempre, con esta desolación a cuestas de la que no salgo ni con chistes de Buenafuente, que los hace muy buenos, a veces.
Ya estamos llegando y anochece. La excursión de siete días en realidad es de cinco, ya que uno para llegar y otro para irse se ocupan en ese solo cometido. Ruper nos entrega las llaves y nos dice que las maletas están ya en las habitaciones. A nosotros nos toca la tres trece, que ya es premonitorio.
Cuando llegamos a la tercera planta y abro la puerta, ¡zás!: veo amontonados nuestros bártulos, pero sólo alcanzo a identificar tres: Su maleta, Su neceser y Mi bolsa con los palos de golf, ni rastro de Mi maleta… Bajo de inmediato y le “reporto” a Ruper la incidencia.
Estaré, me dice, al menos Tres días sin maleta.
¡Qué bien nos lo vamos a pasar, pipa!


(c)Angel 13.04.2010

lunes, 12 de abril de 2010

Manantiales

Luis Monje (2004)
Pero, dime Teodoro,
¿no es cierto que el amor surge de la manera más inesperada?
¿no ocurre que sonrisas amables procuran, más pronto que tarde, risas compartidas?
Y dime: ¿no son las risas un alimento para el alma? ¿no son las muestras de la alegría?
Y, acaso, ¿no queremos estar junto al que nos alegra el alma?
¿no sentimos su hueco cuando no está con nosotros?
- Sí, así es, sin duda. Pero no veo tan claro como tú lo ves de qué manera la alegría compartida puede llevar al amor.
¿Crees tú que ambos movimientos del alma son de la misma esencia?
¿Qué no pueden existir el uno sin la otra?
¿O qué quizá no pueda existir la otra sin el uno?
- Querido amigo, yo tan solo creo que el amor es como manantial, y que brota de la piedra cuando el agua encerrada en ella pugna por ver la luz.
Solo quiero, con tu ayuda, y si lo tienes a bien, desvelar el gran misterio que hay en ello, de cómo la suave y delicada agua es capaz de romper la aparente dureza de la roca.
¿No ves una mano divina en ello? ¿no es una fuerza inmensa que aún nos es de naturaleza escondida a los hombres?
¿Querrías poner tu alma y tu entendimiento junto conmigo para tratar de desvelar este decisivo asunto?
- Como no, querido amigo, en verdad que tus palabras me muestran con claridad mi ignorancia sobre todo ello. Estoy dispuesto, porque también a mi me atañe, como creo que al resto de los mortales, y acaso también a los dioses ¿o acaso los dioses no aman?
- Algo me dice que sí, porque ¿qué busca el hombre en el amor? ¿acaso no busca su perfección y completura? ¿y acaso no buscarían los dioses eso mismo en un dios superior a ellos?
Y ¿no es cierto que, como dijeron los sabios antiguos, el mismo dios uno y sin segundo se mueve conforme a su propio amor por lo que emanó de él? ¿no será el amor la fuerza única y necesaria para el movimiento de todo lo existente bajo el cielo, y, más aún, sobre el cielo mismo también?
Me parece que cuando nace la alegría, y se convierte en alegría compartida, algo mueve al alma a procurar el bien de la fuente de la que ha surgido. Y creo que ahí nacen los amantes.
¿No te parece que es así como sucede?
- Pues yo también creo que es así como sucede, es muy claro. He visto muchos arroyos que buscan otros arroyos, y ríos que buscan otros ríos, y grandes ríos que buscan a la mar. Solo allí descansan en su búsqueda. O, por lo menos, eso parece.
- Y ¿no crees que esa alegría de los amantes les lleva luego, más bien pronto que tarde, a querer fundir sus almas en una sola, como los arroyos y los ríos?
- Así parece mostrarlo la naturaleza, mi querido amigo.
- Y ¿no parece acorde con todo esto que esa unión de almas lleve a la ansiedad por hacer uno de sus dos cuerpos?
- Así parece ser como sucede.
- ¿Y no es acorde a la esencia de la naturaleza que, de esta manera sublime, los amantes se igualen a los dioses creadores y, de la materia de sus vidas, el amor engendre nuevos seres amorosos?
- Me parece que es bueno que así sea.
- Y ¿no es bueno que la felicidad y el placer bendigan esta obra creadora?
- Otra cosa sería contraria a la lógica y no sería conforme a naturaleza.
- Así pues, mi querido amigo, ¿no sería la alegría la verdadera autora de todo lo nacido?
- Querido amigo, la luz es clara y vivificadora, y las sombras ocultan lo que no queremos ver.
Me parece que nuestras palabras han encerrado de alguna manera el misterio de la vida.
Abraxas Cadiz

domingo, 11 de abril de 2010

Patearé tu tumba

Póster de Boris Vian

La música se fundía con el humo de tabaco, el sudor y el aroma de aguardiente.
Acabó el concierto.
Después de sacar brillo a su vieja trompeta, la guardó en un desvencijado estuche, quizá de mayor solera que el instrumento.
Denise tocaba en aquel "théâtre de chanson" que, nada más acabar la guerra, el público con ayuda de los soldados había reconvertido en un club de jazz al que rebautizaron como “Jazz Tabou”.
Tenían intención de atraer a los que salían de cenar de "Les deux magots", en la plaza de Saint-Germain-des-Prés.
Era un buen músico que había podido salir de la miseria gracias a su carisma.
No tenía especial simpatía por las cancioncillas nacionales aunque los críticos musicales tampoco la tenían por él.
Salió del local en compañía de Lou, el enorme saxofonista negro de su banda.
El calor del local contrastaba con el frío de la calle de un mes de noviembre.
El aliento se condesaba y formaba figuras que a la luz de las farolas parecían enjambres de fantasmas.
A Denise todavía le costaba aceptar que Lou, pese a su corpulencia y a los esfuerzos que hacía al tocar, sudaba muy poco.
Le chocaba ver la frente del soldado sin rocío corporal.
Sentía amistad y rivalidad por el todavía muchacho a pesar de su experiencia bélica. Con el tiempo las conversaciones derivaron hacia temas existenciales.
Le veía como un ser depresivo. Casi tanto como él.
Lou había dicho en más de una ocasión, que al acabar la guerra le costó volver a su país y que le había cogido cariño a aquel antro.
Pensaba estarse quizá un par de años más y luego retornaría a Nueva Orleans. Siempre decía lo mismo.
—Allí es donde se toca el mejor Jazz —contestaba Denise con cierto aire de envidia.—
Para tocar verdadero jazz sólo tienes que quedarte en París —respondía el negro.—
Te equivocas, para tocar verdadero jazz hay que ir al infierno —acaba siempre Denise.
Flotaba en el aire la idea de si París, o la parte de la ciudad que pisaban fuese distinta de la de las postales o que quizá se tratase realmente de una extensión del averno; ya que los críticos literarios masacraban a Denise.
Caminaban por el bulevar de Saint-Germain.
Al paso por una librería, Denise miró de soslayo el escaparate donde se exponía un ejemplar de “J’irai cracher sur vos tombes” escrito por un tal Vernon Sullivan.
Lou lo hizo directamente.—¿Por qué cambias tanto de nombre? —preguntó el americano.—
Me apasiona tanto como el jazz o el hombre —respondió—.
El hombre es una pasión inútil pero está condenado a ser libre...
Yo sólo hice la traducción.—
¿De dónde sacas todas esas ideas? —preguntó el del saxo.—
Eso lo dice mi amigo Vernon, el que ha escrito ese libro...—
Eso lo dice mi amigo Vernon, que toca la trompeta y también se hace llamar Denise... —replicó— Pero... ¿Quién te mete esas ideas en la cabeza?—
Mi amigo Jean Paul. Tienes que conocerlo.
Un día te lo presento —contestó con naturalidad y quizá pensando en otro nombre, en otra personalidad.
Ya era tarde, casi las seis de la mañana y a la altura de la Gare d'Austerlitz se despidieron. Tenían las pensiones muy cerca de la estación, por si había que salir corriendo.
Al día siguiente en un cine de estreno, Lou buscaba a su amigo entre el público.
Sabía que estaba allí pero no consiguió localizarlo.
"Como todos son blancos tengo más dificultad" —se dijo—.
Cuando acabó la película y se encendieron las luces se había formado un pequeño tumulto en la última fila.
Se acercó lo más rápido que pudo y lo descubrió, a él, a Vernon, a Denise y quién sabe cuántos más.
Estaban allá muertos con los ojos fijos en el vacío.
Llevaba consigo unas gafas gruesas de concha y un cuaderno con unas notas que se leía "je voudrais pas rever", que seguramente había escrito en el metro.
Las lágrimas saltaron de los ojos del saxofonista gigante que no sudaba. Balbuceó algo y nadie le escuchó.
Algunos decían que el fallecido era un tal Boris pero no estaban seguros.
Llegaron los camilleros acompañados de los gendarmes.
Antes de que lo alzasen, Lou subió el tono de la voz y se hizo un silencio.
—Denise, para sobrevivir en un sitio como este hay que ser más que lobo, o como mínimo un lobo-hombre...
Denise, te recordaré siempre como el maldito sátrapa francés con trompeta que padecía del corazón y nunca le importó cuánto le quedaba de vida.
No te preocupes, amigo;
¡yo patearé tu tumba!,
¡maldito seas me has dejado solo!

(c) Manel Aljama (septiembre 2009)

sábado, 10 de abril de 2010

Vente al infierno



Disculpad, damisela,
Que me marche y os deje.
Bajaré por aquestos escalones
al infierno, descendiendo por la caracola.

¡Esperadme azufre y ratones!

Me despido y os dejo
con el vuelo perpetuo
del inmenso azulejo
y tu cabello de espumosas telas.

Recogeos la falda y el pelo
mientras me arreglo el corbatín
Y el traje me lo quito.
También quedome con el sombrero
lleno de versos.

Disculpad, damisela
¿Queréis un ultimo baile
y dejar en lo oscuro nuestra estela?...
Ya que insistes: vuelvo de donde salí.

Pero antes de encender una vela
en las altas tumbas de las iglesias,
respiro por vez ultima tu aire
y saboreo la hierba bajo mis pies...
Antes! antes de dormir en ascuas.

Disculpad, damisela,
que vomite tus sandalias.

Disculpad, todas las lunas ebrias,
todas mis palabras en la basura,
mientras dormía junto a ella
y no contigo.

Me arrodillo a recoger la ternura
la poca que saqué de mis bolsillos.
Empaco todo. Te dejo la memoria sola.
Disculpad, damisela,
mi ser harapiento y sin brillo

Publicado por Gusitawo

viernes, 9 de abril de 2010

Felicidades

Con la primera raya pasó autentico miedo, le temblaba la mano y apenas si la hizo en condiciones. Pero estaba harta de que le faltaran el respeto simplemente porque era casi una niña y les resultaba atractiva, estaba segura de que a partir de esa primera raya se sentiría mejor.
Después vino la segunda y esa fue más fácil y todavía mejor la tercera y las siguientes, que fueron muchas, y que se sucedieron sin ningún remordimiento y con mucha soltura.
Y empezó a sentirse cada vez mejor disfrutando con las rayitas.
Desde hacía tiempo no soportaba que los hombres le dijeran cosas groseras por la calle, algunos se pasaban con las niñas que empezaban a hacer uso de las libertades que los nuevos tiempos traían.
Poco a poco los aires de aquel mes de mayo del país vecino estaban llegando a las tierras del sur y sin que nadie se diera cuenta se iban colando en las casas camuflados entre los rayos de un sol de primavera que entraba por las ventanas y balcones abiertos de par en par después de muchos inviernos oscuros y tristes.
Aunque no fue de repente, conforme dejaba atrás la niñez empezó a atropellarla la modernidad, coincidieron en el tiempo ella y los cambios más significativos de la historia de las mujeres.
Le tocó romper muchos moldes en la vida, cosas superfluas pensamos ahora, pero cosas que a una niña pueden marcarla para progresar o para regresar, y ella optó por lo primero porque tuvo suerte, tenía un padre al que le encantaban esos avances y un hermano mayor que la convencía de que ella tenía la sartén por el mango, y que no dependiendo de nadie podría pisar fuerte en la vida y contrarrestaría la reacción, reacción que después de cuarenta años no ha sido erradicada del país para según qué cosas
¡Peor para ellos!
Y también supo, pero mucho más tarde, que de su inteligencia sacó mucha gente más provecho que ella misma y que le abrieron mas puertas la melena rubia, los ojos azules y la talla de sujetador, que la propia inteligencia, que mas bien le sirvió para tomarse la vida con humor y reírse mucho siempre, incluso otras puertas mas difíciles de abrir, se las abrió la sonrisa.
Junto a sus amigas tuvo que soportar con apenas trece años, que la gente le tirara piedras por llevar pantalones en una aldea marinera, cuyo nombre nadie quiere mencionar porque los otros pueblos lo consideran gafe. Si quieren averigüen, yo no la nombro por si acaso.
Luego fueron aquellas favorecedoras minifaldas y las viejas de la calle que le decían:
“¡Niña que se te ve el culo so sinvergüenza!”.
O que el padre de su mejor amiga no la dejara salir con ella porque llevaba esa falda tan corta, la vida demostró que el chungo era él.
Y los cigarros que tampoco estaban bien vistos y había quien se creía en la obligación de decirle marrana por fumar, después se comprobó que eso era malo para la salud, pero ellos no iban por ahí precisamente.
Y empezó a hartarse, pero lo mismo que sobrellevaba con cierta condescendencia lo que le decían las mujeres mayores “¡pobrecilla, habrá que ver la vida que ha llevado o como la manipula el párroco!”, le daba una rabia tremenda lo que le decían los hombres, los normales no: los guarros, ella que los consideraba inferiores por tontos y salidos, tenía que pasar vergüenza por las barbaridades con que trataban de piropearla, eso era superior a sus fuerzas aguantadoras.
Sabía que no podía contestar en los mismos términos sin que el tío la dejara en ridículo insultándola en público, un hombre no podía permitir que una mujer le faltara el respeto. Tampoco podía agredirlos físicamente, que es lo que le apetecía, porque saldría perdiendo.
(No olvidemos que para la gente la culpa la tenía ella por ir tan provocativa).
Y no era cuestión de ponerse a la altura de los imbéciles.
Por eso desarrolló una habilidad especial para inventar sobre la marcha pequeñas venganzas que la dejaban un poco mas tranquila.
Un día que había comprado huevos y los llevaba en un cartucho de papel en la mano, la seguía un pobre soldado que le iba diciendo todas las ordinarieces que sabía ¿de verdad se pensaría que podía ligar así?, fue andando muy deprisa y cuando llegó a la puerta de su casa, sabiendo que estaba a salvo en el portal, le estrelló el paquete de huevos en el uniforme manchándolo a base de bien, ya le daría el cabo su merecido cuando llegara al cuartel.
Aunque a ella también le echó una buena regañera su madre por echar a perder una docena de huevos, ese día aprendió que había que hilar más fino, que así no valía.
Como aquella vez que fue a sacar su coche de la cochera y había un hermoso todoterreno aparcado en la puerta, como no podía salir fue a la cafetería que había enfrente y pidió al camarero que preguntara de quien era aquel coche, al momento de un grupo de impresentables salió una voz que dijo: “Es mío para que lo quite vas a tener que c….”, coreado por las risotadas de sus compañeros.
Salió del bar roja como un tomate de vergüenza y de impotencia, se fue a su casa y canceló lo que tenía que hacer aquella tarde.
Al rato cogió a su perro y lo sacó a pasear con su correa por el parque cercano, con alegría vio que el coche seguía allí en la puerta de la cochera tapando el paso.
Con su bolsa en la mano instaba al perrito a que hiciera lo que tenía que hacer que para eso había salido.
Cuando el perro soltó el subproducto, ella con mucho cuidado lo recogió con su bolsa de plástico y fue al coche la abrió y con mucho cuidado impregnó bien con el contenido las manivelas de las puertas, la del conductor y la otra, así como la cerradura, y se subió para su casa. Solo con el sueño de la noche cesó la risa.
Por eso aquella mañana que había entrado en la Caja de Ahorros, tan arreglada y tan guapa, se le cayó el mundo al suelo cuando un hombre vino y se puso delante de ella en la cola y ante la educada reclamación que hizo el tío contesto dando grandes voces mientras la insultaba, que el estaba antes pero que estaba hablando en la puerta y que eso era lo que había, esta vez el público le dio la razón a ella, pero les dijo que no importaba que el señor tendría prisa que no pasaba nada.
Metió la mano en su bolso y sacó un rotulador negro y gordo que llevaba, con mucho disimulo y cuidado, usando la cazadora de ante que llevaba el hombre de paleta comenzó a pintar rayas como si fuera un gran código de barras:
"Con la primera pasó miedo, la segunda fue mas fácil y todavía mejor la tercera y las siguientes, que fueron muchas, y que se sucedieron sin ningún remordimiento y con mucha soltura".
Y empezó a sentirse cada vez mejor disfrutando con las rayitas, pensando en las voces que le iba a dar su mujer a él cuando viera el impacto medioambiental de las pinturas en la chaqueta, se pasó riendo todo el día, tanto que por un momento temió hacerse adicta a las rayas de rotulador.

A todos los hombres decentes que siempre me han rodeado.
Y a mi hermana Julia que tiró a Miguelin a la piscina vestido de soldado de aviación por tontear mas de la cuenta.


Coco Vida

http://coco-cocovida.blogspot.com/2010/04/felicidades.html

jueves, 8 de abril de 2010

Zapatos gastados

El coche era nuevo y destacaba en aquella calle de casas de planta baja y sin asfaltar.
Juana salió como de costumbre a despedirle.

Sabía que se arriesgaba a miradas indiscretas.
Se tranquilizó, pues con el niño delante, nadie pensaría mal de la visita a esas horas de la mañana, cuando el marido estaría ocupado bebiendo en el bar.
Se miraron.
Gabriel miró los zapatos de la criatura.
La suela estaba muy gastada y casi no tenían charol.
Se dieron sendos besos en las mejillas.
Él pensó que en la próxima cita le regalaría unos.
Ya verían como justificárselo al celoso marido.
Eran primos y seguramente podría aceptarlo como un presente y no como un acto de caridad.
—Tengo que cambiarle los zapatos pero hasta el viernes no cobro —murmuró ella sin dejar de mirar el elegante traje que vestía él.
—Pero los tuyos están también muy gastados —respondió él.
—Pues hasta dentro de dos meses... ¡Ya ves!
Volvieron a abrazarse mientras ella musitaba algo ininteligible. Se separaron de nuevo como con dificultad.
—¿Qué decías? —preguntó él mientras se acercaba al automóvil y esgrimía la llave.
Las miradas de Juana esquivaron sus ojos.
Se centraron en las ruedas del vehículo.
Allí en la calle debía esconder los sentimientos.
Él contempló la torpe bata floreada de estar por casa.
Debió imaginar el futuro que le esperaba si ella no se escapaba de aquel agujero.
—Me voy... que tengo el fuego encendido.
—Antonio sigue sin trabajar, ¿verdad? —preguntó él; ella se detuvo.
—¿Por qué me lo vuelves a preguntar? —Respondió ella—, ya sabes que hace años que se puso de fotógrafo.
No entra un duro en casa desde entonces —bajó la cabeza—.
Si no fuese por las horas que echo en ese taller de confección no tendríamos ni para la luz.
¡Pero por favor, no hablemos más del asunto! que el cura ya lo santificó.
Se hizo un silencio y ella entró en casa.
El pequeño se quedó allí, fascinado por la mecánica.
Gabriel no lo advirtió.
La bata de rayas azules se enganchó la puerta.
Arrancó y arrastró al niño unos cuantos metros.
Pudo agarrarse en el picaporte.
El pequeño pasó del pánico a la fascinación por arrastre.
Algunos caminantes lo advirtieron y le hicieron señales.
El conductor no hizo caso y giró en la primera esquina.
El niño se agarraba aún con más fuerza.
La inercia lo apretó contra el coche y entonces él se dio cuenta.
Frenó en seco en medio de la calle.
El marido que regresaba del bar dobló la esquina en ese momento.
Salió la madre que fue avisada por las atentas y vigilantes vecinas.
Gabriel apenas pudo balbucear unas disculpas.
—Si no llega a ser por los zapatos gastados... —dijo la madre, casi gritando mientras abrazaba al pequeño.
—Yo fui descalzo hasta los catorce ¿por qué no va él a ir igual?
—respondió Antonio con voz achispada.

Basado en un hecho real acaecido entre 1967 y 1969
© Manel Aljama (enero 2010)
© Ilustración Marta Aljama
http://manelaljama.blogspot.com/2010/03/zapatos-gastados.html

miércoles, 7 de abril de 2010

Mi primera vez


Estoy en la más completa soledad, se acaban de apagar las luces y, se supone, hay que dormirse, pero no puedo, un montón de recuerdos me vienen a la mente.
Las paredes de esta habitación del módulo tres, la tres trece, tiene guasa el nombre, me parecen cada vez mas oblicuas, aunque vistas desde el camastro, le dan una profundidad que en los casi doce meses que llevo aquí, nunca había percibido.
Me viene a la mente ahora, vaya usted a saber porqué,mi primera vez.
Hace ya..¿Serán veinte años?
Recuerdo que me puse una sudadera a la última, con la lengua de los Rollings impresa en relieve, estaba impecable y la había “cogido” en Galerías, ahora El Corte Inglés, y era de lo más molona. Los pantalones pitillo y unas zapatillas New Balance, negras, de baloncesto, como las de la NBA, recién llegadas de Nueva York….vamos que iba hecho un pincel, que diría un castizo de los de Carabanchel, allí los módulos están ya cerrados, era un establecimiento que imprimía carácter, aquí hay algunos que presumen de varios años allí, era una escuela de todo.
Iba yo por la calle mirando los escaparates, los coches, los autobuses y hasta me fijaba en la gente con la que me cruzaba, aunque procuraba ocultar mi rostro, como en las pelis de espías, como si la cosa no fuese conmigo.
Recuerdo hasta que iba canturreando una de los Chichos, cómo molaban éstos.
Por fin llegué a la sucursal, había varios esperando en una fila para hacer sus ingresos, las ventas del día anterior, suponía.
Una señora me toca de pronto en el hombro y me pregunta que si aquello era “la cola”, ¡no te fastidia!, le dije señora, que eso es el hombro, la cola está más abajo y por el otro lado…vamos, con los nervios que tenía, lo primero que se me ocurrió, ya sé que no es original, pero es lo primero que se me vino a la boca.
En estas ocasiones, ahora ya lo he aprendido, con los años todo se aprende, que no hay que llamar la atención, como nos decían en la mili.
Ya estaba en la raya donde dice, aunque casi estaba ya borrado,” espere aquí su turno”, y allí esperando que contaran todos los billetes y monedas de las ventas del Supermercado de la esquina del día anterior. Mejor para mí, me decía para mis adentros, conté casi trescientas mil pesetas; venga ya, estoy que me salgo….¡me toca ya!....me acerco y le digo a la titi cajera :
¡ Dame to el dinero que tienes en el cajón, que esto es un atraco y puede correr mucha sangre!
Se lo dije con carácter, con firmeza, con la voz hueca, lo había ensayado una y mil veces en el espejo del baño.
La titi se puso descompuesta, le dio por a dar voces, la tía loca .....y yo, voy a sacar la pipa y me doy cuenta que no la llevo, me la había olvidado…… con los nervios de la primera vez, estaba cantado que algo fallaría.
Me dieron una manta de palos entre el interventor y el securata, que los moratones me duraron hasta el juicio.
La Jueza tuvo en cuenta los atenuantes de primerizo y otros que esgrimió mi defensor.
Me cayeron tres años.
© Angel 6/4/210

martes, 6 de abril de 2010

Almas

"Desgraciado quien no haya amado más que
cuerpos, formas y apariencias.
La muerte le arrebatará todo.
Procurad amar las Almas
y un día las volveréis a encontrar."
Víctor Hugo

Tu que opinas?.
Yo no puedo evitar el mirar las estrellas,
abrazar la inmensidad de la noche
y sentir mi alma, mi ser .
Proceso que alimenta todas las estrellas del universo,
gravedad que me mantiene aquí,
fuerza que me impulsa...

lunes, 5 de abril de 2010

Suspiro

http://1.bp.blogspot.com/_E0YEPnv73Xg/S7PEd8z8TFI/AAAAAAAAAxU/at-KsWbEynU/s1600/599533471_img.jpg

Si en el murmullo
que habita el suspiro
late tu sonrisa,
el verso,
será la ofrenda
y el poema.

Publicado por Merce
http://coloresypalabras.blogspot.com/2010/03/suspiro.html

domingo, 4 de abril de 2010

El vendededor de seguros.

Miguel estaba sentado frente al ventanal, la luz instalada plenamente en el escritorio de su flamante despacho de director regional de la multinacional de Seguros Axa, en el edificio más alto de Sevilla, el piso más alto. Era como si tocara el cielo, su cielo, con las manos: había llegado a lo más alto, pensaba. Además, su ropa le otorgaba ese estatus, según las modas del momento: camisa con doble puño, gemelos con bolas de golf anudadas con un fino hilo, corbata de Loewe, sin tirantes eso sí, porque a eso se había negado con rotundidad; el pantalón como recién planchado, de Boss, y la chaqueta, no recordaba la marca, colgada en su ropero pero con un dibujo a juego con la corbata,¿ o era al revés : la corbata escogida a juego con la chaqueta?
Ya ni se acordaba de los comienzos, de ese ir vendiendo seguros por esos pueblos de Dios.
Mirando el ventanal, le vino la imagen, como un flash, y hacía más de 40 años que había sucedido.
Recordó aquellos viejos tiempos en los que solía viajar a muchos de los pueblos. Pero hubo un extraño suceso en uno de ellos, Pitres se llamaba aquel pequeño lugar despoblado y frío..."Llegando allí sentí una sensación muy extraña, como si alguien estuviera presionando mi torso, fue algo inexplicable, me faltan palabras para describirla. Encontré una pensión en la que alquilé un pequeño cuarto. Eran apenas las ocho de la mañana pero ya estaba oscureciendo, la noche se acercaba. Entonces me retiré de la casa, y salí a tomar aire y a fumar un cigarrillo. Había muy poca gente, calles solitarias, cuatro o cinco casas viejas, desmoronadas por las lluvias y los fuertes vientos. Una llamó mi atención, la más grande y vieja. Me fijé en la ventana que había en el segundo piso en la que una niña miraba profundamente al cielo, con sus negros cabellos lisos, y su plomiza cara pálida. Me quedé observándola pero un mendigo vino a molestarme, le di unas monedas y regresé a mi hospedaje.
Me puse la ropa de dormir y me eché a descansar un rato, hasta que llamaron a mi puerta. “Señor, aún no ha cenado y aquí tenemos un buen comedor”. Me vestí nuevamente y bajé a cenar.
La dueña me empezó a hablar del pueblo. La curiosidad me llevó a preguntarle que quién vivía en esa casa tan antigua que había visto. “Nadie-me respondió-, en esa casa desaparecieron todos, nunca se supo más de ellos, algunos creen que se mudaron a la ciudad, otros dicen que una bruja les echaron una maldición... Tontas historias. La Guardia Civil vino a inspeccionar la casa pero no se encontró ni rastro de ellos. Lo raro fue que todas sus pertenencias seguían allí. Ese lugar está abandonado, nadie del pueblo entra allí, por miedo a que les caiga una maldición.”
“Entonces, no necesito ningún permiso para entrar allí”, le dije. “Si usted desea puede entrar, pero asegúrese de que nadie lo vea porque lo echarán del pueblo, por sus tontas historias e ideas”, me advirtió ella. Después de la cena me dirigí hacia esa casa, pensando en quién era esa extraña niña, o qué hacía allí. ¿Por qué extraña?
Llegué a la puerta, me aseguré de que no hubiera nadie a mi alrededor, y me decidí a entrar. Todo estaba oscuro y lleno de telarañas pero por suerte había traído mi linterna. Mi obsesión era ver, ver y saber. Lo que encontraron mis ojos era muy tétrico y tenebroso. Sobre una pequeña mesa había un pequeño álbum y me puse a revisarlo: había un montón de fotografías en blanco y negro, algunas de ellas eran de una familia, otras eran de paisajes, y de una boda. Escuché el cerrar de una puerta arriba y quise subir, impidiéndomelo un escalofrío que me paralizó. “¿Qué vendría después?”, pensé, y entonces salí de allí, y me fui a dormir o a intentarlo. Al llegar me di un baño y me acosté pensando en la casa de la que había regresado con frío, un frío nuevo para mí. ¿Qué podía haber ocurrido allí? ¿Qué misterio ocultaba? Me acordé de que me había traído el álbum, de que las fotografías estaban ahora en mi cuarto, conmigo.
Lo busqué y me puse a ver cada una de las fotos. En una de ellas encontré a la niña que había visto asomada a la ventana, y empezó latirme el corazón otra vez. Y me pregunté cómo podía vivir en mi presente y con la misma edad de niña antigua. Fue en ese instante cuando oí el llanto oí un llanto.
Convencido de que todo esto eran alucinaciones mías, me eché en la cama. Me quedé dormido hasta que tuve una pesadilla me despertó: había soñado que la niña se cortaba la parte superior de los dedos, mientras una persona, que también había visto en las fotos, la miraba, riéndose con tintes de locura. En mi sueño encontré el terror. Cuando me desperté, el corazón agitado y el sudor en mi cuerpo decidí volver a la ciudad al día siguiente.
Mientras alistaba mis cosas, las ventanas se abrieron, dando paso al fuerte viento, y, con él, entró por mi ventana una carta escrita con sangre, con letra redonda, infantil, decía: “¡Ayúdame!"
© Ángel, 30/04/2010

Siendo ninguna, ni otra

Trueno. Dibujo Ina
A este otro lado de la sombra
las muchas no percibidas
se lanzaron confundiéndose
en un solo trueno.

Ellas tan insólitas al coraje
entretenidas en otro idioma
entre los sonidos que laten.
Sin conciencia intelectual
para olvidarse de todo.
Jugando con las palabras
sin dolor, ni cabeza.
Fuera de las nubes blancas
hoy sin descensos.
Siendo ninguna, ni otra
desheredada de ausencias o fugas.
Volviendo a un tiempo
donde la sombra no es sombra
ni tímido reflejo

Publicado por Zoe
http://encuantosearregleeldia.blogspot.com/2010/03/siendo-ninguna-ni-otra.html

sábado, 3 de abril de 2010

La muerte de Verónica



La primera vez que la vi, estaba ejecutando su número en aquel antro llamado “Deseos”.
El ambiente estaba cargado, flotaba en el aire humo de cigarro y puros, y olía a sudor rancio. Pero allí estaba ella, iluminada bajo los focos morados, vestida para matar.
En cuanto entré, sus ojos se desviaron hacia mí, supongo que destacaba por mi traje impecable y mi gabardina gris entre tanto hombre que contemplaba cómo movía su trasero, babeando.
Así que al acabar su baile erótico bajó del escenario por unas escaleras laterales hasta el lugar de la barra en el que yo tomaba mi whisky.
— No te conozco. Nunca has pisado por aquí antes.
¿Quién eres? – me inquirió.
— Señorita, aquí las preguntas las hago yo. Soy el detective Ernesto Gómez.
Ella se ruborizó, no estaba acostumbrada a que la llamaran señorita, pero el cariz formal de mis palabras no borró su sonrisa pícara.
— Has venido por la desaparición de Verónica, ¿verdad?
— Por su muerte, para ser más precisos.
Esta mañana ha aparecido su cuerpo, cosido a balazos en un callejón.
En su mano, asía fuertemente un broche en forma de flor con una esmeralda en el centro, manchado con su propia sangre, creemos que era su posesión más preciada, quizá la única con algo de valor.
— Eso es terrible – dijo ella clavando la mirada en mi vaso, y cambiando de tema comentó - Había oído que los policías no pueden beber en sus horas de trabajo.
— No estoy trabajando, es un asunto personal. Era la hermana de mi compañero.
— Cuanto lo siento.
Yo la conocía bien, lleva – hizo una pausa tras darse cuenta del error en el tiempo verbal elegido- llevaba bailando varios años en este local.
— ¿Puede contestarme a unas preguntas? Pero en un lugar más tranquilo, ¿podemos ir a su camerino?
— Claro, te contestaré a lo que quieras.
Ya en el camerino, pude observarla mejor.
Era hermosa, tenía el pelo rubio y rizado, y unas piernas largas y torneadas, decoradas con medias de rejilla.
Poco más llevaba, una especie de vestidito negro de gasa por el que se entreveían la forma de sus pechos y un minúsculo tanga.
Se sentó en su silla, frente al tocador, cruzó las piernas que acababan en unos tacones rojos imposibles y comenzó a hipnotizarme con el leve movimiento circular de la pierna que estaba encima.
Sí, debió hipnotizarme porque no atendí a ninguna de sus respuestas, que, por otra parte, no eran nada reveladoras, se limitaba a decir que no sabía nada.
Y seguía moviendo su pierna.
Como un bobo me dejé engatusar.
Y terminamos enredados en un viejo sofá de cuero que había en su camerino.
— No sé tu nombre — le dije de pronto.
— Puedes llamarme Marilín. Me gusta que me llamen así, por la actriz, ¿sabes?
Me puse los pantalones y la camisa y me fui de aquél lugar bochornoso, con la misma información con la que había llegado y aún algo aturdido por el desarrollo de los acontecimientos.
A la noche siguiente volví, esta vez con la cabeza más serena.
O eso pensaba, porque en cuanto me vio la rubia Marilín, me hizo un gesto con la mano, para que la siguiera, y como perro fiel, fui tras sus pasos, guiado por su olor, hasta el mismo sofá.
Y así durante una semana.
El octavo día me invitó a su casa y allí me dijo:
—Vámonos. Salgamos de aquí, de esta ciudad apestosa.
No quise contestar, me avergonzaba confesarle que mi vida estaba más llena de mugre que aquel lugar.
Ella vio en mis ojos que no me iría a ningún lado y mucho menos con una cabaretera, así que cogió la pistola que usó para matar a la bailarina que osó decir que era más guapa que ella, la pobre Verónica, y descargó todas sus balas sobre mi cuerpo.
En mi último instante de vida alcancé a ver, sobre la repisa de una ventana, un marco con una foto en la que se veía a mi bailarina preciosa, con el broche prendido en el vestido.
Había sido un imbécil.
El detective ya no le oyó decir, entre carcajadas,
—Tengo que hablarte de la muerte de Verónica…

Lucía Corujo
http://elartedequitarsombreros.blogspot.com/2010/03/la-muerte-de-veronica.html

viernes, 2 de abril de 2010

Esperanza de Futuro



Me gustaría saber expresar todo lo que he ido almacenando en mi interior,
lo que he podido sentir junto a ti, incluso en la distancia,
te sentía, sí, en la distancia también.
La aurora me sonreía cada mañana porque te vivía en mí.
Fuiste la primavera en mi jardín, ese bello pensamiento, ese caudal de alegría,.. de agua clara y cristalina.
Nuestras biografías no se separan aún.
Porque reflejan nuestros pensamientos, nuestras almas, y eso, todavía se mantienen unidos.
No libraré una última batalla, porque nuestra cruzada se llama FUTURO, e intuyo que tenemos muchas páginas en blanco en las que plasmar nuestra unión.
Nuestra euforia ahora se ha volatilizado, pero nuestras esperanzas no están vacías, pues sabemos que la fuerza del corazón lo puede todo.

Latrís
http://latristemelancolia.blogspot.com/2010/03/esperanza-de-futuro.html

jueves, 1 de abril de 2010

Cain el primer asesino

NOVELLI, Pietro -Cain and Abel-Galleria Nazionale d'Arte Antica, Rome

El mito de Caín es uno de los más conocidos en el mundo entero, fue el asesino de su hermano Abel y por ello maldecido por Dios y expulsado a la tierra de Nod.
Pero surge esta pregunta: ¿Mato Caín a Abel realmente por celos?
Para responder a ello, les tengo una parte de un libro apócrifo, conocido como el Libro de Caín o el Libro de Nod.
“Y estábamos ante el altar, mi hermano y yo.
Yo el primogénito, que labre la tierra y vi dar sus frutos.
Él el duogénito, que cuido de los animales y los vio crecer.
Entonces nuestro Padre vino a nosotros y nos hablo.
Dijo que debíamos dar una ofrenda, un sacrificio a Dios nuestro señor
Ambos trajimos nuestras mejores ofrendas.
Abel trajo a su más tierno cordero.
Yo traje los mejores frutos de la tierra.
Abel derramo la sangre del cordero sobre el altar y lo quemo.
Y el humo olió dulce, pues Dios acepto el sacrificio.
Mas yo queme mis mejores cosechas pero el humo era amargo y asfixiante.
Dios no acepto mi sacrificio
Mi padre enfurecido me echo del altar
Entre lágrimas y dolor ore al Dios todopoderoso
Y Él me respondió, dijo que no acepto mi sacrificio por que no había amor en él
Abel, mi hermano, dio el cordero al cual más cuido y amó a nuestro señor
En cambio los frutos de la tierra crecen con poco esfuerzo y cuidado
Por ello mi sacrificio era poco aceptable
Entonces comprendí, debía dar a nuestro Dios aquello que más amaba
Con dolor y resignación me acerque a mi hermanoCon engaños, le pedí que me acompañase al altar para dar un nuevo sacrificioEntonces derrame su sangre sobre el altar de Dios y queme su cuerpo
Y el humo olió dulce pues Dios acepto mi sacrificio
Entonces mi padre con furia clamo a los cielos por la muerte de su hijo
Me maldijo con el poder que mi Dios le dio, marco mi frente con el fuego del sol
Llamó entonces a Seth, mi segundo hermano, para que tomara el lugar de Abel y el mió
Entonces me desterró y me expulso a la tierra prohibida, la tierra de Nod
Por meses vague solo, con dolor y pena en mi alma
Sabiendo que la maldición de mi padre seria vivir eternamente, sin consuelo ni alegría
Llore la muerte de mi hermano y maldije a Dios por su cruel prueba
Entonces fui visitado por tres ángeles, quienes me ofrecieron el perdón de Dios
Mas yo les escupí en la cara y los maldije a ellos y su tiránico señor
Entonces ellos agravaron mi maldición con estas palabras
El sol quemara tu piel tal como tu padre lo hizo al darte esa marca
El fuego destruirá tu carne tal como lo hizo con la de tu hermano
Y la sangre será tu único sustento en recuerdo de tu hermano Abel
Esto será por siempre hasta que decidas volver a Dios y aceptar su perdón
Después de ello seguí vagando, desconsolado en la oscuridad
Siempre temeroso del día y la luz, siempre buscando sangre de animales
Hasta que una noche vi una hermosa mujer de cabellos rojos cantando a la luna
Me acerque y quede fascinado por su canto y belleza
Ella me vio y no tuvo miedo de mí y me pregunto mi nombre
Respondí, Caín hijo de Adán, y pregunte el suyo
Me respondió, Lilith la primer mujer antes que tu madre…”
Creo que hasta aquí es suficiente, con esta historia podemos ver que Caín no era exactamente un mal hombre, simplemente fue el primer mártir de su época.
Como siempre, la historia tiene dos versiones, o incluso más de dos, si logramos ver todas ella podríamos sacar conclusiones más cercanas a la verdad.
Pero dejare que ustedes mismos juzguen.

Contado por Aristi De Torchia
http://hereticos.blogspot.com/2009/03/cain-el-primer-asesino.html