lunes, 26 de abril de 2010

Dale café, mucho café.

Sus captores, ocultos detrás de gafas oscuras, presenciaron el abrazo hieráticos y en silencio. Cumplían órdenes.
Luís le prometió que todo se aclararía, que lo soltarían si no existía ninguna denuncia en su contra.
—Federico, tú no has hecho nada malo —le decía mientras por dentro lamentaba que no hubiese hecho caso al embajador de México.
El coche negro se alejó con presteza de aquel sitio.
En el trayecto hacia La Colonia, Federico, con mirada perdida y pensamientos asustados se repetía: "¡qué error! ¡qué inmenso error!".
A solas Luis pensaba: “¡Pobre Federico! ¡Ni Dios te salva!”
En un sucio y desordenado despacho del Gobierno Civil, José Valdés Guzmán, su ocupante, hablaba por teléfono:—Ya lo tenemos.
Ha sido fácil. Muy fácil.
El pájaro se refugió en casa de Luis...
¡No hay problema Luís es de los nuestros!
—A sus órdenes. ¡Le daremos café, mucho café!
¡No esperaremos a que amanezca!
En el patio de La Colonia se hacinaban cientos de hombres.
Unos dormitaban mientras los otros tenían los ojos abiertos de espanto.
Se oyeron pasos de botas caladas que se acercaban.
Era una cuadrilla.—A ver, ¡que se incorporen!
Dióscoro Galindo, Francisco Galadí y Joaquín Arcollas.
Nadie musitaba ni un silbido.
Parecía que la respiración era un quejido.
Había poca luz.—¿Están todos? —preguntó la misma voz.—
Falta este —respondió el otro señalando al poeta.
Todavía no había empezado a clarear el día 19 de agosto de 1936.
Abandonaron el lugar en el mismo vehículo, hacia el norte, hacia la Sierra de la Alfaguara.
El Buick se detuvo en un descampado a las afueras de Granada.
Les hicieron bajar.
Sonaron los disparos de pistola con los olivos por testigo.
La retama, el tomillo y el romero hicieron de mortaja a los cuerpos.
Las azucenas no brillaron ese día y los petirrojos espantados no salieron con el sol dejando a los cuervos hacer de las suyas desde entonces.
Ni brisa soplaba.
—Misión cumplida.
¡Pues estos, ni vizneros ni alfacareños!
¡Enterradlos bien!
© Manel Aljama (noviembre de 2009)
Ilustración: "La Brecha de Víznar", cuadro del pintor José Guerrero (1914-1991)
Este texto forma parte del homenaje que algunos blogeros de forma espontánea, hacemos al poeta asesinado en Granada en 1936.
Invito a leer:
Fran Rueda con ¡Calla, que vienen!
Andrés Hernández ( Anhermart) con Esa perturbadora ambigüedad

1 comentario:

  1. Impresionante narración,nos sumerge en la acción, nos transporta al momento, como si allí estuviéramos, de espectadores activos.
    Enhorabuena Manuel, leeré los que nos indicas

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