lunes, 6 de diciembre de 2010

Miedo al miedo...


Hace unos años, cuando aún había un poco de todo lo que la naturaleza nos ofrecía y, a disposición de todos... recuerdo una noche de luna llena en la que decidí ir a coger cangrejos de rió. Mis padres tenían por entonces una casa en medio de un monte perdido y allí había un gran río y este, con la corriente había creado en un recodo, un chortal idóneo para ¨cangrejear¨. Se estaba de maravilla, la luna se reflejaba en el agua y provocaba agarrarla... allí era tan fácil compartir con el firmamento. Aunque era verano, a esas horas de la madrugada, se percibía un frescor purificante, los mochuelos, los buhos, los animales bajando al rió a beber agua tranquilamente, inmejorablemente acompañada. Eché los reteles y a esperar. La oscuridad y los sonidos de la noche empezaron a excitarme, notaba cada milímetro de mi piel, mis músculos empezaban a tensarse, no sé si por el fresco que hacía o porque empecé a tener miedo, la inmensidad de la noche me estaba atrapando y me sentía diminuta, no, diminuta no, casi inexistente. De repente, empecé a ver cosas que dudaba que estuviesen sucediendo. A unos 50 metros, veía luces por el medio del chortal y enseguida pensé que eso era casi imposible sin hacer ruido en el agua al caminar, a la vez imaginaba que en ese caso sería alguien en una barquichuela remando y que iba acompañado ya que no solo era una luz la que veía, sino que ya eran 4, claro , no podía remar a la vez que portar las 4 linternas, con lo cual deberían ser 5 en total. Mi cuerpo empezó a perder calidez, y mi nariz se congeló, el corazón se me salía por la boca y decidí prepararme sin hacer ruido, para lo que pudiese llegar a suceder. Me levanté con cuidado ya que estaba sentada en la hierba y me agencié un palo, vaya palo, como para defenderme de 5 supuestos atacantes. Pensé que de esa no iba a salir ilesa y veía mi cuerpo flotando por el río, ya que hasta me pareció ver que esos 5 traían palos aun más grandes que el que yo había encontrado. Ya no escuchaba a los buhos ni veia la luna reflejarse en el chortal y, mucho menos me importaban las estrellas. Me quede quietecita a la espera... al cabo de unos minutos las luces se hicieron más grandes y más hasta poder llegar a divisar a los cuerpos del delito.... un grupo de luciérnagas que se estaban paseando y disfrutando de la noche, tal y como lo estaba haciendo yo, al menos hasta que ellas aparecieron. En mi vida he sentido tanto miedo provocado por mi misma , por mi imaginación, como en aquel momento. Recogí los reteles y corrí campo atreves hasta llegar a la casa, aunque sabía que no había sido real, lo viví como tal y me atrapaba una sensación de alegría y aun de miedo, por tal y como la había vivido, con esa intensidad.

Siempre digo que, hay que tener miedo al miedo.
PUBLICADO POR SILA

http://sheila-ayersrock.blogspot.com/2010/11/miedo-al-miedo.html

1 comentario:

  1. Tenerle miedo al miedo no tien objeto, es mi opinión.
    Genail Otis Reding y su maravillos tema "Sentado en el muelle de bahia".
    Saludos

    ResponderEliminar