jueves, 27 de mayo de 2010

saca las cartas

Benidorm, playa
Hola, ¿cómo estáis? ¿Yo? Mejor que nunca. Qué guapa, Laura, te veo muy bien. Mucho colorete, pero los estilos son los estilos, yo no me meto. En cambio Sofía, siempre tan blancucha, ¿Para que está ahí mismito la playa, Sofi, hija? Hay que broncearse, nenas, que el sol no se gasta. ¿Cuándo empezamos? Anda, Mercedes, saca las cartas, que estoy con un mono. Qué bien se está aquí, oye, con este cielo. Qué azul, qué derroche. Cómo me alegro de veros. ¿Y vosotras qué, lleváis muchos días? Yo llegué ayer mismo, con unas ganas. No os preocupeis, ya voy yo con Mercedes. Vas a ver como les damos a estas dos para el pelo, Merche, que son un par de sobradas. Pues sí, menudo año. Qué de cosas, estoy agotada. Y contenta, que conste, sobre todo contenta. ¿Que se me ve bien? Pues ¿no te lo estoy diciendo? Laurita, tú cortas. Espadas. Reparte Sofía. Qué arte tiene ella para quedarse siempre con las cartas. Oye, qué sosas que estáis, ¿no me explicáis nada? Que un año es un año. Te has lucido, guapa, menudas cartitas. Ni un triunfo me ha dado, la mosquita muerta. Y no pongas esa cara, que ya me tendríais que conocer. Qué alegría tengo, las cuatro juntas, qué lujo, no sabéis lo largo que se me hace tanto tiempo sin veros. No fastidies, Merche, ¿tú tampoco tienes triunfos? Pues sí que vamos listas. En fin, dejadme que os cuente. ¿Por dónde empiezo? No os lo vais a creer. Por el principio, Sofía, por el principio, hay que ver qué gracia tiene la jodida. El caso es que estas navidades, aquí donde me veis, me fui a ver a una adivina. Ni una risa más alta que otra quiero, que ya lo sé, que yo soy anti, pero es que, nenas, la culpa, de mi vecina. No te rías, Laura, que pierdo el hilo. Además, que estaba yo un poco mustia. Una tiene sus momentos. La menopausia, pensaba yo. Ja. Que yo te lo pago, Mari, me decía la Rosa, la primera vez yo te la pago, Mari, que si no pruebas, qué vas tú a poder criticar. Mari por aquí, Mari por allá, y una, sin comerlo ni beberlo, en casa de la astróloga. Manda narices. Qué tremenda, la Rosa, y qué maja. Con esa no puedo ni yo. Hombre, veinte en oros. Menos da una piedra. Nosotras mucho cantar, Mercedes, pero los triunfos siempre los tienen ellas. Parece que no pasen los años. Pues como os iba contando. Astróloga Paqui. Una de mi barrio. Con ese nombre, qué vas a esperar. Eso me creía yo. Mira, ahí viene Tomás. Hay que ver qué feo está, el pobre, por dios santo, y qué barriga, si parece que se le va a reventar la camisa. ¿Qué vais a tomar? Tomás, majo, tráete, para estas dos, unos zumos. Para mí una clarita y para la Laura, un descafeinado, con poca leche, ah, y con sacarina, no se te vaya a olvidar, que ha de lucir tipito. Hace bien, ella que puede. No me das envidia, nena, quiero que lo sepas. Yo ni he ido a la playa, aún, pero de mañana no pasa, que me he comprado un bañador que ni con veinte años. Naranja, con flores, monísimo. A tomar por saco los complejos. Pues como iba diciendo, que va la astróloga y saca una baraja, pero de las otras. Si la hubierais visto, la cara que puso cuando giró la primera carta. No me preguntes cuál, que de eso no entiendo, ni ganas. Nenas, si en el avión me pone esa cara una azafata, me pongo a rezar. Mal te veo, me dijo, hace tiempo que no veía a nadie así. Nos ha jodido. Y yo que pensaba que siempre te decían cosas bonitas, las adivinas. Si no, dónde está el negocio. Pues ni por esas. Anda, Laura, deja de contar. Reparte, Sofi, que la primera es vuestra, ¿que no lo ves? Gracias, Tomás, qué majo eres. A lo que iba. Ahora viene lo mejor. Sigue tirando cartas y en un momento dado, me suelta: Tu vida está en un momento crítico. Lo que tú necesitas, Mari, es un cambio radical. Cambio radical, con esas palabras, como en la tele. Y luego se pone toda seria y con los ojos así medio cruzados, que hasta me dio miedo, va y me dice: Te voy a ser sincera sincera: yo aquí lo que veo es una aventura. Una aventura. Chicas, chicas, ¿habéis visto lo que yo? Virgen del amor hermoso, qué hombre, qué sofoco. Aquel de allí, Laura, ¿lo ves? ¿lo ves?, el que pasa por donde la tienda de deportes, ¿lo ves?, el del bañador amarillo con palmeras, ¿no lo ves? Ay, dios mío, esto no puede ser bueno. Y tú, Sofi, ¿es que no te has dado cuenta? Vaya miradita. A ver si estamos a lo que estamos. En fin, lo que os decía, una aventura. Eso me dijo la astróloga. Claro, Merche, un plan, sí, un plan, no me mires así, qué va a ser, si no, ¿un safari? Y yo, muerta de la risa. ¿Tengo yo cara de tener una aventura?, le dije. Si llevo con mi Manolo treinta años, uno tras otro, sin un desliz. Arrastro. Mira que es cansino esto de hablar y jugar a cartas a la vez, no hay quien se concentre. Vuelvo a arrastar. Arrastro y estas, también mías. Hala, no cuentes, Laura, empate. Uno a uno, y reparto. El tiempo que hacía que no cogía una baraja. ¿Por dónde iba? Ah, sí, el plan, que dice Mercedes, mira que eres antigua, hija. Pues yo me reía, ya os podéis imaginar. Hacedme caso de este consejo que os doy: nunca os toméis a guasa a una adivina. Palabra de Mari. Corta, Sofi, que tenéis menos futuro que un submarino descapotable. ¿Es bueno, verdad? Me lo contó mi Dani, el pequeño, que ya ves tú si es pequeño con treinta y dos años y más de metro noventa. En fin, yo ya os he avisado. ¿Que cómo se llama? Hay que ver qué curiosa eres, Laura, qué impaciente. Álvaro. Se llama Álvaro. Quién va a ser, Merche, que no te enteras. Mi novio. Y haz el favor de hablar un poco mas flojo, que no hace falta que se entere medio mundo el primer día. Anda que yo también, menudas cartas me he dado. Me podía haber comido la mano un cerdo. Toma, mira, las cuarenta, qué casualidad. Las he robado seguidas, primero el rey y luego la sota, como si se echaran de menos, pobres. Vale, Sofía, ya lo sé, tampoco hace falta que te lo tomes así. Muy bien, calladita estoy más guapa, pero es que las demás cartas no valían ni para pipas. ¿Qué dices, Laura? Ay, nena, cómo me gusta que me hagas esa pregunta, qué perspicacia la tuya. Obvio: hasta el verano pasado yo tenía un marido. Mi Manolo, pobre. Ole, Merche, eso es una compañera como dios manda para jugar a las cartas y lo demás, aprendizas. Dos a uno. Venga, que hoy a estas nos las ventilamos de corrido. No sé vosotras, chicas, con todos mi respetos, que a fin de cuentas yo he formado parte del club toda mi santa vida, pero a mí esto del matrimonio, hoy por hoy, me parece un atraso. Ni más ni menos. Cariño, compañía, vivencias, lo que tú quieras, pero llega un día en que o dices basta o se te acaba el billete. Lo que yo te diga. Venga, y para mí, las diez de últimas. Esta vez vamos de vueltas, ¿no? ¿Mis hijos, y a quién le importa? ¿Te piden ellos permiso? Pues sí, Laurita, ahora tengo novio, y a mucha honra. Y Manolo, el pobre, ya se apañará, que ya es mayorcito, ¿no? Anda que no he aguantado yo mecha. Mato. Cuarenta, cuarenta y cuatro y cincuenta y tantas. Nos vamos. Hala, tres a uno y me quedo la baraja. No es que yo quiera dar lecciones, pero es que lo veo todo transparente. Son momentos de la vida. Qué seria me estoy poniendo, no me conozco. ¿La adivina? Qué quieres que te diga, Sofi, son muchos años de ponerlas a parir, pero cuando conozcais a Álvaro me vais a dar la razón enseguida. Será un timo, no digo que no, pero tirado de precio. Y la menopausia, una falsa alarma. Falta de alegría. Fíjate, fíjate qué hermosura de cartas, ¿será posible que tenga yo todos los bastos? Venga, que son todas mías. ¿Son cuatro, no? Pues coto. Al zurrón. Tendríamos que habernos jugado los euros, Mercedes, que ya las tendríamos desplumadas. Y cacareando. Os veo en baja forma, no nos habéis durado ni medio asalto. No te piques, Sofi, que es broma, parece mentira. En fin, me sabe mal pero me tengo que ir, que hace rato que me esperan. Qué alegría me ha dado veros, y encima esta paliza. La guinda. ¿Que cuándo os lo presento? Mírala ella, la Mercedes. Pues va a ser que no, cariño, no sabes cómo lo siento. No ves que él las vacaciones no las tiene en agosto. Pues tengo prisa porque tengo prisa. Desde luego, qué barbaridad, anda que no sois curiosas. Está bien, por qué no, pero me guardáis el secreto. Esta mañana mismo lo he conocido, en el ascensor. Nenas, qué elegancia, qué anchura, qué ojos, qué todo... Si hasta me voy a poner colorada, seré tonta. Un bombón. Me he tirado a la piscina a la primera, por estas. ¿No está una de vacaciones? Pues eso. Y no me ha hecho falta ni la astróloga, que ahora soy una mujer independiente. En fin, mañana, entonces ¿a la misma hora? Después de la playa. Estupendo: así echamos otra y entramos en detalles, que aún no sabéis de la misa la media. Eso sí, Merche, diles que entrenen un poco, que hoy han sido pan comido. Os dejo aquí lo mío y me voy, que llego tarde. Sed buenas, que para mala ya valgo yo. Mua, mua y mua.
Vicente Aparicio

1 comentario:

  1. Madre mía...qué bien escrito está!!!

    Está narrado de una manera perfecta, intercalando las conversaciones, sin perder el hilo de ninguno de los temas.
    La partida de guiñote ha sido genial, la he vivido casi en primera persona (por cierto, reto a quien sea !!!), la charla de las amigas, el sentir de esas mujeres...ufff...todo está tan bien contado que una se cree sentada al lado, obsevando la partida y escuchando a las amigas.

    Enhorabuena, Vicente, voy corriendo a ver tu blog.

    Y a ti, Ángel, gracias por traerlo y darlo a conocer.
    Y, por supuesto, mi cariño de siempre.

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