miércoles, 28 de mayo de 2014

CAFÉ



Me preparo una taza de café varias veces al día. No hay un motivo para hacerlo, pero tampoco existe prescripción médica que me invite a evitar la cafeína en cualquiera de sus manifestaciones. Tomar café me relaja, pese a todo.

Sumergirme en una lectura sujeto a una taza me permite elevar a los altares del goce supremo mi momento literario. Puede que la historia no merezca la pena, pero el café hará de antídoto: descansaré la novela sin gloria sobre mis rodillas y me limitaré a sorber y a contemplar el paso procesional de mis pensares. Si estoy en un bar, buscaré entretenimiento en actos ajenos, en las caras que observo, en las conversaciones que escucho, en los escotes que desfilan por la pasarela de mi erotismo o en el exterior que avisto desde ese observatorio en el que se han convertido mi mesa y la silla que ocupo.

Tomar café mientras escucho música, tomarlo mientras trabajo, mientras escribo, mientras veo la tele, mientras hablo por teléfono, mientras charlo contigo, con ella o con él, mientras miento de verdad y mientras le encuentro una excusa a mi inconstancia para escribir escudándome en la coletilla que temo convertir en universal que reza que no puedo hacerlo más (escribir) porque soy un yonqui de las letras, mientras me confieso en retórica soledad, mientras miro por la ventana y cuento los trenes que atraviesan la ciudad cargados de pasajeros o de mercancías, mientras sueño con declarar todos los amores y desertar de todas las guerras, mientras le pido un préstamo sin interés a la felicidad, mientras consigo una orden de alejamiento a mi mala suerte, mientras repaso los lugares acordados, mientras admito que muchas distancias no conducen a ninguna parte si no es a tu lado, unas veces, o para buscarte, otras, mientras inmortalizo instantes con mi punto de mirada, mientras le hago un traje de letras a mis domingos, mientras parto a recuperar mi otra mitad oculta entre las piedras del camino, mientras me atrinchero en esta cafetería y apuro el último sorbo para pedirle a la camarera otro café.
mario

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