Granada


Ella es una boca jugosa,
encarnada como un durazno
de sangre
y clorofila carmesí; un granate
que desprecia al pintalabios
y dibuja de memoria el apetito
que enmarcan sus dientes.

Ella es deseo y es frescor,
es salsa para mi pan
y son granos delineados
su boca abierta;
se nos han volado
muchas hojas del calendario,
pero sigue siendo el carmesí
que invita a la batalla
y a vencer la alineada frontera
de su granada desgajada.

Ella es jugoso otoño;
yo una sed desértica
que nunca se sacia,
que jamás se siente ahíto
y sueña en la próxima escaramuza
de la que ser víctima.
 Francisco Espada 

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