Zeta
Las películas bien construidas de espías suelen ser siempre americanas o inglesas, con alguna excepción —pocas— francesa. Zeta es una producción española que llega a un remarcable nivel en todos los sentidos, con escenas trepidantes, tensión escénica, rodaje en varios países, medios técnicos de primer orden, rigor ambiental, y la actuación de uno de los mejores actores del momento, Luis Zahera, que lleva el peso de la inteligencia engarzado a todo su ser. La película está tan bien parida que incluso Mario Casas es creíble, pues hace su personaje de siempre y aquí encuentra redención.
Dani de la Torre ha saltado la banca gracias a este trabajo que aúna lo mejor de las películas de espías —con investigación, diálogos y maduración de la historia— y lo mejor del cine de acción —con persecuciones, peleas y disparos— en una historia muy española con dos líneas temporales, el pasado en los noventa y el presente actual. La clave es el ritmo, y llevar el rodaje en su tempo, para que siempre esperemos algo que nos falta, esas miguitas de pan que nos llevan por el camino correcto si no se las come el pájaro perdiz.
Cuatro agentes del CNI destinados en distintas embajadas son asesinados. El centro descubre que a todos ellos los une una misión llevada a cabo treinta años atrás, «Operación ciénaga» y que queda vivo un quinto gente que también participó y es la única persona viva que podría dar las claves de lo que ocurrió. Pero ese agente llamado Salvador Ancares (Luis Zahera), está desaparecido. El CNI se pone en contacto con Zeta (Mario Casas), uno de sus agentes estrella en retiro terapéutico, para que les ayude a encontrar al susodicho. La acción se desplaza a Estonia y allí Zeta conoce a Alpha (Mariela Garriga), una guapísima agente del servicio de inteligencia colombiano que busca lo mismo que él. Y aquí comenzamos con la ausencia de tópicos, bien resuelta por Dani de la Torre, pues la relación no pasa de ser profesional, nada de 007 y sus veleidades eméritas. La película los lleva después a Brasil y a Colombia y en ella se sucederán escenas trepidantes y persecuciones por las favelas, por suerte no demasiado largas ya que por excitantes que puedan ser me fatigan si duran más de dos o tres minutos. Quizá en esas escenas se eche de menos algo de humor. El director va intercalando la lógica de la narración —donde siempre es Zahera quien lleva el peso—, con las peleas y los disparos protagonizados por un hierático Casas. El mix es realmente interesante, aderezado por escenarios en diversos países que son parte pura de la historia, como las favelas de Río de Janeiro o las calles nevadas de Tallin. Avanzada la trama se desvela que hay un sexto agente implicado en dicha operación que parece ser la razón de todo y saber más sobre él será la clave de esta película, el enigma final.
El cuore del argumento es la «Operación ciénaga». Puedo contarla sin miedo porque el propio Zahera lo hace muy al principio, seguro que mucho mejor que yo. Treinta años atrás, el CNI ideó una operación para acabar con un terrorista especialmente sanguinario de ETA que había huido a Colombia. Dado que era complicado dar con él, usó para atraparle a un narco gallego. Las vigilancias les enseñaron que además estaban vinculados a un conocido traficante de armas colombiano. Y aquí me planto, solo diré que la historia se enreda y genera una trama que en parte sucede en ese espacio del pasado y en parte hoy en día, y que de algún modo conectará a Casas y a Zahera. Como punto en contra diría que la trama, pese a ser muy interesante, por momentos puede ser confusa y quizá en sus últimos estertores algo atropellada, como si se hubiera querido resolver rápido. Y es una pena porque la historia da mucho de sí y ese final mejor resuelto podría hacer ganar muchos enteros a la película.
En general en estas páginas hablo de sesudas películas llenas de subtexto y mensajes profundos más allá de la trama. Aquí no sucede esto, simplemente el director nos ofrece un relato interesante y entretenido, lo sitúa en lugares exóticos, y deja que nuestra imaginación vuele con ellos por esos vericuetos de nuestro cerebro donde en el fondo todos habríamos querido ser James Bond. Como dije, las persecuciones tienen el metraje correcto, dan emoción y nos muestran distintas ciudades sin saturarnos. Hasta las peleas están bien coreografiadas y las escenas de disparos son tan imposibles como la de los Delta Force sacando a Maduro de una fortificación militar custodiada por centenas de guardaespaldas experimentados sin que muera ni uno de ellos.
En una buena película de este tipo la acción debe estar justificada por la historia y el protagonista debe tener una meta clara, y aquí eso sucede, y además está bien rodado a nivel técnico y argumental. Lo que quizá falla es el villano memorable, ese antagonista fuerte y con motivaciones entendibles para todos. Para mí ese sería el punto débil de Zeta.

El elemento que juega a favor de esta película de manera magistral es el gran Luis Zahera. Su interpretación siempre nos hace ver que sabe más de lo que dice, que guarda un as en la manga, que es el más listo de todos, lo parece, y para colmo es gracioso, tiene ese humor socarrón gallego que tan bien resulta en los momentos de tensión extrema. Imagino que si yo alguna vez estuviera sometido a emergencias similares con espías que me quieren matar mis gracietas serían como la sonrisa de Aznar, poco más que una mueca sin bigote y con risa fingida y desganada… o no.
(C) Joaquin del Palacio








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