miércoles, 2 de julio de 2014

Sinestesia


Desde que tengo uso de razón relaciono palabras abstractas con objetos tangibles.
Si escucho la palabra Felicidad, vienen a mi mente sombrillas pequeñas, de chocolate, y puedo escuchar el chirriar del papel al abrirse e incluso saborearlas.
Si me dices Miércoles, lo veo azul, azul oscuro y me huele a plastilina (de la azul, claro)
Los Sábados siempre han sido un globo rojo enorme con un brillo en el centro.
Los Jueves son amarillos y saben a hojaldre. Escucho como crujen.
Los Lunes marrones.
La letra A es mayúscula y roja, por supuesto.
Si me dices Cuñado, veo un cuenco de madera con pequeños fideos cocinados. Y noto suavidad, no sé bien cómo explicarlo.
La Envidia son uvas, de esas de Nochevieja, verdes paliduchas y bien gordas. El sabor es amargo, lo puedo saborear.
El sonido de una trompeta me sabe a metal.
El amor es rojo. Color rojo pero sin ninguna forma definida.
La palabra melodía sabe a caramelo de toffe. Es suave.
Durante la carrera, estudiaba a base de dibujos. Afilaba bien mis lápices de colores y pasaba los apuntes a dibujos.
Así he estudiado todo, hilando un dibujo con otro y memorizando esas imágenes en mi cabeza.
Durante los exámenes, las chuletas que me hacía en la mesa pocas sospechas generaron. Jamás me pillaron...
A veces, las asociaciones, o como narices se llame esto, no son claras pero siempre veo, escucho, huelo, saboreo algo...
Hace años, gracias a mi madre, me enteré de que no todo el mundo siente, huele, ve, paladea... todo esto que yo daba por hecho. Creí que le pasaba a todo el mundo. Mi madre me habló de sinestesia, que lo había leído en algún lado.
El otro día conocí a una estupenda persona a la que le sucede lo mismo. Desde pequeña ve, toca, huele el Mundo como yo lo hago. Le dije que quizás tengo mucha imaginación, pero ella, que de esto entiende un rato, me dijo que no, que era Sinestesia.
Quizás por eso me resulte tan fácil escribir o plasmar lo que siento de una manera, creo yo, tan palpable. El caso es que, para mi, es un don. No lo padezco, lo disfruto.
'Sinestesia que estás en los cielos, santificado sea tu nombre' (así rezaría yo si no fuese una atea soñadora, que se ha dado cuenta de lo que es la realidad, de un hostión en plena cara, hace ya un año. Así...)
Disfrutad de la vida, no os creéis problemas imaginarios, rezad si queréis, no recéis, pero vivid al segundo.
¿Algún sinestésico en la sala?

Gracias.

A la sombra de un sauce ( blog)

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