El día de mañana


Reseñar una serie de original de Movistar + se está convirtiendo en uno de los grandes placeres para cualquier crítico seriéfilo. Rompieron el hielo con La zona el año pasado y a lo largo de éste hemos visto como aterrizaban La peste, Vergüenza, Mira lo que has hecho, Félix y Matar al padre consecutivamente. El arco de géneros se ha ido ampliando, como veis, con propuestas variopintas, pero hay dos constante denominadores comunes: la mirada de autor y la calidad.




Hoy le toca al turno a la apasionante El día de mañana, dirigida por Mariano Barroso, el nuevo director de la Academia de Cine desde principios de junio. El cineasta adapta la premiada novela de 2011 de Ignacio Martínez de Pisón editada por Seix Barral que os recomendamos encarecidamente.


A lo largo de los 6 episodios que componen esta miniserie de entre 47 y 58 minutos de duración, conocemos la evolución de Justo Gil (Oriol Pla), un joven que llega a Barcelona con la firme voluntad de sanar a su madre y que irá poco a poco desarrollando otras ambiciones.



En su carrera hacia la cima, la vida de Justo se cruzará con la de Carme Román (Aura Garrido), una mujer con la que iniciará una complicada historia de amor y también con Mateo Moreno (Jesús Carroza), policía de la temida Brigada Social, la policía política del régimen franquista, que le internará en una oscura red de espionaje y delaciones al tiempo que se convierte en un extraño amigo para Justo.


Buscando su sitio en la ciudad, Justo se codeará con codiciosos empresarios, jóvenes juerguistas de la gauche divine, policías sin escrúpulos, estudiantes rebeldes o miembros de la resistencia antifranquista: habitantes de una ciudad en ebullición que atraviesa un momento histórico.



El retrato imposible
Toda la serie gira en torno a la figura de hombre que es un galimatías incluso para aquellos que más llegaron a conocerlo: Justo Gil es un misterio. Se mueve siempre entre las luces y las sombras; al filo del estrechísimo borde que separa lo humano y por tanto comprensible, de lo amoral y por tanto deleznable. ¿Era un monstruo? ¿Un aprovechado? ¿Un romántico? ¿Un soñador? Puede que en mayor o menor medida, un poco de todo. La interpretación de Oriol Pla es de aplauso: nos arrastra con su personaje de tal forma que la serie engancha y exige verla hasta el final y cuanto antes.


En este proceso, doce personas (familiares, conocidos, amigos, amantes) nos hablan de él y de la relación que mantuvieron a lo largo de los años 60 y 70: desde que llegó de un pueblo de Aragón a Barcelona con lo puesto y hasta el fin de su historia. Pero no hay más que rascar un poco en la superficie para darse cuenta de que Justo representa a la España de la Transición: llena de contradicciones políticas, de aspiraciones y sueños en el aire. A pesar de haber visto la serie al completo puede que no consigas componer el puzle de quién era Justo, como jamás conseguiremos cuadrar el de quiénes fuimos hace apenas 50 años. Se desprende cierta poesía lacónica respecto a este velado interrogante que nunca llega a dilucidarse... Y eso se muestra en la preciosa banda sonora de la serie.



Entre los grandísimos aciertos de El día de mañana, está el de no poner nunca el foco en la trama social tomando partido por ningún bando: los últimos coletazos del franquismo y las barbaridades que se dicen y muestran en pantalla están al servicio de la historia de los personajes y ellos, así como son, imperfectos, son los que mantienen el interés del espectador con un trasfondo.


Por qué no debes perdértela
Con material de base tan interesante como la novela, ya hay unos sólidos cimientos que pulen el propio Mariano Barroso y Alejandro Hernández (autor de los libretos de Caníbal, 1898. Los últimos de Filipinas o El autor) en el guión. La dirección actores y la puesta en escena son estupendas y como decíamos, las piezas de piano que acompañan a las imágenes, una delicia.


Puede que solo un personaje caiga en el arquetipo: el comisario Landa, al que interpreta Karra Elejalde y que será un enviado especial del gobierno para llevar con mano de hierro las revueltas de las calles. El resto de ellos tienen muchas facetas, son poliédricos y complejos como lo son también las relaciones que se establecen entre ellos.
En El día de mañana hay, en su justa medida, drama, romance, intriga, reconstrucción histórica y personajes que evolucionan hasta encontrar sus motivaciones y a los que vemos madurar. Incluso darse cuenta de que en no pocas ocasiones los ideales pueden ser poco más que una excusa para medrar o un obstáculo que puede costarles la vida.


Hay por tanto poderosos motivos tanto narrativos, como plásticos y formales para no perderse esta serie, que está entre las mejores y más redondas que ha lanzado hasta la fecha Movistar +.




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