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Mudanza

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Foto: Jorge Naranjo Sentada en el suelo, repaso algunas ventajas de las mudanzas. Librarse de la ropa que hace años no se usa, de los libros no leídos y que nunca se leerán, de las sartenes abolladas en las que se pega la comida, de los frascos de perfume evaporado y de los objetos que la indecisión reunió en cajas de zapatos. Esta mañana he llevado la impresora al centro de reciclaje. Junto al contenedor de basuras ha quedado un juego de maletas sin ruedas. Ahora les llega el turno a las carpetas de cartón descolorido, transportadas de un lugar a otro y que llevan años sin abrir. Antes de tirarlas, selecciono con crueldad y eficacia, desgarro postales, recortes de periódico y libretas. Descubro un sobre grande y abultado con tu nombre en mayúsculas y debajo una dirección escrita con trazo más inseguro.  St John’s Hospital, Howden S Rd, Livingston.  Noto el sobresalto en el pulso que se agita y el calor que me enciende la cara. Tardo en abrirlo porque sé muy bien qu...

Trabajo de clase

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En clase nos pidió el profesor que escribiésemos una carta urgente, a mí se me ocurrió ésta: Estimado cliente: Le ruego se pase usted por mi tienda a la mayor brevedad posible. Venga acompañado de la cajita envuelta en papel de regalo que se llevó de aquí hace ya media hora.  Ha habido una confusión, esa cajita es de otro cliente, en ella lleva las cenizas de su madre. Aquí tiene el conjunto de lencería que va usted a regalar esta tarde. Atentamente,                                NIEBLA

Infarto

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Al padre de Julio Castro le había dado un infarto. Fuimos al tanatorio en el coche de mi hermana. Antes de entrar al velatorio, ella y mi cuñado se pararon a hablar con tres mujeres; parecían amigas, contentas de volver a verse quizás después de mucho tiempo. La más alta llamaba la atención: melena negra larga y lisa, abrigo lila y botines. Un cirujano se había ganado unos cuantos euros estirándole la cara. Mamá llegó con Carlos, mi hermano pequeño. Le habíamos regalado un bastón para Reyes y era la primera vez que la veía caminar con él. Mamá con un bastón, qué fuerte. Entramos todos juntos a darle a Julio el pésame. Carlos, mi hermana Pili, mi cuñado Alberto, mamá y yo. El pobre Julio hacía muy mala cara, pero cumplía con su papel de anfitrión. -¿Quiénes eran esas? -le pregunté a mi cuñado al salir, rodeándolo con el brazo. -No lo sé muy bien -Se siente intimidado cuando nota el contacto físico. Me divierte ver como se encoge-. Pili las conoce, hemos coincidido un par de veces...

La adopción.

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Mi hija me comunicó con delicadeza que había adoptado a dos hermanitos. Eran gemelos y tenían cinco años. Habían sido abandonados y un trabajador de los servicios asistenciales, entristecido ante la terrible situación, lanzó la noticia a Internet. Mi hija, febril usuaria de la red, lo meditó durante veinticuatro horas y tomó la inamovible decisión  de aceptarlos en la que era su casa desde hacía pocos meses. Jamás había manifestado inclinación o instinto alguno que pudieran hacerme pensar en algo semejante. ¿Qué papel jugó la reciente independencia -y consiguiente soledad- a la hora de inclinarse por tan importante cambio en su vida? Me costaba imaginarla dedicando a los pequeños sus días y gran parte de sus noches. Hipotecando vacaciones y novios. En definitiva, un estilo de vida. Con  natural preocupación, intenté disuadirla. Argumenté que estaban ya crecidos y quizá presentaran graves problemas de adaptación. Además, la peculiar raza de los pequeños llamaría la atención. ...

La tinta perdida

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Lejos de entonar otro canto nostálgico, advierto que empieza a ser una excentricidad sacar una libreta para escribir algo más que un dato en unos tiempos donde lo físico se reemplaza por lo virtual, que además es ingrávido y requiere menos esfuerzo. Pertrechados en nuestra solitaria sala de máquinas, completamos la ilusión de estar conectados sin gastar más energía que la de un tecleo autodidacta. Desde el sexo al trabajo fijo o del ocio hasta las compras -showrooming se le llama a la nueva costumbre de ir a una tienda tan sólo a mirar modelos y precios para luego comprar on line-, la realidad cambia sus formatos y con ellos se desvanece una parte de nuestra idiosincrasia a la vez que se gesta el nuevo sesgo del presente. En las reuniones, mi cuaderno cada vez está más solo, rodeado de iPads y encantadoras pantallas en las que la gente escribe sin el susurro de la punta del bolígrafo sobre el papel. Ese sonido de mecedora, de tierno arañazo, de pulso inquieto que aguarda la pausa del...

¿22 o 13 capítulos por temporada?

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  Puede tener una vertiente meramente económica y de reducción de riesgos, de tal forma que, en el caso de juego de tronos por poner un ejemplo, una temporada de 22 episodios supondría duplicar el presupuesto, con el riesgo de que la gente se canse y la vaya dejando de lado a la mitad, sobre todo con la expansión de las tecnologías que permiten más canales de TV, tanto por internet como otros adelantos a la hora de filmar y retrasmitir que no había hace diez o quince años, para más público con más series, más formatos. En definitiva mucha más competencia. Imagínate que coinciden en algún punto las temporadas de Juego de Tronos con las de The Walking Dead, por decir las dos con más público. Con la falta de tiempo que tenemos todos (trabajo, estudios, niños, comidas, limpieza, reuniones, salidas con los amigos, ver el partido de fútbol el fin de semana en TV y otros tipos de ocio diferentes a las series) lo mismo nos tocaría tener que elegir entre ver uno o ve...

despedidas

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Se movía como por el salón de su casa. Era alto, delgado aunque fornido. Se le notaban las horas de gimnasio. Vestía muy desigual, no de esa marca, vestía en cada parte de su indumentaria un estilo distinto. Pantalón pitillo y camiseta surfera, con chaqueta de Boss, en fin, un Mix, que diría su amiga Juva, a la que, por cierto, hace tiempo le perdió la pista. Estaba, Juva, muy arrimada a los movimientos antisistema, más que nada por lo que significaban en la actual situación de la cultura, ya que ella a contestataria no le ganó nunca nadie. Bien, ese es otro tema. A lo nuestro. Esa parsimonia en el andar denotaba un control de la situación, no daba un paso sin haber previamente fijado el anterior como si de la pasarelas del Darro  se trataran las baldosas de la acera de la calle Reyes. Se dirigía a Plaza Nueva, paso previo a su destino, el Albaicín bajo y en éste la casa de Pedro. Tenía que contarle de viva voz lo que le había pasado. Estaba en su casa, leyendo con la v...