viernes, 30 de diciembre de 2011

LAS COSAS CLARAS..........


Hay hombres que quieren las cosas claras desde un principio, pero que las van queriendo cada vez más espesas cuando ya no es tan al principio.

Me explico.

El día en que Luís y yo nos acostamos por segunda vez (la primera vez no se debería, por delicadeza y por desconocimiento del futuro inmediato, hablar de nada que no sea sexo y deseo) se quedó muy a gusto recordándome las “normas” de aquella relación:

1. Estoy casado.
2. No pienso dejar de estarlo.

Del mismo modo, y sin despecho alguno, también me quedé yo muy a gusto recordándole que:

1. Estoy soltera.
2. Pase lo que pase, seguiré estando soltera.

Bien. Las cosas claras. Así me gusta.

Pero no. No tan claras, Amanda. Joder, no hace falta que me cuentes que te has líado con otro tío. Coño, no des detalles. Coño, no quiero ni imaginar que estás con otros. Joder, vale, no quiero oír hablar nunca más de eso: ya sé que sucede, ya sé que lo haces, pero yo no quiero saberlo.

Vale, jodido, entonces... ¿para qué me dices que quieres las cosas claras entre tú y yo? ¡Vamos a espesarlas! Sí, a mí me gustan también más así.

Pero no quería hoy hablar de Luís, aunque el tema se desbordó hasta el punto que le afectó a él también (o a nosotros).

Hablo de Emilio.

A ver, Emilio: hemos mantenido cuatro o cinco encuentros sexuales en seis meses, hemos salido a cenar dos veces, tomar café tres veces, llamadas por teléfono ocho, sms dos, mails uno. Conversaciones acerca de nosotros, qué sentimos o qué esperamos: cero. Conversaciones acerca de un supuesto compromiso, fidelidad o relación: cero patatero.

Mentirijillas: un par. Me preguntó si tenía novio y le dije que no tenía novio y no tengo novio. Pero tampoco le dije que tengo una relación de amante con un hombre casado. Aunque todo sea dicho, no veo porqué tendría que decírselo. Es decir, tendría que decírselo si él y yo hubiéramos mantenido alguna conversación acerca de nuestra supuesta relación. Pero yo no tengo una supuesta relación con Emilio: yo me acuesto con Emilio de uvas a peras y le sonrío cuando me lo encuentro, poco más.

Me estoy liando.

Amanda, céntrate, se supone que tienes que contar qué pasó ayer.

Bien. Ocho de la tarde. Emilio llama. “¿te apetece salir a cenar hoy?”. Respuesta clara y directa. “no, hoy no puedo. Y durante esta semana tampoco. Pero la que viene quizás sí”. Contra respuesta. “Bueno, vale. No pasa nada. Ya nos llamamos la semana que viene”. Respuesta a la contra respuesta: “Eso espero. Un besazo.”

Diez de la noche. Luís está en mi ciudad. Me llama. Paso a recogerle. Nos tomamos un par de copas, nos besamos, nos morimos de ganas de follar, nos vamos a casa, follamos.

Dos de la mañana. Llamada de Emilio. Luís a mi lado fumando. Me encierro en el lavabo para poder contestar. “¿Qué te pasa, Emilio?”
- Estoy en tu casa. Veo el coche. Quiero verte. Tengo muchas ganas de verte. Déjame subir.
- Emilio, ¿te has vuelto loco?
- No, anda, Amanda, déjame... venga. Guapa. Tienes que estar preciosa en pijama.
- Ays, no seas bobo, anda, qué tonto...
- Anda guapa, preciosa.
- Ays...
- Ays...
- Joder, qué de tonterías a estas horas.. Escucha, corazón, que no estoy sola hoy. Pero tú no te preocupes, que la semana que viene nos vamos tú y yo de copas y nos damos un buen homenaje... ya lo verás!
- ¿Cómo que no estás sola?
- Emilio, que no estoy sola. Y si sigo hablando contigo encerrada en el lavabo me van a preguntar que con quién hablo a estas horas y de qué.
- Pero... ¿tú tienes novio?
- No no no.
- Pues no entiendo nada.
- Pues mañana será otro día y quizás lo entiendas.
- Pues eres un poco guarra, perdona que te lo diga.
- Pues no, yo lo que soy es muy guarra, y de tan guarra que soy te voy a enviar a la mierda ahora mismo, fíjate.
- Vaya cabrona.
- Gilipollas.

Clonk!

Me vuelvo a los brazos de mi amor.

- ¿Quién era?
- No jodamos.
- Bueno, perdona, no quería molestar.
- Pues entonces ven aquí a darme besitos, mi vida.
- Ya... y ¿por qué no te los da el del teléfono?
- Y ¿a ti que te pasa ahora?
- Nada, tienes razón, qué tontería. Ven aquí, princesita, que te voy a dar todos los besos que me queden en stock.

Creo que ayer entendí la teoría de las cosas claras y la sinceridad y todo ese rollo que muchos hombres llevan como bandera en sus relaciones sociales: tú dime la verdad siempre y cuando estés haciendo lo que yo quiero que hagas. Si haces otras cosas, esas que no me gustan, miénteme.

Luís ya no pregunta. Luís prefiere no saber.

Vivimos en esa mentirijilla flotante.

Pero visto lo mal que le sentó a Emilio que yo fuera coherente con el estilo de vida que he elegido, sin duda prefiero vivir con las “sin preguntas” de Luís.

Amanda
http://blogs.ya.com/laamanteamada/200606.htm

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