sábado, 22 de octubre de 2016

La chica del tren




Tate Taylor se ha atrevido con la inevitable adaptación al cine de La chica del tren, la novela escrita por la británica Paula Hawkins que ha sido el mayor éxito editorial de los últimos tiempos en todo el mundo.

Se trata del cuarto largometraje que este director estadounidense ha realizado hasta la fecha, por lo que aún tiene mucho que demostrar al público y a la industria cinematográfica como cineasta, si eso le es posible. Comenzó malamente con la insulsa comedia Pretty Ugly People (2008), pero luego pudo redimirse con la que continúa siendo su mejor película hasta la fecha, la conmovedora, a veces dura o divertida pero siempre gratificante The Help (2011), basada además en la novela de su íntima amiga Kathryn Stockett. Después quiso entregarnos un biopic inusual del cantante James Brown con Get on Up (2014), pero le salió algo desangelado y superficial. Y ahora nos trae La chica del tren, una intriga que le ha servido para remontar sin colocarse, desde luego, en la digna cota que alcanzó con The Help.

Taylor ha declarado recientemente, en una entrevista a raíz de su nuevo estreno, que considera a los personajes femeninos “más ricos e interesantes”. Sin embargo, aunque no lo hubiese expresado con esas palabras, ya no cabía duda de que opina de esta manera: no es pronto para certificar su atracción por los dramas, las vicisitudes y complejidades de las distintas mujeres cuya historia ha trasladado a la gran pantalla.



Desde la Lucy (Missi Pyle) de Pretty Ugly People y sus compañeras, pasando por el gran reparto femenino de The Help y, ahora, el trío de mujeres que articula la trama de La chica del tren, lo ha dejado clarísimo. Get on Up no cuenta en este aspecto, no obstante, porque los demás personajes queda eclipsado por la arrolladora personalidad del engreído Brown (Chadwick Boseman), y resulta de lo más lógico que sea así.



Su nuevo filme cuenta la historia de Rachel Watson (Emily Blunt), una mujer hundida que se ve envuelta en un misterio criminal relacionado con algunas de las personas a las que observa desde el tren que toma cada día hacia Manhattan. La californiana Erin Cressida Wilson, autora a su vez de los guiones de las poco destacadas Secretary y Fur (Steven Shainberg, 2002, 2006), Chloe (Atom Egoyan, 2009) y Men, Women and Children (Jason Reitman, 2014), se ha encargado del de esta fidelísima adaptación, sin inventivas ni esplendidez alguna.


La fidelidad, que suele entorpecer las adaptaciones al cine por obtusa, es lo que favorece a la película al respetar la buena estructura de la novela
A pesar de ello, el hecho de seguir la propia estructura de la novela le basta para componer un relato complejo que salta una y otra vez en blashbacks no lineales, de modo que se van colocando las huidizas piezas de un enigmático puzle, y así, de forma paulatina, se revelan verdades que cambian la perspectiva del espectador acerca de algunos de los personajes principales, tres mujeres y tres hombres que ocultan sus respectivos secretos, unos más terribles que otros. Este cambio, como era de esperar, afecta sobre todo a Rachel, así que podríamos decir que nuestra perspectiva es la suya de no ser porque hay revelaciones particulares que ella no alcanza, pero sí las de mayor importancia.

El acierto de mantener esta estructura, los propios detalles jugosos de la historia y el buen pulso que le imprime Taylor a la narración de los acontecimientos, casi siempre sereno y con una tensión soterrada que provoca la inquietud oportuna para una película de esta índole, es probablemente su mayor virtud. Es decir, la fidelidad, que suele entorpecer el buen curso de las adaptaciones al cine por obtusa, es en este caso lo que favorece a la de La chica del tren; y si fuera de otra manera, el filme habría acabado resultando paradójica e indiscutiblemente peor.


Taylor, por otra parte, ya contaba con experiencia en este tipo de estructuras porque Get on Up tiene una similar pero, en apariencia, mucho más caótica, que es precisamente lo que la hace un biopic inusual. Pero, aunque sabe generar inquietud, esta no es de una gran intensidad porque le falta genio o práctica para el thriller de papá Hitchcock, y uno no puede apartar la sensación de que, si alguien como David Fincher en una de sus buenas rachas hubiese puesto las manos sobre este proyecto, que le pega lo suyo por sus antecedentes y cuya agudeza para la planificación visual e ingenio para el montaje son superiores, la adaptación de La chica del tren podría habérsenos antojado incluso fascinante.


El genial Danny Elfman, que no pudo atender a su amigo Tim Burton en Miss Peregrine’s Home for Peculiar Children (2016) por su labor de composición musical en este filme, le ha procurado a Taylor una banda sonora aceptable pero tremendamente fácil de olvidar nada más salir de la sala, a años luz de maravillas como la que compuso para Edward Scissorhands (Burton, 1990) o The Nightmare Before Christmas (Henry Selick, 1993).

Blunt cumple con creces con el papel de la inestable y desnortada Rachel, que de pronto encuentra una peligrosa motivación en su vida de viajes absurdos de ida y vuelta en tren. Y el resto del reparto se defiende tan bien como ella, sin deslumbrar al respetable. Rebecca Ferguson como la intranquila Anna Boyd y Haley Bennett como la irresistible y rota Megan Hipwell completan el trío femenino en el que se profundiza; más en Rachel y Megan que en Anna, desde luego. Junto a ellas, Luke Evans como el controlador Scott y Édgar Ramírez como el desconcertado terapeuta Kamal Abdic, y Justin Theroux, conocido por la alucinante serie The Leftovers (Damon Lindelof y Tom Perrotta, de 2014 a la actualidad), encarna al expeditivo Tom Watson.



Allison Janney es la detective Riley, ya había trabajado con Taylor en Pretty Ugly People y en The Help —en tres de sus cuatro películas, pues— y su imponente presencia siempre es bienvenida. Lisa Kudrow, cuyo personaje más célebre es la gran Phoebe Buffay de Friends (David Crane y Marta Kauffman, 1994-2004), interpreta brevemente a la imprescindible Martha; Laura Prepon, a la que podemos ver en Orange Is the New Black (Jenji Kohan, de 2013 a la actualidad) como Alex Vause, a la anodina Cathy; y Darren Goldstein, Oscar Hodges en The Affair (Hagai Levi y Sarah Treem, de 2014 a la actualidad), da vida a un sujeto sin nombre que, con franqueza, sirve de muy poco.

Conclusión

Aquellos espectadores que hayan leído la novela quizá se sientan decepcionados porque esperaran que una adaptación de los sucesos de La chica del tren provocaría un mayor desasosiego, pero la obra de Hawkins es más dramática que desasosegante y, claro, una adaptación tan fiel como la presente coincide en esta característica. No en vano, no parece que a Tate Taylor se le den mal los dramas, y por su estimable faena, la del reparto y la misma savia de la historia, merece la pena sentarse a ver esta película.

No hay comentarios:

Publicar un comentario