martes, 5 de octubre de 2010

Tres, una y dos

Nos divertíamos mucho. Yo la admiraba por su desparpajo y extroversión, ya que ambas cualidades abrían las puertas que mi timidez y una excesiva racionalidad me cerraban.
Nos complementábamos de tal forma que cuando actuábamos por separado, nos encontrábamos incompletas. Éramos como un packindivisible.
Pero un día, las cosas cambiaron, o tal vez fuimos nosotras, el caso es que no sé cuál fue el detonante; miento, sí que lo sé, fue Álex.
Le conocimos en una fiesta de fin de curso y nos gustó a las dos. Supongo que nosotras a él también. A partir de ese momento, al confesarnos el impacto que nos había causado, nuestra alianza hasta entonces conjunta pasó a ser individual.
Cada una de nosotras se dispuso para la batalla, haciendo gala de sus mejores armas, y por supuesto, sin desvelar la estrategia.

Lo primero y principal era que Álex se decantara hacia una de nosotras. Una vez hubiera tomado posición, se iniciaría la segunda fase: ambas, elegida y no elegida, intentaríamos seducirlo hasta culminar la conquista.
Durante un tiempo, la lucha estuvo bastante igualada, pero ante la indecisión y pasividad del objetivo empecé a dudar y desilusionarme.
Una vez más, mi mente se antepuso al corazón y llegué a la conclusión de que no merecía la pena el esfuerzo y abandoné la contienda.
El caso es que mi retirada desniveló la balanza y acabó dando la victoria a Lidia. Ella, ni por un momento pensó que su éxito pudiera ser consecuencia de mi decisión. Su bien alimentado ego no le permitía la más mínima duda.

Acababa de sentarme cuando entraron en la cafetería. Hacía lo menos seis años que no los veía. Quedamos frente por frente, lo que imposibilitó el disimulo. Lo sustituimos por una expresión de sorpresa.
Nos besamos y los invité a sentarse en mi mesa.
La charla fue un “bosquejo” actualizado de hechos.
No faltaron las típicas y consabidas anécdotas del pasado, que dejaban constancia de nuestra antigua amistad.
Como siempre, Lidia tenía el monopolio de la palabra. No paraba de hablar, se la veía radiante y satisfecha. Álex y yo nos limitábamos a sonreír, y a poco más.
A partir de ese día nos vimos con frecuencia. Compartíamos salidas y amigos comunes. Lidia presumía ante el mundo, y especialmente ante mí, de su amor y su felicidad.

Mi amiga olvidó que las guerras importantes suelen ser largas. Y que a pesar de existir períodos de aparente paz, nunca se debe subestimar al enemigo, sobre todo si ha sido ”derrotado”. La exhibición del botín conseguido fue una provocación que hizo revivir en mí los fantasmas del pasado.
Había llegado el momento de poner en práctica una nueva y muy premeditada estrategia. No iba a ser tan generosa como antaño. Algo en mi interior se rebelaba y pugnada por salir, algo que daría un vuelco definitivo a la batalla final.

Han pasado seis años más desde el casual encuentro en la cafetería. Y todo ha cambiado, incluso yo.

Este mediodía he ido a buscar a Álex. Hemos comido en un restaurante cerca de su trabajo.
Estábamos en el postre cuando Lidia ha entrado en el local. No nos ha visto.
Álex me ha cogido de la mano y me ha besado. Ha pedido el café y la cuenta.
Como hacía una tarde espléndida, hemos ido paseando tranquilamente a buscar a nuestro pequeñín a la guardería.

LOLA ENCINAS

http://lakarcoma.blogspot.com/



4 comentarios:

  1. Buen texto. Buena historia. Hace un poco de ruido el último párrafo, sobre todo la palabra "pequeñin". Pero es sólo una observación muy personal. Felicitaciones.
    Un abrazo.

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  2. Muy buen relato que he ido a leer a la Karcoma..

    Y es que la vida da tantas vueltas...

    Besos Angel y gracias por compartir estas joyitas con nosotros

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  3. Fonsilleda, el texto no se ve porque al parecer las letras son del mismo color que el fondo. Tenés que pintarlo con el mouse. Un abrazo.

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