lunes, 13 de junio de 2011

Cancun



Vengo porque me manda la médica de cabecera. Yo no soy de las que van a médicos de los nervios, pero si ella me lo recomienda, pues para eso sabe más que yo. La médica dice que me irá muy bien contarle lo que le voy a contar, pero yo, se lo digo sinceramente, con las pastillas me apañaría como siempre me he apañado. Me dice que mejor que se lo explique a usted y yo pienso que por probar no se pierde nada. Pero mi marido de esto no sabe ni media, él no cree en psiquiatras ni en horóscopos. ¿Me siento aquí?
Pedro y yo llevamos cuatro años casados y no tenemos hijos. Tomé la pastilla al principio, cuando decidimos esperar porque teníamos que vivir la vida. Después las dejé y pensamos que iríamos a lo loco, sin programar nada, que si me quedaba me quedaba, y ya está. Tuve un retraso y me puse muy nerviosa, no sabía si estar contenta o no. Se acabó la buena vida, pensé, pero bueno, seguro que cuando tenga un niño será muy bonito, todo el mundo lo dice.
El retraso fue solo un retraso y me quedé un poco decepcionada. A Pedro no le afectó nada. Me dijo, venga tonta, ya verás lo bueno que es seguir intentándolo. Y me abrazó. Pedro es una de aquellas personas que parece no tomarse nada en serio, siempre está de guasa. A mí me enamoró precisamente así, bromeando, porque yo no estaba acostumbrada a tanta alegría. En mi casa éramos todos bastante aburridos. Mi padre hablaba muy poco. Mi madre sí que hablaba, pero decía las mismas cosas una y otra vez. Y tengo un hermano con trastorno bipolar que por lo general va muy sedado y tampoco da mucho tema.
Pedro hace reír a todo el mundo. Sin hacer nada especial, solo con pedir una cerveza o diciendo cómo están ustedeees… cuando entra en el bar. Las primeras veces que le vi me guiñaba el ojo, me pellizcaba el culo, qué pasa, rubia, me decía. Y yo me partía de risa, porque soy morena, ya lo ve usted. A lo tonto, empezamos a salir y un día me dijo bueno qué, habrá que ir pensando en algo, no. Y yo no me lo podía creer, pero sí, quería casarse conmigo. Ya de hacerlo, lo hacemos bien, por la iglesia y con limusina, nena. Casarse es muy complicado, nosotros queríamos hacerlo rápido, pero no había fechas libres ni en la parroquia ni en el restaurante. Y luego, cuadrar los días de la iglesia y los del sitio donde íbamos a hacer el gasto tampoco fue fácil. Pedro se iba poniendo cada vez más nervioso y me dijo, lo arreglas tú, reina, que ya me estoy hartando y yo cuando me harto, me harto. Y si me tocan mucho los huevos, paso, entiendes, paso. Esto me lo dijo en el bar y luego se tomó un par de cervezas y se enfadó, era la primera vez que lo veía así. Y todo por culpa de la puta boda, decía.
Nos casamos en enero, que es un mes fatal, pero qué se le va a hacer. Y fuimos de viaje a Cancún, eso sí que no lo olvidaré nunca, las mejores vacaciones de mi vida, en un hotel que tenía forma de pirámide, porque por lo visto cerca de allí hay unas pirámides muy famosas. Comimos de maravilla, no salíamos de la piscina, tomábamos tequilas hasta no poder más. Barra libre, señores. Pedro se compró un sombrero mejicano y no se lo quitaba ni para dormir. Imitaba a los mejicanos todo el día, ¡yujuuu, ay, ay, ayyyy! Eso me daba un poco de vergüenza. Se lo dije un día, que a lo mejor a los camareros les molestaba, pero no me hizo ni caso. Eres más sosa que sosa, nena, me soltó. Qué sabrás tú lo que hace gracia.
Al volver a casa, en el avión, hablamos de lo de los hijos. Yo, la parejita, me dijo. O tres, que no se diga que no funciono. Pero vamos a esperar un poco, chaparrita, vamos a pasarlo bien.

¿Qué ya seguiré otro día? Pues si lo malo viene ahora, que hasta aquí no tengo queja. Bueno, yo lo que me diga. No, si la entiendo. Debe estar todo el día escuchando desgracias, o a gente que le da la vara como yo, mismamente, que a ver qué le importa a usted lo de Pedro. ¿Me dará hora la enfermera? Pues vale.
¿Usted ha ido a Cancún? Pues tampoco se ha perdido nada.
Maria Guilera

3 comentarios:

  1. !Ay Angel, pobre mujer y pobre psiquiátra!, que, como se pase así sin parar de rajar todas las sesiones, al que terminan dándole pastillas y tilitas es al pobre médico jajajaja. Es un relato excelente, muy real y muy divertido: felicitaciones a Maria, que ha estao sembrá con esta mujer que va al psiquiatra na más porque se lo manda el médico de cabecera

    Mil de besitos gordotes

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  2. Gracias Ángel: los escritores impenitentes necesitamos estímulos como los que nos brinda tu blog.
    Desde mi túnel karcómico un abrazo.

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