jueves, 15 de marzo de 2012

Tonto del culo


Aquí me tenéis, tirado sobre el parquet de mi casa y, encima, con las luces encendidas.
¡Qué forma más ridícula de morir!
Claro que esta no era mi intención. Lo único que pretendía era ponerme un poco en forma por un si acaso. Sabía que mi paciencia tenía un límite ante las provocaciones del imbécil de Solana, que no parecían tener fin.
Cada mañana al llegar a la oficina su saludo era:
-Hombre, aquí llega míster musculitos. El “melenas”, el "delirio de las nenas"…
A lo que seguía una estentórea carcajada, y las del resto de compañeros que, solidarios, se adherían a su ocurrencia. A ninguno de ellos les importaba si herían o no mi sensibilidad.

Estaba harto de sus burlas y miradas despectivas hacia mi físico y, por ese motivo, tomé la decisión de empezar a ir a un gimnasio dos días a la semana.
En un principio elegí matricularme en artes marciales, ya que al constar estas de multitud de disciplinas, tendría más posibilidades de conseguir  mis objetivos. Pero dada la complejidad de los ejercicios y la cantidad de instrumentos que había que utilizar, mis avances fueron lentísimos, por no decir nulos. Todo me costaba mucho, especialmente la coordinación de movimientos de brazos y piernas, por lo que mi instructor y entrenador me recomendó que si quería progresar debería asistir diariamente al gimnasio y, sobre todo, no dejar de practicar en casa los ejercicios aprendidos en clase.
Así lo hice.
Lo primero que me compré fue un “nunchaku”. Desde entonces, raro ha sido el día en que los bastones de los cojo… no han roto algo al salir volando por los aires.
¡No os podéis imaginar cómo está mi piso!  Destrozado.
Por no hablar de los moratones y magulladuras que decoran mi hasta hace un rato dolorido cuerpo.

A pesar de tantas dificultades, nunca pensé en tirar la toalla y rendirme. Siempre he tenido el convencimiento de que en esta vida, todo es cuestión de tiempo y de perseverancia.
Pero lo de hoy ha sido el súmmum.  Me he pegado una “real hostia” en toda la sien que ha sido mortífera, o sea, letal…, y lo peor no es que me haya muerto, sino que cuando se entere Solana, se pasará toda la semana diciendo:
 -Mira que hay que ser tonto del culo para matarse uno mismo sin querer.
Y, valga la redundancia, se partirá el ídem de risa.
Yo seguiré callado y sin poder defenderme.
Y aunque sea por una vez y sin que sirva de precedente, tendré que darle la razón a Solana.
Lola Encinas 

2 comentarios:

  1. ¡Muy, muy bueno!
    Me imagino al cabrón de Solana cuando sepa la noticia :)


    un abrazo

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  2. !el pobre... condenao a estar siempre en boca de Solana, y encima, ahora muerto!

    Mil besitos gordotes para tí y para Lola Encinas.

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