miércoles, 8 de febrero de 2012

Decisiones y cambios



DECISIONES
-Buenos días, señora Sellas, la estaba esperando.
- Hola, Sonia, perdona que te haya llamado con tan poco tiempo, pero me voy de viaje y al final he decidido seguir tu consejo. Quiero que me hagas la permanente en las pestañas. Cada día están más tiesas y no soporto que se me tropiecen con las gafas al parpadear.
-Estupenda decisión, va a ser muy fácil trabajar con unas pestañas tan largas y espesas como las suyas. Sólo tendrá que esperar unos veinte minutos y verá qué resultado más espectacular.
Prepara el mejunje y acto seguido me embadurna los párpados.
-Sobre todo no se mueva, señora Sellas. Relájese.
En el hilo musical suenan las notas del acordeón, es una conocida canción francesa. El hecho de estar con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados favorece la evocación. Mi mente se traslada a París, es primavera. Me parece notar el suave vaivén de la barcaza deslizándose por el Sena. Sus aguas son el mudo testigo de nuestros felices proyectos. En uno de esos mágicos paseos decidimos ser el uno para el otro, no compartiremos con nadie el inmenso amor que sentimos. No consentiremos que ninguna interferencia en nuestra maravillosa relación merme la atención y entrega que nos dedicamos mutuamente, y ello incluye la renuncia a ser padres.
Cada año volvemos a París. La ciudad es espléndida en todas las estaciones. Aunque la preferida es la actual, el otoño. Siempre nos hospedamos en el mismo hotel, visitamos los mismos restaurantes y tiendas, paseamos por el boulevard Saint Michel, la place Vendôme, les Champs Elysées… y a pesar de todo ello, cualquier lugar nos sigue resultando familiar y a la vez desconocido.
De pronto, un grito rompe mi ensueño parisino y me devuelve a la realidad.
-¡Cállate, estúpida! Tú sí que tienes motivos para morderte la lengua…
Dos consuegras, clientas habituales, han llegado al clímax de lo que en un principio era una amable conversación familiar, ahora convertida en una batalla sin tregua y con un incesante fuego cruzado.
-¡¡A quien se le diga que ni hacer un huevo frito sabe…!!
No tienen ningún pudor ni reparo en exponer la larga retahíla de cualidades y habilidades de sus respectivos vástagos al juicio popular. Justifican o culpabilizan como faltas los motivos que cada uno ha alegado en la demanda de divorcio.
-¡¡Que se los fría él, que todo el día se los está tocando…!!
Las dos cacatúas compiten en volumen y velocidad. Ambas intentan tapar los argumentos de la oponente. Nadie se atreve a pedir orden y respeto para el resto de la clientela, ni mucho menos a intervenir en su espectáculo y, tras unos minutos que a mí me parecen eternos, las aguas vuelven a su cauce.
Yo sigo con los ojos cerrados, un tanto incómoda por la postura y también por la situación vivida. Cómo dos personas que teóricamente se han amado pueden acabar siendo enemigas y extender su odio a la familia. No puedo entenderlo. Mi vida es tan distinta…
Según mis cálculos falta poco para que el líquido haga su efecto. Sonia se acerca y tras una somera comprobación dice
-Ya está, han quedado perfectas.
Me acerca un espejo, sonrío satisfecha por el cambio. Imagino a Jaime besándome los ojos con admiración y deleite. No me importa invertir tiempo y dinero, ni cualquier otro sacrificio, con tal de seguir pareciéndole tan bella y joven como el primer día.
Salgo y está oscureciendo, el tráfico empieza a ser intenso y a pesar de que la tarde es fría decido volver a casa paseando. Me subo el cuello del abrigo y me pongo los guantes. Alzo la vista hacia las acacias y suspiro feliz, pues por un momento me ha parecido observar cómo frotaban ramas y hojas a modo de aplauso.
Me queda la duda de si su aprobación será por mi nuevo aspecto o por la acertada decisión que tomé en su día, la que implicaba no tener consuegra.
Nunca lo sabré.

CAMBIOS
Apenas nos hemos hablado ni mirado durante toda la reunión, hemos dejado que los abogados hablasen por nosotros. Ellos son expertos en discusiones crematísticas y, por la cuenta que les trae, procurarán que éstas sean lo más beneficiosas para sus clientes. Al fin y al cabo a Jaime y a mí el dinero nunca nos ha importado demasiado, siempre hemos sido personas muy civilizadas y ya es tarde para cambiar de actitud.
Al salir del despacho le he mirado, pero él no ha podido ni querido corresponderme.
El adiós ha quedado flotando entre las escaleras y el ascensor.
A pesar de que un tímido sol apunta por salir entre las nubes, hace frío. Las calles están poco transitadas, se nota que aún no se han iniciado las clases escolares.
La resaca navideña preside el ambiente. Abetos, botellas, cestas de mimbre y cajas de cartón de juguetes y electrodomésticos se amontonan al lado de los contenedores y en parte de las aceras cubiertas de hojas.
La oficina del banco también está vacía. Han bastado cinco minutos para mi gestión, a pesar de que el aleccionado empleado, al comprobar el importe de los cheques y que estaban extendidos al portador, ha intentado en vano captarme como cliente. Le he dicho que lo necesitaba para un pago inmediato. Un poco decepcionado, ha introducido los billetes en un sobre y me lo ha dado, no sin antes recomendarme precaución.
Voy paseando tranquila, sin prisa, ensimismada. Repaso detalles, gestos, palabras. Me parece mentira lo que pueden cambiar las cosas en un año. Recuerdo el día en que Jaime me confesó sus verdaderos sentimientos y después se fue de casa. Toda mi vida se derrumbó en un instante. Hoy, al mirarle, he querido decirle que no se sintiera culpable, que me encontraba recuperada y que no le guardaba rencor. No creo que me haya entendido.
Una hoja me roza la cara y mi evocación concluye.
Un nuevo año acaba de iniciarse. De momento tengo once meses por delante y muchas cosas por hacer.
Cuando llego a la peluquería, Sonia está en la puerta despidiendo a una clienta.
-Hola, cuánto tiempo sin verla
-Sí, he estado fuera y, por cierto, me vuelvo a marchar. Quiero un cambio total de imagen, nuevo corte, un color distinto y por supuesto permanente en las pestañas.
- Por supuesto, señora Sellas ¿Se va a París como siempre?
-No, esta vez no. Tengo un nuevo destino. He decidido cambiar las tristes notas de un acordeón en el Sena por los alegres rasgueos de una mandolina en el Gran Canal.
Lola Encinas
http://lakarcoma.blogspot.com/2012/01/decisiones-y-cambios-le.html

7 comentarios:

  1. ey, me ha gustado mucho tu estilo...si señor..con tu permiso me hago seguidora a ver si puedo seguir disfrutando de estos textos...

    un saludo

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    1. Muchas gracias Sh6y, siempre seran bien recibidas tus visitas.

      Te esperamos. Un abrazo

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    2. Si te apetece sumarte a nuestro grupo de Facebook, este es el enlace: https://www.facebook.com/groups/183692889255/
      Un saludo

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  2. Querido Angel, cuánto me ha alegrado el "reencuentro" y tu cariñosa bienvenida.
    Hace ya unos cuantos relatos en los que me extrañaba no tener tus siempre amables comentarios.
    Espero y deseo que sigamos "viéndonos" al menos en lo que a mí se refiere.
    Un fuerte abrazo.
    lola

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  3. Me ha gustado mucho el texto, buen gusto este lector impertinente al elegirlo y como no, buen gusto Lola Encinas al escribirlo, yo también me pasaré por tu blog a seguir disfrutando de textos como este.

    Besos a los dos ;)

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    1. Muchas gracias, te espero. Un beso para tí también.
      lola

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