miércoles, 22 de febrero de 2012

El hombre malo

Observo jugar a Zoe con el muñeco del "hombre malo".
Sólo tiene año y medio, todavía está limpia de prejuicios y experiencia, para ella no existe el futuro mas allá de ese momento de diversión, y entre todos los muñecos, el día de hoy su preferido es ese.
Llevo cinco minutos mirándola sin verla, mis ojos siguen fijos en ella, pero mi mente ha volado seis años atrás. Me pregunto sin un día conocerá esta historia...


Tenía veintiocho años.
Llegó un día en el que miró alrededor y vio que no tenía nada dentro ni fuera de si mismo.
Contó el número de años que sumaba sobre su cuerpo y se imaginó todo aquello con lo que soñaba al ser pequeño, y no lo encontró.
Mendigó afecto en la barra de un bar, y por sólo 60 euros, encontró un primer amor.
Se enamoró al instante, tras contemplar su cara de niña de ojos claros y cabello rubio, ni siquiera el torrente de drogas que le recorría las venas cuando la conoció fue un obstáculo para él.
La convirtió en su único nexo con la vida; quiso darlo todo por ella, y para sentirla mas cerca se adentro cogido de su mano en un mundo donde todo era mas sencillo y la vida adquiría colores que ni siquiera había imaginado que existieran.
Y así pasaron meses en que apenas aparecía por casa mas que para dormir; algunas noches no volvía, otras lo hacía por la mañana tras haber pasado la noche en el hospital. Lo único invariable de esa época fueron los gritos que inundaban cada rincón, y el miedo a hablar o a preguntar, la combinación de gritos y silencio mas brutal que he conocido.
Un día de sol le dijo que había encontrado el amor en otro lugar, y así, sin mas, se marchó y de nuevo se quedó solo, pero era una soledad diferente a la que ya conocía, esta dolía todavía mas.
En ese momento, se le presentaron varios caminos a seguir, unos fáciles y otros difíciles; escogió el mas fácil: el del odio.
Permitió que la rabia y el odio gangrenaran su mente, y todo ese dolor, la soledad aplastante, y su falta de fuerza y autoestima aumentaron vertiginosamente. Comenzó a odiar cualquier tipo de vida, y acabó canalizando ese odio en una sola dirección buscando un culpable para todos sus problemas.
Buscó a su alrededor gente con la que compartir ese odio, comenzó a intentar propagar todo aquello que le quemaba dentro y disfrazo su cuarto de insignias, libros nazis y esvásticas.
Una noche, colocó en una vitrina junto a su ejemplar del Mein Kampf una figura de Hitler que compró a través de Internet.
Una madrugada se dio cuenta de que el odio no lograba llenarle por completo, y así el mismo día que conoció a la actual madre de su hija, guardó en un cajón su pasado.
Años después mi madre encontró la figura de Hitler en aquel mismo cajón, y decidió sacar el pasado a pasear. Lo colocó frente a su cama, junto a las novelas históricas de mi padre, y entre sus brazos la Barbie bailarina de mi hermana.
Ese mismo día le preguntó si quería llevárselo; miró a su novia, después a su hija y contestó que no.
Neko
http://talvezsipero.blogspot.com/2012/02/el-hombre-malo.html

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo en que el odio es el camino más fácil. Hay que intentar olvidarlo, porque la sed que provocan el dolor y la soledad se calman fácilmente con el odio, pero cuando vuelven son más grandes. Es como un ovillo que se va haciendo más grande, y después resulta imparable, hasta que rebota y se convierte en una plaga.
    Saludos, Rosa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estou moi feliz por lle ter tanto interese que o público e tamén para comentarios e deixe-me tamén que son tan oportuna como a que acaba de deixar este post. Mil bicos do Sur, Rosa

      Eliminar