jueves, 23 de marzo de 2017

Hand of God



¿Qué sucede si un portal como Netflix se convierte en una productora de calidad de series brillantes y en una creadora de productos sensacionales? Pues que Amazon, otro de los grandes gigantes corporativos que dominan la Tierra, decide remangarse y desarrollar también series de una calidad exquisita. Conclusión, los maníacos de las series, salimos ganando.


Más le valdría a los canales de cable tradicional del tipo HBO, AMC o FX ponerse las pilas porque las plataformas están haciendo las cosas muy bien. Por su parte Netflix a la que siempre agradeceré que rescatara la serie The Killing (en breve rescatará Las chicas Gilmore) nos ha dejado atónitos con algunas de las mejores series de los últimos años: House of Cards, Orange is the new black, Marco Polo o Daredevil.
Por su parte, Amazon, el gigante de compra-venta online, contraataca con nuevas series de calidad, recientemente The Boss, y este otoño con la imprescindible Hand of God. Hoy os doy 5 razones para ver Han of God.

Hand of God es una serie que cuenta con el primer aliciente de ver al bueno de Ron Perlman (el mítico Clay Morrow de Sons of Anarchy, Hellboy) completamente desmelenado y demostrando todo el talento que tiene con cada escena. Un derroche interpretativo, impensable hace años cuando las series de televisión aún no le habían ganado la partida al cine.

¿De qué trata Hand of God?

Nos cuenta la historia del juez Harris Pernell, una especie de cacique que tiene a media ciudad bajo su influjo, al tiempo que ésta le devuelve una risa burlona llenando de dinero fácil los corruptos e infinitos bolsillos de juez. Un personaje complejo, de esos que están tan de moda: violento, grosero, mal padre y peor marido, con un montón de vicios inconfesables hasta ahora. Los chicos malos y el padre de familia antihéroe están de moda, y Perlman se adapta a un personaje que le viene como anillo al dedo, una extensión del Clay Morrow con el que disfrutamos tanto.


Un buen día, el Juez Pernell siente la llamada de Dios, de forma completamente explícita, parece que el mismísimo Dios le habla y quiere convertirlo en el brazo ejecutor y violento, de la voluntad divina, al tiempo que el juez podrá luchar contra los fantasmas que guarda en su armario y que cada poco salen a bailar con él en una danza macabra.


Su camino divino le llevará a buscar a los responsables que arruinaron la vida de su hijo, en coma desde el episodio primero. Lo que constituye el verdadero leitmotiv de la serie, y que propone los cliffhangers que nos mantienen atrapados sin poder levantarnos del sofá.


La historia la completa un componente religioso, ya que una secta de dudosas prácticas morales, capta al juez como uno de sus nuevos siervos. A la vez que éste se busca un lacayo que se ensucie las manos, un ex-convicto llamado KD. Pernell logra así dar riendas sueltas a sus fechorías más descabelladas, amparado por un Dios que le permite dormir más tranquilo por las noches.


5 razones para ver Hand of God

1. Ver completamente desatado al actor Ron Perlman, en un papel hecho completamente a su media. No en vano, es uno de los productores de la serie.
2. El equipo detrás de la cortina es para quitarse el sombrero, Ben Watkins fue el encargado de desarrollar la serie, que está dirigida y supervisada por Marc Foster, el niño prodigio que cuenta sus películas por éxitos: Monster’s Ball, Descubriendo Nunca Jamás, Quantum of Solace o Guerra Mundial Z.
3. Un reparto de lujo, que arropa de manera formidable el trabajo sobresaliente de Perlman. A destacar, su esposa interpretada por Dana Delany (Mujeres Desesperadas), Andre Royo (yo sigo viéndolo como el homeless de la serie The Wire).
4. Una puesta en escena fantástica, cuidada en cada detalle, con una fotografía y un montaje elegantes. Que confieren una narración impecable, creando una puesta en escena que te atrapa desde el primer segundo del piloto. Además efectos especiales muy cuidados, al servicio de las alucinaciones constantes del juez Pernell.
5. Una banda sonora, que crea el clima necesario para este drama con tintes de novela negra en el que además se reflexiona sobre la religión, la política, la corrupción y la ética moral de una ciudad en la que parece que siempre llueve sobre mojado.
Cris Terrer

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