martes, 4 de julio de 2017

El Jardín de Bronce


Fabián Danubio es un hombre que no está pasando un buen momento. Lleva una vida gris, su matrimonio está pasando por muchos problemas, su trabajo como arquitecto no lo llena, sin embargo, todo esto cambia en un segundo cuando Moira, su hija de cuatro años, desaparece sin dejar rastro alguno. La pequeña y su niñera debían ir a un cumpleaños, pero jamás llegaron. Sin casi respuestas ni explicaciones por parte de la policía, así comienza la investigación por su cuenta del personaje principal en El jardín de bronce, la nueva producción original de HBO Latinoamérica que apuesta por Buenos Aires, la capital argentina, como el escenario principal de este thriller policíaco.


Joaquín Furriel se encontraba filmando en España El faro de las orcas cuando recibió la llamada para interpretar a Fabián Danubio. Lo que más le gustó del guion, escrito por Marcos Osorio Vidal y Gustavo Malajovich –basado en el libro homónimo del que es autor el segundo-, fue la cantidad de sorpresas con las que se encontró.



Según el actor bonaerense, todo es tan misterioso, extraño y desequilibrante respecto a la desaparición de Moira, que su búsqueda le da la posibilidad al protagonista de encontrar una pasión, de encontrarse más vivo de lo que estaba antes. “Leía los guiones y no dejaba de sorprenderme. Pensaba que ya la historia llegaba a una especie de cul de sac [callejón sin salida en francés], donde se terminaba todo ahí y volvía a aparecer una posibilidad y otra posibilidad”, dice Furriel.


La miniserie, que contará con ocho episodios, se estrenó en HBO el pasado 25 de junio y cada semana estrenará un nuevo capítulo, que también se podrá ver por streaming en HBO Go (también disponible en HBO España). Según cuenta Furriel, la historia nació por un terror permanente en la mente de cualquier padre, y que a Malajovich le vino a la cabeza: ¿qué pasaría si su hija desapareciera en el subterráneo? “Esos grandes temores que tenemos los padres, que a veces son cotidianos, que también son temores que uno lee y le parecen lejanos y, de repente, no tanto. De repente son temores que para mucha gente lamentablemente se confirman. Es una historia con alcance universal”, afirma el actor.



Si bien la producción nos sitúa de inicio en 2006, toca temáticas como los secuestros, desapariciones y la trata de personas. Situaciones que son el material de titulares en la prensa todos los días en Latinoamérica. Y todos estos casos son un posible escenario que maneja la policía en la serie. Diego Andrasnik, uno de los productores, dice que la serie no es un tratado sobre el poder y la ciudadanía y el diálogo sordo que hay entre ambos, pero sí trabaja claramente como un policial negro. “El género policial siempre habla de algo más. Esta relación entre el orden establecido y la desesperación de un individuo ante toda esa inmensidad de silencios, esa imposibilidad de conectar con esa problemática, es parte de la trama, pero esta trama es la de Fabián Danubio”, precisa.


Furriel dice que la experiencia de los directores de la miniserie, Hernán Golfrid y Pablo Fendrik, fue fundamental para guiarlo a medida que se iba metiendo en la piel de su personaje. Siente que “aprendió muchísimo” al encarnar a Fabián Danubio y todo lo que le toca vivir en la ficción. En ese sentido, para el también coprotagonista de Cien años de perdón, la aspiración de El jardín de bronce es mantener al espectador atrapado bajo una tensión permanente, en la que tendrá que ir resolviendo el misterio como un rompecabezas. “Son esos personajes donde tienes no una escena, muchísimas de una gran complejidad interpretativa. Ahí tenéis que crear un mundo, crear una forma de contar lo que está pasando”, afirma el actor argentino.


Andrasnik cuenta que uno de los desafíos de la producción fue hallar locaciones y escenarios, ya que la ciudad de Buenos Aires es “casi como un personaje omnisciente que está presente en cada momento”. Dice que no se quería dar una mirada pintoresca ni preciosista de la urbe, sino una real. “Según se desarrolla la trama, tenemos que encontrarnos con esa verdad y que sea la misma ciudad la que te va llevando hacia lugares recónditos, hacia fuera, hacia la periferia. Esa era la ecuación que intentamos contar. Siempre es difícil encontrar verosimilitud y lo logramos”, finaliza Andrasnik.


  ANDRÉS RODRÍGUEZ (El País)

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