viernes, 21 de julio de 2017

Sin ir mas lejos


Como en tantas otras ocasiones, Juan Vida ha escogido una expresión sencilla (pero muy penetrante) para titular su última exposición, la que estos días podemos visitar en el Instituto de América de Santa Fe, a poco más de quince kilómetros de Granada, un paseo que algunos considerarán excesivo, ya se sabe, en estas tierras todo lo que no ocurra en Puerta Real parece que discurre en las afueras, en las oscuras tinieblas exteriores, mientras la mayor parte de nosotros permanecemos ensimismados en la Fuente de las Batallas, en las viejas batallas y querellas de las que nunca seremos capaces de salir.




Como en tantas otras ocasiones, esta exposición de Juan Vida vuelve a ser un itinerario, la crónica de un viaje exploratorio, la indagación existencial y moral de la que sólo vemos algunas imágenes poderosamente íntimas, no vemos todo lo que ocurrió durante ese viaje, un viaje que ahora aparece teñido de balance o resumen: no en vano, bajo el rótulo de Sin ir más lejos, se reúnen treinta figuraciones que, ordenadas cronológicamente, forman un álbum, la historia de una aventura de más de veinticinco años, la antología personal de una vida que empezó montando en bicicleta, o pensando en Barcelona, para seguir en el lejano Oriente, rodeada de tigres y de cebras y de monos. El primer cuadro es de 1990 (14 de julio) y parece insinuarnos la superficie acuosa de una piscina, la del pequeño mar de esa memoria donde el pasado se vuelve misterioso.




Los últimos son de 2017 y son una estimulante novedad, muestran mayor ambición, una pericia calculada: el paisaje ha ganado nitidez, también profundidad y magnetismo, hasta desvelarnos que el autor podría ser un elemento del paisaje. Porque, aunque a veces pensemos que el paisaje está fuera, la verdad es que el paisaje está dentro: formamos parte él y él forma parte de nosotros. Así que los paisajes de Juan Vida son paisajes interiores, figuraciones íntimas en las que ahora el único misterio es el futuro: un futuro que siempre ha sido adolescente o púber, equilibrista equívoco que llegará cuando quiera, o a donde quiera, sin tener visado, sin pedir permiso.



Como en tantas otras ocasiones, Juan Vida ha desnudado su corazón. Y ahora se le nota más; tal vez porque los corazones, con el paso del tiempo, se quedan saturados, desbordan sus límites y nos abren sus puertas. Y nos dejan entrar (sin ir más lejos) en el patio central de la casa.


José Carlos Rosales

Sin ir más lejos es el título de la muestra que recoge obras de Juan Vida desde 1990 hasta la actualidad, un repaso a sus últimos 30 años como artista pero también a su trayectoria vital, pues se trata de una retrospectiva completamente autobiográfica. "Defiendo que todo lo que hacemos es autobiográfico o autobiológico, porque todo lo que nos pasa por la cabeza nos pasa por el cuerpo", explica el pintor granadino, que vuelve a dar muestras de su ironía en la elección del título de la exposición: "Se llama Sin ir más lejos porque es en el mimo Santa Fe. Y también porque sin moverte de tu estudio tienes el mundo que tu creas y que es el que pinto, el que te imaginas, te inventas, con tus animales, tus cosas, tus caprichos".




Siempre llano y amable, recuerda que el título fue una sugerencia de su amigo Joaquín Sabina para dar mayor sencillez aún al título de una muestra anterior. "Hice una exposición en Madrid que era Naturaleza alrededor de mi habitación porque, como digo, las cosas no están más lejos de tu entorno más cercano. Y entonces él me dijo: "Podías haberle puesto Sin ir más lejos para que no quedara tan solemne y tan retórico. Y eso he hecho ahora".






En la muestra se pueda apreciar como Vida ha seguido un camino que logra reunir dos corrientes aparentemente antitéticas del arte moderno: lo abstracto y lo figurativo, presentes en lo que llamaríamos el paisaje y la figura. Por ejemplo, sus fondos han sido siempre una tesis continua de pintura abstracta que bebe de los maestros del expresionismo americano.




Su obra, de un carácter pictórico radical, acoge sin embargo una marcada tendencia narrativa que bucea en la memoria del autor. Los elementos figurativos que aparecen en sus cuadros traen al espectador recuerdos de experiencias propias y colectivas. "Mis personajes son los del patio de mi casa: mi hija, mi perro, el Mulhacén... Ahora estoy pintando uno que se ve el Albergue de San Francisco. Ahí me voy a pintar yo sentado pegando tiros".




Como señala el crítico José Vallejo en el prólogo del catálogo de la exposición, expone a estos personajes en un escenario de teatro y con unas escenografías para que el espectador interprete la obra y sea parte también de ella. "El que mira es el que termina de contar la historia", explica Vida.

Para Vallejo, Vida llega al concepto a través de la pintura figurativa mediante esa narración de las imágenes, unas imágenes desposeídas de entorno que a veces casi flotan, como en el 14 de Julio o en La prima de Barcelona que aparecen superpuestas en un espacio inmaterial o, como es el caso del Cuento chino, rodeadas de alusiones orientales en las que a veces el color -rojos, blancos y oro puro- funcionan como metáfora de la cultura popular china".




La muestra que se ha podido ver en el Instituto de América de Santa Fe está compuesta por 30 obras, buena parte de las cuales proceden de una exposición itinerante que es el germen de esta propuesta: Un cuento chino. "Esa muestra son 13 cuadros, pero en este caso se decidió ampliar. De ella hay diez". El primero que recoge es de 1990, el citado 14 de julio. También hay del 93 al 2005, cuando arrancan los de la muestra Un cuento chino, que comprende hasta 2011. Además pueden verse algunos expuestos recientemente en el Cuarto Real y otros cuatro de 2017 creados expresamente para la muestra.

Aunque la modelo más habitual es su hija, la retrospectiva también incluye dos curiosos autorretratos, como El patio de mi casa, en el que el autor aparece en una silla de ruedas con la cabeza vendada y pintando. "En mi mundo", sentencia.


Sobre la evolución que puede apreciarse en estas tres décadas de pintura, explica que "ha sido una lucha por no convertir la pintura en un recurso, por ser siempre fresco": "De pronto, tienes un método y recurres a él. Comentaba con unos pintores amigos la necesidad de ser nuevo cada vez hasta el punto de sorprenderte a ti mismo cuando estás pintando. Ahí está la lucha".



Aunque su lenguaje siempre se basa en el dominio de la técnica de la pintura abstracta y del dibujo, cuenta que antes tenía menos solemnidad. "Ahora tengo más responsabilidad: tienes una trayectoria y no puedes fallar. Eso te hace ser más técnico, menos espontáneo, pero se trabaja y no lo parece".

Belen Rico


El pintor granadino Juan Vida (1955) es uno de los más alabados autores de nuestro tiempo. Dice Juan Antonio Jiménez de él que «pertenece a una generación de artistas granadinos que destacan por haber protagonizado durante los años 70 una doble lucha: la política, contra la dictadura, y la artística, a favor de la modernización estética del país».


No es esta muestra del Instituto de América de Santa Fe , titulada 'Sin ir más lejos' -nombre sugerido por su amigo Joaquín Sabina- , una exposición donde la ideología esté muy presente. Si acaso, lo está en una dimensión que refleja, en alguna medida, cierto desencanto que empaña una felicidad que confiesa abiertamente el artista. Un desencanto que se materializa en unos paisajes cubiertos por una bruma imprecisa, fruto de la inteligente aplicación de diversas técnicas artísticas, y que otorga mucha más fuerza a las figuras centrales que aparecen en las obras de la exposición, todas ellas de mediano formato.

El primero de los cuadros que integran la muestra, el más antiguo -data de 1990- es una veraniega propuesta llamada '14 de julio', integrada por dos planos de recuerdo. Una imagen de su madre, perteneciente a la familia propietaria de la Piscina Granada, refrescándose, se mezcla con sendos ciclistas que le recuerdan su pasión juvenil por el Tour de Francia. «Viendo lo que hemos colgado de estas paredes me doy cuenta de que durante estos casi 30 años he mantenido una línea muy clara, una coherencia, en mis planteamientos estéticos, y por tanto vitales. Aquí están representados los animales, los entornos, los temas que me han interesado siempre», comenta el artista.



La muestra, de marcado carácter autobiográfico, continuará abierta hasta el 23 de julio
Su entorno físico y emocional se muestra en obras como 'La prima de Barcelona', que aúna la antigua fábrica de papel de los Wilhelmi, ubicada en Pinos Genil, su pueblo de residencia, con una juvenil imagen de su mujer, esa prima que llegaba de Barcelona, «y que bailaba de una forma distinta», a la que hace referencia el título.



Esa casa del pueblo serrano protagoniza obras como 'Naturaleza inquieta' de 1999, donde aparecen, incluso, algunos de los materiales usados para su casa, como la pintura de clorocaucho utilizada para la piscina o el minio de las barandillas. Los tigres que aparecen recuerdan la portada del célebre disco 'El hombre del traje gris' de Sabina, obra del granadino.


El personaje que ilustra 'Abismado' de 2015, un guía turístico que semeja un ministro dimisionario, con su cartera y edificios del Parque Tecnológico como fondo, nos conecta con una realidad corpórea, cotidiana, como 'Pensamiento', de 2005, cuya figura procede de la de un turista sentado sobre un capitel en el Foro Romano.


Son, con todo, tres los grandes protagonistas de esta exposición: el artista, presente en dos autorretratos pintados en el último trienio; su hija, retratada en diversas etapas de su vida, primero en China y luego en España, modelo en una obra, 'Púber' que aún se estaba secando en el día de ayer, ya en su ubicación dentro de la muestra, y los animales. Animales cercanos, como esa perra fallecida hace unos años, la liebre de ojos en relieve, o 'El mono de la roca' (2008), que mira con perplejidad una pagoda.


Emocionalmente, afirma Juan Vida, «esta muestra me recuerda a un tiempo muy feliz. El que pasé desde mediados de los años 80 en la Diputación de Granada, colaborando con grandes amigos, como el desaparecido José Rodríguez Tabasco. Y exponer ahora en este lugar, este Instituto que él ayudó a crear, supone una gran alegría».
Jose Antonio Muñoz

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