jueves, 11 de marzo de 2010

Hola amiguitos



(Imagen de Pensiero.)


No sé, no sé. Resulta que Súper Coco, que tantas cosas elementales nos enseñó, no tenía razón cuando soltaba a la audiencia su prolegómeno
(«Hola, amigos...»).
Si no se tiene razón al principio, tampoco se tiene al final.
Por eso, también estaba equivocado Porky en su tartamudeada despedida («E... E... E... Esto es todo, amigos»).
Y no digamos el bueno de Roberto Carlos, el cantante que tenía amigos sin fin.
Tal y como afirma Robin Dunbar en The Times
(aquí la noticia en El País), el número de amigos es limitado, al menos en Internet.
Aunque la soledad lleve a muchos a extender las zarpas de la amistad por Internet recopilando amigos en las redes sociales, parece que nuestro cerebro no está capacitado para mantener dignamente más de 150 contactos en Internet.
Lo gracioso es que, por muchas amistades que agreguemos, lo único que hacemos al final es pasar de ellos como la mierda (algo muy parecido a la vida real, pero con menos gente).
En el interludio, hemos ganado un gran poder muscular en nuestras manos, entrenadas por gracia de darle a la ruedecita del ratón para viajar rápidamente por la pantalla y buscar a quien nos interesa.
En las redes sociales encontramos nuestras vidas pasadas, nuestro dudoso presente y todo el futuro de lo evanescente.
Lo mismo que te encuentras en el bar con alguien que te da la palmada en la espalda, en Facebook nos topamos con quien no conocemos para que rece una plegaria por nuestra maltrecha alma, para que nos anime en los momentos difíciles, para que se ría de nuestras gracias.
La Red magnifica lo insignificante a ráfagas de contactos que, por superficiales y paradójicos, se antojan profundos y duraderos.
No me refiero al contacto sincero y afable que mantienen muchos, sino a esa tendencia perversa de pensar que las identidades digitales son idénticas a las personales.
En el espacio virtual, todos somos unos tíos majetes, enrollados, serviciales, dispuestos, alegres. En la vida real, no pasamos del aprobado raspado.
Por eso, en lo que a las amistades se refiere, en lo personal no pasamos de los cinco lobitos de la mano.
No lo olvidemos: Internet nos hace conocer a personas (y mundos) inabarcables en las restringidas dimensiones espacio-temporales.
Favorece el contacto (que, a veces, conduce a un escalón más).
Pero nos sobran los amigos.
Al menos, en la Red.
Y esto ha sido todo, Amigos.
Rafael Urbina
http://www.urbinavolant.com/verbavolant/index.php/2010/02/23/hola-amiguitos/

1 comentario:

  1. En lo personal tengo cero lobitos.
    Al menos tal como yo entiendo la amistad.

    Saludos.

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