sábado, 5 de noviembre de 2016

Forbrydelsen Vs The Killing


‘Les Revenants’ será la nueva niña bonita de las series europeas, la que hay que mencionar ahora que tiene remake en Estados Unidos y que hasta algunos críticos norteamericanos la citan como lo mejor de este año que acaba. Pero no hay que perder de vista que todo este furor por la ficción europea no-británica comenzó con el asesinato de Nanna Birk Larsen. Alguien la maltrató, la encerró en un maletero y hundió el coche en un lago cerca de Copenhagen, y en el Reino Unido se obsesionaron de tal forma que ‘Forbrydelsen’ se convirtió en un fenómeno y permitió que algunas series del continente se expandieran más allá de las fronteras de sus países.


De este caso ya se habló en esta página pero ‘Forbrydelsen’ no fue flor de una temporada. Así que, como algunos lectores habéis pedido que analicemos más ficciones de calidad que no sean americanas o españolas, he pensado que era un buen momento para reivindicar a la detective Sarah Lund y su determinación a la hora de resolver crímenes en detrimento de su vida personal. Sobre todo en su segunda temporada, que hasta podría decirse que fue mejor que la primera y que también puede servir de punto de entrada para aquellos que sí han visto ‘The Killing’.


No es lo mismo
Uno de los mayores inconvenientes que pudieron tener los espectadores a la hora de ver ‘Forbrydelsen’ es que, si habían visto la versión ambientada en Seattle, podía resultar muy pesada. No es muy estimulante seguir una investigación que tiene el mismo punto de partida y, si bien más adelante se distanciarían, los diez primeros episodios de una hora de duración eran casi calcados. ¡Hasta los decorados eran iguales! Pero el segundo caso de la serie danesa no tiene nada que ver con el último de Linden, así que uno puede acercarse sin miedo a repetirse.


Otra ventaja es que, como la investigación no tiene nada que ver con la anterior y hay pocos personajes que repitan, cualquier espectador puede aprovechar para subirse al carro con su segunda temporada. Sé que es poco popular la idea de empezar una serie por algún punto que no sea el piloto pero es mejor esto que directamente ignorarla por pereza. Eso sí, sería un mentiroso si no explicara que la revelación de la identidad del asesino de Nanna Birk Larsen es un gran clímax televisivo, de los mejores que haya visto. De esos que provocan un grito ahogado mientras te tapas la boca con una mano.

Esto es la guerra




Sarah Lund vive apartada de su antigua vida después de que la investigación de la joven Nanna le pasase factura, tanto emocional como profesionalmente. Pero cuando una abogada llamada Anne Dragsholm aparece muerta en su propio hogar tras ser atada y torturada, su antiguo jefe acude para pedirle consejo. Ella rápidamente olerá que algo no encaja y seguirá el rastro hasta el ejército de Dinamarca. Al fin y al cabo, uno de los últimos casos de Dragsholm tenía que ver con una brigada que fue a Afganistán y cuyo paso por la guerra se procuró que no saliera a la luz. Pero pronto descubrirá que no hay nada más difícil que intentar meter las narices en el hermético mundo militar.

Otro triángulo, nuevos conflictos

Uno de los elementos novedosos de ‘Forbrydelsen’ fue su triple vertiente narrativa. En su primera temporada contaba la historia de la investigación, el proceso de duelo de la familia Larsen y la campaña de un político local que podía verse salpicado por el caso. Y, si bien no hay proceso de duelo en el segundo caso, sí se sigue el mismo esquema. Esta vez se trata de la investigación de Sarah Lund, la situación de una mujer de militar cuyo marido podría ser un testigo imprescindible y que está internado en un psiquiátrico contra su voluntad, y finalmente las pesquisas del nuevo ministro de defensa del gobierno danés, que duda de la implicación de sus antecesores y colaboradores.

¿Qué consigue el creador Søren Sveistrup con este esquema? Pues que sea intrigante por la determinación de Lund de destapar la verdad, que resulte íntima con las repercusiones que afectan a terceras personas y les da un contexto político rico. No es que quiera destruir las instituciones pero sí hace hincapié en ciertas de sus carencias, como la opacidad informativa y su obsesión por controlar el flujo de información y cómo se percibe.

Lund no aprende



No debe existir una sola buena serie de asesinatos que no tenga en su protagonista uno de sus pilares fundamentales y Sarah Lund no es la excepción. Ella es implacable, obcecada y egoísta de una forma que antes se atribuía únicamente a los hombres. Pero no es una cuestión de género, es una cuestión de que una mujer no podía permitirse el lujo de tener una familia y una relación y pasar olímpicamente de ellas en beneficio de su trabajo. No es el caso de Sarah que huele una pista, corre hacia ella y no le importa en absoluto quien sea el sujeto que tiene delante ni quien haya dejado atrás. No resulta nada extraño, entonces, que esté más sola que la una en su punto de partido. Ya no existe el debate de si puede ser una buena madre y una buena esposa a la vez que buena en su trabajo. Falló y está en otra página de su vida.

Lo bueno, si breve...

Y todo esto lo podemos ver en diez episodios. Tienen una hora de duración, así que tampoco se ve en un abrir y cerrar de ojos, pero es una suerte que le hicieran un encargo menor a Søren Sveistrup. La primera temporada fue sólida porque tenía elementos muy fuertes y una conclusión que estuvo a la altura, pero también tuvo demasiados episodios de relleno y resultaba desesperante perder el tiempo en sospechosos que se notaba a la legua que serían una distracción. Pero aquí tienen diez episodios, Sarah Lund va en una misma dirección y así queda algo más preciso y entretenido.


Vamos, que es invierno y toca experimentar el frío escandinavo, sobre todo si tenemos una guía tan entregada. Muy recomendable, incluso para aquellos que visteis 'The Killing' y os gustó (porque es otro caso, otra química) y aquellos que la aborrecisteis (porque es otra serie). Y un aliciente más: su tercera temporada ya será la perfección. Pero esto ya tocará analizarlo otro día.
PERE SOLÀ GIMFERRER

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