domingo, 2 de abril de 2017

'FLESH AND BONE', UNA SERIE PARA LOS FANS DE 'CISNE NEGRO'


De tapadillo y sin mucha expectación, 'Flesh and Bone', el nuevo drama sobre el mundo del ballet del canal Starz (el mismo que hace unos días estrenaba 'Ash vs Evil Dead') se estrenaba hace unas semanas en Estados Unidos. Starz la estrenaba de golpe y porrillo en su propia plataforma on demand y, mientras esperábamos , la serie llegó a España de la mano de Amazon, los más avezados ya podrán disfrutar de sus primeros episodios, suficientes para concluir que los fans de 'Cisne Negro' (y del mundo del ballet en general) tienen una serie que añadir a su lista.


Ideada por Moira Walley-Beckett, coautora del episodio 'Fly' de 'Breaking Bad' y ganadora de un Emmy, 'Flesh and Bone' nos ofrece un drama sobre el mundo del ballet mucho más convencional y accesible de lo que parece a primera vista, y no por ello su ambición o elegancia se muestran afectadas. Como su protagonista, Claire Robins (Sarah Hay, casualmente una de las bailarinas de 'Cisne Negro'), en su primera audición de ballet en varios años, 'Flesh and Bone' nos pilla por sorpresa con un primer episodio redondo y contundente, escrito de una forma muy inteligente y dinámica. Un piloto de presentación, simple y llanamente, que deja muchos cabos sueltos sobre lo que veremos en los otros siete episodios que componen la primera temporada.


El gran atractivo de 'Flesh and Bone' se encuentra, precisamente, en ese misterio. Todas las miradas, dentro y fuera de la pantalla, se centran en la particular protagonista, una bailarina de increíble talento que se escapa de su casa para acudir a una importante audición para una compañía de ballet en Nueva York. No obstante, detrás de la elegancia de sus formas y la fragilidad que desprende en un primer momento, se esconde una gran ambición, un deseo incontrolable de triunfar, y un pasado oscuro repleto de traumas. Claire es una bomba de relojería que parece estar a punto de explotar. Lo que no podemos predecir todavía es quién accionará el detonador.


Mientras que la actitud de la protagonista nos mantiene en suspense, la belleza de la danza sirve como un nexo de unión repleto de dinamismo a la mayoría de las tramas, escenas y personajes, ya sea esta danza clásica o algo más moderna (no daremos detalles, pero hay sorpresa asegurada). El bailarín y coreógrafo Ethan Stiefel está al frente de la coreografía, e importantes bailarines como Irina Dvorovenko y Sascha Radetsky se encuentran entre los bailarines del reparto.


Además, como no podía ser de otra forma, numerosos estereotipos del mundo del ballet aparecen en escena desde el comienzo de la serie, como las drogas, la extrema delgadez o el uso del sexo para escalar profesionalmente. Relacionado con esto último, como serie de televisión por cable que es, al término del primer episodio casi todas las actrices principales han salido desnudas en al menos una ocasión.


El sexo desborda la mayoría de las escenas con la misma intensidad que la danza, indudablemente.
Muchos personajes de 'Flesh and Bone', a pesar de todo, no impactan tan profundamente como deberían, quizás por culpa de la falta de definición de los mismos. A pesar de la solvente protagonista, los dramas de vestuario repletos de miradas cargadas de odio y comentarios hirientes más propios de una serie adolescente, y los baratos monólogos del director artístico de la compañía Paul Grayson (un histriónico Ben Daniels), empañan en ocasiones al conjunto de la producción, siendo el texto y no el reparto en términos generales (formado por actores con más experiencia en la danza que ante las cámaras, todo sea dicho) el principal culpable.


Afortunadamente, 'Flesh and Bone' aborda todos estos temas de una manera más ligera de la que cabría esperar, escapando al dramatismo y a la intensidad que podríamos haber esperado de una serie como esta.

Al mismo tiempo que mantiene una atmósfera de suspense, casi de terror psicológico (o quizás sea el subconsciente, avisándonos de que algo malo va a suceder), se recrea en los elementos más habituales del culebrón al uso, lo cual, de cumplirse las expectativas, podría convertirse en una interesante música para que bailemos con ella con mucho gusto.
Jaime Domínguez 

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