Emboscada final


Cabe pensar si un producto como “Emboscada final” hubiera encontrado hoy acomodo en las salas de cine. Es probable que sí, aunque con un estreno reducido. En estos tiempos de alharacas, una película de tono añejo, de ritmo pausado y de asumida pertenencia visual a un cine de otro tiempo tal vez tenga solo su lugar en el mundo del “streaming”. Si además de entregarnos series de primer nivel, Netflix sirve para poder disfrutar de películas como esta, eso que habremos ganado.


A John Lee Hancock le debemos agradecer muy sinceramente ésta nueva versión de la trillada historia de Bonnie and Clyde. Anteriormente habíamos visto los hechos siempre desde el punto de vista de los dos jóvenes asesinos, como se conocieron, como se unieron, como llevaron a cabo toda la violencia y como terminaron siendo acribillados en su propio vehículo.


John Lee Hancock es un extraordinario guionista, autor para Clint Eastwood de los libretos de “Un mundo perfecto” y “Medianoche en el jardín del bien y del mal”, y un aplicado director, como mostró, entre otras, en “Un sueño posible” y “Al encuentro de Mr. Banks”. Aunque aquí ejerce únicamente tras la cámara (el responsable del guion es John Fusco, un escritor siempre tendente a la épica), sus intenciones en “Emboscada final” (horrendo título español para el original “Los hombres de la carretera”) quedan claras desde las primeras secuencias: un relato lineal y conciso, más pendiente del retrato de personajes que del espectáculo y una puesta en escena precisa y de aires clásicos sostenida por una impecable fotografía de John Schwartzman, que propone una mirada contemplativa al relato, abundante en planos a vista de pájaro de los paisajes y las carreteras tejanas.
Pero, ¿y cómo se vivió todo el proceso desde el otro lado? Me refiero a la parte de la ley. Pues es eso precisamente lo que nos ofrece el director. La trama arranca precisamente cuando el caos provocado por Bonnie and Clyde se escapa a todos los planes para ponerle fin. Ya no saben qué hacer y es cuando alguien se acuerda de los Texas Rangers y más en concreto de un capitán retirado y legendario cazarrecompensas, Frank Hamer y su ayudante Manny Gault.



Me encanta que aún le den papeles de protagonistas a actores veteranos, nuestra pareja protagonista así lo pone de manifiesto, Costner 64 años, Harrelson 57. Aunque da la sensación por lo que vemos que el personaje segundo es mayor de edad, con un nieto incluido. Ha sido un acierto ver en pantalla lo que ocurrió realmente, como dos veteranos agentes ya retirados, se convierten en la única esperanza de acabar con los famosos asesinos. Viviremos ese proceso en primera instancia, hay que convencerlos, están oxidados y con una mente puesta en otra cosa.


Cuando decimos que estamos viendo todo desde el otro lado es tal cual. Os invito a que miréis los minutos que tienen los asesinos y los que tienen el resto. No era fácil la tarea, no había GPS, ni unos medios de comunicación tan precisos como hoy en día, ni siquiera los medios más básicos como eran las armas.


No nos vamos a encontrar una peli de acción, ni nada por el estilo, de eso hay muy poco. Recordemos que estamos al otro lado, la acción va por el otro camino, pero que no tenga acción no la convierte en lenta, para nada, las dos horas y pico que dura se van muy rápidas.


Estamos en la década de los treinta y los bandoleros Bonnie y Clyde llevan dos años haciendo de las suyas. La gobernadora de Texas decide recurrir a los Rangers para hacerles frente. Y aquí entran en acción los retirados Woody Harrelson y Kevin Costner, que han de volver al trabajo y en cuyos rostros también estarán presentes muchas de las pretensiones crepusculares del relato Son hombres que han vivido traiciones y decepciones y a quienes los colegas más jóvenes tratarán como a unos jubilados que representan casi la prehistoria del oficio. La interpretación de ambos es excelente, pero como la memoria cinéfila, en ocasiones, tiene un corto recorrido, y desde hace unos años está de moda desacreditar a Costner, conviene recordar que es el autor de un western del calibre de “Bailando con lobos”, a la altura de muy pocos, y que es dueño de interpretaciones majestuosas como las ofrecidas en “JFK” y “Un mundo perfecto”. Además, en el nuevo milenio, mientras se le ninguneaba, dirigía en 2003 una película memorable como “Open Range” y ganaba un Emmy y un Globo de Oro por su trabajo en “Hatfields & McCoys”.



“Emboscada final” tiene mucho de buen cine. Aunque es cierto que quizá se note como demasiado calculada su pretensión clasicista, lo que demuestra que aciertos y errores pueden convivir en un mismo planteamiento. Por eso, y siempre desde la sobriedad, desde la contención, logra sus mejores momentos cuando se detiene y deja respirar a sus personajes, que dialogan casi como si el director los convirtiese en iconos, una manera de volcar una mirada moderna en un mundo hacia un mundo pretérito y hacia una forma de narrar que era muy proclive a plasmar leyendas en la pantalla. Son diálogos concisos, secos, medidos, quizá un tanto moralista en más de una ocasión, pero que definen tanto a unos hombres como a una época. “Yo ya no duermo demasiado, y cuando lo hago sueño con mejicanos muertos”, lanza Woody Harrelson.





Más de 50 años después de que Arthur Penn elevase a la categoría de emblemas fílmicos a Bonnie y Clyde en su recodada película, en la que eran interpretados por Warren Beatty y Faye Dunaway, “Emboscada final” también acierta al presentar a los dos bandoleros como dos figuras que permanecen fuera de campo, bandidos que son reflejados, bajo las declaraciones de diferentes testigos, entre la admiración y el terror. Sin embargo, se deja pasar con demasiada ligereza la oportunidad de ahondar en las causas de la admiración popular hacia la pareja: en general, y en el contexto de la crisis socioeconómica provocada por la Gran Depresión, el pueblo los consideraba unos héroes, casi unos Robin Hood que robaban a los bancos lo que los bancos habían robado a la ciudadanía (cuando lo cierto es que ambos no compartían en absoluto con los necesitados el botín de sus robos y que asesinaron a varias personas sin contemplaciones).



La recreación del último día con toda clase de detalles es una maravilla, el coche colador nunca me dejará de asombrar. La fotografía aprovechando los exteriores es de una calidad tremenda. Grata sorpresa con este estreno de Netflix.
Tras el memorable plano final, propio de un western clásico, conviene no levantarse antes de tiempo y atender a los títulos de crédito, que incluyen fotografías y documentos de la época que permiten certificar el cuidado y la atención volcados en la reconstrucción histórica.
Miguel Ángel Palomo

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