La cabaña



Ante todo, diré que soy creyente y que puedo identificarme con buena parte de lo que se representa en esta película. He vivido momentos bastante duros. Me he sentido culpable por lo que he hecho y también por lo que he dejado de hacer. He amado mucho. Pero también, en ocasiones, he deseado venganza por las injusticias que he visto a mi alrededor. Sin embargo, creo en la existencia de Dios, Jehová, Alá, el Gran Espíritu o como cada cual quiera llamarle.


En cuanto a la película no cabe duda de que no es ni de cerca una obra maestra de la cinematografía. No obstante, me ha hecho pensar en mi propia vida, en mis experiencias y en mi concepción de la divinidad. Y me ha dejado huella. Por lo tanto, creo que el objetivo de los creadores de esta historia se ha alcanzado. Y si yo me he sentido así estoy convencido de que muchas otras personas pueden haberse sentido de forma similar.


Si buscamos en una película algo más que técnica y entretenimiento, en esta historia, aún con todos los defectos (en cuanto a técnica cinematográfica) que podemos detectar, aún con lo que algunos llaman "sensiblería", aun reconociendo que el trabajo de los actores no sea una maravilla ... podemos encontrar algunas respuestas. Desde luego resulta mucho más efectiva que el típico-tópico sermón dominical que podemos oír-sufrir en cualquier lugar de culto tradicional.


Debemos de reconocer que esta película va más allá de la técnica (pura y dura) y mucho más allá del mero entretenimiento. La historia es sencilla ya que trata aspectos de la vida que todos, en mayor o menor medida, podemos comprender y compartir. Pero está explicada con la fuerza necesaria para "tocar" la sensibilidad (o el alma) de los espectadores. Siempre, claro está, que esos espectadores estén dispuestos a dejarse "tocar", a ver más allá, a empaparse de esperanza y a confiar.


Entre tanta violencia, entre tantos mundos distópicos, entre tanta fantasía sangrienta, entre tanta amoralidad que impregna gran parte de las series y películas actuales, esta película aporta una bocanada de aire fresco y de optimismo tan necesarios como escasos en nuestros días. En definitiva, me ha gustado y creo que puede gustar a cualquiera que busque algo diferente a lo que habitualmente inunda las pantallas alrededor del mundo.


Una proclama en favor de las buenas intenciones

Hay veces en las que repudio mi forma de ser; esa persona tan analítica que disecciona lo que toca, haciéndome ver, oír y sentir todo de una forma tan peculiar. Esto por fuerza crea un distanciamiento con la mayoría de las personas. Esta nefasta peculiaridad, encauzada en puntos concretos, es la que me ha permitido sobresalir en algunos aspectos de la vida, tales como las artes marciales, las investigaciones en la temática de Bruce Lee y mi trabajo como escritor, y me han llevado a relacionarme con cierto éxito, haciendo amistad con gente diversa, que de otra forma me habría rechazado a causa de esa anomalía mía. Alguien dijo una vez que ser diferente significa pasar mucho tiempo solo; y esto tiene lugar por el vacío que suelen hacerte las personas, incómodas ante mi forma de tamizarlo todo. No dejo de pensar que he tenido mucha suerte en la vida al lograr vadear las aguas que me separan de los demás, y conseguir que incluso muchos me aceptaran y quisieran tal como soy.


Una de las formas en las que se manifiesta esa escisión entre lo generalizado y mi forma de filtrar los diferentes estímulos que me llegan, es el cine. Por este motivo mis críticas están condenadas al fracaso, al no contar con el beneplácito de la mayoría. Tal vez por ello a menudo hago un verdadero esfuerzo para contemplar lo que muchos observan en un gran número de filmes taquilleros. Vuelvo a visionar esos títulos; pero no hay nada que hacer. Sigo viendo lo mismo. Es algo irresoluble.
La película que termino de ver, es una de esas a la que me agradaría muchísimo escribir una crítica positiva. Dejando al margen el trasunto religioso, me gusta mucho por los valores que ensalza, sobre todo cuando el cine se ha vuelto, en líneas generales, muy físico y materialista.
Comienzo. Lo primero que debemos entender, es que la forma de afrontar algo, va a depender de todo que somos como seres humanos, de cómo es el equipaje con el cual viajamos por la vida. Quien no haya ahondado mucho en estos temas de las religiones, la psicología y el pensamiento humano, difícilmente podrá sacar las mismas conclusiones y emociones de aquel para quien todo esto es un asunto más bien superficial. En esto creo que al menos debemos estar de acuerdo.


La película no ha tenido muy buenas críticas, y este servidor no va a enjuiciar aquí la parte técnica, ni la puesta en escena, ni la música, ni el registro de los actores. Todo magnífico; en especial Sam Worthington. Así pues, me centro en el mensaje, que es en definitiva lo que más va sentir la gente.
Para empezar, no podemos perder de vista que todo esto está pergeñado por unos hábiles guionistas, seres humanos, al fin y al cabo, los cuales no pueden tener respuestas a las preguntas más vitales, aquellas que formula el protagonista con insistencia, y que, como buen político, esta suerte de Dios andrógino nunca te explica de forma clara y concisa. En su lugar, y apelando a los deseos más íntimos de los seres humanos, se nos ofrece esa visión preciosa y subliminada de la otra vida, esa tan anhelada por todos. Un maravilloso País de Nunca Jamás; pero sin Peter Pan ni Campanilla. Comprendiendo nuestro interior, los cineastas saben que su ingeniosa interpretación -la cual no desvela nada a los que han profundizado en la materia- requiere del nexo con el público mayoritario, y cuentan ya de antemano con esa conexión. Pero dejando a un lado este mundo multicolor a golpe de veinticuatro fotogramas por segundo, a la respuesta al por qué de tanto horror en el mundo, esta divinidad fílmica da muchos rodeos para dejar entrever que el Mal existe y solo puede combatir esa fuerza eterna con el Bien. Vamos, que no está en su mano erradicarla, que no tiene el poder suficiente. Si hacemos esta lectura, todo parece cobrar sentido. Hasta cierto punto; porque luego queda el asuntillo de la Creación.



Del por qué el diseño de la naturaleza es tan visceralmente cruel y despiadado, regado en muerte y sangre cada día que el sol desparrama su luz en el mundo y la la luna lo envuelve con su fría palidez. Cazadores y cazados. Matar para sobrevivir. Claro está, que tampoco podemos pedir responsabilidades al mismo de siempre. Tal vez haya sido cosa de esa otra fuerza maligna, o que al principio todo era un paraíso y vino el Mal (ojo, no confundir con un malo de Marvel) y lo transformó, llenándolo de muerte y desolación. En fin, que cuando llega la hora de encarar las verdaderas cuestiones, todos derivan responsabilidades. Entonces qué nos queda. La fe. Camino en el que a la postre concluye todo. Yo tengo desde luego mi propia explicación, que no está reñida con el profundo amor con el que Dios me envuelve a cada instante y que siento de forma contundente a cada paso del camino. Pero no os la voy a decir, claro. Es un asunto entre Él y yo.
Jose Ramon Sales

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