Pena de muerte






La película 'Pena de muerte' se convierte en una ópera


La diva Joyce DiDonato protagoniza en el Teatro Real la aclamada versión lírica de la película 'Pena de Muerte', de Tim Robbins


Sería imposible que Madame Butterfly o Carmen en persona presentaran una ópera la semana de su estreno. Por eso es noticia que la mujer sobre la que se basa Dead Man Walking acudiera ella misma a la presentación de esta producción en España, el pasado lunes en el Teatro Real. “Dead Man walking” es el argot que utilizan los carceleros de las prisiones americanas para referirse a un reo condenado a la pena capital cuando se le lleva al matadero. Algo así como, "ahí va el hombre muerto". A la monja Helen Prejean le impresionó aquello y en 1993 escribió un libro sobrecogedor que narra el asesoramiento espiritual que dedicó durante los años 80 a Robert Lee Willie, preso condenado a la silla eléctrica en un centro penitenciario de Louisiana. Su testimonio dio lugar a una celebérrima película, Pena de muerte, protagonizada por Sean Penn en el papel del preso y Susan Sarandon en el de la religiosa, por el que consiguió el Oscar a la Mejor Actriz en 1996.


Cuatro años más tarde se estrenaba en el Teatro de ópera War Memorial de San Francisco su versión lírica y 50 teatros internacionales ya la han programado desde su estreno. ¿Por qué está cuajando una ópera del siglo XXI en el repertorio habitual cuando se estrenan cientos de óperas que al año siguiente se olvidan en un cajón?


La respuesta hay que buscarla en los dos temas sobre los que siempre ha gravitado una ópera: el amor y la muerte, los vértices sobre los que se sustentan los grandes dramas universales. Ese secreto, ese magic touch, lo explica su libretista, Terrence McNally, ganador de cuatro premios Tony y un Pullitzer. "Cuando Lofti Mansouri, el director general de la Ópera de San Francisco, me pidió que me reuniera con el músico Jake Heggie con la idea de colaborar en una nueva ópera norteamericana, mi respuesta fue un rotundo sí". De su primer encuentro con el compositor no salió nada. Heggie quería hacer una versión de una película de René Clair que a McNally no le convenció.


Y pasaron dos años sin verse. "Un día, iba caminando por la calle y me vino la idea a la cabeza: Dead Man Walking. La historia tenía todo lo que yo esperaba encontrar para crear esa nueva ópera norteamericana. Quería un tema que fuera de nuestro país, contemporáneo y relevante para nuestras vidas. Pero, sobre todo, quería un tema que resultara operístico: grandes emociones, temas trascendentes, una historia conmovedora. Jake respondió con entusiasmo y de inmediato. Más tarde me confesaría que, según yo pronunciaba las palabras Dead Man Walking, se le pusieron los pelos de punta".


 Heggie lo confirma: "El viaje continúa y el diálogo se intensifica según se plantea la difícil pregunta central de la historia, pregunta que ha acompañado toda la historia del ser humano: ¿estamos a favor de la venganza?, ¿o del perdón?".Uno de los grandes atractivos de este estreno es ver sobre las tablas a la mezzosoprano Joyce DiDonato, una de las divas del momento, interpretando el papel de Helen Prejean en los seis pases que esta enorme producción tendrá en nuestra ciudad.







Del cine a la ópera 
Este montaje basado en la oscarizada película de Tim Robbins no es la primera adaptación a la ópera de un filme de éxito que se ha podido ver en el Teatro Real. En 2014 el coliseo madrileño ya estrenó una gran producción basada en Brokeback Mountain, de Ang Lee, con discreto resultado. Si se quisiera seguir esta línea, tienen más material donde elegir: The Royal Ópera House encargó una pieza a partir de El ángel exterminador y se han creado óperas basadas en La duda o El resplandor.
IGNACIO ARBALEJO

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